Entre parentesis. Boxes. Mi Buenos Aires querido.

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“Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrán mas penas ni olvido…”

Alfredo Le Pera/Carlos Gardel

Si, necesito descansar. Llevo casi 5 meses de viaje intenso, primero por Turquía y, después, de Addis Abeba a Cape Town por todo el África oriental. Un viaje duro. Una dura etapa. Y ahora cruzo el charco y me voy a Sudamérica. Entro en la segunda mitad de mi Vuelta al Mundo. Quizás el último tercio. 

Un viaje así desgasta. Poco a poco, imperceptiblemente. Desgasta por todos lados, como vías de agua en el casco de un barco en navegación transoceánica. Desgasta físicamente, psíquicamente, desgasta la piel, el estomago, las emociones, las lumbares, los riñones, desgasta los pies, las ilusiones, los sueños y hasta el alma. Son arañazos de arrecife que hay que reparar. 

Antes de seguir necesito entrar en boxes y mi casa está demasiado lejos para eso, pero Buenos Aires no. Buenos Aires está en el camino y en Buenos Aires tengo buenos amigos. Añoro compañía.

Ademas, mi Buenos Aires querido tiene… eso. Eso indescriptible de próximo, de mio. Ese hablar musical y milonguero, ese sabor y olor, ese swing tanguero que reconforta y te arranca la sonrisa nada mas llegar. 

Gustavo me está esperando al bajar del avión y ya no me suelta. Gustavo y tanta historia en común. El Machu Pichu, las familias, Sa Riera, Tandil, el Camino de Santiago, las largas horas de conversaciòn regadas con malbec y coca cola con Fernet y las competencias culinarias sin mas posible final que las tablas so pena de reventar tirados a gatas por el suelo…Los partidos del Barça, los asados,  nuestras bromas nuestras, las costillas a la brasa con allioli…

Gustavo me debe ver muy echo polvo porque me dice: “Me encanta leer tus aventuras pero… ¿no apretás demasiado?  Se me ocurre que le estáis tocando el culito a la muerte, hermano”. Callo. No sé. ¿La muerte? No sé yo. Supongo no será hoy y mañana ya vemos.

Y me zambullo en los amigos y en Buenos Aires. Avenida Corrientes, sus teatros y restaurantes, Avenida Sta Fe, sus tiendas y la Librería Ateneo, Callao, el Parque de los Ingleses y Avenida del Libertador, Retiro… el Obelisco, en 9 de Julio, la Avenida mas ancha del mundo, el Teatro Colón… San Telmo y Palermo, el Luna Park y Puerto Madero y la Casa Rosada, el Cabildo, la Catedral….

Se funden los olores, buenos aires, del papel impreso a la pizza, del kiosko de flores a las carnes parrilleras y el choripan, de las empanadas a los jacarandás,….y se funden las presencias, de Mafalda a Maradona, de Gardel a Fangio, de los combatientes de las Malvinas a las Madres de la Plaza de Mayo, del Papa a los Perón, de Borges y Cortazar al Che Guevara…se funden el vino, las horas y las inacabables conversaciones sobre viajes, sobre el amor, la literatura, la familia, la vida, el ser humano… 

Y se va limpiando y lijando el casco y se van sellando fisuras y vías con masilla buena de cariño y buena vida…

Y después de Buenos Aires, Tandil y la familia argentina, otra piscina de aguas balsámicas. Y me sumerjo otra vez… Por orden de apariciòn, salen a escena Gastón, Dolo, Agustina e Isabelita, Lala, los dos hermanos Golden, “Gibson” y “Fender”, Santiago y Nadia, Felipe, Titán y su mujer Belén y las mellizas Ana y Júlia… De la soledad salto a las comidas y cenas de familia numerosa. Los lloros de los niños, los ladridos de  los perros y las risas de los adultos me producen un dulce aturdimiento y gano 1 kg, y gano 2, quizás 3… , y gano 4 sonrisas, y 5 y 10… Muda la piel, muda el caparazón, muda la cáscara…

De un tiro Gustavo me acerca a Mar del Plata, uno de los pocos rincones argentinos que no conozco y paseamos por el puerto con la brisa del mar en la cara. Las personalisimas casas de estilo marplatense que se hicieron los patricios argentinos hace casi un siglo van siendo abandonadas, derribadas y sustituidas por enormes modernidades de 30 pisos sin ninguna gracia… No me gusta. No lo puedo ni entender.

Paseando, ida y vuelta, casi 15 km de Costalera. Un pescadito para comer. Y más sonrisas, muchas más y de vuelta a Tandil. Y un paseo, y unas milanesas, y un paseo, y un asado, y otro paseo, y una picadita, y un paseo…

Y ya es hora de volver al Mundo. Me voy con olor a hogar y me cuesta irme, me cuesta mucho. Momento de intima tristeza, de nudo en la garganta, de nada más que decir. Pero si no llega el día de decir adiós no llegará el día de volvernos a ver, me digo. ¿Quien sabe?

Y vuelvo a Buenos Aires donde me espera Francisco, a quien conocí el año pasado en el lago Baikal. Y otro asado, este con nocturnidad, con 2 argentinos y un periodista guatemalteco en una casa antigua de San Telmo con grandes patios y anarquía recargada de sorpresas muebles y sabor porteño. Cada asado es un nuevo ritual de amistad con sus tempos, su fondo y su forma, y otra larga conversación sobre anécdotas viajeras, política, filosofía y sueños me tiran encima las 4 de la mañana.

Es ya domingo y de madrugada vuelo a Rio de Janeiro. Todavía alcanza para callejear por Microcentro en fiesta de guardar, chafardear en la Feria de San Telmo, una milanesa en la Gran Parrilla del Plata, un café con Pedro, otro bonaerense viajero y un último vistazo a Puerto Madero…despidiéndome de a poquito.

Ya estoy preparado para volver a navegar. Volver a caminar, volver a volar. Como siempre, puerto seguro, Buenos Aires ha cumplido.

Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrán mas penas ni olvido…”

Seguimos…

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2 Comentarios

  1. Preciosa descripción de buena amistad y lugar maravilloso. Cómo me encantaría conocer Buenos Aires! Quizás porque leí muchísimo a Julio Cortázar de joven, siempre esa ciudad ha tenido una especial atracción para mí. Gracias, por tu testimonio, Nacho.

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