Nepal (3) Ghorepani. Horizontes Perdidos. Las leeches (sanguijuelas)

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Los dias siguientes, más aldeas, más puentes, caminos peligrosamente estrechos e inestables, más selva, más rios, riachuelos y fuentes… Me paro a refrescarme en una de ellas, me apoyo en una piedra, y en menos de 1 minuto me empiezan a correr por las piernas hilitos de sangre. Ni idea de que está pasando pero los nepalís empiezan a reir y gritar “leeches! leeches!” Ya me ves bajandome los pantalones de aventurero hasta las rodillas y, en calzoncillos, quitandome las sanguijuelas que tenía enganchadas en la carne. Gracias a Dios nadie me saca una foto. La peli es desagradable para mi y cómica para los demás. En los próximos dias todos pasarán por lo mismo y me tocará reir a mi. Dificiles de arrancar las puñeteras leechis. Dificiles de matar. Fuego o sal, aconsejan. Un asco, vamos. Se las ve en buena parte del camino, a ambos lados, como gusanos apoyados en las plantas, sacando y moviendo un extremo para encontrar donde engancharse y beber sangre. Un roce y ya la tienes. Muy puñeteras, sí. Y en las aldeas de la zona, están por todos lados: suelos, sillas, mesas…tipo invasión. Feo bicho.

Decia antes que sentía la cercania de mi hijo. Nos reimos un montón con las sanguijuelas. Desde entonces, para nosotros “leeche” es sinónimo de baboso y gusanil. Y es que viajar con tu hijo de compañero de aventuras es una de las mejores experiencias que puedes vivir. Claro que estás más responsabilizado y tenso, dá más miedo que pase algo, pero seguro que a mi hijo y a mi lo que más nos ha unido son los viajes. Y a él, le ha ido forjando el caracter. Ramón tiene ya 16 años, pero aqui en Nepal he vivido experiencias que, si puedo elejir, se las ahorraré. No es un pais fácil y dá un pelín de respeto traer a tu hijo y amigos. El padre de Teresa, un tipo muy serio que inspira respeto, me miró a los ojos muy hondo cuando salimos de Barcelona y, levantandome el dedo, me dijo: “Cuida bien de mi hija”. Es lo que pasa. Se supone que yo soy el que tiene mas horas de vuelo y eso me hace “responsable”. Entre el padre de la amiga y la madre del hijo, si les pasa algo aqui veo mis queridos testículos colgados en un palo.

No diré donde, en el camino, nos encontramos en un pueblo donde en todas las macetas cultivan marihuana. Los bosques de los alrededores son casi plantaciones de marihuana silvestre… Pregunto y me dicen, con toda naturalidad, que es la planta de aqui. Para consumo del pueblo. Incluso hay un dia al año en el que hacen una fiesta de varios dias y todos, mujeres, hombres y niños fuman hierba a tutiplen. Debe ser un cuelgue tremendo. Unas risas, vamos. Debe ser el Shangri-La que encontraron en Nepal los hippies de los años 60. Shangri-La es una utopía mítica del Himalaya que nace en la novela “Horizontes perdidos” de James Hilton. Es una especie de paraiso terrenal con habitantes tremendamente felices y en paz, aislados del mundo exterior y casi inmortales. Marihuana, seguro. Fijate que si hemos descubierto el misterio de Shangri-La!!

Un par de dias más subiendo y bajando por un macizo de montañas interminable, a veces al sol, a veces bajo la lluvia, naturaleza por todos lados y llegamos a Ghorepani, a 500 metros verticales del Poon Hill.

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