Entre paréntesis. Seis meses después.

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Pues hace ya 6 meses que, de golpe y sin anestesia, llegó de un virus, un tal COVID 19, pinchó el globo y todo cambió.

Encima, lloviendo sobre mojado, ahora estamos entrando en una segunda ola de casos que parece que viene con muy mala uva. El asunto tiene mala pinta y, de entrada, nos obligan a un “confinamiento nocturno” de 22 a 6 horas, vamos también hacia el “confinamiento de fin de semana”… y que todo quede ahí. 

Es cierto que siempre hay que dejar pasar el tiempo para opinar y éste es un tema muy delicado pero, personalmente, no veo al coronavirus como una plaga o un enemigo sino más como un instrumento que ha venido, llegado o caído, de a saber donde, para encarrilar a la entrada en el siglo XXI. Desde luego puedo estar muy equivocado y el bicho en cuestión puede ser, únicamente, ni más ni menos que una pesadilla. 

Pero es que quizás ya iba siendo hora que algo o alguien interviniera. Creo que lo de entrar en una nueva época no lo estábamos haciendo bien. Por lo menos a mí eso me parece bastante obvio y poco discutible. 

Siete mil quinientos millones de personas moviéndose de aquí para allá consumiendo Naturaleza desaforadamente, cada vez musculando menos nuestra inteligencia y debilitando nos con la sensibilidad en carne viva, con tantos derechos y tan poca conciencia de deberes, con tanta inmensa desigualdad, con gobiernos y administradores sobredimensionados, lentos, inoperantes y apoltronados sin más objetivo que mantener el puesto de trabajo… No sé.

Quizás la tecnología se utilizaba más para ocio y bienestar que para necesidad y progreso, todo el mundo sabe de todo, cada vez somos más talibanes de nuestras opiniones, se habla mucho, se dice y hace nada y estábamos instalados en un confort rutinario y una socialización cómoda pero superficial y poco enriquecedora… Quizás. 

¡Habían tantos temas importantes y se avanzaba tan poco! Mira por donde viene un virus y hace 6 meses que no oigo hablar más que de él en todos lados. ¿Todo lo demás que abarrotaba periódicos, programas de tele y conversaciones privadas donde estará? No sería muy necesario. Ya no nos interesa tanto lo que antes nos interesaba mucho. Quizás eran temas prescindibles. 

Algunas medidas de las que se van tomando me gustan más y otras me gustan menos. Sobre todo, y como a todos, me gustan menos las que me afectan más pero, en genérico, y a medida que se van puliendo las cosas, no veo otra posibilidad ni veo mal la dirección aunque es claro que nuestra socialización se ha limitado, el movimiento restringido, la situación económica agravado y, a veces, el silencio es estruendoso… Si, es verdad, hay que seguir puliendo y puliendo, sí, pero también hay que ir asumiendo. 

Nuestra seguridad y certidumbre ha caído como el suelo bajo los pies con lo que antes eran nuestros lugares comunes y supuestos derechos adquiridos ¡Y lo que te rondaré morena! Parece que, por obligación, la gente está más quietecita y más consigo mismo y la Naturaleza lo agradece. Y en casa, por aburrimiento incluso, creo que todos hacemos cosas, quizás más sencillas, y nos buscamos la vida intentando encajar en la novedad. ¿Quizás el tiempo se ha ampliado? 

A mi se me han acabado por ahora los viajes y, la verdad, cuesta acostumbrarse. Me ha cambiado el estilo de vida pero ya me está bien, no hay drama. Sólo faltaría porque un montón de gente lo está pasando mucho peor. Para mi es un cambio y me gustan y estoy acostumbrado a los cambios. Es una nueva situación y hay que adaptarse pero, aparte de la falta de nomadismo y todo lo que de sorpresa continúa esa pérdida conlleva, todo lo demás continúa siendo satisfactorio. No es lo deseado pero… Ya volveré a viajar. No se cuándo ni cómo, pero seguro que todo se irá regularizando y poniéndose a un nivel adecuado y volveré a volar alto y lejos. Mientras tanto, habrá que disfrutar vuelos más bajos y cercanos. 

Vale, a lo peor todo esto no tiene nada, absolutamente nada de bueno, pero pensar asi ni me sirve ni me lleva a ningún sitio. Prefiero la teoría optimista. 

Al fin y al cabo enfrentarse a las adversidades siempre te hace crecer, y el puñetero virus es una adversidad de las gordas, así que no tendremos más remedio que desarrollarnos individual y colectivamente. “Reinventarse o morir” dicen por todos lados. Eso… eso no es fácil, hacerlo va a necesitar y producir un montón de musculo intelectual, autocrítica, sentido común y, desde luego, van a producirse agujetas y, en todos los sentidos, incluso en los más desgarradores, muchas, muchas bajas. 

Creo que la próxima generación no va a tener mucho que ver con la nuestra. No se si eso es para entristecerse o alegrarse. 

Salud y fuerza gente. Todo es vida. Seguimos.

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