Entre paréntesis: 100 días de viaje.

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“Caminante no hay camino. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre el mar.(…) Caminante no hay camino, se hace camino al andar.”

Antonio Machado.

El día 23 de julio cumplí 100 días de viaje. Hoy 22 de Agosto son ya 130 dias.

Mucha gente en el camino pregunta “Where are you going”. Yo siempre contesto lo mismo: “Nowhere. Just walking.” Así me siento bien, haciendo camino sin un destino claro, simplemente viajando.

Los trenes, autobuses, barcos y aviones, con sus correspondientes estaciones, terminales, puertos y aeropuertos, se han convertido en paisajes habituales durante larguísimas horas e incluso días. Organizar el viaje día a día, transporte, hoteles, actividades, etc, es el pan mío de cada día y casi lo hago ya de forma mecánica y despersonalizada.

Mientras, el “antes” queda situado en el puro pasado. Mi hogar ha dejado de ser la casa y la tierra donde hábito y dónde está mi gente para convertirse en el lugar donde, si todo va bien, volveré más pronto o más tarde. Ahora no hay hogar, sòlo camino.

Mis pertenencias son las que caben en la mochila, un tesoro, un patrimonio de 8 kg que hace conmigo el viaje y del que dependo en mi día a día. Es básico, nada más ni nada menos. A partir de ahí, el desapego de lo superfluo es lo más natural. Tirar lo que no necesitas de una forma fundamental es consubstancial al viaje y al viajero. Y comprar cosas, recuerdos… Va a ser que no. Si tuviéramos que cargar con todo lo que compramos el sistema consumista se iría a hacer puñetas. Qué haríamos entonces? No sè. Tan ligeros…Volar? En realidad, no sè.

Después de 100 días las cosas han dejado de ser claras, han dejado de ser  “lo que quiero”, “cuando quiero” y “dónde quiero” para convertirse en lo que puedo, cuándo puedo y dónde puedo. Comer, dormir, ducharme, escribir…todo se hace más por oportunidad que por voluntariedad.

Para que nada ni nadie controle tu vida, dentro de esa oportunidad, todo se ha convertido en una dicotomía vivencial de instinto/método. Todo es cuestión de “pre”: previsión, precaución, prelación, preparación… A partir de qué consigues eso todo es más o menos fácil, la libertad cobra otra dimensión y quizás podrías vivir siempre así. Me encanta aquella frase que dice: “En caso de emergencia, sal de viaje…y no vuelvas jamás”. No sé. Jamás es mucho tiempo.

En viaje no da tiempo para pensar mucho, todo lo reseteas muy rápido. No hay tiempo de refocilarte ni en lo bueno ni en lo malo. Recibes sensaciones, anotas lo importante, haces las correcciones necesarias y sigues tú camino. Llueve, sale el sol, llueve, sale el sol…

Y, a lomos de todo eso, en estos 100 días, he vivido con una rapidez vertiginosa los paseos interminables por Londres, el Transiberiano, el lago Baikal, la gélida e inolvidable isla de Olkhon, Tokio, los bosques y montañas de Japón, los lluviosos días en la isla encantada de Yakushima, la miseria de Filipinas y su paradoja, la ascensión al Pulag, las aldeas de La Cordillera, el mar de Port Barton… Mas de 20.000 km. Todo lo he ido explicando en el blog y muchos amigos me han ido siguiendo. Eso me dà muchísima fuerza. Me siento acompañado.

A veces me dan unos ataques de nostalgia y añoranza que duelen. Una imagen, una canción, un recuerdo…y vienen. Ya no me resisto, simplemente, me abandono a los sentimientos. No hay nada malo en eso. Creo que hasta es necesario. Por lo menos para mí. Estoy viviendo algo muy intenso, y lo vivo solo.

La vida me ha tratado bien. He hecho, vivido y sentido muchísimo, pero llegó un día que vi claro que ya no me quedaba tiempo más que para perseguir mi sueño de infancia: dar la Vuelta al Mundo. De los libros de Emilio Salgari, antes de cumplir 10 años, aprendí que, allí fuera, había todo un mundo que ver y conocer para crecer como ser humano. Y aquí estoy. Crecer a mi edad es un privilegio.

El tiempo ha pasado muy rápido pero parece que hace años de aquel día que salí de mi casa en Sa Riera, dí una última mirada a todo, y empezé este viaje sin fecha de vuelta. Ahora vivo en otra atmósfera, a veces a cámara lenta y a veces a velocidad descontrolada. Es una sensaciòn muy extraña. Cada día es totalmente nuevo, cada día me sorprendo y cada día aprendo. Es vivir constantemente en lo desconocido. Cada día abro los ojos y tengo que pensar donde estoy.

No sé lo que me depara el viaje pero estoy más o menos sano, mas o menos feliz, con mis carencias como todo el mundo, y con ganas de descubrirlo. Cien dias no son nada. Ciento treinta tampoco. Solo son números, solo son letras. Huellas en la arena.

Sigo camino. Alas y viento.

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