Teruel. El Maestrazgo (1ª parte). Amantes. Las Peñas de Masmut.

Y ahora Teruel. 

Deambulando por Tarragona, hace más de un año, ya había entrado en la provincia de Teruel, justo antes de empezar, por Turquía, la segunda parte de mi Vuelta al Mundo. Eso ya pasó. 

Parece que hace siglos pero no hace ni 6 meses que volví de ese viaje desde Turquía a Sudáfrica y desde Argentina a Ecuador. Añoro esa vida. 

Yo vivía muy, muy deprisa y del frenazo que ha supuesto la pandemia casi me salgo de mi mismo. Ahora hay que aprovechar la libertad que nos queda porque nuevos brotes se van generalizando y cada vez se ven más probables nuevas restricciones de movimiento para frenar el COVID. Si me siguen atando las alas al final me van a matar o me voy a volver loco así que, por salud física y mental, en vuelo rasante, pero he de volar. 

Un tirón de coche y, eso… ahora Teruel. 

De Teruel se conocen pocas cosas. Aquel lema reivindicativo de finales del siglo pasado, “Teruel existe”, tuvo su éxito pero no el suficiente porque ésta continúa siendo una región aislada y poco protagonista. Muchos, si les dices qué le sugiere la palabra Teruel solo llegarán a decir: “Los amantes de Teruel.”. Eso no es mucho. Y, encima, añadirán: “tonto ella y tonto él”. Lo que hace una rima cruel…

Sí, los amantes de Verona, Romeo y Julieta, gracias a Shakespeare, se llevan todos los mimos y de los otros queda la frase “Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto el”. ¡No te jode! En realidad, Diego e Isabel fueron, parece ser, una rica heredera y un joven pobre que, por ganar la aprobación del suegro, marchó a buscar fortuna a lo que fue La Reconquista. Pero la historia cuenta toda una serie de infortunios, malentendidos, casualidades y besos infantiles que causan la muerte a ambos y, supongo, de ahí les llega lo de “tontos”. En fin, no son más que historias pero me fastidia que los de Verona sean el colmo del amor y los de Teruel sean el colmo de la tontería. Sí es cierto que el amor produce más estupidez que el peor virus cerebral imaginable. Ríete de los zombis. Pero o todos moros o todos cristianos. 

Lo cierto es que los susodichos amantes, verdad o mentira, tienen un mausoleo en la iglesia de San Pedro de Teruel donde yo, evidentemente, no peregrinaré. Yo me quedo en el Maestrazgo. 

El Maestrazgo es una comarca histórica que se extiende por Castellón y Teruel. El nombre deriva del término Maestre ya que estos territorios se encontraban bajo la jurisdicción del Gran Maestre de las órdenes militares del Temple, San Juan y Montesa. De los templarios hablaré en otro rato. Tienen guasa. 

Paso rápido por los pueblos ya vistos y citados en en mi anterior viaje por la zona: Lledó, La Fresneda, Fuentespalda, Beceite, Calaceite y paro en La Portellada. Hago un senderito ligero hacia “El Salto”, un poco o nada impresionante salto de agua al que descubro, demasiado tarde, que se puede ir en coche y, como consecuencia, es pasto de turisteo. Salgo pitando pero las 2 horitas de paseo me han ido bien a pesar de que el calor pega con saña. 

Hoy toca Monroyo y Peñarroya de Tastavins, pueblos mediavales con cuestas infinitas, y con una visita al Mirador de la Muela en Monroyo y una vuelta al peñasco donde se asienta Peñarroya hasta vislumbrar las Peñas del Masmut, con todo el valle de la Pena a la derecha, tengo paseo más que suficiente. Hoy no tengo el cuerpo jotero para trekkear. Ayer sólo se me ocurrió que hidratarme matando la sed con vino y me he levantado herido de muerte. Aquí hacen un vino buenísimo que entra fácil y traicionero, especialmente si vas picando una tabla de quesos y embutidos de la tierra. Pim, Pam, Pim, Pam, Gu, Glu, Gu, Glu. Estamos entre 35 y 36 grados así que la hidratación necesaria me condujo a la perdición. Hidra viene de agua. Para que luego digan que el latin y el griego no sirven para nada. 

Hoy sí, hoy toca trekking y bonito. Vuelvo a Peñaroya, o Peña Roja. Dicen que el nombre del pueblo viene de aquellas rocas o peñas del Másmut que, con la luz del sol, a ciertas horas se tiñen visiblemente de rojo. 

Voy a hacer el Pico La Tossa, delante de las Peñas. Un sendero de ganado durante un ratito y entro en camino de carros más arreglado hasta la falda de las Peñas. No veo camino para cima pero lo intento. Subo por piedra pequeña de la resbalosa hasta pillar macizo pero me tengo que conformar con un “casi”. Los últimos 100 metros a cima son gateo y escalada a pelo, no muy difícil pero un resbalón y estas muerto. Creo que, si siguiera, después ya encontraría mejor terreno pero voy sin guía y no me vale la pena el riesgo. No se por qué, llámale X  pero no voy a subir. Yo no soy miedoso pero escucho a mi mente. Si no lo veo claro es que es peligroso y, por lo que sea, no estoy preparado para hacerlo. “Además, Nacho, te he dicho que hoy hacemos el Pico La Tossa. Eso está ahí delante. En montaña se te va la olla”. Hay que escucharse.

Sigo por un caminillo que se separa de la pista direccion a Villabona. Pierdo el sendero y campo a través guiado por el GPS llegó a La Tosa, 1.150 metros que saben a más. Desde un mirador se ve todo el sistema de los puertos de Beceite y Sierra de Pena Roja. Un espectáculo de una grandiosidad acongojante. Ya llevo 3 horas de caminata y a medida que vas bajando el calor se vuelve más sólido y tangible. 

Hoy… Litros de agua

Vuelvo a La Fresneda para comer unas costillas de cordero, pobrecito, con alioli del bueno, y ya se ha acabado el día. Y 365 momentitos de esos y ya ha pasado un año. Y 100 de esos resultantes y ya eres polvo. Todos cslvos. Como para pensarse que somos importantes… 

Hace mucho calor. Teruel no es una tierra fácil para el verano. Me meto en el frigorífico. Y parece ser que en Aragón están creciendo los contagios así que dejaré el resto de la región para otro viaje. Mañana me voy a Castellón sin dejar el Maestrazgo.

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Andorra (y 2) El Principado. También esto pasará.

Creo que nunca he estado en un Principado. Éste, el Principado de Andorra, lo gobiernan 2 “coprincipes”: el obispo de Urgell y el Presidente de Francia. Nada que ver pues con los principitos de Walt Disney. Tienen también un Parlamento y un Presidente propio asi que me parece que los príncipes pintan poco. Creo que, hoy en día, todos los príncipes pintan poquito más que nada. El idioma oficial de Andorra es el mío, el catalán y, encima, no tienen ejército así que, de entrada, este país me cae simpatiquísimo.

Por cierto, se me ocurre que si se disolvieran todos los ejércitos del Mundo se ahorraría un montón de dinero ¿no? ¡Ah!… Ya… Es “IMPOSIBLE”. ¡Que palabra más fea, coño!

Yo todavía me siento inseguro y no es por la falta de ejercito. No sé si las medidas que se toman para parar el COVID son económicas o sanitarias, y ni siquiera sé si unas y otras son compatibles y posibles. Todo es extraño e inquietante. No se si el virus está o no está pero, si me da por estornudar, no pienso en que estoy pillando un simple resfriado… me acojono. Y eso que no veo la tele más que, muy ocasionalmente. Las noticias no son buenas. 

Lo grave es que no creo que nuestros dirigentes tengan tampoco clara estas cuestiones ni ninguna otra. La actitud de los políticos es patética. Creo que, en cuanto acaban las campañas electorales, los cargos electos no se ponen a gobernar si no que empiezan una nueva campaña electoral y todas sus decisiones tienen el objetivo de renovar su mandato y consiguiente salario sin problemas. Objetivo: ganarse la vida. No hay más nada. La mayoría de los políticos son principitos, me temo. Todo esto da miedo, pero…

Releo a Esther Tusquets, “Varada tras el último naufragio”: “… convocó a todos los sabios de sus dilatados reinos, y les pidió que buscarán una frase para él y para cualquier hombre, una frase única y que conviniera y se adecuara a cualquiera de las múltiples circunstancias y peripecias de la vida, y los sabios deliberaron mucho, mucho tiempo, y por fin un día salieron de su encierro y fueron a comunicarle la frase al emperador, y la frase era ‘TAMBIÉN ESTO PASARÁ””.

Barcelona era un horno y en Andorra estamos entre los 15º/20º al mediodía a los 7º/10º de madrugada. Se agradece el fresquito. Rensol una de esas urbanizaciones/pueblo/parroquia que componen el principado rodeadas por todos lados de montañas y pistas de sky. Soldeu, En Camp, Tarter, Rensol, Ordino, Pas de la Casa… Pueblos y urbanizaciones con una arquitectura de montaña dominada por la pizarra, bastante integrada en el paisaje, con sus barbaridades urbanísticas, desde luego, pero todo entre una Naturaleza maravillosa. Un conjunto bastante armonioso dentro de lo que cabe al ser humano

Voy a comer a un “grill”. La carta ofrece cachos de 800 gramos de carne de vaca y de buey “a la piedra”. Para mi eso es toda una vaca. Sólo verlos me lleno, pido un vino y una tapa de jamón y me voy a caminar. 

Y en mi primer paseo, muy cerquita de las casas, se me cruzan una pareja de “cabirols” , una especie de huidizos cervatillos. No hay nada que me de más placer de la montaña que ver animales libres. 

Hago el Cami de les Secles, la Circular de Campillo por els Plans hacia la Vall del Riu, hasta que el GPS me dice que estoy en Francia, y todos los alrededores de Rensol, pero el trekk más bonito es el circular de la Collada de Pessons. Tres horas de bosque alpino hasta un precioso circo de montañas salpicado de lagos ahora cristalinos pero helados durante 8 meses al año.

Me siento transportado al Mundo. Eso mismo o parecido o concordante, esas coronas de montañas esbeltas y retadoras con lagos en la falda y manchas blancas en las cimas las he visto en 5 contientes y, sin embargo, las siento siempre únicas y preciosísimas. Además, hago esa trekk de 3 horitas fuertes con Ana, una amiga andorrana, mujer guapa, señora y elegante de por vida, y su perra golden, una delicia de compañera. 

Y me da el viaje para ver a otro amigo: Gabriel, otro de mis hermanos. Muchos años de amistad y experiencias comunes. Otro culo de mal asiento, no sé cuantas carreras, títulos y titulines y, encima, violinista. Ahora resulta que es cónsul en Andorra de no sé qué país del Norte de Europa. Se ve que tiene por allí negocios con el bacalao. A saber de donde le sale la vena pescadera. Con la vida de viajero también pierdes el hilo de la vida de los amigos y, cada vez que los ves, ponerse al día de su vida es una sorpresa apasionante. 

Antes de irme, no puedo dejar de dedicar una mañana al deporte nacional de Andorra: el “shopping”. Soy anticonsumista hasta el tuétano pero pillo buenos precios de una camisa y unos pantalones técnicos que me irán de miedo cuando vuelva a viajar de verdad. Y una botella de mi colonia a mitad de precio. Y un poquito de tabaco también.

Ya ves. También esto pasará. Poquito a poquito. 

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Andorra (1) Calentando motores. De camino.

¡Ya está! Ya hemos “doblado la curva” de la pandemia Covid-19. Y, de paso, la de la polución mundial. Estamos a los niveles aconsejados por la OMS y no lo conseguíamos desde hace décadas.

Estoy contento porque, supongo, ahora todos los gobiernos y toda la sociedad se pondrán a doblegar las otras curvas. Las del calentamiento global, la de la degradación de la Naturaleza por el urbanismo salvaje, la de la pesca industrial, la del abocamiento de plástico, la de extinción de especies animales, la de la deforestación, la de la violencia machista en todos los niveles, la del hambre en África y en todo el Mundo subdesarrollado, la de la malaria y el sarampión, la del incremento de la práctica de la tortura en los regímenes autoritarios, la de las guerras,… ¡Pues no queda faena! Y lo de “doblar la curva”… Ya veremos. El partido acaba de empezar. Mucha tela que cortar veo yo. 

Las vueltas que da la vida. Decía, hace ahora un año: “Nada es verdad y nada es mentira” . Era en un post sobre un viajecito de 1 semana a Barcelona, cuando ni siquiera sabíamos lo que era una “pandemia”, y ahora vuelvo a Barcelona de camino a Andorra y me quedo aquí unos días. Todo sigue igual: “Nada es verdad y nada es mentira”

Parece ser que ya no está el bicho en parte del Mundo, se evaporó el virus, se acabó el obligado confinamiento y, con prudencia, ya podemos viajar. Sinceramente yo no entiendo nada porque no parece lógico que el tal “COVID” se haya ido muy lejos así que, mientras no lo vea claro, me conformaré con pequeños viajecitos para ir calentando motores hasta que la situación se normalice mínimamente. Andorra no es un viaje largo pero es un viaje internacional. Es a lo que me atrevo ahora. La situación sigue muy incierta. Sinceramente, no entiendo que esta pasando. Tres meses de confinamiento y, de golpe, parece que el virus está vencido o se ha ido de vacaciones… Dicen que ya podemos movernos libremente por España y por media Europa pero también advierten que en cualquier momento puede haber un rebrote y volver al confinamiento. Total, me voy a Andorra.

Y de camino en este mi primer viajecito de calentamiento, ya en Barcelona, me entero por la tele que la situación es complicada porque viene una ola de calor, hay que hidratarse, no abusar de alcohol y azúcar, evitar hacer ejercicio en las horas de más calor y avisar al médico si tienes algún síntoma de algo. ¡Y toda eso en verano! ¡Suerte que me han avisado!..   ¡Madre de Dios cuanta tontería! 

Empiezo por pasear por los barrios altos, San Gervasi y Sarria y paso la frontera de la Diagonal para acercarme, de nuevo, a Gracia y hasta la calle Mallorca y la Sagrada Familia y, de un tirón, a San Pau. Una magnífica comida en una braseria Gallega y vuelta a casa. 

Y los días siguientes toda Barcelona, desde el Palacio de Pedralbes al Borne, desde el parque Güell al Paralelo y Poble Sec, desde Sans hasta El Gótico, Ciutat Bella y las Ramblas de abajo arriba y vuelta al ruedo otra vez… Las plazas, los mercados, tapeo en los bares más tradicionales,  parques y jardines… Barcelona, nada nuevo, pero… Un par de notas… 

Mucha gente por la ciudad hablando sola, pero no sabes si se han escapado del frenopatico o se ha metido un pinganillo por el orto. Eso del teléfono móvil es una locura. 

Está claro que somos monos. Está costando más de la cuenta adiestrarnos en eso de llevar mascarillas. He visto de todo. Desde policías con la máscara colgada del cinturón multando coches mal aparcados, hasta una chavala musulmana con toda la parafernalia de velos por todos lados, pañuelo envolviendo completamente el pelo con 30º a la sombra y la mascarilla en la mano. Como la mascarilla no la manda ningún “dios” o profeta…

Mucho comercio cerrado, los bares, se llamen “d’Angelo”, “Don Pedro  o “Tipic Sant Jordi”, son casi todos propiedad de chinos y los colmados pakistanies brotan como setas. La economía europea se tambalea peligrosamente pero soplan vientos de prosperidad desde Oriente. 

Pasamos hoja…y de un tiro me plantó en Andorra.

Otra vez en mi hábitat natural, el autobús. Son 3 horitas de nada y ya estoy en Andorra, un minúsculo país de 80.000 habitantes conocido, en teoría, por su comercio “bueno, bonito y barato”, sus bancos opacos y sus pistas de sky. Y digo en teoría porque desde que en el 2.010 perdió su consideración de paraíso fiscal el atractivo de Andorra recae ya sólo sobre las espaldas de su maravillosa Naturaleza. 

Andorra era un país pobre y, hasta mediados del pasado siglo, no tenían recursos para mantener a más de 6.000 personas. Montaron un paraíso fiscal, pistas de sky y arreando. Hoy, con la pandemia, parece que están preocupados otra vez por su futuro.

La capital, Andorra la Vella es un pequeño centro histórico con muy poca historia y un centro comercial de una calle con con una variopinta multitud. Piedra, el río, techos de pizarra y vidrio. 

Y fuera de la capital, el resto de Andorra es un paraíso verde con puntitos blancos que en invierno encuentra su viceversa completa. Me alojó en Rensol, una urbanización más que un pueblo, cerquita de Canillo y rodeada por todos lados de montañas. Me voy a hinchar a andar… 

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Cajón de Sastre. Vuelta al Mundo (2ª parte) Momentos.

Accede a la galería al completo, haciendo click en las imágenes.




Recomendaciones del mes. Febrero 2.020. Ecuador

Equipo.- No encuentro sustituto para mi sombrero. Bueno… ya nos encontraremos. 

Transporte.- Buses, buses, buses. Un montòn de compañías de autobuses te llevan por todo el país por precios irrisorios. 

Alojamiento.- Mu rebien el Hostal La Rosario en Quito. Desayunos deliciosos. 

En la ruta Quilotoa, en Chugchilan Hostal El Vaquero, y en Intiliví, Hostal Taita Cristobal. Ambos refugios de montaña todo madera y paz. 

En Baños, Inti Luna, bueno, bonito, barato. 

En Cuenca, el Selina Crespo, un hostel muy apañado, al lado del rio y con una decoración muy al gusto ecuatoriano, con arte por todos lados. La cadena Selina está por todo el pais y se va extendiendo por Suramerica. No está mal. Un poco pijo y carero pero son hostels tranquilos y de calidad.

Gastronomía.- En Quito, al ladito del Hostal La Rosario esta el Restaurante Cactus. Vale la pena. Comida italiana. Gonzalo vivió en Milán y aprovecho el tiempo. Tenía ganas de comer una ensalada mediterránea de verdad. 

Restaurante Pimienta, en Baños, un “borrego” al carbón buenísimo. 

Y también en Baños, Café Casa del Volcan. Probad el “Baneño”, un plato de la zona con estofado, camote con salsa de pepa de zambo, una especie de patata, arroz, huevo frito y plátano frito. Delicioso. De esos platos que no sabes qué dejarte para el final por retener el gusto. 

En Cuenca recomendable el restaurante Cositas. Muy buena la picada. Y curioso el Restaurante Don Colón, al lado del Ayuntamiento. Un clásico. Si hay hambre pedid unas fajitas. 

En Píllaro no hay que perderse ni la Fritada, carne de cerdo frita con maiz, plátano y pastelitos de patata, ni el Aguita de Puerco, un licor de 15º que la familia de Italo Espin hacen macerando moras. La Fritada está en casi todo el país pero la Aguita, por ahora, sòlo en Píllaro.

Pueblo/Ciudad. – Cuenca es una ciudad preciosa. Y a Pílaro le tomé cariño.

Y en la costa, Mompiche e isla Portete son una experiencia. Eso si, mosquitos a rabiar.

Trekk.- Me gusto mucho Pululua, el frondoso valle dentro de una caldera volcánica a 30 km de Quito.

Y preciosa la travesía andina Quilotoa. Aconsejo hacerla en sentido Insiliví-Chugchilán-Quilotoa. 

Internet. – Rome2Rio. Una aplicación muy útil para saber como ir de un lado a otro. Un imprescindible para viajeros.

Varios. –  La diablada de Píllaro. Una fiesta enmascarada del 1 al 6 de Enero. Unos Reyes Magos… diferentes.

Mención especial. – La familia Velasco, Ítalo Espín y Nestor Bonilla, artesanos de máscaras de la Diablada de Píllaro. Unos diablos encantadores. Los ecuatorianos son encantadores.

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Ecuador (y 5) La costa. Mompiche e isla Portete. Nada.

En Ecuador, la costa famosa es “Montañita”, el icono costero del país. Sol, playa, windsurf y juerga. Paso. Yo me voy hacia el sur, hacia Mompiche, en la provincia de Esmeralda, que dicen es lo que era Montañita antes del boom del turismo.

De Quito a Mompiche vienen a ser entre 10 y 12 horas de bus. El paisaje ha cambiado sustancialmente. Ríos caudalosos, bosques exuberantes que se convierten en selva y, al final un pueblecito playero de lo más básico. Esencialmente cabañas y calles embarradas. Tomo posesión de mi habitación y no me da tiempo más que para ver un final de atardecer ya oscuro. Pero el lugar promete.. 

Por la mañana salgo a la playa justo cuando llegan lo pescadores de levantar las redes. Están sacando y limpiando el pescado. La fiesta pajaril está servida. Parece que todo el pueblo está aquí y la atmósfera tiene para mi un no sé qué de en blanco y negro, de pasado perdido. 

Me voy por un sendero hasta el cementerio. Los muertos aquí tienen el mejor mirador del pueblo. Bonita vista pero… esto está muy solitario y aquí hay gente que no quieren que se les moleste así que me voy con viento fresco y reconozco que con un poco de prisa. Andar por camposanto no me gusta. No me gusta nada. Hace bochorno y los mosquitos se divierten conmigo. 

Y me voy hacia Playa Negra. No había visto nunca una playa de arena negra. O no recuerdo. Está prácticamente desierta y paseo con sensación de exclusividad y privilegio acompañado de unos cangrejillos y olor a mar.

Camino y van pasando escenas por los sentidos y las meninges… 

… Me vuelvo al pueblo. Han sido 2 horas y media de paseo y mato el hambre con un arroz de pescado y marisco impensable allí, en casa, por prohibitivo. De lo que hay menos es de arroz…

… Un chaval juega orgulloso con un cochecito que se ha hecho con 4 ruedas de tapones de plástico y una botella de coca cola. Otro juega en la playa con 2 tazas y la arena. Será su ratito de fiesta porque aquí todos los niños ayudan en el negocio o trabajo de sus padres después de la escuela…

… Me quedo mirando como disfruta un perro bañándose en la orilla del mar. Los perros, naturalmente, campan por sus respetos paseando por la calle con las gallinas. No creo que aquí sepan lo que es una correa o un bozal…

… Suena música salsera por todo el pueblo. A todo meter. A nadie le molesta. Todo el mundo sonríe y bromea. Aquí hacen vida en la calle. En las casas hace demasiada calor…

… Me siento bien, relajado porque la gente es amable, suave y servicial. No sólo con los forasteros, que hay muy pocos, sino entre ellos. Los pequeños con sus hermanos mayores, estos con los padres, los padres y los niños con los abuelos, todos con los clientes… Y paso por una casa de comidas y huele a patatas fritas de verdad, a las que comía en mi niñez… 

Sí, un lugar… poco civilizado. No se cuándo nosotros ganamos civilización y perdimos todo eso. 

Un apunte. En Ecuador ya hay los primeros casos de coronavirus. Hasta aquí nos hemos enterado. Todo el mundo habla de lo mismo y las televisiones y radios han cortado las emisiones para desarrollar el temita con conferencias de prensa del gobierno y mesas redondas con ministra y sesudos tertulianos. Es increíble como los medios propagan la alarma y lo que le gusta a la gente el drama. 

Hoy me traslado a la isla de Portete. Un par de días en una isla parece buena forma de acabar un viaje. Está aquí al lado. Me tiro la mochila a la espalda, camino como una horita, cojo una lancha hasta la isla, allí otra caminata por la playa y ya estoy en la cabaña que he reservado para un par de noches. 

Y en la isla la marea está baja. La playa es larguísima pero la dejo para después de comer. Un “encocado”, pescado y camarones con una salsita de tomate y coco, me deja ya arreglado para el resto del día. 

Me pateo toda la playa y de vuelta me meto en una especie de manglar-palmeral. Error, porque voy con traje de baño y chancletas, es decir, con las piernas a la vista, y mis piernas, y no lo digo porque sean mías, son tremendamente atractivas, por lo que enjambres de mosquitos se lanzan a ellas como a la miel y yo, incapaz de contener su entusiasmo, me vuelvo a la playa más corriendo que andando.

Luego entro hacia un pueblecito de la isla. Veinte o treinta cabañas, arena, una plaza y una escuela. No veo iglesia. Nada. Cinco niños en la única calle jugando a saltar la cuerda. Otros tantos en una casa charlando. Un par de hombres arreglando una valla, otro cortando cocos y 3 señoras hablando en un único colmado con 4 cosas en venta. Y los mosquitos que todavía me siguen. 

La cabaña donde me alojo es el perfecto refugio, el único, contra esos fanáticos bichos y ya atardece así que me retiro a disfrutar de la absoluta nada o, lo que viene a ser lo mismo, la absoluta paz que hay en este lugar. Es todo silencio. 

Y nada es lo que hago todo el día y toda la noche siguientes disfrutando de la isla. El tiempo es hoy lluvioso, muy gris, tiempo de monzón, al fin y al cabo estamos saliendo del invierno y entrando en la primavera. Sopla viento del norte y las palmeras se bambolean. Ni rastro del sol. Desayuno tranquilo, paseo, un pescadito frito, escribir, pensamientos… Nada. En viaje también hay momentos de gustoso Nada. 

Un día más de vuelta en Mompiche, otro más de paseos y organización en Quito y se acabó. Se acabó Ecuador, se acabó Sudamérica y se acabó este viaje que empezó hace más de 8 meses. Via Portugal todavía tardaré casi 3 semanas en llegar a casa, pero ya me voy acercando. 

De Ecuador, ¿qué mas decir? Pues creo que ya lo he dicho pero lo vuelvo a repetir: no he visto gente más cariñosa que los ecuatorianos…

¡Hasta lueguito Ecuador! 

… Y seguimos. 

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Ecuador (4) Cuenca. Parque Nacional Cajas. Pompas de jabón.

¡Anda! No he escrito nada todavía sobre la colonización de Ecuador… Bueno, más de lo mismo. Atahualpa, el Inca de aquel entonces, decidió entrevistarse con Pizarro. Este lo hizo prisionero, exigió un rescate en oro y plata a sus súbditos y, cuando lo pagaron, se lo cargó. La palabra es la palabra y el honor es el honor.

A partir de ahí, guerra y más guerra. Y evangelización, claro, porque, como siempre, lo que más interesaba a los colonizadores era conseguir hacer llegar la palabra santa a los indígenas ecuatorianos…

Me parece que ya he dicho que los ecuatorianos son más bien pequeñajos pero parece ser que matones y, desde que consiguieron la independencia hace 200 años, las cosas no han mejorado mucho y han tenido como un centenar de gobiernos, muchos de ellos militares o concordantes, que ya se sabe que son gobiernos sesudos y liberales. Toca a un gobierno cada 2 años. 

Ya en Cuenca. Una serie exponencial plaza-iglesia en extensa sucesión. De todas formas, esta sí es una ciudad elegante, con personalidad y desarrollada con criterio y gusto. Sí. ¡Por fin!

Es domingo otra vez y, para celebrar la fiesta de guardar, esta vez elijo un café tipo americano elegantillo. Fish&chips y un vaso de vino tinto. Y, después de un corto paseo por la bonita zona del río, toda la tarde dominguera de recogimiento espiritual y reposo que yo mismo me prescribo sin necesidad de facultativo alguno. Las tardes de domingo son un clásico del “dolce far niente” . Creo recordar que dicen que hasta Dios descansó y yo, que tengo ya averías como para un parte de guerra, no tengo más remedio ni lo quiero. Me he comprado pan, atún, aguacate, tomate y cebolla para no tener que salir ni a cenar. 

El lunes continúan las vacaciones de carnaval y la ciudad sigue colgada en domingo y se convierte en un refugio para descansar y lamerme las heridas. Esta noche las picadas no me han dejado dormir. 

Cuenca es, ahora, una ciudad “amplia”, vacía. Me siento bien. Llueve suave. Paseo y paseo por la ciudad buscando “perlitas”. Arte urbano, un balcón con flores, un edificio con historias de ayer, enamorados bajo un paraguas… Caza de sensaciones sin màs pretensión. Como y ceno bien y paso horas en el hostel preparando los mil asuntos pendientes que me esperan en casa. Pausa. 

Al anochecer, a lo lejos veo las montañas entre brumas del Parque Nacional Cajas. Aunque sea sólo a dar un paseito y en chanclas habré de ir.

Me cojo el bus hasta la laguna Toreadora. Me adentro en el Parque y luego doy la vuelta a la laguna. Es bonito, muy bonito, un lugar donde se han fundido la tierra y el agua. Lo disfruto, pero no puedo caminar más de 3 horitas. Ya está bien. Las picadas en el tobillo, mi agotamiento y estar a casi 4.000 metros de altitud no me dejan más margen para estos parajes. 

A las 4h estoy de vuelta y paso la tarde en casa de Alejandro y Sol. Alejandro es el barman del hostel y hemos hecho relación en los desayunos. Argentino, no te diré más. Sol es su compañera, también argentina, patagona de Neuquén. Son un par de jóvenes educados y viajados y la tarde me pasa volando hablando de todo y de nada. Ahora han echado anclas 6 meses en Cuenca, pero en seguida volverán a viajar. Son pájaros. Lo he pasado bien. Es una de esas relaciones en viaje, como pompas de jabón y sin tiempo para sacarle todo el provecho que se merecerían.

Y después me voy a un chino. Si, a un restaurante chino. Para quien todavía no lo haya notado, mi valentía raya con la temeridad y decido cenar en un restaurante chino a pesar del coronavirus y de la cara de malos que tienen todos los chinos. Es lo único que he encontrado abierto. Y ceno, mal, pero no me pasa nada grave. 

Amanece y es miércoles. El Carnaval se acabó y Cuenca despierta ya como la ciudad activa y moderna que es. Todos los locales están ya abiertos y las multitudes van de un lado a otro. Todo recupera su normalidad, mis picadas están ya curadas y yo… levanto el campamento. 

Me voy a Píllaro, un pueblecito cerca de Ambato donde en enero se celebra una famosa diablada. Voy a buscar una máscara para mi colección y eso, al tener que hablar con mucha gente, me permite inmersionar en la sociedad ecuatoriana.

Decía Humboldt  que “los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste.“ Bueno, algo de cierto hay…

Pero la característica mas “especial” de los ecuatorianos es otra: no saben decir “no”. Tal cual. Les cuesta, les suena duro. Culturalmente, para un ecuatoriano decir “no” es casi insultante, y que les digan “no” es algo así como irrespetuoso, maleducado. Eso trae problemas como cuando preguntas por una calle o cómo llegar a un destino. Jamás dirán “No lo sé” . “De repente, quizás debería ir usted hacia allá, unas 4 cuadras y preguntar a otro vecinito por si fuera mejor dar un rodeito hacia otro lugarcito”.

Sí, los diminutivos son lo suyo, es para ellos delicadeza y cariño: “Hola amiguito ¿Como le fué? ¿Estas buenito? Listo, estimado, hasta lueguito”. 

Pero no les toques lo que no suena ¿eh? Son brutotes. Leo en una pared: “Zona vigilada. Ladron cojido será linchado”. Clarito como el aguita.

Como también lo gastronómico es inmersión, ceno un Sancocho de pollo, un caldo que sienta de miedo, y estofado de carne con plátano frito, ensalada y arroz. Bueno, bueno.

Y, naturalmente nuevas adquisiciones para la colección que espero lleguen a casa sanas y salvas. Con las gestiones por las máscaras he hecho nuevos amigos en Píllaro, quizás más pompas de jabón, quizás no. Las aficiones comunes unen. Para despedirme, al atardecer vamos con Ítalo y Nestor, ambos estudiosos y artesanos de las máscaras pillareñas, al Monumento a la Resistencia Indígena, un mirador con magníficas vistas del Tungurahua, el Chimborazo, los Ilinizas y todo ese inconmensurable paisaje que Humboldt llamaba La Avenida de los Volcanes. Allí nos tomamos una botella de Aguita de Puerco, un macerado de moras que obtienen con una técnica entre la destilación y la fermentaciòn. Me explican el proceso con detalle pero no sabría repetirlo…Ya nos habíamos pulido la botella y no llevo bien el alcohol.

Paso hoja. Voy a conocer algo que me falta de este país: la costa.

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Ecuador (3) Baños de Agua Santa. Erupciones. A contracorriente.

A finales de 1.999, por orden del Presidente de la nación, el ejercito evacuó a todos los habitantes de Baños de Agua Santa porque, decían, el volcán Tungurahua iba a entrar en erupción. En realidad ese volcán siempre está en contenida pero activa erupción. 

Cierto es que el Tungurahua, en Octubre, estaba en una de sus fases más virulentas arrojando, no sólo cenizas, sino también lodo y todo tipo de material piroclástico, pero los baneños están acostumbrados al comportamiento irascible de su activisimo vecino que, en realidad, es el mayor “culpable” del éxito turístico de la ciudad y, por tanto, del medio de vida de más del 90% de la población. 

El olvido en el que el gobierno tenía a los evacuados, que debieron buscarse la vida y refugiarse dispersos, con familiares y amigos, en todos los rincones del país, y la noticia de que algunos militares aprovechaban la evacuación para desvalijar impunemente sus casas y negocios, colmó la paciencia de la gente y el 5 de Enero del año 2.000, recién estrenado el siglo XXI, volvieron a la fuerza a su ciudad sin que los militares lo pudieran evitar. Y el volcán, como siempre, no pasó a mayores.

Quizás un día, como en la fábula del lobo, la gente hará caso omiso de avisos bienintencionados y fundamentados y ocurrirá una verdadera desgracia.

Una patrulla del ejército da el alto a mi autobús y nos hace bajar a todos. ¡Ya estamos! Una fila de hombres y una de mujeres y entre varios soldados, en uniforme de combate y metralleta en ristre, nos cachean, registran mochilas y comprueban documentos. El soldado que revisa concienzudamente mi pasaporte, un niño, le dice a otro un par de años mayor: “Sí, está vigente”. Pues qué bien. Me mira la mochila y me pregunta: “¿Que lleva, comida?” Le contesto: “Pues y ropa, y un poco de todo. Con eso viajo”. “Ah”, me dice. 

Y arriba a continuar viaje. Una escena un poco ridícula. 

Baños es un pueblo rodeado de montañas, un pelín más arreglado que los que he ido viendo pero tampoco ninguna maravilla. Aquí los pueblos y ciudades no guardan el menor orden estético y no tienen ninguna gracia. Mañana me voy a hacer senderos. 

Un sendero natural complicado, por barro y desnivel, me lleva primero a la estatua de la Virgen de Ventanas y, después, a la “Casa del Árbol”. Y vuelta al hostal por otro camino completando un círculo a través de toda la montaña. Bonitas vistas de la ciudad, montañas y volcanes y 4 horas y pico de ejercicio a tope. Mi hernia está encantada de la vida. 

Me han asaetado los mosquitos. Especialmente los tobillos. No entiendo como se han podido meter hasta ahí. Los mosquitos son quizás la peor pesadilla de los viajeros y considero su existencia uno de los argumentos más difíciles de rebatir a favor de los ateos. Cuesta pensar en un ser divino tan retorcido como para crear esos bichos tremendamente molestos, transmisores de enfermedades y difíciles de matar. ¿Cual podría ser la razón para crear “eso”? ¿Demostrar al ser humano lo poca cosa qué es? Bueno, supongo que la respuesta es que los caminos de Dios son insondables y sus razones incognoscibles para los simples mortales. 

En el alojamiento hacen un “tratamiento” típico de la zona volcánica que llaman “baño de cajón”. Te sientan en una especie de compartimiento de madera tipo sarcófago-sauna, de donde te sobresale solo la cabeza, a sudar durante unos 10 minutos, te sacan y te dan una ducha de agua helada. Y así 4 veces consecutivas. Después te dejan en un jacuzzi calentado a fuego de leña hasta que te pones como una uva pasa, todo asomo de stress se te ha ido por los poros y la circulación de tu sangre es un largo río tranquilo. Si sobrevives, claro. 

Le pregunto al encargado del hostal cuánto pagan por dejarte hacer eso y me dice que nanai, que cobran 5$. Me curiosea. Hoy no, pero voy a pensármelo. Nunca me hago cosas de esas que dicen que son tan saludables. 

Amanezco con los tobillos hinchados y alguna de las picadas se han infectado y convertido en ampollas. Parece que yo también estoy en erupción. El escozor es tremendo y no es asumible ni el roce de unos calcetines. Realmente dañinos estos mosquitos ecuatorianos. Imposible caminar con botas. Parada obligada. No hay otra. Supongo que no serán más que un par de días. 

Baños es demasiado turístico para mi. Montañas, cascadas y ríos han sido transformados en circos para practicar todo tipo de actividades lúdicas regladas en plan tours supuestamente aventureros. Pueden ser cualquier cosa menos naturales: puenting, canyoning, tirolinas, “experiencias” en la selva, bajadas de río con neumáticos y otros artilugios… Y quads, y karts y hasta trenecitos de esos que te pasean por la ciudad. No sé. A mi es que todo eso no me va nada. Ya estamos en las vacaciones de carnaval y familias enteras invaden los lugares como éste. Aparcan al abuelo en un banco, unos distraen al niño y otros se van a esas “aventuras”. A mi las cosas cuanto más sencillitas mejor y cuanta menos gente más contento.

Entre esto y mis criminalmente lesionados tobillos no tiene sentido quedarme aqui asi que, si los de la ciudad se van al campo y la playa, yo me voy a la ciudad. A contracorriente se vive muy bien y dicen que Cuenca es preciosa… 

… En cuanto al Baño de cajón… Mira que curioso, me di una ducha de agua calentita, que al fin y al cabo es la misma agua, y se me quitó totalmente la curiosidad. Ademas, por el mismo precio, a cambio hoy me he zampado un “Baneño”, un plato de la zona con estofado, camote con salsa de pepa de zambo, una especie de patata con salsa de frutos secos, arroz, huevo y platano fritos y un juguito de frutas. Delicioso. Llámame cobarde… 

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Ecuador (2) La ruta Quilotoa. De Latacunga a Sigchos. La paz vive por aqui.

Me estoy encontrando muy poco extranjero y es curioso que el que encuentro, en buena parte, habla español. Cada vez se habla más español en el Mundo y me temo que es mas por la Shakira, el “Despacito” y lo barato que es la América “española” que por Cervantes y la misma España. Allí todo está muy caro pero, aquí, un buen viajero se tira 1 año viajando por 4 duros y encima aprende un idioma.

Latacunga estaba ubicada en un frondoso valle rodeado de majestuosas montañas y tiene un centro histórico grandioso, con plazas y edificios monumentales además de, naturalmente, las consabidas iglesias coloniales. Hoy en día el conjunto es de lo más feo y el desarrollo urbano ha sido un desastre.

Un mural en una pared recuerda mejores tiempos bajo un soberbio lema: “Latacunga, patrimonio de siglos”. Una mirada desde arriba de la ciudad evidencia que ese patrimonio se ha dilapidado en menos de un centenar de años. Apenas algunas gotas verdes salpican el triste gris cemento mezclado con el negro del cableado que decoloran el horizonte. 

¿Que ha pasado en el siglo XX que se han hecho tan mal las cosas? 

Ya hace 200 años que Humboldt dijo: “Creo que el ser humano está violando a la Naturaleza”. El fué el primero que predijo el cambio climático y hoy los hay que todavía lo niegan y la mayoría actúan como si les importara un pimiento.Y el proceso parece imparable. Es descorazonador.

En Latacunga muchas tiendas de chorradas, restaurantes de comida carnívora por todos lados e indígenas de chal y sombrerito con pluma de pavo real sobreviviendo en la calle convertida en mercado sin gracia, orden ni concierto. “Mi señor…” , “Caballero…”, “Caramelitos, caramelo, chiclecitos!”, “Habitas, maní!” “¡Chocolate!”, “Papas, papitas con pollo, 1 dolarito!”, “¡Cañas, cañitas, chochitos!”…

… Yo me voy de aquí. 

Zumbahua. Mejora el tema… un poco. Ya en el autobús, subiendo a las montañas por un bonito loop, vas viendo que la Naturaleza se va adueñando de la situaciòn pero el pueblo, Zumbahua, es más de lo mismo. Feo. Dejo mochila y, para aprovechar el domingo, me subo a una camioneta y me voy a ver la laguna Quilotoa, a 12 km.

La laguna en si es una maravilla, pero turistificada a tope. Se puede visitar desde Quito en una excursión de un día y está lleno de turista americano pijo con anorak de Kalvin Klein de paso hacia Galápagos. Los traen aquí en coche, bajan a pie y les suben a caballo o burro. Con 40 años. Y uno se pregunta ¿para que creerán que les han puesto piernas? 

Para bajar, 45 minutos por un sendero arenoso y resbaladizo de pendiente considerable. Me busco un lugar solitario para disfrutar del verde lago en paz. He tragado mas polvo que una hormigonera. La caballería es lo que tiene. La subida, una horita y media que se hace dura. 

Total, visto está pero no le doy ninguna nota. Naturaleza domesticada. Excursión dominguera. Habrá que alejarse màs de los circuitos trillados. Claro que, para paz, cimas de alta montaña y de eso aquí hay un montòn. Pero no. Estoy en desaceleración. He llegado a ese punto de no retorno en que no recupero.

Hoy dormiré en Zumbahua y mañana temprano me voy a Chugchilán. 

En Chugchilán, no hay ya más que indígenas. Encuentro un hostal de montaña solitario que ni pintado, todo madera con unas vistas magníficas al cañón del Toachi y las montañas que lo escoltan. Un viento huracanado da una sensación de lugar recóndito. Soy el único cliente. Buscaba paz y creo que vive por aquí. 

Subo hacia las montañas para hacer una travesía circular que me aconsejan en el alojamiento. Las vistas desde lo alto se magnifican y la especie de mural divino que tengo ante los ojos sobrecoge. 

Me desvío por una canal que no existe en el GPS y me asomo al “Bosque nublado” pero no bajo porque, realmente, el nombre es hipertextual y el lodazal del camino está lleno de mosquitos y con pinta de haber otras bestias más larguiruchas. No juego. 

Vuelvo a tomar el camino y llego a una aldea, Chinalo Alto, un lugar sin ningún sentido, un conjunto de… habitáculos, una iglesia, una escuela y una torre eléctrica. Ni un alma a la vista. Hay un par de fábricas de queso por aquí y supongo que eso es lo que justifica la colonia en cuestión. Hay muchos lugares como este en el Mundo, aislados, atemporales, más de pesadilla que de sueño. 

Han sido 5 horas de camino. De vuelta a mi hostal solitario. Hace fresco y me relamo pensando lo bien que dormiré esta noche entre mantitas…

Hoy toca travesía hasta Isinliví, unos 12 kilómetros, mitad subida, mitad bajada, 12 kg de peso en la mochila. La caminata es guapa, paisajes preciosos y sin una dificultad exagerada. Quizás el ultimo tramo, 1 km de bajada y otro de subida son un pelín cabroncetes pero la majestuosidad de la Naturaleza te distrae de cualquier dificultad.

Son 5 horas, nada bestia pero al llegar, duchándome, me doy cuenta que tengo otra hernia. Y digo otra porque ya son un clásico en mi. Creo que ya me han operado 2 ò 3 veces de hernias recidivas. Entre pitos y flautas ya he pasado mas de 10 veces por quirófano. Ni sabría contarlas porque hasta se me superponen cicatrices. Siempre de lio en lio. Esto me va a retrasar los planes.

Isinliví son 2 hostales y diez casas entre montañas. El hostal, otra gozada de tranquilidad y la cena, incluida en el precio, deliciosa. O quizás es el hambre que tengo. Ducha fría, eso si. Pero el pueblito es de fábula, no para vivir, ¡Dios me libre!, pero para una noche es magnífico. Ni los perros se atreven a ladrar. De noche, un cielo impoluto hace alarde de todas sus estrellas. Una pasada. 

Para mi se acabó la ruta Quilotoa, en realidad ya lo he visto todo y más. Solo queda llegar a Sigchos y casi todo el camino es carretera así que mañana me pillo un bus o camioneta y me lo tomo con calma. Con un poco de suerte llego pronto a Latacunga de vuelta y me puedo ir mañana mismo hacia Baños, mi próximo destino. El nombre completo es Baños de Agua Santa. Eso es lo que necesito yo. 

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Ecuador (1) Quito. Latitud 0º 0′ 0″. La Mitad del Mundo.

Quito, Ecuador.

Uno podría imaginarse que si viajas a Ecuador es para conocer el legendario archipiélago Galápagos. No será mi caso. Ir a Galápagos es caro, voy pasado de presupuesto y, sobre todo, dicen, allí todo está extraordinariamente reglado y las reglas no me van mucho. 

Prácticamente todo Galápagos es Parque Nacional y parece que ir solo a conocer las islas es misión imposible. Y si hay otra cosa que me de más alergia que las reglas, son los tours organizados. Me suena a Parque temático así que, por ahora… Paso de Darwin. Quizás en otra ocasión. 

En Ecuador quiero seguir los pasos de otro extraordinario viajero y naturalista: Alexander von Humboldt. Fué él quien, en su obra Cosmos, escribió: “La región montañosa cercana al Ecuador… es la zona más pequeña de la superficie de nuestro planeta en la que se observa mayor diversidad de la naturaleza”. Vamos a verlo. La Naturaleza sí es lo mio.

Desde luego no haré un viaje tan duro como el de Humboldt. Él pasó aquí 8 meses, subió al volcán Pichincha, intentó, sin llegar a cima, el volcán Chimborazo y estudió la flora y fauna de Ecuador en las zonas de Riobamba, Cañar, Cuenca, Baños, Loja, Tambo… Y todo eso recién nacido el siglo XIX, que entonces si era difícil viajar..

El mio espero que sea un viaje relajado y tranquilo. Estoy agotado y no doy para esfuerzos fuera de lo normalito. O lo normalito para mi, que muy normal no es. 

Y hablando de anormalidades tengo una cierta preocupación por el coronavirus que está en plena efervescencia. En los aeropuertos se ve mucha gente con máscaras para evitar contagios y es obvio que el ambiente viajero, hoy por hoy, es peligroso. Desconozco por donde han estado los viajeros con los que me voy encontrando en el camino. Es hora de prudencia e incluso evitaré en lo posible los dormitorios colectivos de los hóstels. 

Y en el hostal que he escogido en Quito tengo ducha caliente. ¡Tremendo! El placer de una ducha caliente es una barbaridad. Yo creo que la gente, a fuerza de hacer cotidianos los placeres como éste acaban quitándoles todo valor. Solo tiene valor lo escaso y algo que tienes cada día pierde capacidad de dar felicidad.

El caso del agua y la energía es más sangrante porque son bienes escasos que Occidente, en su soberbia y voracidad insaciable e insatisfecha, gasta como si fueran inagotables. Y mientras sobra agua y luz falta felicidad y la depresión, la peste del siglo XXI, se propaga sin freno. Quizás, un día, en un Mundo de gente triste y vacía, caerá la ultima gota de agua. Y hará un ruido estruendoso.

Pues eso, que cada uno haga de su capa un sayo. 

El centro histórico de Quito es bonito, muy bonito. Un apelotonamiento de iglesias y edificios coloniales, plazas y calles llenas de historia y color. El resto, una sucesión de barrios de distinta clase y posición que suben por las colinas vistiendo para siempre el bosque de ciudad. Subo a ver la Virgen del Panecillo, tropecientas escaleras que se premian con las mejores vistas de la ciudad. Una ciudad agotadora, todo arriba y abajo, pero recorrerla es gustoso. Las iglesias tampoco son lo mío pero San Francisco, las catedrales y la Iglesia de la Compañía de Jesús son… impresionantes hasta la exageración. Hay tantísima pasta alrededor de las religiones… No digo más. 

Ecuador me parece que será un buen lugar para engordar porque su gastronomía es variada y deliciosa. Menús de mediodía pantagruélicos, parrilladas de carne, pescado, mariscos, el ceviche, las empanadas… Imposible pasar hambre. 

La gente es de raza muy india, amables, achaparraditos, presumidos pero feuchos, con todo respeto, y más dados a la seriedad y el drama, como los angustiosos titulares de los periódicos demuestran, que al baile y la música que también haberlos hailos… Son primeras impresiones. Total, acabo de llegar. Ya iremos viendo. 

Es vigilia de San Valentín y, aunque yo soy mucho mas de Sant Jordi, me compro un pastelito de chocolate, una media botellita de vino y pasamos, Nacho y yo, una agradable y feliz velada de organización de nuestro próximo destino. Cualquier excusa es buena para quererse a uno mismo. Es importante. 

Hoy me voy a ver La Mitad del Mundo, la ubicación exacta de la línea del Ecuador, y a Pululahua, una caldera volcánica habitada. Creo que no hay ninguna otra en el Mundo. Para vivir dentro de un volcán hay que tener… humor. 

Dos horas de autobuses y media hora a pie me llevan al cráter del Pululahua. Desde el mirador, la niebla da la impresión que bajas al infierno pero es un espejismo porque el cráter es todo lo contrario. Es un valle frondoso salpicado de casitas, ganado y cultivos con una paz de paraíso bucólico. Aquí viven 54 familias pero el silencio es apabullante. Camino por todo el cráter con una sensación extraña, como de caminar por donde no se debe. Aunque no es mi primera vez, saber que éste es un volcán activo no es tranquilizador. 

Subo ya hacia el mirador de donde salí. Es una subida fuerte, desde los 1.800 metros hasta los 2.800. El sendero, que de bajada era resbaladizo, de subida se vuelve esforzado y se me hacen las 3 de la tarde sin darme cuenta. 

Sigo caminando ya por carretera de vuelta a la ciudad y me planto justo en la línea del Ecuador. ¡Ya estoy en la latitud 0º 0′ 0″! ¿Y que hay allí? Pues nada, un monumento faraónico de dudoso gusto y una serie de “atractivos turísticos” con pretensiones más o menos científicas y culturales. Se puede uno ahorrar los 5$ de entrada al parquecillo si no hay curiosidad por el asunto pero, pasar por ahí, yo creo que en una Vuelta al Mundo hay que pasar. Hecho pues. 

Ya he caminado mis 5 buenas horas asi que me vuelvo para el hostal. Mañana, tempranito, capítulo nuevo. Rumbo a Latacunga. Es la zona de la ruta Quilotoa. 

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Cajón de Sastre. Cocinitas Confinadas I

Tus plegadas alas pálidas
sólo están un poco cansadas de volar por el cielo azul. No tienes porque forzar una sonrisa para nadie,
está bien sonreír sólo para ti mismo. ​(Alones. Bleach)

A falta de viajes, me tiro a la comida. Este post se lo dedico a Carlos Arnau Català, un personaje de mi pueblo. Begur. Made in Fornells hace 4 días y pico. A ver si se entera de lo que es una gastronomía sencilla y elegante a la par que discreta y juvenil.

Os muestro aquí, desde el confinamiento, mi ​Carta de Primavera

Entre los platos que se muestran en esta galería están la famosa Ensalada mediterránea al perfume de orégano salvaje, la Emulsión de huevo con espárragos de tramontana, el Plumifero a baja cocción con tomate rojo y pimiento de igual picmento, el Corazón de pasta asciutta a la napolitana túnida y, obviamente, la Colita de rape a la YPTCEAAALBDUE (Yo Por Ti Cruzaria El Atlántico Agarrado A Los Bigotes De Un Escamarlan)

Salud

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Recomendaciones del mes. Enero 2.020. Colombia.

EQUIPO. – Capa. He incorporado al equipo una pieza nueva: una capa impermeable. Sirve casi para lo mismo que el paravientos, pero tiene varias ventajas sobre él y lo complementa:

1.- Da menos calor

2.- Se puede utilizar sobre el paravientos reforzando impermeabilidad

3.- Cubre también la mochila y buena parte de los pantalones

4.- Es más fácil de secar y la lluvia no cala. Nunca, caiga lo que caiga.

5.- Prácticamente no ocupa lugar ni tiene peso.

Salvo para alta montaña y frío es de lo más práctico.

TRANSPORTE. – Hay un montón de empresas de autobús de calidad para circular por el país. Brasilia, Copetran, Bolivarianos…

Los conductores de los autobuses urbanos son unos kamikazes. Una locura.

Ojito con las compañías aéreas colombianas. Piratillas de la letra pequeña. El check in, siempre “on line”, y ojo con las medidas del equipaje en cabina.

San Germán, para ir a Providencia, en cambio, sin problemas adicionales.

ALOJAMIENTO. –  En Barranquilla, Hotel Colonial Inn, estética colonial kitsch con buena relación calidad-precio, restaurante muy correcto y un personal joven y espabilado.

Casa Juanita. Bonito y con personal muy amable. Tienen también hostel en Zapatoca lo cual es útil para hacer los Caminos de Lengerke. .

En El Cocuy Posada Nevado El Cocuy, un compendio de hospitalidad colombiana.

En Salento La Floresta Boutique Hostel es chulo. Buen precio, buenos servicios y desayuno abundante.

En Bogotá: Chapinero Hills Hostel. Agradable.

GASTRONOMÍA. – En Colombia se come mucho. Los platos de menú, los “corrientes”, son, por 2 euros, sopa y bebida de zumos varios incluidos, un seguro de alimentación. Grasa y calorías a buen precio.

En Barichara Restaurante el Compa. Muy bueno el “cabro”, cordero, la carne más típica de la zona. La “pepitoria” son asaduras del cabro. Yo, de vísceras, a poder ser me abstengo. En esta zona hay que probar los quesos de cabra y de hoja.

En Salento Cocina&Horno. Tremenda la trucha al ajillo. Imprescindible.

Bogotá es la ciudad de las parrillas. Una muy buena: Asadoz. No me gusta mucho la carne roja pero cuando es buena… es buena

En Providencia, El Divino Niño, South West Beach. Especialidad en pescado y marisco. Perderse, por ejemplo, un combinado de pagre frito y langosta a la plancha, por 10€, està penado con reclusión mayor y suspenso en saber vivir. El pescado ha de ser pagre. Ningún otro. Un placer.

PUEBLO/CIUDAD. – Barichara. Uno de los pueblos más bonitos del Mundo. Su cielo es muy especial.

Y la isla de Providencia. Una perla. Sol y playa.

TREKK. – El trekk a la Ciudad Perdida en Santa Marta es físicamente exigente, bonito paisajísticamente, bien organizado por varias empresas y cultural y etnologicamente interesante. Lo tiene todo. Imprescindible para los amantes del trekking. Recomendabilísima la empresa Guías Baquianos.

INTERNET. – ¿Sabéis que hay una delegación de la UNESCO en Barcelona?

Pues si: info@amicsunescobarcelona.cat

MENCIÓN ESPECIAL. – Un montòn, especialmente mis compañeras del trekk a Teyuna, Monika, Jet, Cony y Tania (Los Ángeles de Nacho), y los guías que nos llevaron, Ruth y Eberth. ¡Un abrazo!

Y también para D. Francisco Padilla y Dª. Adelaida Agámez, dos de los más antiguos y reputados maestros artesanos de máscaras del Carnaval de Barranquilla.

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Colombia (y 7) San Andrés y Providencia. Vida perra.

Me duelen las lumbares. No es que me extrañe. En los últimos 225 días no he dormido en una misma cama mas de 5 días seguidos. Esterillas, madera, colchones duros, colchones blandos, hamacas, sillas, sillones… Sano no puede ser. Y la mochila a cuestas… 

A veces me pregunto si el vivir tan intensamente, o tan rápido, o tanto, o tan diferente, o como quieras decirlo, me quitará años de vida. No sé. El cuerpo no deja de ser una maquinaria y cuanto más lo usas más lo gastas. Y al mio lo llevo de cráneo, pobrecillo. No sé. No me aferro a la vida. La muerte no me asusta. Me gustaría vivir eternamente, aunque los vampiros dicen que es muy cansado, pero va ser que no. Así que… ajo y agua. Al fin y al cabo, morir de vivir mucho no parece una mala causa de muerte…¡Anda! Ese sería un bonito epitafio: “Murió de vivir mucho”

En 1510 España tomó posesión oficial de San Andrés y Providencia pero no promovió asentamientos en ellas lo cual fue aprovechado estratégicamente por sus enemigos históricos. Hacia 1.630 estas islas fueron refugio de piratas desde donde atacaban barcos y ciudades del Imperio español. La colonización la dirigió una empresa británica, y no el propio Estado. La empresa se llamaba, nada màs y nada menos que “Company of Adventurers of the city of Westminster for plantation of the islands of Providence or Catalina, Henrietta or Andrea and adjacent islands lying upon the coast of America”. ¡Toma candela!

Sir Henry Morgan, el Pirata Morgan, tuvo su base militar en San Andrés con el respaldo del gobernador de Jamaica y la Corona británica y siempre en contra de España. Se le atribuyen ataques marítimos contra Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Maracaibo, Portobelo, Santa Marta y Panamá. A los españoles no les caía nada bien.

Un apunte. Impresionan los registros antidroga en el aeropuerto de Bogotá. Los típicos más hacer poner a todo el pasaje en una fila y dejar delante tu equipaje de mano mientras un perro pastor alemán olisquea por todos los rincones. Los tuyos y los del equipaje. No deja de ser curioso y alentador que, en pleno siglo XXI, no exista nada más preciso que un perro para ayudar a la especie humana en la lucha contra la delincuencia. Odio los robots y concordantes. Punto y aparte y vuelvo al tema. 

San Andrés es, en su capital y centro, un típico pueblo de turismo de playa con un mar de colores impresionantes y, en el resto de la isla, aldeas decrépitas y más playa y mar caribeño. Un poco parque temático en mi opinión. Me da tiempo, la tarde que llego, para un paseo de oeste a este de la isla, de Cove a Sound Bay, apenas 3 kilómetros, y volver a la casa donde me alojo haciendo un círculo hacia el norte pasando por “Piscinita”. Y, a la mañana siguiente, para dar una vueltecilla por el centro. 

Aquí tengo el primer contacto con los habitantes de estas islas, de negrísima raza negra, adustos, orgullosos y serios, hasta antipáticos diría yo. Con un swing inconfundiblemente isleño y un incomprensible dialecto, el criollo, mezcla de inglés, idiomas africanos y español con una sonoridad más cubana o jamaicana que británica. Esto no es Colombia en absoluto. 

Y ya estoy en Providencia, una isla en miniatura de 17 km². Pero no ha sido por arte de magia. Llegar aquí es montarte 15 minutos en una avioneta de juguete de las de santiguarse. Ahora entiendo porque me han pesado a la hora del check in. Soy una ayuda: 60 kg con botas y equipaje de mano lo que significa 57 a pelo. Más menos que más. Debería pagar mitad de precio.

A las 2 de la tarde, ya el primer día, he dado la vuelta a la isla, de sur a norte por el oeste y de norte a sur por el este. Son 5 horas por una carretera que bordea la costa con paradiñas en las 4 playas de la isla: Manzanillo, South West Beach, Agua Dulce y Almond. 

Me da para ver que aquí de lo que se trata es de tirarte en la playa. No hay más. Pasas kilómetros en que es difícil encontrar hasta una tienda abierta para beber algo. Algún grupo de casas de colorines, la mayoría destartaladas, corros de vecinos, muchos “rocos”, una especie de iguanas con corona más de cabaretera que de reina,  y eso es todo. En la “capital”, por llamarla de alguna manera, Old Town y Freetown, un pequeño puerto, un par de tienduchas, otro par de colmados y cuatro casas de comidas. O tres. Muy desabrido y aburridillo peeeero…

Después del paseo vuelvo a South West Beach, a un chiringuito al que he echado el ojo al empezar la caminata y allí… Allí de entrada me tiro al mar caribe y el placer me entra por todas las terminaciones nerviosas como electricidad pura y dura. ¡Madre de Dios y del Amor Hermoso!! Templada pero refrescante, muy salada, calma total, limpia y bonita como la madre que la parió… el no va más. Pero va más porque, después del chapuzón, me meto entre pecho y espalda un combinado de langosta, pargo, arroz de coco y patacones de plátano con música reggae y samba, dos cervezas heladas y… Me quedo como extasiado pensando que he hecho yo para merecer esto.

Muy poca gente. Menos de medio centenar de personas en 2 kilómetros de playa paradisíaca. En toda la isla desembarcan no más de 30 ò 40 personas al día así que creo que es de lo más parecido a una isla desierta que hoy en día puedes encontrar en el Mundo. Con este sol, este mar y, encima, estas posibilidades de comidas exquisitas, bebidas frías y música guapa a precios de ataque de risa… No busques.

Son las 4.30 de la tarde, me revuelco más que me meto otra vez en el agua y me retiro al tugurio de caserón en el que me alojo que, bien visto, me parece ahora un palacete versallesco. Me doy una ducha fresquita y… Pà que quieres más. Respiro hondo.

Hoy subo a “The Peak” , el punto más alto de Providencia, 350 metros de monte boscoso en una caminata de 7 km de ida y vuelta, dos horitas para ver la isla a vuelo de pájaro. Aquí se supone es donde los vigías avisaban a Morgan para que preparara zafarrancho de combate en cuanto atisbaban un barco español. Y después, a la misma playa y el mismo restaurante, vida perra, perra vida, como mañana y pasado, porque más no hay, ni ninguna falta que hace.

Y así 4 días, sin mas preocupación que no quemarme porque a la espalda no me llego para ponerme crema. Vuelta a San Andrés, 24 horas, de ahí a Bogotá, cuatro cosas que solucionar para seguir camino y, en el camino…

Ecuador espera.

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Colombia (6) Salento. El Valle del Cocora. Y Bogotà… de paso.

Salento es un extraño pueblo que se me antoja como una caricatura del progreso. Debió ser precioso, con una gran plaza y casas pintadas con vivos colores, situado en un valle frondoso y rodeado de magníficas montañas. Ahora es lo mismo y en la misma localización, obviamente, pero totalmente abducido por el turismo. Todo, pero absolutamente todo, son restaurantes con el mismo menú y tiendas con la misma artesanía y ropa “típica”. Para acabar de camuflar su encanto han construido en medio, como enormes velas de pastel cumpleañero, unas torres eléctricas que dan miedo y el cielo queda rasgado de cables por doquier.

El ser humano no le ha quitado toda la belleza a Salento, pero lo ha intentado con verdadero ahínco. Como siempre. 

Aquí se trataría de largarse a las montañas pero el cansancio y la necesidad de reparar un par de averías en mi cuerpo abusado me dicen que pare. He de hacer cura de salud con un buen comer, mucho dormir y no más ejercicio físico que paseos cercanos y facilitos. 

Después de conseguir alojamiento ya es casi mediodía y, de entrada, me voy a probar el producto estrella de la gastronomía de El Quindio: la trucha. La hacen de todas las formas imaginables pero la tradicional es al ajillo y está de miedo. La marcan en la plancha y la untan con una pasta de ajo, perejil, cilantro y hierbas varias, la ponen en una especie de sartén con leche y la cuecen al fuego. Y la sirven con un patacón de plátano crujiente. Tremendo.

El resto del dia lo paso tirado a la bartola digiriendo el banquete truchero. Mi cura empieza como Dios manda. Mañana, sin exageraciones, debo ya dar un poco de máquina no sea que me malacostumbre. 

Desde luego, lo que no puedo dejar de caminar es el Valle del Cocora. La excursión es chula. Unos jeeps que hacen de enlace te llevan en media hora desde la plaza de Salento hasta el inicio del sendero que da la vuelta al valle en una bonita travesía circular. Es una caminata fácil pero no aburrida. No le faltan sus subidas y bajadas, un bosque húmedo con barro resbaladizo bien pateado por mulas, piedras, cantos rodados y puentes destartalados para cruzar varios tramos de río. Un poco demasiado concurrido para mi necesidad vital de paz y silencio, pero agradable.

Me paro en la Casa de los Colibríes, una sociedad privada de conservación, y vuelta a la casilla de salida. Total, unos 15 kilómetros y 5 horas tranquilitas. Y la tarde, para seguir descansando. 

Dos largos días casi completos de pausa, de reorganización e impulso.

Me he escuchado y me voy a hacer caso: empiezo a volver a casa. Como siempre, un periodo de descompresión, de entrar en el carril de desaceleración pero vuelvo a casa. Lo necesito. Ya no recupero. En el camino, acabar de ver algo más de este magnífico país que es Colombia, entrar y vivir Ecuador y volver a Europa por algún lugar…poquito a poquito, volviendo a mi tierra.

Y, de entrada, en ese camino de vuelta, cojo un bus a Bogotá,  No tenía pensado visitar esta vez grandes ciudades pero voy de paso hacia mi próximo destino, las islas de San Andrés y Providencia. Habrá que aprovechar los dos días que me quedan hasta tomar el avión hacia allá.

También apetece un poco de ciudad. Y más en domingo, el dia del chándal, de las maratones y la familia, del desayuno sano y la comida copiosa y bullera, de los viejos solitarios, del paseo romántico y el amor…

Candelaria, la plaza Bolívar, rascacielos y un montòn de iglesias, el mercado de pulgas San Alejo, Chapinero… Bogotá es una enormidad de multitudes y las multitudes, negras, blancas, amarillas o mixtas, son multitudes. Y aunque seguro entre esas multitudes están pasando historias preciosas y hay gente extraordinaria, en la ciudad solo se percibe el bulto informe. Sin más. 

Observo, eso sí, y percibo chispas de vida, pero imposible ver más. En la ciudad hay muy poca visibilidad. La ciudad es opaca. A veces, veo a alguien, o alguienes que por alguna razón me curiosean y, a falta de conocer sus historias, me las invento. Es un buen juego, pero nada más que un juego. 

Y sí, seguro que entre esa multitud hay gente fuera de lo ordinario. O quizás todos tenemos algo extraordinario pero las jaulas que no vemos impiden a lo extraordinario volar, desarrollarse y darse a conocer a nosotros mismos… y nos quedamos en multitud corriente. 

Dedico el lunes a la parte alta de la ciudad. Desde el hostel voy viendo pinceladas de Bogotá… Riadas de bicicletas… Una sensación de inseguridad a la que contribuye ver policía de todo tipo en cada esquina… Una plaza de toros que, una vez más, demuestra que de la colonización se absorben màs cosas malas que buenas…

Para subir a Cerro Monserrate, la montaña a cuya falda se ha construido la capital de Colombia, has de coger un sendero de escaleras, muchas escaleras, que te lleva desde los 2.700 metros a los 3.150 en una hora. En menos de 2,5 kilómetros subes 450 metros de desnivel. Y ya estas ahí. Tu y un montòn de turistas porque también se puede subir en teleférico. Cuando llego arriba, boqueando, veo un señor panzudo salir del susodicho teleférico con una camiseta de Adidas que, en grandes letras, reza: “Just do it”. ¡Lo que hay que ver!

Monserrate y el santuario allí edificado no tienen nada de especial pero vale la pena por la vista de un magnífico Bogotá desde el cielo. Llevo ya 4 horas caminando desde mi alojamiento hasta aquí y me ha entrado hambre. Todavía me quedan un par de horas hasta el hostel. 

Total, en Bogotá nada me toca el corazón. No es una ciudad fea ni es una ciudad insulsa pero no sé identificar el sabor. Volveré en unos días ya de tránsito a Quito pero, ahora, me voy a Providencia.

Marchando una de isla caribeña…

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Colombia (5) El Cocuy. El Púlpito del Diablo.

Es espectacular lo buena gente que también son los colombianos. Y digo también porque, solo en Sudamérica y en este viaje, ya he dicho lo mismo de argentinos y brasileños. Y es que es verdad.

No puedo entender por qué y a quién aprovecha difundir racismos, intolerancias y prejuicios. No creo que sea consustancial a la naturaleza humana. 

Por si acaso, como yo no estoy por ahí, por favor, pido a todos los que me quieren en casa que sean solidarios y amables con los forasteros. Así me tratan a mi por donde voy. Y si algún día por aquellos lares está lloviendo, sopla el viento del Empordà y veis a un tiparraco con pinta de guiri melenudo caminando apurado con una mochila a cuestas, intentad ayudarle. Al fin y al cabo… podría ser yo.

No tengo arreglo. Se me ha metido en la cocorota llegar a la Sierra Nevada del Cocuy, un lugar rodeado de enormes montañas que dicen es de lo más bonito y remoto de Colombia. El acceso está complicado y nadie me sabe decir muy bien cual es exactamente el trayecto pero… “preguntando se va a Roma”. 

A las 13 horas empiezo la odisea. De Zapatoca a Bucaramanga son como 3 horas de bus y luego cojo otro a las 17 horas hacia un pueblo llamado Málaga. Son 150 km pero la carretera es tan desastrosa que se tardan casi 7 horas en recorrerlos. Llego allí, a la Terminal de autobuses, a las 11.45 de la noche. Me dicen que ahora he de ir a una aldea que se llama Soatá dónde encontraré algún tipo de transporte hasta Güicán o El Cocuy, los dos pueblitos más cercanos a Sierra Nevada. Para eso, tengo que subirme a un tercer autobús con destino Bogotá que pasa por Málaga a las 3 de la mañana. Son unos 100km hasta Soatá y luego 100 más hasta aquellas aldeas. Ahí voy.

No son horas de pasear y no tengo el menor interés en conocer Málaga “by night” que, por lo que veo en el mapa del satélite, son 4 calles y, por la cantidad de borrachos tambaleantes que pasan por delante de la estación, debe ser un pueblo de castigo, así que espero tranquilo dentro de la Terminal a que venga mi bus. 

Llega puntual y en este puedo escoger entre hacer el trayecto de pié, en el pasillo, o sentado, en el suelo del pasillo. Elijo la opción B. Es el mismo precio. Algo menos de 2 horas hasta Soatá, una espera en una especie de bar/tienda/oficina de transporte hasta las 7 a. m. y 4 más por una carretera montañosa, recorriendo pueblos de lo más pintoresco con vecinos vestidos con poncho de lana y sombrero vaquero formando estampas alucinantes.

El Cocuy. Son las 11 de la mañana. Hecho. Veintidós horas.

Una baja importante. No sé en qué bus o estación he perdido mi sombrero, quizás la pieza de ropa más difícil de sustituir y que más quiero. Odio perder cosas. Para viajar hay que ser escrupulosamente organizado y estar siempre atento a tus cosas. Perder mi sombrero es un despiste que no me puedo permitir y, además, me sabe mal. Hemos estado dando vueltas juntos por el Mundo 15 meses, desde Fremantle, en Australia, hasta Zapatoca en Colombia. Son muchos kilómetros. Cinco continentes. Pero no me voy a amargar. Apego cero. Una lástima y punto. Siguiente capítulo. 

El Cocuy es otro pueblo blanco, éste con todas las puertas y ventanas pintadas de verde pálido, que parece prácticamente abandonado. La gente debe estar en el campo. Si buscaba la Colombia profunda, ya he llegado. Aquí te llaman todavía “su merced”. “Esta es la habitación de Su merced”. Pues resulta que ese soy yo. Y la habitación es chula, toda de madera y con una luz y unas vistas preciosas a los tejados del pueblo y las montañas. 

La banda sonora de mi película viajera ha cambiado. Atrás quedan la salsa, la bachata y la cumbia y entran en escena, nada más y nada menos, … ¡la ranchera y los corridos! Aquí le llaman música “carranguera”.  Si hasta ahora el romanticismo musical era empalagoso ahora es insufrible y agridulcemente mantecoso. Como merengue untado con leche condensada ligeramente pasada de fecha. “Mujer traidora has sido mi muerte…”, “Alcoholizado por un malquerer…”, “Si te vas con otro derramaré lágrimas de sangre…” …Es una orgía de dolor, unas imágenes infernales. Las almas y los corazones “sangran” , se “estremecen” e “imploran” mientras que, los más bestias, si no les quieren, se lían “a puñaladas” y otras barbaridades que ni se pueden mencionar porque constituiría delito de incitación a la violencia.

Nada más situarme en el alojamiento me voy a la oficina del Parque Nacional Natural El Cocuy para ver posibilidades. Quiero subir esas montañas. Resulta que es caro. Tasas, seguro, transporte hasta la entrada, guía…  Para compartir gastos me ofrecen unirme a un grupo de 4 personas que suben mañana al “Pulpito del Diablo”. Con ese nombre no me puedo negar. Dicho y hecho. 

El Cocuy está a 2.750 metros sobre el nivel del mar, iremos en coche hasta la entrada a 3.600 metros y, de ahí, subida picada hasta los 4.800. Suena duro. Me hubiera gustado descansar un día de la paliza autobusera pero es lo que hay. A las 4 de la madrugada empieza el lío.

Mis compañeros son 4 colombianos: una pareja cincuentañera y dos chicos en los 30. El trekk, efectivamente, es de los duros. Son entre 10 y 12 horas por páramos, lagos y tarteras verticales hasta llegar al Púlpito y el vecino glaciar del Pan de Azúcar. Al Pulpito del Diablo no se puede subir, es una roca sagrada para los indios Uwa y es difícil encontrar un país donde se respete más a los indígenas. Quizás es porque en Colombia las razas están muy mezcladas y todos los árboles genealógicos van a parar al mismo sitio. Aquí no vale la razón, o excusa, del dinero que da el turismo. Sus dioses y tradiciones van primero y la conservación de la Madre Naturaleza es Ley. 

Tardamos casi 7 horas en llegar arriba y a mi me agarra el soroche. Mal de altura. Tengo un terrible dolor de cabeza y, sobre todo, pierdo el sentido del equilibrio con lo que la bajada se hace difícil. Camino como un pato mareado. Los paisajes son magníficos, una gozada, pero si no estás en forma, mejor mirar un reportaje por la tele. Yo ya estoy apurado. Son muchos kilómetros seguidos. Siete meses viajando sin parar pasan factura. 

Llegamos al pueblo ya de noche. Sigue como deshabitado y silencioso pero, de pronto, se abren las puertas de la iglesia y la gente sale de misa. Son cientos. Las calles, tiendas y bares de estas aldeas están vacías pero las iglesias llenas. Curioso. 

Sigo. Son las 11 de la mañana. Me voy a zampar otro viaje de 24 horas. Voy a Bogotá, de ahí a Armenia y, después, Salento: el Valle del Cócora. Eso es un trote. Soy un ansias, lo reconozco. 

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Colombia (4) Barichara-Guane-Zapatoca. Los caminos de Lengerke.

Lengerke fué un ciudadano alemán que vino a parar a esta zona en el siglo XIX. Huía de la justicia por matar a un hombre en un duelo provocado por un lío de faldas. Y es que el tipo en cuestión, además de empresario e ingeniero, era un Casanova que, según dicen, llegó a tener 500 hijos. Exagerado me parece.

Utilizando presos como mano de obra, construyó una red de caminos de herradura para explorar tierras, encontrar materias primas y comercializarlas a través del río Magdalena. Lengerke llegó a ser uno de los hombres más ricos de Colombia explotando la quina y el tabaco. 

Voy a hacer estos caminos desde Barichara a Guane y de Guane a Zapatoca. Unos 30 kilómetros en 2 días. No parece mucho.

He salido de Barranquilla a las 8.30 de la tarde y llego a Barichara a la 1 del mediodía. Quince horas seguidas de autobús, sin paradas, hasta San Gil, allí me da tiempo para un café, y una hora de propina hasta Barichara, un tranquilo pueblo colonial espectacularmente cuidado y reformado. Precioso, como suspendido en el tiempo. La explanada en la que está construido queda cortada abruptamente al oeste y, abajo, a 300 metros, serpentea el río Suárez y se extiende un magnífico valle cercado por la espalda de las montañas que forman el Cañón del Chicamocha, el segundo cañón más profundo de América después del Colorado, y, más allá, por la Serranía de los Yariguíes. 

Entre encontrar alojamiento e instalarme me quedan 3 horas de sol para caminar. Paseo por el pueblo, una joya blanca con notas de vivos colores, y hago una excursión hasta el Salto del Mico, en las paredes del Cañón del río Suárez, un lugar impresionante, extraño, con unas piedras y árboles fantasmagòricos y una vistas alucinantes de todas aquellas montañas. Bandadas de “chulos”, una especie de buitres, vuelan a pocos metros de mi cabeza. Estoy absolutamente solo y la sensación es extraordinaria.

Barichara es un Xanadú de tejas y encalados, cultivos, silencio, paisajes grandiosos y cielos bíblicos. De lo màs bonito que he visto nunca. 

Con la mañana me pongo en marcha. Llevo lo imprescindible y he enviado mi mochila por un cargo hasta Bucaramanga donde, después de la travesía, cogeré un bus hacia donde decida seguir. La caminata hasta Guane es corta, apenas 6 kilómetros. 

Los caminos de Lengerke están ideados y construidos para caballerías y, por tanto, son incómodos de caminar. Piedras de diferentes tamaños sirven de base sólida que evita los lodazales. Un camino de esguinces y ampollas.

Guane es un villorrio de medio centenar de casas tejadas de un blanco impoluto y brillante sin nada y en medio de nada. Me compro un pan y un queso de hoja para picar algo, me acerco al mirador para ver el río y aquellas montañas que mañana cruzaré, meriendo/ceno en un restaurante de lo más rústico un plato de “cabro”, el cabrito tradicional de estas tierras, y haré noche en una casona enorme con sabor a pueblo y soledad. 

Este pueblito es como estar colgado en un purgatorio mundano. No más de 10 o 12 personas en las calles abarrotadas de un silencio que sòlo se atreven a romper los pájaros y algún gallo con el horario cambiado. De hecho a mi ya me va. Al fin y al cabo dicen que ser completamente libre es no tener nada y, lo dicho, “nada” es lo que hay aquí. Hablaré con Colombio, el dueño de la pensión, un personaje de Medellín, artista de todo y maestro de nada qué, a saber como y por qué, ha venido a parar a este lugar. Y dormiré. Mañana la jornada es más dura.

A las 7.30 salgo otra vez al camino. Una camioneta ha traído provisiones al pueblo. Es tremendamente auténtico. Me gusta. Los supermercados me parecen un atraso. 

Vamos pues. Con ojito porque aquí pisar mal es torcedura severa, y resbalar es fractura o, como mínimo, cortes varios y feos. Hay que estar atento y mirar al suelo, no puedes entusiasmarte con el paisaje. 

En menos de 2 horitas, a las 9.45, llego al punto màs bajo del valle, el río Suárez. El nuevo puente Lengerke o Puente Ruedas, es un bonito puente colgante. El antiguo se inauguró en 1872 y, en su día, se considero la obra de ingeniería más importante de la región pero hoy sòlo quedan de él las ruinas de las columnas de entrada y salida. Todo es efímero. No me entretengo. Me quedan 18 km.

Empiezo a subir. Tres horas y media subiendo, subiendo… Estoy ya muy por encima del nivel de Barichara, en la cima de las montañas que ayer y anteayer veía de frente. Barichara se ve minúsculo, lejísimos. 

La caminata es más dura de lo que pensaba. El último tramo lo he hecho arrastrado. Encuentro una tienda a 10 kilómetros de Zapatoca. Un agua y una Cocacola me hidratan y reponen el azúcar perdido y el resto de pan y queso que me sobró de ayer me han de dar la energía para llegar a destino. No he visto ni un alma en toda la travesía. A menos que cabras y vacas tengan alma, que todo puede ser. 

Y sigo subiendo hasta arriba y ya, últimos 7 kilómetros tranquilos y, por fin, veo Zapatoca, otro pueblo blanco, este un poco más grande, con aire como de cabeza de partido, pero sin la gracia y el encanto de Barichara

Son las 16.30. Han sido 8 horas, casi 25 km de los que 12 ò 13 son subida brava. Estoy planchado y hace fresco. Me pica la garganta. Supongo que es el chorreo de sudor y el viento de montaña. Pillo una sopa en el primer restaurante que veo y me tiro en la cama. Hoy tengo una habitación enorme para mi solo en una casa del pueblo de tejados altísimos. No tengo fuerzas ni para ducharme. Mañana. Sí, mejor mañana. Estoy muy cansado y esto no para. Mañana más viaje. Todavía hoy no sé donde. Después del desayuno decidiré. 

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