Entre paréntesis. Pandemia. El Mundo se defiende solo: la veda.

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Hoy hace 30 días que llegué a casa. Y ya no he salido. Confinamiento. La Vida, la Providencia, la Naturaleza, el Destino, el Karma o lo que sea, ha decretado arresto domiciliario universal. Tampoco es tan dura la sentencia. Yo necesitaba descansar, aunque quizás no tanto.

Tengo una rutina diaria. Soy experto en establecer rutinas para adaptarme a las situaciones y circunstancias.  Me levanto entre 8 y 9 de la mañana sin despertador. El sol me despierta cuando él y mi cuerpo se ponen de acuerdo. Trabajo con el móvil ya desayunando, escucho las noticias por la radio, un paseo, me hago una tabla de gimnasia de mantenimiento, hago la comida y ya se acaba la mañana. Además los jueves voy a comprar “víveres”. Por la tarde es más light todavía y, después de comer, dedico la tarde a trabajar, escribir, leer, chatear, hacer la cena… La televisión la veo muy, muy poco porque me da miedo. No creo que sea sana. Cositas muy escogidas. Un concierto de Txarango por ejemplo: alegría, esperanza, compromiso, mezcolanza étnica… Suelo hacer también una conferencia con algún amigo cada tarde. Ahora da tiempo para todo. Y aunque yo soy poco por no decir nada doméstico tengo la casa como los chorros del oro y, si después de pasar el mocho, piso encima, me riño con cariño por descuidado y lo vuelvo a pasar. Las tareas de la casa, aseo, cocina, etc, llenan los huecos y los días pasan rápido sin pasar.

Es como si hubiera naufragado dentro de una cápsula confortable o un barco varado en una isla desierta o en el País de Nunca Jamás. Buenas vistas al mar, si la niebla no envuelve la playa, el fuego, mis cosas… Nadie en la cala. Quizás veo a lo lejos 3 ó 4 personas al día paseando a sus perros. Y la preocupación. La preocupación está y, compinchada con la rutina, van haciendo intentos de hincarme el diente. Pero yo estoy aquí conmigo y me llevo bien. No hay pasión, pero tampoco conflicto.

Pienso en cuánto durará esto y cómo será después. Creo que, de una manera u otra, con más o menos rigidez y con más o menos dureza, esta situación durará hasta bien entrado junio. Tres meses. Si, por ahí andará. Y viajar, no creo yo que se puedan traspasar fronteras hasta enero o más allá. Entre unas cosas y otras no confío en poder volver a mi Vuelta al Mundo hasta marzo o abril del año próximo. Y lo veo muy lejos, demasiado lejos, pero es lo que hay. Hay una pandemia.

El Mundo no creo yo que cambie mucho después. El ser humano es especialista en olvidos. Yo creo, por lo que leo, veo y cómo siempre he pensado, que Occidente debería tender a mayor disciplina y menor confort material. Ese sistema de consumismo desaforado no está saliendo bien. Y debilita, física y mentalmente. Pero no confío mucho en grandes cambios. Por ahora no. Quizás detalles pero, bien, serán pasitos.

Fíjate, a mi me ha encantado que, al entrar el coronavirus en Yemen, Arabia Saudita se ha visto obligada a un alto el fuego y, por unos días, los bombardeos que han asolado el país durante 5 años se han parado. ¿Seguirán? Seguramente. A lo peor a la próxima si es más gorda, los pasos serán zancadas. No se, para mi es un rayito de esperanza porque veo que el Mundo se defiende solo, que no es que puede haber un Mundo mejor si no que, antes o después, el Mundo será mejor para él… y para quienes lo quieran acompañar.

Por ahora, desde luego, más que un descanso es una veda para la Naturaleza. Hemos dejado de usar y abusar de ella. El mar está cristalino, los bosques brotan salvajes, los animales campan a sus anchas… Las ardillas corretean felices y las gaviotas han dejado de ser carroñeras para volver a ser pescadoras. Los cormoranes no te digo… en el cielo, y la contaminación ha remitido casi en un 50%, a los límites aconsejados por la OMS. Pero es un punto y seguido, seguro. No todo es rápido y para mañana. Sería fantástico convencer a la gente y, después, obligar a los políticos y al poder económico a decretar cada año un confinamiento “justo”, una veda universal. Si, me gusta más el concepto “VEDA”. Es más positivo. Se parece a  “VIDA”. Y, si no queremos, pues nada, ya, se encargará el Mundo de obligarnos. A lo vivo y sin anestesia. En catalán tenemos una exprésión preciosa de aviso, de amenaza: “Tu ves fent… ” (Tu ves haciendo…) 

En la casa hay mucha humedad, eso sí. Me duelen todos los huesos. Todos mis mecanismos, acostumbrados a un ritmo de crucero, chirrían anquilosados y voy perdiendo forma física. Costará después coger el ritmo.  El cuerpo se resiente. Ayer deshice la mochila. Me entristecí un poco.

Y la mente también duele. Hace 25 días que no tengo una relación humana que no sea virtual con nadie, Bueno, quizás podría decir 10 meses porque en ese sentido sigue siendo como estar de viaje pero sin moverme. Ninguna relación personal salvo esporádicas con algún viajero o un guía o un hostelero, o poco más que un hola y adiós. Y 10 días con mi hijo en Madagascar. A él hace 5 meses que no le abrazo. No sé. A ver a qué lleva eso. Quizás se me irá la pinza. Yo ya soy solitario y en mi casa no hay ambiente familiar precisamente. No dejo entrar a mucha gente ni en mi casa ni en mi vida ni salgo demasiado a otras vidas, pero es que ahora me han cerrado la escotilla y la sensación cambia.

Pero no me quejo, ni mucho menos. Tengo salud, el Mundo se mueve y, al final, no es más que otro viaje, aunque sea en bicicleta estática. Otro capítulo, otra aventura. A ver qué aprendo. La vida es una gran maestra.

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