Madagascar (y 5) Tulear. Playas de Ifaty. El otro lado.

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Ahora… playa.

Ifaty no me impresiona porque yo vivo, o vivía, en la playa que es, o era, la más bonita del Mundo. Vale, si no la más, una de las mas bonitas del Mundo, una pequeña cala en el noreste de Catalunya, en la Costa Brava, que era un auténtico vergel. Allí nos soltaban al acabar el colegio hasta que volvíamos a empezar, 3 meses después. Vivíamos en la Naturaleza como salvajillos jugando, pescando, nadando, haciendo excursiones por el bosque… He tenido una infancia maravillosa.

Me da pena cuando ahora veo a los niños en bicicleta con más protecciones que un gladiador romano, seguidos a pocos pasos de su mamá angustiada por el peligro que está corriendo el principito. A la mía yo la veía para comer y cenar… a veces. Y mira que hacíamos animaladas. No acababa un verano con el cuerpo entero. Pero eso es otra historia.

Hoy esa playa, Sa Riera, Begur, sigue siendo bonita, pero ya no es un paraíso. En el mar ya hay muy poca vida y el bosque ha sido diezmado por una voracidad urbanística descerebradamente avariciosa. Y no es una excepción porque veo que pasa en todo el Mundo. Tenemos el dudosísimo honor de ser la primera generación en la Historia que lega a sus hijos un Mundo peor que el que recibimos de nuestros padres.

¿Culpables? Desde luego algunos políticos y empresarios deberían ser crucificados en las plazas de los pueblos y ciudades por ladrones a mano armada y bolsillo lleno, pero culpables somos todos. Unos más y otros menos, unos por acción y otros por omisión, unos por negligencia y otros por mala fé, pero todos somos culpables y, en el fondo o en la superficie, todos lo sabemos.

¿Qué vamos a hacer al respecto?

Se supone que el microbus, que sale de Antananarivo hacia Tulear, nos recogerá en el hotel de Ambositra a las 8 de la tarde. Aparece a las 11.45. Normal. Nos quedan por delante mas de 500 km de carretera africana. El conductor nos ameniza la velada con una radionovela malgache que me taladra el cerebro, pero la noche pasa. Por la mañana ya me cabreo y le digo al conductor que ponga música. ¡Y lo hace! Es curioso pero, si el blanco no tiene miedo y se pone serio, aquí todavía hacen caso. Por lo menos si no va vestido de turista bwana, no va haciendo ostentaciones de riqueza, no calza Adidas con calcetines blancos y no se pone tonto fotografiando todo lo que se menea y lo que no se menea. 

Con la música cambia el ambiente y, aunque el viaje es pesado como una losa, disfrutamos de las vistas de montañas, estepas, llanuras, baobabs… Paradas en típicos míseros pueblos de carretera para desayunar, comer e ir dejando pasajeros y a las 17.30 llegamos a Tulear. De ahí un coche hasta el hotel de Ifaty mientras se pone el sol.

Tulear lo pisamos unicamente para ver que está abarrotado de pousse pousse, pero estos con pedales, supongo que la versión “humanizada” de los vistos hasta ahora.

En el alojamiento de Ifaty me he gastado las pelas. Ninguna barbaridad, pero me apetecía darnos un lujo. Han sido casi 18 horas de viaje por el África mas real y ahora nos regalamos un par de días del África que, convenientemente limpita, potabilizada y empaquetada, con cajita y lacito, se compra relativamente barata como objeto de consumo occidental para conocer la Naturaleza africana sin agobios. Es meterme en “El otro lado” de lo que he vivido hasta ahora. Nada espectacular, solo un resort sin agresividad con el medio, una habitación chula, piscinita, primera linea de mar, restaurante con los pies en la arena…

Ifati es, por lo que veo, lo ya visto: poblados de chozas enclavados en la arena, cerca de la carretera, y resorts mas o menos lujosillos a pie de playa para el turismo. 

Nuestro día empieza con una delicatessen de desayuno con mermelada, miel de baobab, polvo de chocolate, creps, zumo y ensalada de frutas, y nos vamos a hacer snorkeling al Massif des Roses, una zona marítima protegida.

El snorkeling resulta agradable, con una bonita masa coralina aunque poca vida. Me explican que los chinos ponen con grandes barcos redes tupidas de 15 km de largo en el Canal de Mozambique y están acabando con todo. Lo dicho:  “En todos lados cuecen habas y, en algunos, a calderadas”

Sea como sea, encontramos un pescador local que se ha montado una cocina detrás de unas chozas y… ¡Bingo! Langosta y pescado a la barbacoa. Un dia es un dia, Éste se acaba con sesiòn de piscina y remoloneo general.

Y para rematar la faena, al día siguiente una visita a la Reserva Natural de Reinala para ver baobabs, tortugas y lemures y un avión de vuelta a Tana.

A pesar de que, para mi gusto, hay un poco demasiado de sobrepeso de carne rusa y de francés más que madurito, incluso un poco podridito, con jovencita negra enamorada del amor, desde luego he disfrutado mucho de nuestro regalo en “El otro lado”. La vida es una caminata de cuatro pasos y, por suerte, un montòn de suerte, nos podemos permitir quitarnos las botas apretadas de vez en cuando, con prudencia y agradecimiento. Por si alguien lo creía, mi conciencia social y ecológica no significa que sea partidario del autoflagelamiento. Vivo sencillo porque así soy feliz, no porque mis convicciones me obliguen al cilicio vital para hacerme perdonar mi condición de privilegio en el Mundo. Y mucho más si estos momentos los puedo compartir con personas a las que quiero, como es el caso.

Estos días con mi hijo han resultado un viaje completo a pesar de que solo teniamos 10 días, 8 en realidad si quitamos la ida y vuelta en avión. Hemos visto ciudad, la capital, montaña y playa, hemos hecho trekking y snorkling, hemos viajado por tierra, mar y aire, hemos visto lemures, tortugas y camaleones, hemos probado gastronomía local e internacional, hemos vivido algo mas que un poco del África descarnada que horroriza al blanco y algo del África maquillada que le seduce…

Me he convertido, de tanto viajar, en una Agencia de Viajes con patas. Este “tour” que he inventado para los dos podría llamarse “Madagascar express”. Hemos tenido además tiempo para conversar y ponernos al día de nuestras vidas, circunstancias, proyectos y pensamientos,…

Desde luego ha sido muy corto, muy, muy cortito. Ramón ahora vuelve a casa y yo sigo hacia mi última etapa en el continente negro: Sudáfrica.

No voy a ponerme triste, no voy a pensar ni escribir nada mas… Hasta la próxima hijo. Se feliz. Es una orden. 

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