Etiopía (y 7) Sonrisas y miedos. Cortocircuito. Notas de viaje.

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Consejo de viajero. 

Sonrisas y miedos.

En viaje mézclate con los nativos, con prudencia, a su ritmo. Di hola, gracias y adiós. Apréndelo a decir en su idioma. Se educado, caballeroso, amable… No te creas superior, ni siquiera diferente. Por dentro son iguales que tú. Y por fuera muy parecidos.

Y colabora con quien lo necesite… No tengas miedo. Hay que estar atento pero no tener miedo. Los lobos huelen el miedo. Y a los lobos se les ve de lejos. La gente se pasa la vida con miedo. Miedo a perder el trabajo, a perder la pareja, a perder la vida, a perder dinero … Y la vida va pasando.

Y, sobre todo, sonríe. El poder de la sonrisa es impresionante.

PEEERO…. sentido común. En África esto es diferente. En África eres un dólar rodando por la calle. Quien se acerque a ti, o la inmensa mayoría, es porque quiere algo. Y las mujeres, cuidadín. No estoy diciendo que te vayas con el primero que diga que te va a enseñar un sitio donde se ve la mejor puesta de sol del Mundo mundial….

No puedo dejar de visitar el mercado antes de irme de Dinsho

Es el día más importante para el pueblo, una verdadera fiesta semanal. Y lo hago, pero… algo va mal, la mochila pesa el triple que ayer, no me encuentro bien. Voy arrastrado.

Un sobresfuerzo después de comer me ha cortado la digestión. Estaba demasiado cansado y he comido sin hambre. Sin tiempo para hacer una mínima digestión nos hemos puesto en marcha en pendiente muy exigente y ha pasado lo que tenía que pasar. Cortocircuito severo. Todos mis sistemas han dejado de funcionar. No he hecho caso a mi cuerpo. Error.

El viaje a Bale Robe resulta una tortura. Encuentro hotel, consigo, apretando los dientes, llegar a la estación de autobuses y me hago con un ticket para salir mañana a Addis a las 5.30 a. m. No puedo más. Me tiro en la cama, duermo a ratos y subo, como en un mal sueño, a mi último autobús con dirección a la capital.

No hay nada peor que viajar enfermo, y más en un autobús africano por carreteras africanas. Entre unas cosas y otras son casi 12 horas para llegar a mi pensión en Addis, hogar dulce hogar o algo parecido. Otra vez viene la noche. Estoy débil y agotado pero parece que con un día y medio de ayuno voy remontando poco a poco. Me sienta bien una pechuga de pollo a la plancha. Todo va entrando en una destemplada y atropellada normalidad. Tengo un día y medio para acabar de recuperarme, atar los últimos detalles y encarar un nuevo cambio de país. La aventura etíope termina y Kenia espera.

Algunas notas de viaje.

Etiopía ha sido complicado. A veces, cuando salgo de viaje alguien me dice: “Disfruta. ¿Para eso viajas no?” Pues no, no exactamente. Yo viajo para conocer, para saber que hay más allá de mis narices y, eso, a veces me hace disfrutar y a veces sufrir. Se idealiza demasiado el viajar. En realidad se confunde con las vacaciones. En ocasiones un viaje es como un combate a 10 asaltos y con algún golpe bajo. Como todo en la vida, viajar, lo que se dice “viajar”, tiene su cara y su cruz. Y en Etiopía, desde luego, hay mucha, pero que mucha cruz.

Este es un país muy suyo, con su propio sistema horario, su propio alfabeto, etnias y religiones de todo tipo y, además de su lengua oficial, el amárico, otros 80 idiomas y 200 dialectos. Guerras, hambrunas, analfabetismo, sida y otras plagas han sumido a este país y a sus 100 millones de habitantes en un pozo hondo del que es difícil salir.

Sí, Etiopía ha sido un viaje difícil y también revelador. El clima y la miseria me han hándicapado desde el primer al último día y las condiciones de vida de esta gente me han puesto en los morros un África que estalla en cualquier mente decente con metralla peligrosa.

He viajado con ellos pero, desde luego, aunque de forma muy sencilla, he vivido varios escalones por encima en esta escalera infinita que nos separa y, a pesar de ello, he visto demasiadas cosas como para quedar indiferente y olvidar. Ni puedo ni quiero olvidar.

No sé si aconsejar a nadie este viaje, pero sí pido que la gente tenga en cuenta que, en este Mundo que habitamos todos, nosotros ocupamos un lugar de privilegio absoluto. Seamos sencillos y felices con nuestra vida porque la comparación con la suya es insultante y el inconformismo y la avaricia occidental clama al cielo. En Etiopía te queda aquella sensación de que hay algo tremendamente equivocado, que “esto no puede ser verdad”.

Y no es un tema fácil, en absoluto. Yo no voy de posturitas. Hay que buscar alternativas de ayuda, pero es obvio que la solidaridad no es una opción, es una obligación. Creo firmemente que, si continuamos en Occidente con nuestro ritmo consumista, con nuestra actitud ciega y egoísta, estaremos siendo complices de una injusticia indigna y bochornosa. Y también creo que, en ese caso, de alguna forma, un día u otro, en una generación u otra, Dios, el cosmos, el destino, la lógica, o aquello en que cada uno quiera creer, nos lo harà pagar. Caro.

Si hay un terrible error de base en la sociedad es creer que tu casa es el cubículo de 60 o 120 m² donde duermes. Una de las cosas que te enseña viajar es que tu casa es el Mundo y, aunque en el salón haya fiesta, en el comedor hay gente que tiene hambre y el porche está abarrotado de plástico y porquería que ya entra por el pasillo. Y, por cierto, no se si lo has visto pero, además, tu casa, desde la habitación de Canarias hasta la del Amazonas… se te está quemando.

 

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2 Comentarios

  1. Gracias por el testimonio que aportas de este mundo nuestro. Siempre he pensado que se deberían crear condiciones de vida digna en países de hambruna como Etiopía. No es fácil. Gracias.

    • Ojalà sirviera para algo ese testimonio pero yo soy ya muy descreído del ser humano. Aquí cada uno va a lo suyo sin mucho más que algún postureo vergonzoso y sin ninguna coherencia ni reflejo en la vida habitual. Seguimos consumiendo como locos mientras otros muchísimos pasan hambre. Y es más fácil que los gobiernos se pongan de acuerdo para bombardear un país que para rescatarlo y darle una vida mínimamente digna. Es todo difícil y, sobre todo, muy descorazonador.

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