A MI GUSTO. Mis 12 montañas preferidas.

Mis 10 montañas preferidas del mundo

Las montañas tienen un atractivo especial que, desde abajo impresiona y, desde arriba, embelesa. Estas son MIS montañas:

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Recomendaciones del mes. Diciembre 2.018. Australia: Tasmania y Sur.

EQUIPO.- Botas nuevas. Son Salomón Magnet Dalhia. Cambio de tercio, más deportivas y runeras, quizás menos aventureras. Vamos a probar. Las últimas han durado 9 meses y 30.000 km de camino. A ver estas cómo se portan.

Ramón me ha traído de casa unos Levi’s. Los echaba de menos.

ALOJAMIENTO.- Scapes Accommodation/Explorers Cottages, en la isla de Bruny. Los cottages son como para quedarse a vivir. En el Hotel Bruny, Adam William reparte juego entre varios alojamientos de la isla como un base de baloncesto.Y, la verdad, la clava.

También es un buen alojamiento, y curiosísimo, el Empire Hotel de Queenstown. Un hotel de los de antes, señorial, con escalera central, cuadros antiguos, grandes pasillos, espejos y lamparas enormes y moquetas y alfombras por todos lados. Cómo aquellos hoteles de montaña donde iba a veranear la burguesía catalana. Y con un restaurante muy bueno, del mismo estilo casposo y vetusto. Tremendo.

Un pelo más caro, pero también recomendable, es el The Grove, en George Town, un caserón tipo peli de miedo donde te llenan tanto la nevera de comida para desayunar que te da para las 3 comidas del día.

GASTRONOMIA.-  En Tasmania sí se come bien. Muy rebien.

En Hobart, en el puerto, ni pensar en perderse el Drunken Admiral, un restaurante de pescado con aire de taberna de pescadores, hiperdecorado como si fuera un museo naval y con un menú para chuparse los dedos. El plato de pescado a la piedra, con patatas fritas y ensalada, un placer. Caro, pero sin exageraciones. Por 40 euros cenas de maravilla. Allí cené en Nochebuena.

En Bruny, buenísimos rustidos al horno de ternera y cordero y vinos locales en el Bruny Island Premium Wines, y un salmón Atlántico y unos combinados de pescado tremebundos en el Hotel Bruny. Aquí, en el Hotel, se puede tomar una bebida local de frutas, especialmente manzanas, ligeramente alcohólica (6°), fermentada en barricas durante 12 meses que llaman “cidar”, una especie de cava muy gaseoso. Obligatorio probarlo. Bueno y refrescante. Recordando todas esas cosas se me está haciendo la boca agua. Pero es que también comí una ensalada templada de costillas de cordero buenísimas en el restaurante de Tarraleah, un fish&chips tremendo en el hotel de Queenstown, y un pan de ajo para chuparse los dedos en… Bueno, total, que en Tamania me he puesto ciego de comer.

Mención especial merece la escalopa de pollo napolitana del Hobart Hotel, para mí, la mejor del mundo. Por lo menos yo no recuerdo haberla comido nunca tan buena, y estamos hablando de mi plato preferido. Eso me trae a la memoria las mejores milanesas que he comido en casa particular: fue en casa de Gustavo Margaritte y Dolores Lasarte, durante una competición culinaria Argentina versus Cataluña. Lo conté en Argentina y Chile (14) Tandil. La Intercontinental. Salud amigos!

Y, encima, el vino de Tasmánia es (demasiado) bueno, especialmente el Pinot Noir.

Y en el Sur, en Sidney, no perderse el Rashays. Las mejores costillas de cordero de Australia. Barrio de Darling Harbour.

Por segundo mes consecutivo, y a pesar de la enorme competencia que había en Tasmánia, no tenemos más remedio que recomendar nuevamente, y felicitar efusivamente, a Nacho Rovira, un servidor. También este mes se ha ocupado de muchas de las comidas y cenas de las que han disfrutado en viaje, tanto el mismo mismamente, como su siempre desganado hijo. Pues no come nada el chaval! Cómo para llevarlo al restaurante y dejarle la tarjeta…

INTERNET.- skyscanner.com Para mi, el mejor portal para vuelos.

TRANSPORTE.- El coche que alquilamos con Ramón y que nos llevó a dar la vuelta a Tasmània. Lo alquilamos en Hertz. Cumplió.

Fantástico sistema de skybus en Melbourne. Pura eficacia.

CIUDAD/PUEBLO.Bruny Island. Un lugar curioso, una salvaje maravilla natural con un clima variable, deshabrido y malhumorado. Es una isla del tamaño de Singapur. Allí, en Singapur viven 7 millones de personas y aquí, en Bruny, hay 700 residentes, así que hay más wallabis que habitantes. No es un lugar para tener vida social. Todo Tasmánia es una maravilla, pero este pedacito tiene una magia especial.

Y Bicheno, en la Costa Este. También muy, muy especial.

TREKK.- Muchos este mes.

Fluted Cape es una caminata corta, de 2 horas, pero es absolutamente sublime. El sendero no tiene ninguna protección  así que hay que ir con mucho ojo en no asomarse demasiado. Aquí, un resbalón es el final. Recuerda los caminos de ronda de algunos puntos de la Costa Brava. Paisaje salvaje y vertiginoso. Es circular, pero aconsejo hacerla en el sentido de costa a bosque. Es la dirección más dura, con mayor desnivel de ascensión.

Todavía mas espectacular y, desde luego, más difícil, la ascensión al Cradle Mountain. Sin duda, una de mis montañas favoritas en el mundo.

Y, por último, Walls of Jerusalem, un magnifico trekk de 4 dias. Organizó el trekk la empresa Trektasmania/Trektours Australia. Muy bien.

MENCION ESPECIAL.- Pues Ramón, claro. Otra vez lo hemos pasado genial.

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A MI GUSTO. Mis 8 pueblos o ciudades favoritos en el Mundo.

Mis 8 pueblos o ciudades favoritos

Son lugares donde me siento bien, donde no me importaría pasar una larga temporada y, donde, desde luego, siempre me apetece volver.

Aquí no excluyo el mío: Begur es el pueblo mas bonito del mundo.

Dicen de Begur que es un Belén con malas figuras. Mienten. Begur es acogedor con quien viene con respeto y prudencia. No somos la simpatía con patas y si, más bien, malcarados, pero pura fachada. En el fondo, trozos de pan. Y el paisaje es idílico, la Naturaleza ha sido generosa con nosotros. El pueblo, cargado de casas indianas, encima de una loma coronada por el castillo de piedra con todo el Empordá a los pies y, en la base, nuestras cinco playas: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Aiguafreda y Fornells. No hay nada igual.

Tokio es el mundo del futuro agarrado a una tradición milenaria que cuida su pasado, presente y futuro con cuidadosidad japonesa. La variedad de sus barrios no se vè en ningún otro lugar del mundo y, si a eso le añadimos la mejor oferta gastronómica propia y ajena que puedes llegar a desear, y una gente respetuosa, educada y feliz, tienes un paraíso urbano.

Buenos aires es el placer de los sentidos. Es olor a flores, libros y pizza, es el oído de la lengua argentina y el tango, es la vista de rincones y personas extraordinarias en la mayor amplitud de la palabra, es el sabor del asado, las empanadas y las medias lunas y es el tacto de los abrazos de amigos del alma que siempre encuentras en esta metrópoli acogedora, entusiasta y soñadora a pesar de todos sus históricos pesares.

Pocos lugares tan telúricos y con la bohemia tan incrustada en el corazón como Cadaqués. Es el Mediterraneo, Dalí, el Cap de Creus, el blanco, blanco, el azul, azul y el epicentro de la Costa Brava. Si eres feliz, aquí te sentirás en la gloria, si estás triste…cuidado, mucho cuidado. La tramontana acecha y estás en su guarida.

Un Pisco Sour en la subida de San Blas, o un menú en cualquiera de sus mercados, callejear por sus laberínticas calles de piedra o cenar bajo las arcadas de la Plaza de Armas y ya estás atrapado por Cuzco de una forma extraña. Quizás es el espíritu del inca Manco Capac o la proximidad del Machu Pichu, no sè pero, desde luego, Cuzco es una ciudad extra ordinaria salpicada de hotelitos, restaurantes, bares y rincones que sosiegan el alma y aceleran los sentidos.

  • Barcelona

La ciudad más visitada del mundo no lo es porque si. Entre el Tividabo y Montjuic, los barrios del Borne o Gracia, el estadio del F.C. Barcelona, la Rambla, la Sagrada Familia, el Mediterráneo, sus bares, restaurantes, museos, y la ciudad entera, sitúan a Barcelona, hoy por hoy, como una capital imprescindible de visitar y, sobre todo, vivir intensamente. Yo nací allí, así que, cada vez que voy a verla, no es extraño que sienta, todavía, una cierta sensación umbilical.

  • París

Tras los topicazos de que París es “la capital del amor” o “la ciudad de la luz”, sí es cierto que el ambiente elegante de Champs Elisees, el bohemio de Montmatre o el canalla de Pigalle, la tour Eiffel o El Louvre, Notre Dame y el Sena, el Bois de Boulogne o la cercana Versalles son un abanico de posibilidades para todos los gustos. París sí tiene luz, mucha luz, y sí es difícil resistirte alli al amor, sobre todo si lo llevas puesto pero, para mí, es mucho más. Son tejados y buardillas, son paseos ensoñadores, es descubrir pequeños restaurantes y bares que invitan a conversaciones profundas, es…. Hace demasiado tiempo que no voy a París.

Bicheno está en la Costa Este de Tasmánia, Australia. Es un pueblo de playa rodeado de montañas, turístico pero tranquilo, con un rocoso paseo marítimo y el Parque Nacional Freycinet a 12 Km. Un lugar ideal para practicar senderismo, submarinismo, surf, ciclismo…buen pescado, buen vino, buen clima, Naturaleza cuidada, gente afable…un bar, 4 ó 5 restaurantes, un supermercado, una gasolinera y no más de 10 ó 12 tiendas… Un lugar para vivir.

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Australia (11) Tasmania ( y 4ª parte) La costa Este. Como un grano en el culo. Navidad en Tasmania.

Tres días de descanso absoluto en Hobart. Lo necesitaba.

Parece que se acerca peligrosamente la Navidad y estoy, como quien dice, a un pasito de las antipodas de casa, el lugar diametralmente opuesto a donde yo vivía y está mi gente. Si me pongo a escarbar en el suelo, todo recto, llegaría cerquita de allí. Pero, si no quiero dejarme las uñas en el intento, va a ser que no, va a ser que pasaré la Navidad aquí, en Tasmania. Pues no es mal lugar, ni mucho menos, pero habrá que organizarse un poco para que no me de ninguna pájara.

En Swansea “pincho” por primera vez en este viaje. El Parque Nacional Freycinet está a 35 Km del pueblo pero, para ir en transporte público, has de hacer combinaciones que no permiten volver. Swansea es desangelado y sin atractivo alguno y el hostel que he reservado para 2 noches es caótico, dejado, sucio y con jóvenes ociosos y cerveceros que me ponen nervioso. Hay chavales que viajan bien y los hay que viajan mal. Estos son de los segundos. Toda la tarde en manada alrededor de una mesa, cerveza tras cerveza, con conversaciones estúpidas, gritos y risas histéricas. Para rematar, mañana no hay bus para seguir adelante por la costa, así que me tendría que quedar un día más. Decido irme hoy mismo a Bicheno e intentar llegar al Freycinet desde allí. Pierdo el dinero de una noche de hostel pero que se le va a hacer. Aquí no voy a estar bien.

Bicheno es otra cosa. Más bien es la contraria, un pueblo con ángel y muchísimo atractivo. Aquí sí apetece pasear. Al atardecer, tomo un sendero hasta las rocas. Sopla viento frio y huele a mar. Me acuerdo del Empordá, de caminatas de otoño e invierno, con el corazón caliente e ilusionado, por Llafranch, Calella, las playas de Begur… Y Cap de Creus… Recuerdos de llegar a casa y avivar los rescoldos del fuego…. Para qué pensar.

Ha costado, pero he conseguido autobús para ir y volver a Freycinet y un alojamiento barato para una noche. No puedo estar más porque en fin de semana no hay autobús para volver. Me voy mañana a las 6’15 a.m. Tiene muy buena pinta.

Paso hoja y cambio de tema. Cuando una persona es muy molesta, perseverantemente pesada, se dice de ella que es “como un grano en el culo”. Efectivamente, uno de los peores enemigos del viajero es una almorrana. Yo, desde pequeño, tengo una recidiva que, de vez en cuando, me viene a visitar. Es el caso. Ha venido. La mía, el mío, se llama Vicente. Es macho. No sé decir cómo lo sé. Es pura intuición. Lo bautice en su día con ese nombre y se le ha quedado. Este año ha venido por Navidad. El chiste es fácil pero el asunto no da para bromas.

Cómo el roce en este caso no hace el cariño, si no todo lo contrario, su visita resulta siempre de lo más incomoda aunque, teniendo ya una cierta intimidad y confianza con èl, se cómo tratarlo. Es realmente molesto, sobre todo para viajes largos en bus o tren, pero ya te digo, hasta le tengo un cierto respeto y no soporto que se hagan bromas con èl o se le haga público escarnio. Viene siempre por alguna razón de fuerza. En este caso, la culpa es de unos accesos de tos que he tenido últimamente por un constipado mal curado, que arrastró desde Tailandia, y porque soy imbécil y, en consecuencia, fumo.

Pues eso, él en su lugar y yo en el mío, cuando viene procuramos convivir sin grandes problemas y con una educada indiferencia que nos haga pasar, en mayor o menor armonía, los días que haya decidido viajar conmigo. No es un compañero, pero nos arreglamos sin aspavientos ni discusiones de mayor importancia. Cuestión de educación y paciencia. Tampoco nos vemos mucho, es más bien una sensación constante y desagradable.

Intuyo alguna risita de cachondeo. Un poquito de consideración, por favor. El tema es doloroso para mi.

Vuelvo a lo que interesa. Llego a las 6,45 a Coles Bay, al ladito del Parque Nacional Freycinet, y el hostel está cerrado hasta las 8, pero me puedo tomar un café. Tengo dolor de cabeza de dormir poco. El trekk muy chulo. Una hora de camino desde el hostel al parking donde se inician los senderos. En una primera etapa de 30 minutos hasta un mirador desde donde se fotografía en todo su esplendor la Wineglass Bay, uno de los iconos y lugares más fotografiados de Tasmania, hay un montón de gente. Por la foto todo el mundo es capaz de caminar media horita aunque sea cuesta arriba y ahogándose como pescados en cubierta. Y no creas, juro que hasta he visto gente que se hace la selfie con la foto del letrero que hay en el parking. El colmo. La vista una pasada, pero a mí déjame con la vista desde la ermita de San Ramón en Begur.

Allí, en el mirador, se hace ya la primera criba de gente aunque sigue habiendo bastante que baja a la playa, que es el segundo corte. A partir de ahí, desde que dejas la playa de Hazards, ya nadie. Yo sigo y hago todo el Wineglass Bay-Hazards Beach Circuit, una travesía circular preciosa, un sendero magnifico como entre los Caminos de Ronda en el Empordá y el mallorquín Camí de Cavalls. Precioso. Las playas, llenas de ostras, los bosques como fantasmas, las piedras y acantilados cincelados a mar y viento. Un lujo.

La última media hora el tiempo se ha encabronado y la hago bajo lluvia intensa. No problem. Como mis sánwiches en el parking y me vuelvo a Coles Bay metiéndome en todos los rincones que voy encontrando. Muy pero que muy bonito. Total, son 3 horas y pico que, más la de ida y la de vuelta al hostel y alguna ronda por los alrededores ya hacen una buena jornada. El hostel agradable y solitario, el día se ha tornado gris, lluvioso y frio y yo estoy cansado. Me hubiera gustado hacer la cima del Monte Amos e incluso adentrarme más en Península, pero no hay tiempo y mis abductores tampoco dan para muchas alegrías. Si hubiera podido pasar una noche más aquí lo hubiera aprovechado pero no ha podido ser. Hoy prontito a dormir y mañana de vuelta a Bicheno. Le voy a pegar una paliza a la cama que se va a enterar.

Paso un par de magníficos días explorando los senderos, playas y rocas de Bicheno. Me encanta este lugar. Los soplidos de agua del Blow Hole, la Diamond Island, a la que se puede ir a pie con la marea baja, el rocoso Foreshore Walkway… Lo siento especial, como muy familiar. Podría quedarme aquí una temporada. He encontrado un lugar que venden un pescado buenísimo y me cuido mucho. Siempre me cuido, pero ahora me esmero más y me cocino con cariño platos como ensalada de guacamole con atún o pescado con pimiento rojo, bicho y salsa tártara. Y vinito. Estoy mejor que quiero.

Y 23 de Diciembre, en Hobart. NAVIDAD. Navidad en Tasmania. Reserve hace unos días mesa para la noche del 24 en el mismo restaurante que cenamos el día que llegó Ramón. Y el 25 me hago una comida de Navidad en el hostel. Sentimientos encontrados. Libertad, sueños cumplidos y vida plena. Soledad, nostalgia y añoranza. Fuerte, pero muy cansado. Feliz tristeza. Desesperanza sin miedo. Serenidad. Nada que querer que no tenga. Nada que pedir más que salud. Nada que ocultar, nada que callar.

Quizás eso es todo. No está mal, no está mal. No está nada mal. 

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Australia (9) Tasmània (2ª parte) Una Vuelta a Tasmània. Queenstown-George Town-Launceston. Cradle Mountain.

Faltan 7 días para empezar el trekk Walls of Jerusalem. En esta semana hay que acabar de ponerse en forma. Caminatas largas con 10 kg en la espalda y buenos alimentos.

Y mientras nos ponemos fuertes y guapos, vamos a dar una Vuelta a Tasmania. De Hobart iremos a Queenstown, de allí a George Town y, al final, a Launceston. Y por el camino, trekks por el lago St. Claire y por Cradle Mountain. Un plan ambicioso.

El lago St. Claire dicen que es uno de los lugares más bonitos de Australia. No sé, eso es mucho decir pero, desde luego, todo el Parque Nacional Cradle Mountain-Lake Sr. Claire es Naturaleza pura.

En St. Claire hacemos el Shadow Lake Circus y lo extendemos hasta Forgotten Lakes y Little Hugel. El Shadow Lake Circus es una caminata tranquila y un tanto insulsa de unas 4 horas, aunque pasas unos bosques húmedos de cuento de los hermanos Grimm, con sus rocas musgosas y árboles fantasmagóricos. La gracia del trekk la pone subir el Little Huge de 1.275 metros. Little pero matón. Esa subida, por una tartera de impacto y con unas vistas fascinantes a los lagos, le añaden al trekk normal casi 3 horas y convierten un paseo en un trekking con todas las letras. Me encanta escalar por tarteras! Total, un palizón de 7 horas bien buenas que nos deja hechos polvo y con un hambre de lobos.

Nos cogemos el coche y nos vamos a Queenstown, otro curiosísimo pueblo semideshabitado tipo western, rodeado de bosques y montañas. Al fin y al cabo, estamos en el salvaje oeste de Tasmánia, pero es que toda Australia es un semicontinente salvaje y casi deshabitado con casi 8 millones de km² y 25 millones de habitantes. Para hacernos una idea, Europa tiene 10 millones de km² y lo habitan 750 millones de personas. Y Tasmánia por ahí anda de diferencias con nosotros: casi 70.000 km² y medio millón de habitantes. Cataluña es la mitad de extensión y allí vivimos 7 millones y medio de personas. La tendencia de los australianos a una vida casera o, los menos familiares, a encerrarse en los pubs y bares, intensifica la sensación de estar en lugares asolados por una bomba atómica.

Aqui, en Queenstown, otra vez damos en la diana con el alojamiento, un hotel vetusto en un edificio señorial lleno de cuadros antiguos y espejos enormes, moqueta y alfombras, madera por todos lados y hasta trofeos de caza en las paredes. Es como aquellos hoteles de montaña donde vacacionaba la burguesía catalana de los años 60. Y allí mismo, un pub y un restaurante y, en este último, nos sacudimos entre pecho y espalda otra bacanal de los 3 platos estrella de la cocina de Tasmánia: pan de ajo, escalopa parmesana y Fish&chips. Estaremos aquí 2 noches. Mañana, todo el día de panching para dormir, comer, ponernos al día de nuestros quehaceres y seguir organizando viaje.

A 2 horas en coche desde Queenstown està Cradle Mountain. Nada más verla se te erizan los pelos de la nuca. Lo ves claro: esa ascensión serà dura. Con el lago Dove y otros 3 mas pequeños en la base, Cradle esta compuesta de columnas de diabasa y forma una especie de enorme órgano de catedral. Impresiona. Hemos tenido un error de cálculo de tiempos y no empezamos el trekk hasta el mediodía. En teoría, la ascensión dura entre 6 y 8 horas, así que habrà que dàrse prisa. Vamos cargados ya con 12 kilos, los que deberemos llevar durante el trekk de Walls of Jerusalem.

La ascensión a Cradle es una pelea. Las hostilidades duran casi 6 horas y, la verdad, es de las ascensiones más difíciles y peligrosas que he hecho. Son “solo” 1.550 mts, todo el sendero siempre muy vertical, pero la tartera por la que se escalan los últimos…digamos que 300 mts, es de órdago. Hay un momento, como a 100 mts de la cima, que no lo veo claro y le digo a Ramón que dejamos las mochilas bajo un recodo en las rocas y seguimos subiendo libres de peso. El cansancio empieza a hacer mella y continuar escalando con unas mochilas tan grandes y pesadas es jugársela. Puedes rozar con las puntas de roca y desequilibrarte, la misma mochila puede ladearse y enviarte al infierno y, además, gatear y pegar saltos por estos bloques de piedra despeñacabras con algo así como un niño de 3 años colgado de tu cuello, es ya un adorno para lucimiento del personal y un hándicap absurdo y sin sentido.

Cima a las 15,30 y no nos hemos dejado los dientes en la montaña. Yo me doy una vuelta más por los alrededores y Ramón se baja ya a comer en una roca. Me reúno con con él al cabo de media hora, como un sándwich y seguimos. Llegamos a la base muy rápido, en poco más de 1 hora, pero sufro. Estoy agotado. Mis botas ya no aguantan mas. Abiertas en canal. También la mochila empieza a tener feas heridas de combate. Un cuadro. Ha sido una verdadera batalla.

Dos horas de carretera hasta George Town, en la costa norte.  No hablamos en todo el camino. Cada uno con sus pensamientos o con ninguno, sólo con un cansancio hondo en todo el cuerpo. Llegamos de noche a un caserón de película de miedo. Ya estamos con los lugares peculiares.

Nos reciben 2 señores de mediana edad, muy raros los 2, como idos. Yo creo que a la gente en estos lugares tan solitarios se les va la olla. Nos dan la llave de un anexo decorado como la casa de la abuela. Y nos llenan la nevera de comida: huevos, bacon, pan, croissants, manzanas… Compramos lo que falta en el super y hago una cena de recuperación: entrecots, tomate con aceite y sal y guisantes salteados con jamón. Después de una ducha, parece que la vida vuelve a circular por nuestras venas. El pueblo lo veremos mañana pero tiene toda la pinta de ser otro lugar desierto con gente extraña como perros verdes.

Pasamos la noche disfrutando de la casa. La excitación de la jornada nos ha quitado el sueño y se nos hacen las 3 de la madrugada. A su manera, la casa en cuestión es muy acogedora. Solo espero que la abuela no esté embalsamada en algún armario. No me extrañaría.

Nos levantamos tardísimo y preparo un brunch. Es ya casi mediodía. Huevos con bacon, fruta, galletas, tostadas, zumo, cacao, café, mantequilla, mermelada…. Hoy, día de recuperación. Un paseo por la costa y poco más. Confirmado: otro pueblo sin nadie por las calles. Más conejos que personas. En todos los pueblos lo mismo. En este sentido, Tasmania es una mezcla entre el aire tenebroso de Transilvania y la sensación de soledad abandonada de los pueblos de la Patagonia chilena donde un pueblo no tiene más historia que 75 años y el clima obliga al recogimiento casero. A mí ya me gusta. Aquí la gente se saluda al cruzarse en la calle porque, a lo mejor, no te encuentras con más de 10 personas cada día.

Y esto está llegando a su fin. Tengo la impresión de que mi vida ha cogido una velocidad supersónica y me está adelantando por la derecha. Todo va demasiado deprisa.

Launceston es una bonita y compacta ciudad con mucha iglesia, mucho edificio de ladrillo rojo inglés y un cielo limpio e inmaculado. Para nosotros es el inicio del Walls of Jerusalem. Un poco más de entreno ligero por los parques, últimas compras de equipo y ya. Estamos preparados. Ahora, traca final: Walls of Jerusalem. A las 7,30 de la mañana del martes nos vienen a buscar al hotel. Empieza la película.

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Australia (8) Tasmania (1ª parte) Hobart y Bruny Island. Compañero.

Ramón aparece por la puerta del autobús. MadredeDiosydelAmorHermosomecagoendiezyentodoloquesemeneaostrastújoderyaestabienhayparahacerseverdaderascrucesbbbbrrrrrzzzzz!!!!!! ¡Qué ganas tenía! ¡Ya tengo mi abrazo por fin! ¡Seis meses!

¡Bien! ¡Bien!!!!

Pues al tajo, compañero, que el tiempo pasa volando…

Como quien dice sin dejarle ni poner los pies en el suelo, nos vamos a patear la ciudad. Hobart se desparrama desde las colinas que la circundan hasta el mar. O viceversa. Muy abierta, con más iglesias que supermercados pero menos que bares y pubs, un puerto precioso y un cielo con cara de pocos amigos. También tiene un par de parques pequeñines, como para cubrir las apariencias de capital, pero sin necesidad alguna. Al fin y al cabo, a 20 minutos en bus tiene un enorme Parque Nacional, el Wellington, y toda la isla es pura Naturaleza virgen.

Pues eso, que ya tengo aquí a Ramón, mi viejo compañero de aventuras. Nos vamos a hacer una cena de celebración y coordinamos planes. Un trekk mañana por el Parque Nacional, luego nos iremos un par de dias a Bruny Island,  subiremos hacia Lauceston, a lo que salga o se nos ocurra y, de fin de fiesta, nos pillamos un trekk de 4 días a Walls of Jerusalem. Poco a poco el viaje se irà armando como un puzzle.

En el P.N. Welington, desde Fern Tree donde nos deja el autobus llegamos hasta The Springs por el Glade Track, hacemos el Organ Pipes Circuit, subimos a Pinnacle y nos volvemos a bajar por la otra ladera de la montaña. Total, más de 6 horas. Precioso Parque Nacional e impresionantes los últimos 500 metros hasta la cima del Monte Wellington por una tartera, fuera pistas, que escalamos siguiendo a un australiano que hemos conocido en el camino. Igualmente maravillosas las vistas durante todo el circuito y, especialmente, claro, al llegar arriba. La cima no se disfruta como otras. No hay paz. Aquí se puede llegar en coche y, como consecuencia, esta lleno de turistas que suben para hacer la foto. Gente que llega a destino sin hacer el camino.

Alquilamos un coche para toda la semana y lo subimos a un ferry hacia Bruny, una salvaje isla con cierto aire jurásico a media hora de Hobart.

La Naturaleza, en la isla de Bruny, ofrece unos paisajes tan perfectos que parecen haber pasado por Photoshop. El clima és cambiante con una rapidez antinatural, como producido en un laboratorio con un loco de mente taquiarritmica subiendo y bajando palancas meteorologicas sin ton ni son. Por turnos, sol, frio, lluvias, nieblas cerradas y vientos huracanados se van sucediendo en fila india durante todo el dia. Y el arco iris, detrás, intentando cumplir su papel intermedio con un poco de pausa y organización.

Hemos conseguido para dos noches una chulada de casita prefabricada, un cottage le llaman, delante del mar, que nos ha salido baratisima. Tiene un salón-comedor-cocina con estufa de tacos y un jardin por donde pasan constantemente grupos de huidizos wallabis, unos marsupiales de talla “s”, entre canguro pequeño y conejo gigante.

Los dos días transcurren màs que  rápidos haciendo senderos, disfrutando vistas sublimes y comiendo delicadezas tanto en casa como fuera, Dicen que Bruny es famosa por su queso, su wisky y sus ostras pero, además, tienen una carne buenísima, tanto de ternera como de cordero, pescado fresco para dar y tomar y vino de muchísima calidad. Así que…un sufrimiento.

El mejor sendero, sin duda, es el Fluted Cape Walk, una preciosa caminata de solo 2 horas y pico, corta, pero magnifica, que recuerda los más agrestes Caminos de Ronda de la Costa Brava. Me siento como en casa. Paisajes de quitar el hipo. No es difícil, pero el sendero no tiene ninguna valla protectora y un resbalón es mortal. Tampoco es dura, pero con 9 ó 10 Kg en la mochila no subes silbando.

Después del trekk, en el Bruny Hotel, un negocio local que distribuye alojamientos varios a lo largo de la isla y es, también, restaurante, pub y tienda de vinos, descubro la mejor escalopa de pollo parmesana que he comido nunca. Mi plato preferido. Compartimos con Ramón la parmesana, un mixto de pescado al grill, los dos platos con patatas fritas y ensalada, y un púding de manzana con praliné de almendras. No va más. Pasamos la tarde en casa, al ladito de la estufa, mientras fuera un temporal de lluvia y viento azota la isla con saña. No se puede estar mejor. Es imposible y, además, sería pecado.

Cuesta irse de Bruny pero hay que seguir. Siempre adelante. Ferry de vuelta y empezamos a subir hacia el norte. Próximo destino, el lago St. Claire.

Después de visitar una reserva de animales por el camino, hacemos noche a 50 km del lago St. Claire en un pueblo rarísimo: Tarraleah. Es algo así como un poblado vacacional, prácticamente vacío, al lado de una Central hidroeléctrica. Un Café, la recepción del complejo, un restaurante y unas decenas de alojamientos prefabricados en forma de pueblo. Nada más. Ni un colmado, ni una farmacia, ni una tienda. Alrededor, grandes extensiones de bosques y unas instalaciones energéticas de dimensiones gigantescas con unas enormes tuberías blancas que bajan hasta el rio. En las calles, solo pájaros, pajarracos y wallabis. El pueblo parece abandonado.

El lugar es de novela de terror de Stephen King. El argumento es claro: unos extraterrestres pretenden apoderarse del mundo distribuyendo energía producida con agua tóxica. Los habitantes del pueblo, infectados por radiaciones que han esclavizado sus mentes, se mantienen encerrados en las casas sin personalidad ni alma y con sus cerebros controlados por los “malos”. Si pasamos de esta noche sin que los marcianos nos dejen el cerebelo como un huevo duro, mañana salimos de aquí CQTC*.

Nota. *CQTC: Corre Que Te Cagas.

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Entre parentesis. Navidades en las antípodas.

Pues ya está aquí. Ya llegó. Día 24 de diciembre. Empieza la Navidad y yo con estos pelos. En Hobart, Tasmania. Lejos, lejos.

Estoy en las antípodas de mi casa, el lugar diametralmente opuesto a donde está mi gente, separados por 180° de longitud y en hemisferios diferentes. Justo debajo o encima de mi hogar. A 20.000 km más o menos. A casi 12 horas de diferencia horaria, allí invierno, aqui verano. Concretamente, las antípodas de Begur es Nueva Zelanda, y allí estaré muy, muy prontito.

Planes. Para Nochebuena he reservado una mesa en el mismo restaurante en el que cenamos con Ramón el primer día cuando vino a verme. Y el 25 de Diciembre, fum, fum fum, he quedado conmigo mismo mismamente para cocinarme una buena comida de Navidad en el hostel, todavía no he decidido qué exactamente. La noche de Fin de Año la pasaré en el aeropuerto de Melbourne, viniendo de Sidney y en tránsito hacia Queenstown en Nueva Zelanda. Y el año lo empezaré…en un avión, claro. Nuevo año y país nuevo. Es mi vida.

Pueden parecer tristes, solitarias, pero para mi son unas bonitas Navidades. Mi hijo está feliz y sano, a mi familia y a mis amigos parece que todo les va más o menos bien. Yo también estoy fuerte y sano, vivo una vida intensa y me gusta…

Sí, estoy solo, sí. Claro que podría estar mejor.

Amor no, quita, quita. En eso tengo la piel correosa y, visto lo visto, me interesa tanto el tema como los problemas de reproducción del ornitorrinco en cautiverio. Para esas guerras me he quedado sin munición y la última bala la guardo para mí.

Pero la sangre sí tira. Mi hijo al irse, después de su última visita, me ha dejado un vacío abisal. Un agujero en algún lado por el que me entra frío a chorro.

Claro que siento nostalgia y añoranza, claro que tengo momentos de soledad y tristeza, pero… quién no? Quien no echa de menos algún ser querido que no está? Pero son unas bonitas Navidades. Unas Merry Christmas.

Enfermedad, accidentes, cataclismos, guerras, persecuciones. Eso sí que pone triste y, si no estás en esos casos, pues como para quejarte…

Ah! Sin quejarme, pero si me dan rabia y quiero acordarme de los violentos, los intolerantes, los avaros, los soberbios, los egoístas, los hipócritas… A todos esos, está Navidad les deseo una intensa descomposición estomacal. Tal cual.

Paso una Nochebuena agradable, una cena de pescado en un lugar bonito aunque, cuando salgo del restaurante, me da una pájara. La sensación es dura. Me imagino llegar a mi casa, mirar el mar, sentir el fuego crepitar detrás mío… Y llego a un hostel. Se me hace un nudo en la garganta. Me ha parecido ver en la calle a mi hermana. Quizás he bebido demasiado vino. No estoy acostumbrado. No era ella, ni conozco a nadie aquí, todo es extraño. Pero también todo es nuevo y apasionante, y estoy teniendo una experiencia impagable y privilegiada. Remonto.

En Navidad, el día 25, después de desayunar salgo a la calle a fumar un cigarrillo. No hay ni un alma. Un amigo me ha enviado una canción: L’Empordà, de Sopa de Cabra. Me apoyo en una pared blanca, cierro los ojos y recuerdo…Tengo el corazón muy lleno.

Valoro la posibilidad de comer con alguien del hostel. Puedo elegir entre un chino que habla solo, un libanés que llora en una esquina, un coreano chiquitín con una máquina de fotos más grande que él que juega con el teléfono a marcianitos, y un francés  con cara de pocos amigos que parece campeón de halterofilia. Llámame raro pero decido comer solo. Madrecita, que me quedé como estoy. Al final, el menú es, de primero, un aperitivo de salmón atlántico australiano y, de segundo, pechuga de pollo con sofrito, pansas y frutos secos. Muy catalán.  Guisantes y zanahoria de acompañamiento. Sobra la mitad. Es lo que suele pasar en Navidad.

Un paseo por la ciudad con un sol de principios de verano, una peli navideña en el hostel y una cena ligera. Cómo todo el mundo. Mucha gente me desea felicidad y me encanta. Trabajo en el blog y voy organizando ya el próximo viaje.

La noche de Fin de Año, como estaba previsto, en el aeropuerto de Melbourne. Ni es el colmo del viajero ni es casualidad, simplemente esta noche es cuando los billetes de avión son más baratos. Aquí se está tranquilo. No creo que haya lugar más tranquilo en el Mundo una noche de Fin de Año que un aeropuerto. Y el primer día del año lo paso en un avión, viajando, como a mí me gusta. Empieza una nueva aventura y estoy deseando vivirla intensamente. Nervios… Cuando en casa la gente está comiendo las uvas, yo ya llevo medio día 1 en Nueva Zelanda.

Y tira que te vas. Por mi parte, hoy día 2 doy por cerrada la Navidad. Lo de los Reyes no me va. Entre otras cosas porque, en Laponia, con mi hijo, vi a Papá Noel (el verdadero eh?!) y, en cambio, en Omán, que dicen es de dónde salieron los Reyes, no vi ni rastro de ellos.

Ya han pasado las fiestas. Sigo adelante, siempre adelante. Que tengáis todos muy, muy

¡Feliz Año!

Alas y viento.

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