A MI GUSTO. Mis 8 pueblos o ciudades favoritos en el Mundo.

Mis 8 pueblos o ciudades favoritos

Son lugares donde me siento bien, donde no me importaría pasar una larga temporada y, donde, desde luego, siempre me apetece volver.

Aquí no excluyo el mío: Begur es el pueblo mas bonito del mundo.

Dicen de Begur que es un Belén con malas figuras. Mienten. Begur es acogedor con quien viene con respeto y prudencia. No somos la simpatía con patas y si, más bien, malcarados, pero pura fachada. En el fondo, trozos de pan. Y el paisaje es idílico, la Naturaleza ha sido generosa con nosotros. El pueblo, cargado de casas indianas, encima de una loma coronada por el castillo de piedra con todo el Empordá a los pies y, en la base, nuestras cinco playas: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Aiguafreda y Fornells. No hay nada igual.

Tokio es el mundo del futuro agarrado a una tradición milenaria que cuida su pasado, presente y futuro con cuidadosidad japonesa. La variedad de sus barrios no se vè en ningún otro lugar del mundo y, si a eso le añadimos la mejor oferta gastronómica propia y ajena que puedes llegar a desear, y una gente respetuosa, educada y feliz, tienes un paraíso urbano.

Buenos aires es el placer de los sentidos. Es olor a flores, libros y pizza, es el oído de la lengua argentina y el tango, es la vista de rincones y personas extraordinarias en la mayor amplitud de la palabra, es el sabor del asado, las empanadas y las medias lunas y es el tacto de los abrazos de amigos del alma que siempre encuentras en esta metrópoli acogedora, entusiasta y soñadora a pesar de todos sus históricos pesares.

Pocos lugares tan telúricos y con la bohemia tan incrustada en el corazón como Cadaqués. Es el Mediterraneo, Dalí, el Cap de Creus, el blanco, blanco, el azul, azul y el epicentro de la Costa Brava. Si eres feliz, aquí te sentirás en la gloria, si estás triste…cuidado, mucho cuidado. La tramontana acecha y estás en su guarida.

Un Pisco Sour en la subida de San Blas, o un menú en cualquiera de sus mercados, callejear por sus laberínticas calles de piedra o cenar bajo las arcadas de la Plaza de Armas y ya estás atrapado por Cuzco de una forma extraña. Quizás es el espíritu del inca Manco Capac o la proximidad del Machu Pichu, no sè pero, desde luego, Cuzco es una ciudad extra ordinaria salpicada de hotelitos, restaurantes, bares y rincones que sosiegan el alma y aceleran los sentidos.

  • Barcelona

La ciudad más visitada del mundo no lo es porque si. Entre el Tividabo y Montjuic, los barrios del Borne o Gracia, el estadio del F.C. Barcelona, la Rambla, la Sagrada Familia, el Mediterráneo, sus bares, restaurantes, museos, y la ciudad entera, sitúan a Barcelona, hoy por hoy, como una capital imprescindible de visitar y, sobre todo, vivir intensamente. Yo nací allí, así que, cada vez que voy a verla, no es extraño que sienta, todavía, una cierta sensación umbilical.

  • París

Tras los topicazos de que París es “la capital del amor” o “la ciudad de la luz”, sí es cierto que el ambiente elegante de Champs Elisees, el bohemio de Montmatre o el canalla de Pigalle, la tour Eiffel o El Louvre, Notre Dame y el Sena, el Bois de Boulogne o la cercana Versalles son un abanico de posibilidades para todos los gustos. París sí tiene luz, mucha luz, y sí es difícil resistirte alli al amor, sobre todo si lo llevas puesto pero, para mí, es mucho más. Son tejados y buardillas, son paseos ensoñadores, es descubrir pequeños restaurantes y bares que invitan a conversaciones profundas, es…. Hace demasiado tiempo que no voy a París.

Bicheno está en la Costa Este de Tasmánia, Australia. Es un pueblo de playa rodeado de montañas, turístico pero tranquilo, con un rocoso paseo marítimo y el Parque Nacional Freycinet a 12 Km. Un lugar ideal para practicar senderismo, submarinismo, surf, ciclismo…buen pescado, buen vino, buen clima, Naturaleza cuidada, gente afable…un bar, 4 ó 5 restaurantes, un supermercado, una gasolinera y no más de 10 ó 12 tiendas… Un lugar para vivir.

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Australia (11) Tasmania ( y 4ª parte) La costa Este. Como un grano en el culo. Navidad en Tasmania.

Tres días de descanso absoluto en Hobart. Lo necesitaba.

Parece que se acerca peligrosamente la Navidad y estoy, como quien dice, a un pasito de las antipodas de casa, el lugar diametralmente opuesto a donde yo vivía y está mi gente. Si me pongo a escarbar en el suelo, todo recto, llegaría cerquita de allí. Pero, si no quiero dejarme las uñas en el intento, va a ser que no, va a ser que pasaré la Navidad aquí, en Tasmania. Pues no es mal lugar, ni mucho menos, pero habrá que organizarse un poco para que no me de ninguna pájara.

En Swansea “pincho” por primera vez en este viaje. El Parque Nacional Freycinet está a 35 Km del pueblo pero, para ir en transporte público, has de hacer combinaciones que no permiten volver. Swansea es desangelado y sin atractivo alguno y el hostel que he reservado para 2 noches es caótico, dejado, sucio y con jóvenes ociosos y cerveceros que me ponen nervioso. Hay chavales que viajan bien y los hay que viajan mal. Estos son de los segundos. Toda la tarde en manada alrededor de una mesa, cerveza tras cerveza, con conversaciones estúpidas, gritos y risas histéricas. Para rematar, mañana no hay bus para seguir adelante por la costa, así que me tendría que quedar un día más. Decido irme hoy mismo a Bicheno e intentar llegar al Freycinet desde allí. Pierdo el dinero de una noche de hostel pero que se le va a hacer. Aquí no voy a estar bien.

Bicheno es otra cosa. Más bien es la contraria, un pueblo con ángel y muchísimo atractivo. Aquí sí apetece pasear. Al atardecer, tomo un sendero hasta las rocas. Sopla viento frio y huele a mar. Me acuerdo del Empordá, de caminatas de otoño e invierno, con el corazón caliente e ilusionado, por Llafranch, Calella, las playas de Begur… Y Cap de Creus… Recuerdos de llegar a casa y avivar los rescoldos del fuego…. Para qué pensar.

Ha costado, pero he conseguido autobús para ir y volver a Freycinet y un alojamiento barato para una noche. No puedo estar más porque en fin de semana no hay autobús para volver. Me voy mañana a las 6’15 a.m. Tiene muy buena pinta.

Paso hoja y cambio de tema. Cuando una persona es muy molesta, perseverantemente pesada, se dice de ella que es “como un grano en el culo”. Efectivamente, uno de los peores enemigos del viajero es una almorrana. Yo, desde pequeño, tengo una recidiva que, de vez en cuando, me viene a visitar. Es el caso. Ha venido. La mía, el mío, se llama Vicente. Es macho. No sé decir cómo lo sé. Es pura intuición. Lo bautice en su día con ese nombre y se le ha quedado. Este año ha venido por Navidad. El chiste es fácil pero el asunto no da para bromas.

Cómo el roce en este caso no hace el cariño, si no todo lo contrario, su visita resulta siempre de lo más incomoda aunque, teniendo ya una cierta intimidad y confianza con èl, se cómo tratarlo. Es realmente molesto, sobre todo para viajes largos en bus o tren, pero ya te digo, hasta le tengo un cierto respeto y no soporto que se hagan bromas con èl o se le haga público escarnio. Viene siempre por alguna razón de fuerza. En este caso, la culpa es de unos accesos de tos que he tenido últimamente por un constipado mal curado, que arrastró desde Tailandia, y porque soy imbécil y, en consecuencia, fumo.

Pues eso, él en su lugar y yo en el mío, cuando viene procuramos convivir sin grandes problemas y con una educada indiferencia que nos haga pasar, en mayor o menor armonía, los días que haya decidido viajar conmigo. No es un compañero, pero nos arreglamos sin aspavientos ni discusiones de mayor importancia. Cuestión de educación y paciencia. Tampoco nos vemos mucho, es más bien una sensación constante y desagradable.

Intuyo alguna risita de cachondeo. Un poquito de consideración, por favor. El tema es doloroso para mi.

Vuelvo a lo que interesa. Llego a las 6,45 a Coles Bay, al ladito del Parque Nacional Freycinet, y el hostel está cerrado hasta las 8, pero me puedo tomar un café. Tengo dolor de cabeza de dormir poco. El trekk muy chulo. Una hora de camino desde el hostel al parking donde se inician los senderos. En una primera etapa de 30 minutos hasta un mirador desde donde se fotografía en todo su esplendor la Wineglass Bay, uno de los iconos y lugares más fotografiados de Tasmania, hay un montón de gente. Por la foto todo el mundo es capaz de caminar media horita aunque sea cuesta arriba y ahogándose como pescados en cubierta. Y no creas, juro que hasta he visto gente que se hace la selfie con la foto del letrero que hay en el parking. El colmo. La vista una pasada, pero a mí déjame con la vista desde la ermita de San Ramón en Begur.

Allí, en el mirador, se hace ya la primera criba de gente aunque sigue habiendo bastante que baja a la playa, que es el segundo corte. A partir de ahí, desde que dejas la playa de Hazards, ya nadie. Yo sigo y hago todo el Wineglass Bay-Hazards Beach Circuit, una travesía circular preciosa, un sendero magnifico como entre los Caminos de Ronda en el Empordá y el mallorquín Camí de Cavalls. Precioso. Las playas, llenas de ostras, los bosques como fantasmas, las piedras y acantilados cincelados a mar y viento. Un lujo.

La última media hora el tiempo se ha encabronado y la hago bajo lluvia intensa. No problem. Como mis sánwiches en el parking y me vuelvo a Coles Bay metiéndome en todos los rincones que voy encontrando. Muy pero que muy bonito. Total, son 3 horas y pico que, más la de ida y la de vuelta al hostel y alguna ronda por los alrededores ya hacen una buena jornada. El hostel agradable y solitario, el día se ha tornado gris, lluvioso y frio y yo estoy cansado. Me hubiera gustado hacer la cima del Monte Amos e incluso adentrarme más en Península, pero no hay tiempo y mis abductores tampoco dan para muchas alegrías. Si hubiera podido pasar una noche más aquí lo hubiera aprovechado pero no ha podido ser. Hoy prontito a dormir y mañana de vuelta a Bicheno. Le voy a pegar una paliza a la cama que se va a enterar.

Paso un par de magníficos días explorando los senderos, playas y rocas de Bicheno. Me encanta este lugar. Los soplidos de agua del Blow Hole, la Diamond Island, a la que se puede ir a pie con la marea baja, el rocoso Foreshore Walkway… Lo siento especial, como muy familiar. Podría quedarme aquí una temporada. He encontrado un lugar que venden un pescado buenísimo y me cuido mucho. Siempre me cuido, pero ahora me esmero más y me cocino con cariño platos como ensalada de guacamole con atún o pescado con pimiento rojo, bicho y salsa tártara. Y vinito. Estoy mejor que quiero.

Y 23 de Diciembre, en Hobart. NAVIDAD. Navidad en Tasmania. Reserve hace unos días mesa para la noche del 24 en el mismo restaurante que cenamos el día que llegó Ramón. Y el 25 me hago una comida de Navidad en el hostel. Sentimientos encontrados. Libertad, sueños cumplidos y vida plena. Soledad, nostalgia y añoranza. Fuerte, pero muy cansado. Feliz tristeza. Desesperanza sin miedo. Serenidad. Nada que querer que no tenga. Nada que pedir más que salud. Nada que ocultar, nada que callar.

Quizás eso es todo. No está mal, no está mal. No está nada mal. 

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