Ecuador (y 5) La costa. Mompiche e isla Portete. Nada.

En Ecuador, la costa famosa es “Montañita”, el icono costero del país. Sol, playa, windsurf y juerga. Paso. Yo me voy hacia el sur, hacia Mompiche, en la provincia de Esmeralda, que dicen es lo que era Montañita antes del boom del turismo.

De Quito a Mompiche vienen a ser entre 10 y 12 horas de bus. El paisaje en el viaje ha cambiado sustancialmente. Ríos caudalosos, bosques exuberantes que se convierten en selva y, al final un pueblecito playero de lo más básico. Esencialmente cabañas y calles embarradas. Tomo posesión de mi habitación y no me da tiempo más que para ver un final de atardecer ya oscuro. Pero el lugar promete.. 

Por la mañana salgo a la playa justo cuando llegan lo pescadores de levantar las redes. Están sacando y limpiando el pescado. La fiesta pajaril está servida. Parece que todo el pueblo está aquí y la atmósfera tiene para mi un no sé qué de en blanco y negro, de pasado perdido. 

Me voy por un sendero hasta el cementerio. Los muertos aquí tienen el mejor mirador del pueblo. Bonita vista pero… esto está muy solitario y aquí hay gente que no quieren que se les moleste así que me voy con viento fresco y reconozco que con un poco de prisa. Andar por camposanto no me gusta. No me gusta nada. Hace bochorno y los mosquitos se divierten conmigo. 

Y me voy hacia Playa Negra. No había visto nunca una playa de arena negra. O no recuerdo. Está prácticamente desierta y paseo con sensación de exclusividad y privilegio acompañado de unos cangrejillos y olor a mar.

Camino y van pasando escenas por los sentidos y las meninges… 

… Me vuelvo al pueblo. Han sido 2 horas y media de paseo y mato el hambre con un arroz de pescado y marisco impensable allí, en casa, por prohibitivo. De lo que hay menos es de arroz…

… Un chaval juega orgulloso con un cochecito que se ha hecho con 4 ruedas de tapones de plástico y una botella de coca cola. Otro juega en la playa con 2 tazas y la arena. Será su ratito de fiesta porque aquí todos los niños ayudan en el negocio o trabajo de sus padres después de la escuela…

… Me quedo mirando como disfruta un perro bañándose en la orilla del mar. Los perros, naturalmente, campan por sus respetos paseando por la calle con las gallinas. No creo que aquí sepan lo que es una correa o un bozal…

… Suena música salsera por todo el pueblo. A todo meter. A nadie le molesta. Todo el mundo sonríe y bromea. Aquí hacen vida en la calle. En las casas hace demasiada calor…

… Me siento bien, relajado porque la gente es amable, suave y servicial. No sólo con los forasteros, que hay muy pocos, sino entre ellos. Los pequeños con sus hermanos mayores, estos con los padres, los padres y los niños con los abuelos, todos con los clientes… Y paso por una casa de comidas y huele a patatas fritas de verdad, a las que comía en mi niñez… 

Sí, un lugar… poco civilizado. No se cuando nosotros ganamos civilización y perdimos todo eso. 

Un apunte. En Ecuador ya hay los primeros casos de coronavirus. Hasta aquí nos hemos enterado. Todo el mundo habla de lo mismo y las televisiones y radios han cortado las emisiones para desarrollar el temita con conferencias de prensa del gobierno y mesas redondas con ministra y sesudos tertulianos. Es increíble como los medios propagan la alarma y lo que le gusta a la gente el drama. 

Hoy me traslado a la isla de Portete. Un par de días en una isla parece buena forma de acabar un viaje. Está aquí al lado. Me tiro la mochila a la espalda, camino como una horita, cojo una lancha hasta la isla, allí otra caminata por la playa y ya estoy en la cabaña que he reservado para un par de noches. 

Y en la isla la marea está baja. La playa es larguísima pero la dejo para después de comer. Un “encocado”, pescado y camarones con una salsita de tomate y coco, me deja ya arreglado para todo el resto del día. 

Me pateo toda la playa y de vuelta me meto en una especie de manglar- palmeral. Error, porque voy con traje de baño y chancletas, es decir, con las piernas a la vista, y mis piernas, y no lo digo porque sean mías, son tremendamente atractivas por lo que enjambres de mosquitos se lanzan a ellas como a la miel y yo, incapaz de contener su entusiasmo, me vuelvo a la playa más corriendo que andando.

Luego entro hacia un pueblecito de la isla. Veinte o treinta cabañas, arena, una plaza y una escuela. No veo iglesia. Nada. Cinco niños en la única calle jugando a saltar la cuerda. Otros tantos en una casa charlando. Un par de hombres arreglando una valla, otro cortando cocos y 3 señoras hablando en un único colmado con 4 cosas en venta. Y los mosquitos que todavía me siguen. 

La cabaña donde me alojo es el perfecto refugio, el único, contra esos fanáticos bichos y ya atardece así que me retiro a disfrutar de la absoluta nada o, lo que viene a ser lo mismo, la absoluta paz que hay en este lugar. Es todo silencio. 

Y nada es lo que hago todo el día y toda la noche siguientes disfrutando de la isla. El tiempo es hoy lluvioso, muy gris, tiempo de monzón, al fin y al cabo estamos saliendo del invierno y entrando en la primavera. Sopla viento del norte y las palmeras se bambolean. Ni rastro del sol. Desayuno tranquilo, paseo, un pescadito frito, escribir, pensamientos… Nada. En viaje también hay momentos de gustoso Nada. 

Un día mas de vuelta en Mompiche, otro más de paseos y organización en Quito y se acabó. Se acabó Ecuador, se acabó Sudamérica y se acabó este viaje que empezó hace más de 8 meses. Via Portugal todavía tardaré casi 3 semanas en llegar a casa, pero ya me voy acercando. 

De Ecuador, ¿qué mas decir? Pues creo que ya lo he dicho pero lo vuelvo a repetir: no he visto gente más cariñosa que los ecuatorianos…

¡Hasta lueguito Ecuador! 

… Y seguimos. 

Show more
IMG_20200302_140207
Show more
IMG_20200302_175649
Show more
IMG_20200302_190301
Show more
IMG_20200303_103359
Show more
IMG_20200303_103717
Show more
IMG_20200304_120956
Show more
IMG_20200303_103901
Show more
IMG_20200304_121009
Show more
IMG_20200304_121108
Show more
IMG_20200304_121524
Show more
IMG_20200303_104527
Show more
IMG_20200303_125200
Show more
IMG_20200303_110124
Show more
IMG_20200303_110617
Show more
IMG_20200303_110914
Show more
IMG_20200303_115924
Show more
IMG_20200303_120433
Show more
IMG_20200303_120536
Show more
IMG_20200303_122110
Show more
IMG_20200303_132531
Show more
IMG_20200303_173826-01
Show more
IMG_20200304_121121-01
Show more
IMG_20200303_113151
Show more
IMG_20200304_130123
Show more
IMG_20200304_130149
Show more
IMG_20200304_143308
Show more
IMG_20200304_153540
Show more
IMG_20200304_153842
Show more
IMG_20200304_154000
Show more
IMG_20200304_154037
Show more
IMG_20200304_160141
Show more
IMG_20200304_160343
Show more
IMG_20200304_164440
Show more
IMG_20200304_183728
Show more
IMG_20200304_164729
Show more
IMG_20200304_183755
Show more
IMG_20200304_182632
Show more
IMG_20200305_155657
Show more
IMG_20200305_155737




Ecuador (4) Cuenca. Parque Nacional Cajas. Pompas de jabón.

¡Anda! No he escrito nada todavía sobre la colonización de Ecuador… Bueno, más de lo mismo. Atahualpa, el Inca de aquel entonces, decidió entrevistarse con Pizarro. Este lo hizo prisionero, exigió un rescate en oro y plata a sus súbditos y, cuando lo pagaron, se lo cargó. La palabra es la palabra y el honor es el honor.

A partir de ahí, guerra y más guerra. Y evangelización, claro, porque, como siempre, lo que más interesaba a los colonizadores era conseguir hacer llegar la palabra santa a los indígenas ecuatorianos…

Me parece que ya he dicho que los ecuatorianos son más bien pequeñajos pero parece ser que matones y, desde que consiguieron la independencia hace 200 años, las cosas no han mejorado mucho y han tenido como un centenar de gobiernos, muchos de ellos militares o concordantes, que ya se sabe que son gobiernos sesudos y liberales. Toca a un gobierno cada 2 años. 

Ya en Cuenca. Una serie exponencial plaza-iglesia en extensa sucesión. De todas formas, esta sí es una ciudad elegante, con personalidad y desarrollada con criterio y gusto. Sí. ¡Por fin!

Es domingo otra vez y, para celebrar la fiesta de guardar, esta vez elijo un café tipo americano elegantillo. Fish&chips y un vaso de vino tinto. Y, después de un corto paseo por la bonita zona del río, toda la tarde dominguera de recogimiento espiritual y reposo que yo mismo me prescribo sin necesidad de facultativo alguno. Las tardes de domingo son un clásico del “dolce far niente” . Creo recordar que dicen que hasta Dios descansó y yo, que tengo ya averías como para un parte de guerra, no tengo más remedio ni lo quiero. Me he comprado pan, atún, aguacate, tomate y cebolla para no tener que salir ni a cenar. 

El lunes continúan las vacaciones de carnaval y la ciudad sigue colgada en domingo y se convierte en un refugio para descansar y lamerme las heridas. Esta noche las picadas no me han dejado dormir. 

Cuenca es, ahora, una ciudad “amplia”, vacía. Me siento bien. Llueve suave. Paseo y paseo por la ciudad buscando “perlitas”. Arte urbano, un balcón con flores, un edificio con historias de ayer, enamorados bajo un paraguas… Caza de sensaciones sin màs pretensión. Como y ceno bien y paso horas en el hostel preparando los mil asuntos pendientes que me esperan en casa. Pausa. 

Al anochecer, a lo lejos veo las montañas entre brumas del Parque Nacional Cajas. Aunque sea sólo a dar un paseito y en chanclas habré de ir.

Me cojo el bus hasta la laguna Toreadora. Me adentro en el Parque y luego doy la vuelta a la laguna. Es bonito, muy bonito, un lugar donde se han fundido la tierra y el agua. Lo disfruto, pero no puedo caminar más de 3 horitas. Ya está bien. Las picadas en el tobillo, mi agotamiento y estar a casi 4.000 metros de altitud no me dejan más margen para estos parajes. 

A las 4h estoy de vuelta y paso la tarde en casa de Alejandro y Sol. Alejandro es el barman del hostel y hemos hecho relación en los desayunos. Argentino, no te diré más. Sol es su compañera, también argentina, patagona de Neuquén. Son un par de jóvenes educados y viajados y la tarde me pasa volando hablando de todo y de nada. Ahora han echado anclas 6 meses en Cuenca, pero en seguida volverán a viajar. Son pájaros. Lo he pasado bien. Es una de esas relaciones en viaje, como pompas de jabón y sin tiempo para sacarle todo el provecho que se merecerían.

Y después me voy a un chino. Si, a un restaurante chino. Para quien todavía no lo haya notado, mi valentía raya con la temeridad y decido cenar en un restaurante chino a pesar del coronavirus y de la cara de malos que tienen todos los chinos. Es lo único que he encontrado abierto. Y ceno, mal, pero no me pasa nada grave. 

Amanece y es miércoles. El Carnaval se acabó y Cuenca despierta ya como la ciudad activa y moderna que es. Todos los locales están ya abiertos y las multitudes van de un lado a otro. Todo recupera su normalidad, mis picadas están ya curadas y yo… levanto el campamento. 

Me voy a Píllaro, un pueblecito cerca de Ambato donde en enero se celebra una famosa diablada. Voy a buscar una máscara para mi colección y eso, al tener que hablar con mucha gente, me permite inmersionar en la sociedad ecuatoriana.

Decía Humboldt  que “los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste.“ Bueno, algo de cierto hay…

Pero la característica mas “especial” de los ecuatorianos es otra: no saben decir “no”. Tal cual. Les cuesta, les suena duro. Culturalmente, para un ecuatoriano decir “no” es casi insultante, y que les digan “no” es algo así como irrespetuoso, maleducado. Eso trae problemas como cuando preguntas por una calle o cómo llegar a un destino. Jamás dirán “No lo sé” . “De repente, quizás debería ir usted hacia allá, unas 4 cuadras y preguntar a otro vecinito por si fuera mejor dar un rodeito hacia otro lugarcito”.

Sí, los diminutivos son lo suyo, es para ellos delicadeza y cariño: “Hola amiguito ¿Como le fué? ¿Estas buenito? Listo, estimado, hasta lueguito”. 

Pero no les toques lo que no suena ¿eh? Son brutotes. Leo en una pared: “Zona vigilada. Ladron cojido será linchado”. Clarito como el aguita.

Como también lo gastronómico es inmersión, ceno un Sancocho de pollo, un caldo que sienta de miedo, y estofado de carne con plátano frito, ensalada y arroz. Bueno, bueno.

Y, naturalmente nuevas adquisiciones para la colección que espero lleguen a casa sanas y salvas. Con las gestiones por las máscaras he hecho nuevos amigos en Píllaro, quizás más pompas de jabón, quizás no. Las aficiones comunes unen. Para despedirme, al atardecer vamos con Ítalo y Nestor, ambos estudiosos y artesanos de las máscaras pillareñas, al Monumento a la Resistencia Indígena, un mirador con magníficas vistas del Tungurahua, el Chimborazo, los Ilinizas y todo ese inconmensurable paisaje que Humboldt llamaba La Avenida de los Volcanes. Allí nos tomamos una botella de Aguita de Puerco, un macerado de moras que obtienen con una técnica entre la destilación y la fermentaciòn. Me explican el proceso con detalle pero no sabría repetirlo…Ya nos habíamos pulido la botella y no llevo bien el alcohol.

Paso hoja. Voy a conocer algo que me falta de este país: la costa.

Show more
IMG_20200223_095143
Show more
IMG_20200223_095203
Show more
IMG_20200223_104800
Show more
IMG_20200223_112358
Show more
IMG_20200223_112444
Show more
IMG_20200223_112555
Show more
IMG_20200223_114716
Show more
IMG_20200223_121413
Show more
IMG_20200223_120249-01
Show more
IMG_20200223_123359
Show more
IMG_20200223_142928
Show more
IMG_20200224_163750
Show more
IMG_20200224_164349
Show more
IMG_20200224_164600
Show more
IMG_20200224_164717
Show more
IMG_20200224_165008
Show more
IMG_20200224_165407
Show more
IMG_20200224_165616
Show more
IMG_20200225_120335
Show more
IMG_20200225_120558
Show more
IMG_20200225_123929
Show more
IMG_20200225_124154
Show more
IMG_20200225_124704
Show more
IMG_20200225_125134
Show more
IMG_20200225_130020
Show more
IMG_20200225_130649
Show more
IMG_20200225_132959
Show more
IMG_20200225_133146
Show more
IMG_20200225_135149
Show more
IMG_20200225_135204
Show more
IMG_20200226_113435
Show more
IMG_20200226_112302
Show more
IMG_20200226_113703
Show more
IMG_20200227_111834
Show more
IMG_20200227_122454
Show more
IMG_20200227_141735
Show more
IMG_20200228_173048
Show more
IMG_20200228_173224
Show more
IMG_20200228_180449




Ecuador (3) Baños de Agua Santa. Erupciones. A contracorriente.

A finales de 1.999, por orden del Presidente de la nación, el ejercito evacuó a todos los habitantes de Baños de Agua Santa porque, decían, el volcán Tungurahua iba a entrar en erupción. En realidad ese volcán siempre está en contenida pero activa erupción. 

Cierto es que el Tungurahua, en Octubre, estaba en una de sus fases más virulentas arrojando, no sólo cenizas, sino también lodo y todo tipo de material piroclástico, pero los baneños están acostumbrados al comportamiento irascible de su activisimo vecino que, en realidad es el mayor “culpable” del éxito turístico de la ciudad y, por tanto, del medio de vida de más del 90% de la población. 

El olvido en el que el gobierno tenía a los evacuados, que debieron buscarse la vida y refugiarse dispersos con familiares y amigos en todos los rincones del país, y la noticia de que algunos militares aprovechaban la evacuación para desvalijar impunemente sus casas y negocios, colmó la paciencia de la gente y el 5 de Enero del año 2.000, recién estrenado el siglo XXI, volvieron a la fuerza a su ciudad sin que los militares lo pudieran evitar. Y el volcán, como siempre, no pasó a mayores.

Quizás un día, como en la fábula del lobo, la gente hará caso omiso de avisos bienintencionados y fundamentados y ocurrirá una verdadera desgracia.

Una patrulla del ejército da el alto a mi autobús y nos hace bajar a todos. ¡Ya estamos! Una fila de hombres y una de mujeres y entre varios soldados en uniforme de combate y metralleta en ristre nos cachean, registran mochilas y comprueban documentos. El soldado que revisa concienzudamente mi pasaporte, un niño, le dice a otro: “Sí, está vigente”. Pues qué bien. Me mira la mochila y me pregunta: “¿Que lleva, comida?” Le contesto: “Pues y ropa, y un poco de todo. Con eso viajo”. “Ah”, me dice. 

Y arriba a continuar viaje. Una escena un poco ridícula. 

Baños es un pueblo rodeado de montañas, un pelín más arreglado que los que he ido viendo pero tampoco ninguna maravilla. Aquí los pueblos y ciudades no guardan el menor orden estético y no tienen ninguna gracia. Mañana me voy a hacer senderos. 

Un sendero natural complicado, por barro y desnivel, me lleva primero a la estatua de la Virgen de Ventanas y, después, a la “Casa del Árbol”. Y vuelta al hostal por otro camino completando un círculo a través de toda la montaña. Bonitas vistas de la ciudad, montañas y volcanes y 4 horas y pico de ejercicio a tope. Mi hernia encantada de la vida. 

Me han asaetado los mosquitos. Especialmente los tobillos. No entiendo como se han podido meter hasta ahí. Los mosquitos son quizás la peor pesadilla de los viajeros y considero su existencia uno de los argumentos más difíciles de rebatir a favor de los ateos. Cuesta pensar en un ser divino tan retorcido como para crear esos bichos tremendamente molestos, transmisores de enfermedades y difíciles de matar. ¿Cual podría ser la razón para crear “eso”? ¿Demostrar al ser humano lo poca cosa qué es? Bueno, supongo que la respuesta es que los caminos de Dios son insondables y sus razones incognoscibles para los simples mortales. 

En el alojamiento hacen un “tratamiento” típico de la zona volcánica que llaman “baño de cajón”. Te sientan en una especie de compartimiento de madera tipo sauna, de donde te sobresale solo la cabeza, a sudar durante unos 10 minutos, te sacan y te dan una ducha de agua helada. Y así 4 veces consecutivas. Después te dejan en un jacuzzi calentado a fuego de leña hasta que te pones como una uva pasa, todo asomo de stress se te ha ido por los poros y la circulación de tu sangre es un largo río tranquilo. Si sobrevives, claro. 

Le pregunto al encargado del hostal cuánto pagan por dejarte hacer eso y me dice que nanai, que cobran 5$. Me curiosea. Hoy no, pero voy a pensármelo. Nunca me hago cosas de esas que dicen que son tan saludables. 

Amanezco con los tobillos hinchados y alguna de las picadas se han infectado y convertido en ampollas. Parece que yo también estoy en erupción. El escozor es tremendo y no es asumible ni el roce de unos calcetines. Realmente dañinos estos mosquitos ecuatorianos. Imposible caminar con botas. Parada obligada. No hay otra. Supongo que no serán más que un par de días. 

Baños es demasiado turístico para mi. Montañas, cascadas y ríos han sido transformados en circos para practicar todo tipo de actividades lúdicas regladas en plan tours supuestamente aventureros. Pueden ser cualquier cosa menos naturales: puenting, canyoning, tirolinas, “experiencias” en la selva, bajadas de río con neumáticos y otros artilugios… Y quads, y karts y hasta trenecitos de esos que te pasean por la ciudad. No sé. A mi es que todo eso no me va nada. Ya estamos en las vacaciones de carnaval y familias enteras invaden los lugares como éste. Aparcan al abuelo, unos distraen al niño y otros se van a esas “aventuras”. A mi las cosas cuanto más sencillitas mejor y cuanta menos gente más contento.

Entre esto y mis criminalmente lesionados tobillos no tiene sentido quedarme aqui asi que, si los de la ciudad se van al campo y la playa, yo me voy a la ciudad. A contracorriente se vive muy bien y dicen que Cuenca es preciosa… 

… En cuanto al Baño de cajón… Mira que curioso, me di una ducha de agua calentita, que al fin y al cabo es la misma agua, y se me quitó totalmente la curiosidad. Ademas, por el mismo precio, a cambio hoy me he zampado un “Baneño”, un plato de la zona con estofado, camote con salsa de pepa de zambo, una especie de patata con salsa de frutos secos, arroz, huevo y platano fritos y un juguito de frutas. Delicioso. Llámame cobarde… 

Show more
IMG_20200219_095429
Show more
IMG_20200219_163516
Show more
IMG_20200219_162419
Show more
IMG_20200219_163753
Show more
IMG_20200220_105923
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200220_142916
Show more
IMG_20200220_140217
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image-04
Show more
IMG_20200221_112516
Show more
IMG_20200222_131236




Ecuador (2) La ruta Quilotoa. De Latacunga a Sigchos. La paz vive por aqui.

Me estoy encontrando muy poco extranjero y es curioso que el que encuentro, en buena parte, habla español. Cada vez se habla más español en el Mundo y me temo que es mas por la Shakira, el “Despacito” y lo barato que es la América “española” que por Cervantes y la misma España. Allí todo está muy caro pero, aquí, un buen viajero se tira 1 año viajando por 4 duros y encima aprende un idioma.

Latacunga estaba ubicada en un frondoso valle rodeado de majestuosas montañas y tiene un centro histórico grandioso, con plazas y edificios monumentales además de, naturalmente, las consabidas iglesias coloniales. Hoy en día el conjunto es de lo más feo y el desarrollo urbano ha sido un desastre.

Un mural en una pared recuerda mejores tiempos bajo un soberbio lema: “Latacunga, patrimonio de siglos”. Una mirada desde arriba de la ciudad evidencia que ese patrimonio se ha dilapidado en menos de un centenar de años. Apenas algunas gotas verdes salpican el triste gris cemento mezclado con el negro del cableado que decoloran el horizonte. 

¿Que ha pasado en el siglo XX que se han hecho tan mal las cosas? 

Ya hace 200 años que Humboldt dijo: “Creo que el ser humano está violando a la Naturaleza”. El fué el primero que predijo el cambio climático y hoy los hay que todavía lo niegan y la mayoría actúan como si les importara un pimiento.Y el proceso parece imparable. Es descorazonador.

En Latacunga muchas tiendas de chorradas, restaurantes de comida carnívora por todos lados e indígenas de chal y sombrerito con pluma de pavo real sobreviviendo en la calle convertida en mercado sin gracia, orden ni concierto. “Mi señor…” , “Caballero…”, “Caramelitos, caramelo, chiclecitos!”, “Habitas, maní!” “¡Chocolate!”, “Papas, papitas con pollo, 1 dolarito!”, “¡Cañas, cañitas, chochitos!”…

… Yo me voy de aquí. 

Zumbahua. Mejora el tema… un poco. Ya en el autobús, subiendo a las montañas por un bonito loop, vas viendo que la Naturaleza se va adueñando de la situaciòn pero el pueblo, Zumbahua, es más de lo mismo. Feo. Dejo mochila y, para aprovechar el domingo, me subo a una camioneta y me voy a ver la laguna Quilotoa, a 12 km.

La laguna en si es una maravilla, pero turistificada a tope. Se puede visitar desde Quito en una excursión de un día y está lleno de turista americano pijo con anorak de Kalvin Klein de paso hacia Galápagos. Los traen aquí en coche, bajan a pie y les suben a caballo o burro. Con 40 años. Y uno se pregunta ¿para que creerán que les han puesto piernas? 

Para bajar, 45 minutos por un sendero arenoso y resbaladizo de pendiente considerable. Me busco un lugar solitario para disfrutar del verde lago en paz. He tragado mas polvo que una hormigonera. La caballería es lo que tiene. La subida, una horita y media que se hace dura. 

Total, visto está pero no le doy ninguna nota. Naturaleza domesticada. Excursión dominguera. Habrá que alejarse màs de los circuitos trillados. Claro que, para paz, cimas de alta montaña y de eso aquí hay un montòn. Pero no. Estoy en desaceleración. He llegado a ese punto de no retorno en que no recupero.

Hoy dormiré en Zumbahua y mañana temprano me voy a Chugchilán. 

En Chugchilán, no hay ya más que indígenas. Encuentro un hostal de montaña solitario que ni pintado, todo madera con unas vistas magníficas al cañón del Toachi y las montañas que lo escoltan. Un viento huracanado da una sensación de lugar recóndito. Soy el único cliente. Buscaba paz y creo que vive por aquí. 

Subo hacia las montañas para hacer una travesía circular que me aconsejan en el alojamiento. Las vistas desde lo alto se magnifican y la especie de mural divino que tengo ante los ojos sobrecoge. 

Me desvío por una canal que no existe en el GPS y me asomo al “Bosque nublado” pero no bajo porque, realmente, el nombre es hipertextual y el lodazal del camino está lleno de mosquitos y con pinta de haber otras bestias más larguiruchas. No juego. 

Vuelvo a tomar el camino y llego a una aldea, Chinalo Alto, un lugar sin ningún sentido, un conjunto de… habitáculos, una iglesia, una escuela y una torre eléctrica. Ni un alma a la vista. Hay un par de fábricas de queso por aquí y supongo que eso es lo que justifica la colonia en cuestión. Hay muchos lugares como este en el Mundo, aislados, atemporales, más de pesadilla que de sueño. 

Han sido 5 horas de camino. De vuelta a mi hostal solitario. Hace fresco y me relamo pensando lo bien que dormiré esta noche entre mantitas…

Hoy toca travesía hasta Isinliví, unos 12 kilómetros, mitad subida, mitad bajada, 12 kg de peso en la mochila. La caminata es guapa, paisajes preciosos y sin una dificultad exagerada. Quizás el ultimo tramo, 1 km de bajada y otro de subida son un pelín cabroncetes pero la majestuosidad de la Naturaleza te distrae de cualquier dificultad.

Son 5 horas, nada bestia pero al llegar, duchándome, me doy cuenta que tengo otra hernia. Y digo otra porque ya son un clásico en mi. Creo que ya me han operado 2 ò 3 veces de hernias recidivas. Entre pitos y flautas ya he pasado mas de 10 veces por quirófano. Ni sabría contarlas porque hasta se me superponen cicatrices. Siempre de lio en lio. Esto me va a retrasar los planes.

Isinliví son 2 hostales y diez casas entre montañas. El hostal, otra gozada de tranquilidad y la cena, incluida en el precio, deliciosa. O quizás es el hambre que tengo. Ducha fría, eso si. Pero el pueblito es de fábula, no para vivir, ¡Dios me libre!, pero para una noche es magnífico. Ni los perros se atreven a ladrar. De noche, un cielo impoluto hace alarde de todas sus estrellas. Una pasada. 

Para mi se acabó la ruta Quilotoa, en realidad ya lo he visto todo y más. Solo queda llegar a Sigchos y casi todo el camino es carretera así que mañana me pillo un bus o camioneta y me lo tomo con calma. Con un poco de suerte llego pronto a Latacunga de vuelta y me puedo ir mañana mismo hacia Baños, mi próximo destino. El nombre completo es Baños de Agua Santa. Eso es lo que necesito yo. 

Show more
IMG_20200215_120752
Show more
IMG_20200215_121144
Show more
IMG_20200215_114253
Show more
image
Show more
IMG_20200215_164630
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200216_130840
Show more
IMG_20200216_131649
Show more
IMG_20200216_134841
Show more
IMG_20200216_141628_1
Show more
IMG_20200217_085555
Show more
IMG_20200217_080950
Show more
IMG_20200217_132500
Show more
IMG_20200217_124112
Show more
IMG_20200217_133144
Show more
IMG_20200217_133257
Show more
IMG_20200217_140401
Show more
IMG_20200217_145752
Show more
IMG_20200218_113616
Show more
IMG_20200218_112800
Show more
IMG_20200218_112443
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200218_132736
Show more
IMG_20200218_123923
Show more
IMG_20200218_140617
Show more
IMG_20200218_153247
Show more
IMG_20200218_155854
Show more
IMG_20200218_174846
Show more
IMG_20200218_175126




Ecuador (1) Quito. Latitud 0º 0′ 0″. La Mitad del Mundo.

Quito, Ecuador.

Uno podría imaginarse que si viajas a Ecuador es para conocer el legendario archipiélago Galápagos. No será mi caso. Ir a Galápagos es caro, voy pasado de presupuesto y, sobre todo, dicen, allí todo está extraordinariamente reglado y las reglas no me van mucho. 

Prácticamente todo Galápagos es Parque Nacional y parece que ir solo a conocer las islas es misión imposible. Y si hay otra cosa que me de más alergia que las reglas, son los tours organizados. Me suena a Parque temático así que, por ahora… Paso de Darwin. Quizás en otra ocasión. 

En Ecuador quiero seguir los pasos de otro extraordinario viajero y naturalista: Alexander von Humboldt. Fué él quien, en su obra Cosmos, escribió: “La región montañosa cercana al Ecuador… es la zona más pequeña de la superficie de nuestro planeta en la que se observa mayor diversidad de la naturaleza”. Vamos a verlo. La Naturaleza sí es lo mio.

Desde luego no haré un viaje tan duro como el de Humboldt. Él pasó aquí 8 meses, subió al volcán Pichincha, intentó, sin llegar a cima, el volcán Chimborazo y estudió la flora y fauna de Ecuador en las zonas de Riobamba, Cañar, Cuenca, Baños, Loja, Tambo… Y todo eso recién nacido el siglo XIX, que entonces si era difícil viajar..

El mio espero que sea un viaje relajado y tranquilo. Estoy agotado y no doy para esfuerzos fuera de lo normalito. O lo normalito para mi, que muy normal no es. 

Y hablando de anormalidades tengo una cierta preocupación por el coronavirus que está en plena efervescencia. En los aeropuertos se ve mucha gente con máscaras para evitar contagios y es obvio que el ambiente viajero, hoy por hoy, es peligroso. Desconozco por donde han estado los viajeros con los que me voy encontrando en el camino. Es hora de prudencia e incluso evitaré en lo posible los dormitorios colectivos de los hóstels. 

Y en el hostal que he escogido en Quito tengo ducha caliente. ¡Tremendo! El placer de una ducha caliente es una barbaridad. Yo creo que la gente, a fuerza de hacer cotidianos los placeres como éste acaban quitándoles todo valor. Solo tiene valor lo escaso y algo que tienes cada día pierde capacidad de dar felicidad.

El caso del agua y la energía es más sangrante porque son bienes escasos que Occidente, en su soberbia y voracidad insaciable e insatisfecha, gasta como si fueran inagotables. Y mientras sobra agua y luz falta felicidad y la depresión, la peste del siglo XXI, se propaga sin freno. Quizás, un día, en un Mundo de gente triste y vacía, caerá la ultima gota de agua. Y haré un ruido estruendoso.

Pues eso, que cada uno haga de su capa un sayo. 

El centro histórico de Quito es bonito, muy bonito. Un apelotonamiento de iglesias y edificios coloniales, plazas y calles llenas de historia y color. El resto, una sucesión de barrios de distinta clase y posición que suben por las colinas vistiendo para siempre el bosque de ciudad. Subo a ver la Virgen del Panecillo, tropecientas escaleras que se premian con las mejores vistas de la ciudad. Una ciudad agotadora, todo arriba y abajo, pero recorrerla es gustoso. Las iglesias tampoco son lo mío pero San Francisco, las catedrales y la Iglesia de la Compañía de Jesús son… impresionantes hasta la exageración. Hay tantísima pasta alrededor de las religiones… No digo más. 

Ecuador me parece que será un buen lugar para engordar porque su gastronomía es variada y deliciosa. Menús de mediodía pantagruélicos, parrilladas de carne, pescado, mariscos, el ceviche, las empanadas… Imposible pasar hambre. 

La gente es de raza muy india, amables, achaparraditos, presumidos pero feuchos, con todo respeto, y más dados a la seriedad y el drama, como los angustiosos titulares de los periódicos demuestran, que al baile y la música que también haberlos hailos… Son primeras impresiones. Total, acabo de llegar. Ya iremos viendo. 

Es vigilia de San Valentín y, aunque yo soy mucho mas de Sant Jordi, me compro un pastelito de chocolate, una media botellita de vino y pasamos, Nacho y yo, una agradable y feliz velada de organización de nuestro próximo destino. Cualquier excusa es buena para quererse a uno mismo. Es importante. 

Hoy me voy a ver La Mitad del Mundo, la ubicación exacta de la línea del Ecuador, y a Pululahua, una caldera volcánica habitada. Creo que no hay ninguna otra en el Mundo. Para vivir dentro de un volcán hay que tener… humor. 

Dos horas de autobuses y media hora a pie me llevan al cráter del Pululahua. Desde el mirador, la niebla da la impresión que bajas al infierno pero es un espejismo porque el cráter es todo lo contrario. Es un valle frondoso salpicado de casitas, ganado y cultivos con una paz de paraíso bucólico. Aquí viven 54 familias pero el silencio es apabullante. Camino por todo el cráter con una sensación extraña, como de caminar por donde no se debe. Aunque no es mi primera vez, saber que éste es un volcán activo no es tranquilizador. 

Subo ya hacia el mirador de donde salí. Es una subida fuerte, desde los 1.800 metros hasta los 2.800. El sendero, que de bajada era resbaladizo, de subida se vuelve esforzado y se me hacen las 3 de la tarde sin darme cuenta. 

Sigo caminando ya por carretera de vuelta a la ciudad y me planto justo en la línea del Ecuador. ¡Ya estoy en la latitud 0º 0′ 0″! ¿Y que hay allí? Pues nada, un monumento faraónico de dudoso gusto y una serie de “atractivos turísticos” con pretensiones más o menos científicas y culturales. Se puede uno ahorrar los 5$ de entrada al parquecillo si no hay curiosidad por el asunto pero, pasar por ahí, yo creo que en una Vuelta al Mundo hay que pasar. Hecho pues. 

Ya he caminado mis 5 buenas horas asi que me vuelvo para el hostal. Mañana, tempranito, capítulo nuevo. Rumbo a Latacunga. Es la zona de la ruta Quilotoa. 

Show more
IMG_20200213_075530
Show more
IMG_20200213_095911
Show more
IMG_20200213_100422
Show more
IMG_20200213_100508
Show more
IMG_20200213_102821
Show more
IMG_20200213_103341
Show more
IMG_20200213_181204
Show more
IMG_20200213_104619
Show more
IMG_20200213_114136
Show more
IMG_20200213_112214
Show more
IMG_20200213_112227
Show more
IMG_20200213_171746
Show more
IMG_20200213_181508
Show more
IMG_20200213_104435
Show more
IMG_20200213_103552
Show more
IMG_20200213_200043
Show more
IMG_20200213_101326
Show more
IMG_20200213_101337
Show more
IMG_20200213_103831
Show more
IMG_20200213_172508
Show more
IMG_20200213_172237
Show more
IMG_20200213_103900
Show more
IMG_20200214_120325
Show more
IMG_20200214_120740
Show more
IMG_20200214_121836
Show more
IMG_20200214_120447
Show more
IMG_20200214_123608
Show more
IMG_20200214_123452
Show more
IMG_20200214_124251
Show more
IMG_20200214_125637
Show more
IMG_20200214_132236
Show more
IMG_20200214_130704
Show more
IMG_20200214_130614
Show more
IMG_20200214_144219
Show more
IMG_20200214_142143
Show more
IMG_20200214_144036
Show more
IMG_20200214_161815




Colombia (y 7) San Andrés y Providencia. Vida perra.

Me duelen las lumbares. No es que me extrañe. En los últimos 225 días no he dormido en una misma cama mas de 5 días seguidos. Esterillas, madera, colchones duros, colchones blandos, hamacas, sillas, sillones… Sano no puede ser. Y la mochila a cuestas… 

A veces me pregunto si el vivir tan intensamente, o tan rápido, o tanto, o tan diferente, o como quieras decirlo, me quitará años de vida. No sé. El cuerpo no deja de ser una maquinaria y cuanto más lo usas más lo gastas. Y al mio lo llevo de cráneo, pobrecillo. No sé. No me aferro a la vida. La muerte no me asusta. Me gustaría vivir eternamente, aunque los vampiros dicen que es muy cansado, pero va ser que no. Así que… ajo y agua. Al fin y al cabo, morir de vivir mucho no parece una mala causa de muerte…¡Anda! Ese sería un bonito epitafio: “Murió de vivir mucho”

En 1510 España tomó posesión oficial de San Andrés y Providencia pero no promovió asentamientos en ellas lo cual fue aprovechado estratégicamente por sus enemigos históricos. Hacia 1.630 estas islas fueron refugio de piratas desde donde atacaban barcos y ciudades del Imperio español. La colonización la dirigió una empresa británica, y no el propio Estado. La empresa se llamaba, nada màs y nada menos que “Company of Adventurers of the city of Westminster for plantation of the islands of Providence or Catalina, Henrietta or Andrea and adjacent islands lying upon the coast of America”. ¡Toma candela!

Sir Henry Morgan, el Pirata Morgan, tuvo su base militar en San Andrés con el respaldo del gobernador de Jamaica y la Corona británica y siempre en contra de España. Se le atribuyen ataques marítimos contra Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Maracaibo, Portobelo, Santa Marta y Panamá. A los españoles no les caía nada bien.

Un apunte. Impresionan los registros antidroga en el aeropuerto de Bogotá. Los típicos más hacer poner a todo el pasaje en una fila y dejar delante tu equipaje de mano mientras un perro pastor alemán olisquea por todos los rincones. Los tuyos y los del equipaje. No deja de ser curioso y alentador que, en pleno siglo XXI, no exista nada más preciso que un perro para ayudar a la especie humana en la lucha contra la delincuencia. Odio los robots y concordantes. Punto y aparte y vuelvo al tema. 

San Andrés es, en su capital y centro, un típico pueblo de turismo de playa con un mar de colores impresionantes y, en el resto de la isla, aldeas decrépitas y más playa y mar caribeño. Un poco parque temático en mi opinión. Me da tiempo, la tarde que llego, para un paseo de oeste a este de la isla, de Cove a Sound Bay, apenas 3 kilómetros, y volver a la casa donde me alojo haciendo un círculo hacia el norte pasando por “Piscinita”. Y, a la mañana siguiente, para dar una vueltecilla por el centro. 

Aquí tengo el primer contacto con los habitantes de estas islas, de negrísima raza negra, adustos, orgullosos y serios, hasta antipáticos diría yo. Con un swing inconfundiblemente isleño y un incomprensible dialecto, el criollo, mezcla de inglés, idiomas africanos y español con una sonoridad más cubana o jamaicana que británica. Esto no es Colombia en absoluto. 

Y ya estoy en Providencia, una isla en miniatura de 17 km². Pero no ha sido por arte de magia. Llegar aquí es montarte 15 minutos en una avioneta de juguete de las de santiguarse. Ahora entiendo porque me han pesado a la hora del check in. Soy una ayuda: 60 kg con botas y equipaje de mano lo que significa 57 a pelo. Más menos que más. Debería pagar mitad de precio.

A las 2 de la tarde, ya el primer día, he dado la vuelta a la isla, de sur a norte por el oeste y de norte a sur por el este. Son 5 horas por una carretera que bordea la costa con paradiñas en las 4 playas de la isla: Manzanillo, South West Beach, Agua Dulce y Almond. 

Me da para ver que aquí de lo que se trata es de tirarte en la playa. No hay más. Pasas kilómetros en que es difícil encontrar hasta una tienda abierta para beber algo. Algún grupo de casas de colorines, la mayoría destartaladas, corros de vecinos, muchos “rocos”, una especie de iguanas con corona más de cabaretera que de reina,  y eso es todo. En la “capital”, por llamarla de alguna manera, Old Town y Freetown, un pequeño puerto, un par de tienduchas, otro par de colmados y cuatro casas de comidas. O tres. Muy desabrido y aburridillo peeeero…

Después del paseo vuelvo a South West Beach, a un chiringuito al que he echado el ojo al empezar la caminata y allí… Allí de entrada me tiro al mar caribe y el placer me entra por todas las terminaciones nerviosas como electricidad pura y dura. ¡Madre de Dios y del Amor Hermoso!! Templada pero refrescante, muy salada, calma total, limpia y bonita como la madre que la parió… el no va más. Pero va más porque, después del chapuzón, me meto entre pecho y espalda un combinado de langosta, pargo, arroz de coco y patacones de plátano con música reggae y samba, dos cervezas heladas y… Me quedo como extasiado pensando que he hecho yo para merecer esto.

Muy poca gente. Menos de medio centenar de personas en 2 kilómetros de playa paradisíaca. En toda la isla desembarcan no más de 30 ò 40 personas al día así que creo que es de lo más parecido a una isla desierta que hoy en día puedes encontrar en el Mundo. Con este sol, este mar y, encima, estas posibilidades de comidas exquisitas, bebidas frías y música guapa a precios de ataque de risa… No busques.

Son las 4.30 de la tarde, me revuelco más que me meto otra vez en el agua y me retiro al tugurio de caserón en el que me alojo que, bien visto, me parece ahora un palacete versallesco. Me doy una ducha fresquita y… Pà que quieres más. Respiro hondo.

Hoy subo a “The Peak” , el punto más alto de Providencia, 350 metros de monte boscoso en una caminata de 7 km de ida y vuelta, dos horitas para ver la isla a vuelo de pájaro. Aquí se supone es donde los vigías avisaban a Morgan para que preparara zafarrancho de combate en cuanto atisbaban un barco español. Y después, a la misma playa y el mismo restaurante, vida perra, perra vida, como mañana y pasado, porque más no hay, ni ninguna falta que hace.

Y así 4 días, sin mas preocupación que no quemarme porque a la espalda no me llego para ponerme crema. Vuelta a San Andrés, 24 horas, de ahí a Bogotá, cuatro cosas que solucionar para seguir camino y, en el camino…

Ecuador espera.

Show more
IMG_20200204_160211
Show more
IMG_20200204_162758
Show more
IMG_20200204_163326
Show more
IMG_20200204_170005
Show more
IMG_20200204_174101
Show more
IMG_20200205_121736
Show more
IMG_20200205_121323
Show more
IMG_20200205_121848
Show more
IMG_20200205_121801
Show more
IMG_20200205_152611
Show more
IMG_20200205_153022
Show more
IMG_20200205_154049
Show more
IMG_20200205_174602
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200206_132103
Show more
IMG_20200207_165144
Show more
IMG_20200207_130617
Show more
IMG_20200207_171100
Show more
image
Show more
IMG_20200206_092851
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200206_093659
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200207_105747-01
Show more
IMG_20200207_171131
Show more
IMG_20200207_111141
Show more
IMG_20200207_112554
Show more
IMG_20200207_113039
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image

 




Colombia (6) Salento. El Valle del Cocora. Y Bogotà… de paso.

Salento es un extraño pueblo que se me antoja como una caricatura del progreso. Debió ser precioso, con una gran plaza y casas pintadas con vivos colores, situado en un valle frondoso y rodeado de magníficas montañas. Ahora es lo mismo y en la misma localización, obviamente, pero totalmente abducido por el turismo. Todo, pero absolutamente todo, son restaurantes con el mismo menú y tiendas con la misma artesanía y ropa “típica”. Para acabar de camuflar su encanto han construido en medio, como enormes velas de pastel cumpleañero, unas torres eléctricas que dan miedo y el cielo queda rasgado de cables por doquier.

El ser humano no le ha quitado toda la belleza a Salento, pero lo ha intentado con verdadero ahínco. Como siempre. 

Aquí se trataría de largarse a las montañas pero el cansancio y la necesidad de reparar un par de averías en mi cuerpo abusado me dicen que pare. He de hacer cura de salud con un buen comer, mucho dormir y no más ejercicio físico que paseos cercanos y facilitos. 

Después de conseguir alojamiento ya es casi mediodía y, de entrada, me voy a probar el producto estrella de la gastronomía de El Quindio: la trucha. La hacen de todas las formas imaginables pero la tradicional es al ajillo y está de miedo. La marcan en la plancha y la untan con una pasta de ajo, perejil, cilantro y hierbas varias, la ponen en una especie de sartén con leche y la cuecen al fuego. Y la sirven con un patacón de plátano crujiente. Tremendo.

El resto del dia lo paso tirado a la bartola digiriendo el banquete truchero. Mi cura empieza como Dios manda. Mañana, sin exageraciones, debo ya dar un poco de máquina no sea que me malacostumbre. 

Desde luego, lo que no puedo dejar de caminar es el Valle del Cocora. La excursión es chula. Unos jeeps que hacen de enlace te llevan en media hora desde la plaza de Salento hasta el inicio del sendero que da la vuelta al valle en una bonita travesía circular. Es una caminata fácil pero no aburrida. No le faltan sus subidas y bajadas, un bosque húmedo con barro resbaladizo bien pateado por mulas, piedras, cantos rodados y puentes destartalados para cruzar varios tramos de río. Un poco demasiado concurrido para mi necesidad vital de paz y silencio, pero agradable.

Me paro en la Casa de los Colibríes, una sociedad privada de conservación, y vuelta a la casilla de salida. Total, unos 15 kilómetros y 5 horas tranquilitas. Y la tarde, para seguir descansando. 

Dos largos días casi completos de pausa, de reorganización e impulso.

Me he escuchado y me voy a hacer caso: empiezo a volver a casa. Como siempre, un periodo de descompresión, de entrar en el carril de desaceleración pero vuelvo a casa. Lo necesito. Ya no recupero. En el camino, acabar de ver algo más de este magnífico país que es Colombia, entrar y vivir Ecuador y volver a Europa por algún lugar…poquito a poquito, volviendo a mi tierra.

Y, de entrada, en ese camino de vuelta, cojo un bus a Bogotá,  No tenía pensado visitar esta vez grandes ciudades pero voy de paso hacia mi próximo destino, las islas de San Andrés y Providencia. Habrá que aprovechar los dos días que me quedan hasta tomar el avión hacia allá.

También apetece un poco de ciudad. Y más en domingo, el dia del chándal, de las maratones y la familia, del desayuno sano y la comida copiosa y bullera, de los viejos solitarios, del paseo romántico y el amor…

Candelaria, la plaza Bolívar, rascacielos y un montòn de iglesias, el mercado de pulgas San Alejo, Chapinero… Bogotá es una enormidad de multitudes y las multitudes, negras, blancas, amarillas o mixtas, son multitudes. Y aunque seguro entre esas multitudes están pasando historias preciosas y hay gente extraordinaria, en la ciudad solo se percibe el bulto informe. Sin más. 

Observo, eso sí, y percibo chispas de vida, pero imposible ver más. En la ciudad hay muy poca visibilidad. La ciudad es opaca. A veces, veo a alguien, o alguienes que por alguna razón me curiosean y, a falta de conocer sus historias, me las invento. Es un buen juego, pero nada más que un juego. 

Y sí, seguro que entre esa multitud hay gente fuera de lo ordinario. O quizás todos tenemos algo extraordinario pero las jaulas que no vemos impiden a lo extraordinario volar, desarrollarse y darse a conocer a nosotros mismos… y nos quedamos en multitud corriente. 

Dedico el lunes a la parte alta de la ciudad. Desde el hostel voy viendo pinceladas de Bogotá… Riadas de bicicletas… Una sensación de inseguridad a la que contribuye ver policía de todo tipo en cada esquina… Una plaza de toros que, una vez más, demuestra que de la colonización se absorben màs cosas malas que buenas…

Para subir a Cerro Monserrate, la montaña a cuya falda se ha construido la capital de Colombia, has de coger un sendero de escaleras, muchas escaleras, que te lleva desde los 2.700 metros a los 3.150 en una hora. En menos de 2,5 kilómetros subes 450 metros de desnivel. Y ya estas ahí. Tu y un montòn de turistas porque también se puede subir en teleférico. Cuando llego arriba, boqueando, veo un señor panzudo salir del susodicho teleférico con una camiseta de Adidas que, en grandes letras, reza: “Just do it”. ¡Lo que hay que ver!

Monserrate y el santuario allí edificado no tienen nada de especial pero vale la pena por la vista de un magnífico Bogotá desde el cielo. Llevo ya 4 horas caminando desde mi alojamiento hasta aquí y me ha entrado hambre. Todavía me quedan un par de horas hasta el hostel. 

Total, en Bogotá nada me toca el corazón. No es una ciudad fea ni es una ciudad insulsa pero no sé identificar el sabor. Volveré en unos días ya de tránsito a Quito pero, ahora, me voy a Providencia.

Marchando una de isla caribeña…

Show more
image
Show more
IMG_20200129_140236
Show more
IMG_20200129_165525
Show more
IMG_20200130_082440
Show more
IMG_20200129_161320
Show more
IMG_20200129_162903
Show more
IMG_20200129_173135
Show more
IMG_20200129_144158
Show more
IMG_20200130_092033
Show more
IMG_20200130_092100
Show more
IMG_20200130_094437
Show more
IMG_20200130_094511
Show more
IMG_20200130_094948
Show more
IMG_20200130_102250
Show more
IMG_20200130_105804
Show more
IMG_20200130_110856
Show more
IMG_20200130_111426
Show more
IMG_20200130_112736
Show more
IMG_20200130_114157
Show more
IMG_20200130_123008
Show more
IMG_20200130_122440
Show more
IMG_20200130_124053
Show more
IMG_20200130_130030
Show more
IMG_20200130_130520
Show more
IMG_20200130_132522
Show more
IMG_20200130_132647
Show more
IMG_20200130_133552
Show more
IMG_20200202_090225
Show more
IMG_20200202_091625
Show more
IMG_20200202_145340
Show more
IMG_20200202_100611
Show more
IMG_20200202_091940
Show more
IMG_20200202_102043
Show more
IMG_20200202_142452
Show more
IMG_20200202_130100
Show more
IMG_20200202_131024
Show more
IMG_20200202_143517
Show more
IMG_20200203_161225
Show more
IMG_20200203_143034




Colombia (5) El Cocuy. El Púlpito del Diablo.

Es espectacular lo buena gente que también son los colombianos. Y digo también porque, solo en Sudamérica y en este viaje, ya he dicho lo mismo de argentinos y brasileños. Y es que es verdad.

No puedo entender por qué y a quién aprovecha difundir racismos, intolerancias y prejuicios. No creo que sea consustancial a la naturaleza humana. 

Por si acaso, como yo no estoy por ahí, por favor, pido a todos los que me quieren en casa que sean solidarios y amables con los forasteros. Así me tratan a mi por donde voy. Y si algún día por aquellos lares está lloviendo, sopla el viento del Empordà y veis a un tiparraco con pinta de guiri melenudo caminando apurado con una mochila a cuestas, intentad ayudarle. Al fin y al cabo… podría ser yo.

No tengo arreglo. Se me ha metido en la cocorota llegar a la Sierra Nevada del Cocuy, un lugar rodeado de enormes montañas que dicen es de lo más bonito y remoto de Colombia. El acceso está complicado y nadie me sabe decir muy bien cual es exactamente el trayecto pero… “preguntando se va a Roma”. 

A las 13 horas empiezo la odisea. De Zapatoca a Bucaramanga son como 3 horas de bus y luego cojo otro a las 17 horas hacia un pueblo llamado Málaga. Son 150 km pero la carretera es tan desastrosa que se tardan casi 7 horas en recorrerlos. Llego allí, a la Terminal de autobuses, a las 11.45 de la noche. Me dicen que ahora he de ir a una aldea que se llama Soatá dónde encontraré algún tipo de transporte hasta Güicán o El Cocuy, los dos pueblitos más cercanos a Sierra Nevada. Para eso, tengo que subirme a un tercer autobús con destino Bogotá que pasa por Málaga a las 3 de la mañana. Son unos 100km hasta Soatá y luego 100 más hasta aquellas aldeas. Ahí voy.

No son horas de pasear y no tengo el menor interés en conocer Málaga “by night” que, por lo que veo en el mapa del satélite, son 4 calles y, por la cantidad de borrachos tambaleantes que pasan por delante de la estación, debe ser un pueblo de castigo, así que espero tranquilo dentro de la Terminal a que venga mi bus. 

Llega puntual y en este puedo escoger entre hacer el trayecto de pié, en el pasillo, o sentado, en el suelo del pasillo. Elijo la opción B. Es el mismo precio. Algo menos de 2 horas hasta Soatá, una espera en una especie de bar/tienda/oficina de transporte hasta las 7 a. m. y 4 más por una carretera montañosa, recorriendo pueblos de lo más pintoresco con vecinos vestidos con poncho de lana y sombrero vaquero formando estampas alucinantes.

El Cocuy. Son las 11 de la mañana. Hecho. Veintidós horas.

Una baja importante. No sé en qué bus o estación he perdido mi sombrero, quizás la pieza de ropa más difícil de sustituir y que más quiero. Odio perder cosas. Para viajar hay que ser escrupulosamente organizado y estar siempre atento a tus cosas. Perder mi sombrero es un despiste que no me puedo permitir y, además, me sabe mal. Hemos estado dando vueltas juntos por el Mundo 15 meses, desde Fremantle, en Australia, hasta Zapatoca en Colombia. Son muchos kilómetros. Cinco continentes. Pero no me voy a amargar. Apego cero. Una lástima y punto. Siguiente capítulo. 

El Cocuy es otro pueblo blanco, éste con todas las puertas y ventanas pintadas de verde pálido, que parece prácticamente abandonado. La gente debe estar en el campo. Si buscaba la Colombia profunda, ya he llegado. Aquí te llaman todavía “su merced”. “Esta es la habitación de Su merced”. Pues resulta que ese soy yo. Y la habitación es chula, toda de madera y con una luz y unas vistas preciosas a los tejados del pueblo y las montañas. 

La banda sonora de mi película viajera ha cambiado. Atrás quedan la salsa, la bachata y la cumbia y entran en escena, nada más y nada menos, … ¡la ranchera y los corridos! Aquí le llaman música “carranguera”.  Si hasta ahora el romanticismo musical era empalagoso ahora es insufrible y agridulcemente mantecoso. Como merengue untado con leche condensada ligeramente pasada de fecha. “Mujer traidora has sido mi muerte…”, “Alcoholizado por un malquerer…”, “Si te vas con otro derramaré lágrimas de sangre…” …Es una orgía de dolor, unas imágenes infernales. Las almas y los corazones “sangran” , se “estremecen” e “imploran” mientras que, los más bestias, si no les quieren, se lían “a puñaladas” y otras barbaridades que ni se pueden mencionar porque constituiría delito de incitación a la violencia.

Nada más situarme en el alojamiento me voy a la oficina del Parque Nacional Natural El Cocuy para ver posibilidades. Quiero subir esas montañas. Resulta que es caro. Tasas, seguro, transporte hasta la entrada, guía…  Para compartir gastos me ofrecen unirme a un grupo de 4 personas que suben mañana al “Pulpito del Diablo”. Con ese nombre no me puedo negar. Dicho y hecho. 

El Cocuy está a 2.750 metros sobre el nivel del mar, iremos en coche hasta la entrada a 3.600 metros y, de ahí, subida picada hasta los 4.800. Suena duro. Me hubiera gustado descansar un día de la paliza autobusera pero es lo que hay. A las 4 de la madrugada empieza el lío.

Mis compañeros son 4 colombianos: una pareja cincuentañera y dos chicos en los 30. El trekk, efectivamente, es de los duros. Son entre 10 y 12 horas por páramos, lagos y tarteras verticales hasta llegar al Púlpito y el vecino glaciar del Pan de Azúcar. Al Pulpito del Diablo no se puede subir, es una roca sagrada para los indios Uwa y es difícil encontrar un país donde se respete más a los indígenas. Quizás es porque en Colombia las razas están muy mezcladas y todos los árboles genealógicos van a parar al mismo sitio. Aquí no vale la razón, o excusa, del dinero que da el turismo. Sus dioses y tradiciones van primero y la conservación de la Madre Naturaleza es Ley. 

Tardamos casi 7 horas en llegar arriba y a mi me agarra el soroche. Mal de altura. Tengo un terrible dolor de cabeza y, sobre todo, pierdo el sentido del equilibrio con lo que la bajada se hace difícil. Camino como un pato mareado. Los paisajes son magníficos, una gozada, pero si no estás en forma, mejor mirar un reportaje por la tele. Yo ya estoy apurado. Son muchos kilómetros seguidos. Siete meses viajando sin parar pasan factura. 

Llegamos al pueblo ya de noche. Sigue como deshabitado y silencioso pero, de pronto, se abren las puertas de la iglesia y la gente sale de misa. Son cientos. Las calles, tiendas y bares de estas aldeas están vacías pero las iglesias llenas. Curioso. 

Sigo. Son las 11 de la mañana. Me voy a zampar otro viaje de 24 horas. Voy a Bogotá, de ahí a Armenia y, después, Salento: el Valle del Cócora. Eso es un trote. Soy un ansias, lo reconozco. 

Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200126_140317
Show more
IMG_20200126_140256
Show more
IMG_20200126_140411
Show more
IMG_20200126_135824
Show more
IMG_20200126_122051
Show more
IMG_20200126_121852
Show more
IMG_20200126_113554
Show more
IMG_20200126_113541
Show more
IMG_20200127_164453
Show more
IMG_20200127_063911
Show more
IMG_20200127_082053
Show more
IMG_20200127_091248
Show more
IMG_20200127_091300
Show more
IMG_20200127_092912
Show more
IMG_20200127_094548
Show more
IMG_20200127_094818
Show more
IMG_20200127_123120
Show more
IMG_20200127_094811
Show more
IMG_20200127_095321
Show more
IMG_20200127_100532
Show more
IMG_20200127_123058
Show more
IMG_20200127_123113
Show more
IMG_20200128_085526
Show more
IMG_20200128_092149
Show more
IMG_20200128_092158
Show more
image
Show more
IMG_20200126_164056




Colombia (4) Barichara-Guane-Zapatoca. Los caminos de Lengerke.

Lengerke fué un ciudadano alemán que vino a parar a esta zona en el siglo XIX. Huía de la justicia por matar a un hombre en un duelo provocado por un lío de faldas. Y es que el tipo en cuestión, además de empresario e ingeniero, era un Casanova que, según dicen, llegó a tener 500 hijos. Exagerado me parece.

Utilizando presos como mano de obra, construyó una red de caminos de herradura para explorar tierras, encontrar materias primas y comercializarlas a través del río Magdalena. Lengerke llegó a ser uno de los hombres más ricos de Colombia explotando la quina y el tabaco. 

Voy a hacer estos caminos desde Barichara a Guane y de Guane a Zapatoca. Unos 30 kilómetros en 2 días. No parece mucho.

He salido de Barranquilla a las 8.30 de la tarde y llego a Barichara a la 1 del mediodía. Quince horas seguidas de autobús, sin paradas, hasta San Gil, allí me da tiempo para un café, y una hora de propina hasta Barichara, un tranquilo pueblo colonial espectacularmente cuidado y reformado. Precioso, como suspendido en el tiempo. La explanada en la que está construido queda cortada abruptamente al oeste y, abajo, a 300 metros, serpentea el río Suárez y se extiende un magnífico valle cercado por la espalda de las montañas que forman el Cañón del Chicamocha, el segundo cañón más profundo de América después del Colorado, y, más allá, por la Serranía de los Yariguíes. 

Entre encontrar alojamiento e instalarme me quedan 3 horas de sol para caminar. Paseo por el pueblo, una joya blanca con notas de vivos colores, y hago una excursión hasta el Salto del Mico, en las paredes del Cañón del río Suárez, un lugar impresionante, extraño, con unas piedras y árboles fantasmagòricos y una vistas alucinantes de todas aquellas montañas. Bandadas de “chulos”, una especie de buitres, vuelan a pocos metros de mi cabeza. Estoy absolutamente solo y la sensación es extraordinaria.

Barichara es un Xanadú de tejas y encalados, cultivos, silencio, paisajes grandiosos y cielos bíblicos. De lo màs bonito que he visto nunca. 

Con la mañana me pongo en marcha. Llevo lo imprescindible y he enviado mi mochila por un cargo hasta Bucaramanga donde, después de la travesía, cogeré un bus hacia donde decida seguir. La caminata hasta Guane es corta, apenas 6 kilómetros. 

Los caminos de Lengerke están ideados y construidos para caballerías y, por tanto, son incómodos de caminar. Piedras de diferentes tamaños sirven de base sólida que evita los lodazales. Un camino de esguinces y ampollas.

Guane es un villorrio de medio centenar de casas tejadas de un blanco impoluto y brillante sin nada y en medio de nada. Me compro un pan y un queso de hoja para picar algo, me acerco al mirador para ver el río y aquellas montañas que mañana cruzaré, meriendo/ceno en un restaurante de lo más rústico un plato de “cabro”, el cabrito tradicional de estas tierras, y haré noche en una casona enorme con sabor a pueblo y soledad. 

Este pueblito es como estar colgado en un purgatorio mundano. No más de 10 o 12 personas en las calles abarrotadas de un silencio que sòlo se atreven a romper los pájaros y algún gallo con el horario cambiado. De hecho a mi ya me va. Me adapto rápido. La gente si le pica se rasca, así le pica más y, a veces, hasta infectan la picada. Yo no. Al fin y al cabo ser completamente libre es no tener nada y, lo dicho, “nada” es lo que hay aquí. Hablaré con Colombio, el dueño de la pensión, un personaje de Medellín, artista de todo y maestro de nada qué, a saber como y por qué, ha venido a parar a este lugar. Y dormiré. Mañana la jornada es más dura.

A las 7.30 salgo otra vez al camino. Una camioneta ha traído provisiones al pueblo. Es tremendamente auténtico. Me gusta. Los supermercados me parecen un atraso. 

Vamos pues. Con ojito porque aquí pisar mal es torcedura severa, y resbalar es fractura o, como mínimo, cortes varios y feos. Hay que estar atento y mirar al suelo, no puedes entusiasmarte con el paisaje. 

En menos de 2 horitas, a las 9.45, llego al punto màs bajo del valle, el río Suárez. El nuevo puente Lengerke o Puente Ruedas, es un bonito puente colgante. El antiguo se inauguró en 1872 y, en su día, se considero la obra de ingeniería más importante de la región pero hoy sòlo quedan de él las ruinas de las columnas de entrada y salida. Todo es efímero. No me entretengo. Me quedan 18 km.

Empiezo a subir. Tres horas y media subiendo, subiendo… Estoy ya muy por encima del nivel de Barichara, en la cima de las montañas que ayer y anteayer veía de frente. Barichara se ve minúsculo, lejísimos. 

La caminata es más dura de lo que pensaba. El último tramo lo he hecho arrastrado. Encuentro una tienda a 10 kilómetros de Zapatoca. Un agua y una Cocacola me hidratan y reponen el azúcar perdido y el resto de pan y queso que me sobró de ayer me han de dar la energía para llegar a destino. No he visto ni un alma en toda la travesía. A menos que cabras y vacas tengan alma, que todo puede ser. 

Y sigo subiendo hasta arriba y ya, últimos 7 kilómetros tranquilos y, por fin, veo Zapatoca, otro pueblo blanco, este un poco más grande, con aire como de cabeza de partido, pero sin la gracia y el encanto de Barichara

Son las 16.30. Han sido 8 horas, casi 25 km de los que 12 ò 13 son subida brava. Estoy planchado y hace fresco. Me pica la garganta. Supongo que es el chorreo de sudor y el viento de montaña. Pillo una sopa en el primer restaurante que veo y me tiro en la cama. Hoy tengo una habitación enorme para mi solo en una casa del pueblo de tejados altísimos. No tengo fuerzas ni para ducharme. Mañana. Sí, mejor mañana. Estoy muy cansado y esto no para. Mañana más viaje. Todavía hoy no sé donde. Después del desayuno decidiré. 

Show more
IMG_20200122_144820
Show more
IMG_20200122_132305
Show more
IMG_20200122_132217
Show more
IMG_20200122_171338
Show more
IMG_20200122_142205
Show more
IMG_20200122_132426
Show more
IMG_20200123_111541
Show more
IMG_20200122_143025
Show more
IMG_20200122_153125
Show more
IMG_20200122_154110
Show more
IMG_20200122_154506
Show more
IMG_20200122_154736
Show more
IMG_20200122_161050
Show more
IMG_20200122_161438
Show more
IMG_20200122_163734
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200123_125332
Show more
IMG_20200123_173930
Show more
image
Show more
IMG_20200123_142240
Show more
IMG_20200123_150951
Show more
IMG_20200123_172959
Show more
image
Show more
IMG_20200124_075058
Show more
IMG_20200124_075936
Show more
IMG_20200124_083510
Show more
IMG_20200124_092437
Show more
IMG_20200124_095447
Show more
IMG_20200124_085128
Show more
IMG_20200124_112232
Show more
IMG_20200124_102107
Show more
IMG_20200124_112015
Show more
IMG_20200124_135250
Show more
IMG_20200124_145637
Show more
IMG_20200124_150938
Show more
IMG_20200124_162844




Colombia (3) Santa Marta. La Ciudad Perdida (2ª parte). No hay otra vida.

Con el control del gobierno sobre los descubrimientos arqueológicos, a los campesinos de la zona convertidos en guaqueros se les acabó el negocio del oro pero pronto descubrieron otra mina: las hojas de coca que, desde siempre, nacía y crecía naturalmente en la selva.

Grupos paramilitares bajo el liderazgo de un tal Hernàn Giraldo, la pagaban bien y se encargaban de su proceso, transporte y distribución. Giraldo cuidaba de la comunidad y era respetado, y hasta querido, a pesar de ser un notorio pedófilo. El gobierno colombiano y EE.UU pusieron cerco a los traficantes.

En el 2.004 Uribe gana las elecciones, promueve un acuerdo de paz con los paramilitares y esta zona se entrega libre de armas y cocaína. Giraldo fue extraditado y sigue actualmente preso en EE.UU.

Hoy, desaparecido también el negocio de la coca, la comunidad se ha reorganizado para ganarse la vida con el turismo. No es oro ni coca, pero no les va mal.

Desde El Mamey caminamos durante un par de horas hasta El Mirador, a 620 metros sobre el nivel del mar y, después, bajamos al Campamento 1, “Casa Adam”, otra vez hasta los 400. Apenas 4 horas pero hace calor y sudo como no he sudado en mi vida. Literalmente a chorros. El índice de humedad debe ser de récord.

El campamento es un conjunto de barracones con decenas de literas bien protegidas con telas mosquiteras, mesas comunitarias, una enorme cocina, lavabos y duchas. Para llegar has de cruzar un puente colgante en una imagen muy nepalí. Al lado hay una cascada que va a parar a una magnífica piscina natural a la que te has de tirar desde una altura considerable. Todavía quedan paraísos.

Una cena deliciosa de pescado frito regada con nutritivo zumo de naranja y a dormir. Mañana, a las 5 a. m. en pié.

Con la salida del sol llega el peor momento del día. Hay que ponerse otra vez la ropa mojada de sudor. Naturalmente, con estas humedades pantalones y camiseta están igual que ayer: chorreando. Caminamos 2 horas y media, ya adentrándonos en el bosque selvático, siguiendo el río Buritaca que ya no dejaremos hasta la Ciudad Perdida. A medio camino, otra piscina natural irresistible. Toca zambullida. Aquí es peligroso y me llevo un buen susto cuando la corriente me arrastra hacia una cascada. Me voy. No puedo hacer nada. Eberth, el guía auxiliar, me tira una mano, me agarro a él y me estabilizo en una roca. Me ha ido de un pelo. De un puto pelo. ¡Jo Der!

Parece mentira, no se si el accidente me ha dado hambre, pero a las 10 de la mañana ya me entran bien en el estómago unos espaguetti bolognesa. Y al camino otra vez.

Dos horas, un descansito de nada, y durante otra hora la pendiente se encabrona considerablemente. Ahora ya siento el cansancio y quedan como 7 u 8 km màs.

Vamos pasando puestos de guardia del ejército. El Mundo está tarado. Demasiadas metralletas. También pasamos por una aldea kogui, seminómadas muy anclados en sus tradiciones ancestrales y emparentados con los antiguos tayrona.

Este último “paseito” resulta un sube y baja que acaba con unas escaleras de pesadilla larga. O a mi me lo parece. Son las 15.45 así que la jornada ha sido de casi 11 horas aunque hemos estado 2 horas en el río y comiendo. Total, caminar, lo que se dice caminar, deben haber sido 8 horas y pico. Hemos subido desde los 450 a los 660, vuelta a bajar a los 450 y vuelta a subir hasta los 800. Necesito con urgencia una ducha y ponerme ropa seca.

Hoy dormimos en el Campamento 3, “Paraíso Teyuna”, a la orilla del río y muy parecido al anterior. La cena es a las 6 p.m., tarde teniendo en cuenta que hemos comido a las 10. Toca pollo en salsa… y más zumo. Esta gente es un poco demasiado sana para mi gusto. Todavía no me he quitado el susto del rio y hoy me sacudiría un lingotazo de algo fuerte, la verdad. Mañana llegamos a Teyuna.

Nada más salir el sol, un paseo, cruzamos el río con el agua por las rodillas, subimos los 1.200 escalones y en una hora nos plantamos en la entrada de Ciudad Perdida. Es emocionante y noto que se me marca una sonrisa enorme en la cara.

Al estar en un lugar elevado respecto a la entrada, Teyuna no tiene la espectacularidad de Machu Picchu desde la Puerta del Sol pero no se le puede negar un aire de espiritualidad y misterio. Los círculos de piedra donde se construían las casas encima de capas de tumbas de antepasados, el trono real, las escaleras Reina, las vistas embelesadoras de la Sierra, todo contribuye a un ambiente de paz y comunión con la Naturaleza. Desde el sector más alto tienes ya una perspectiva grandiosa de esta ciudad de 30 hectáreas y más de 1.500 años de antigüedad que da a nuestra fugaz vida una dimensión minúscula. Vivimos un momento… y parece que lo sepamos todo.

Visitada la ciudad, otra vez al refugio y, de ahí, empezamos la vuelta a Santa Marta. Hoy nos quedan 10 ò 12 km hasta el alojamiento de esta noche.Tengo metida la humedad en los huesos y ganas de llegar al campamento. Acelero y hago todo el camino solo.

Se me cruza desde la selva un indio kogui vestido con sus típicas ropas de algodón blanco, el pelo liso negro largo hasta la cintura y un machete de 1 metro desenfundado y en la mano. Ha aparecido de la selva como un fantasma. Estaba delante mio y en 1 minuto ya no le veo. El ni me ha mirado. Mejor, mucho mejor.

Otra cena abundante y a las 8 p.m. ya estoy durmiendo. Hoy han sido 6 horas de caminata y los kilómetros y las emociones se van acumulando. Llueve y las gotas de agua suenan en los techos metílicos y en el suelo como música suave de percusión.

Esto se va acabando. Otro sueño cumplido. El trekk de la Ciudad Perdida no me ha defraudado, ni mucho menos, y tiene su dureza. Pero si es verdad que la primera vez que oí hablar de él era una aventura de entre 7 y 9 días sin alojamientos, sin senderos, sin comidas y sin puentes. Hoy en día se ha civilizado mucho para hacerlo asequible a un turismo más amplio. Cierto que entonces existían unos peligros excesivos por las plantaciones de coca, sus guardianes y la guerrilla de ultraizquierda, estos últimos hoy retirados a la zona de La Guajira. La aventura había acabado muy mal para alguno de los expedicionarios de antaño. Y también es verdad que entonces yo tenía 10 años menos en cada pierna y podía aspirar a más exigencia.

Hay que ir con ojo porque el tiempo se come los sueños. Sí, desde que nacen hasta que te decides a convertirlos en realidad el tiempo se va comiendo poco a poco los sueños y mucha gente, sin siquiera darse cuenta, dejan que el tiempo devore todos los suyos. Y es triste. No hay otra vida.

Diana a las 5, como siempre, y nos plantamos en Santa Marta a las 15.30. Realmente han sido solo 5 horas caminando pero sigue lloviendo con intensidad y la ropa mojada y el barro me han handicapado considerablemente.

Hay que reorganizarse. Mañana vuelvo a Barranquilla y preparo viaje al próximo destino: Barichara. Me queda una buena paliza de autobús para adentrarme en el interior del país. Seguimos.

Show more
IMG_20200117_103632
Show more
IMG_20200118_130816
Show more
IMG_20200115_141506
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200115_154223
Show more
IMG_20200115_154024
Show more
IMG_20200115_160304
Show more
IMG_20200115_160533
Show more
IMG_20200115_175823
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
image
Show more
IMG_20200117_155204
Show more
image
Show more
IMG_20200116_112628
Show more
IMG_20200116_120636
Show more
IMG_20200116_132541
Show more
IMG_20200117_063148
Show more
IMG_20200117_063803
Show more
IMG_20200117_063833
Show more
IMG_20200117_071340
Show more
IMG_20200117_071908
Show more
IMG_20200117_075346
Show more
IMG_20200117_081813
Show more
IMG_20200117_082025
Show more
IMG_20200117_091848
Show more
IMG_20200117_094809
Show more
IMG_20200117_133052
Show more
IMG_20200117_135656
Show more
IMG_20200117_184001
Show more
IMG_20200118_061159
Show more
IMG_20200118_080126
Show more
IMG_20200118_083445




Colombia (2) Santa Marta. La Ciudad Perdida (1ª parte). Mal viento.

La escalera de 1.200 escalones de piedra por la que se accede a la Ciudad Perdida de Teyuna fue descubierta por campesinos taladores de madera en 1973. Ni que decir tiene que, a partir de entonces, se dedicaron a llevarse todo lo de valor que había en los descubrimientos arqueológicos a toda velocidad. 

Los rumores sobre tesoros de oro, cornalinas y cuarzos se fueron esparciendo por Santa Marta y, en 1976, una expedición encabezada por Gilberto Cadavid y Luisa Fernanda Herrera, tras 12 días de travesía, llegó al centro del yacimiento donde recopilaron las pruebas suficientes y las llevaron a Bogotá para que, el entonces Presidente, López Michelsen, aprobara el presupuesto para la recuperación del denominado Buritaca 200.

Teyuna pudo haber sido el centro político y económico de la región del río Buritaca y la Historia dice que fue abandonada, tras más de 1.000 años de existencia, durante la conquista española, permaneciendo perdida después casi 5 siglos. 

Rodrigo Galván de las Bastidas, el fundador de Santa Marta, no tenía ninguna intención de colonizar con saqueos, esclavizaciones y genocidios pero su tripulación tenía planes propios. En aquellas épocas, solo criminales y aventureros ambiciosos de la peor calaña y sin nada que perder eran capaces de enrolarse en un barco hacia las Américas. El bueno de Rodrigo, por oponerse a conquistas traumáticas, fué asesinado por los suyos y entonces empezó la civilización y evangelización de los indígenas a lo bestia. 

A Teyuna los españoles no llegaron nunca pero parece ser que fué vencida por las enfermedades “exóticas” que los descubridores trajeron consigo. Sarampión, sífilis, viruela, tifus, polio, peste bubónica, difteria y demás “regalitos” se propagaron en Sierra Nevada como epidemias imparables por los contactos de trueque entre las diferentes tribus. Los españoles contagiaban a los indios de la costa y estos a los de las montañas. 

Un nuevo éxito de nuestros héroes. 

Santa Marta es todavía más ventoso que Barranquilla. Rachas de 40 km/hora recorren las calles al galope y amenazan con hacerme volar, más como Mary Poppins que como Superman.

A parte de eso, es una pequeña, turística y bulliciosa ciudad a orillas del Caribe con un montòn de lugares por conocer, desde las playas del Parque Tayrona hasta el propio Centro histórico. Es un lugar para pasar 10 días si tienes tiempo pero Colombia es grande y tengo que acelerar. Hay que escoger y, en ese caso, la Ciudad Perdida tiene prioridad absoluta.

Doy pues un paseo por el Centro, atardecer en el Malecón y decido salir de trekk mañana mismo. Cuatro días y tres noches para llegar a Teyuna…

Pero la vida no quiere.

Un problema con mi tarjeta de crédito, parece que hay cargos que yo no he hecho, me hace entrar en un laberíntico entramado burocrata-administrativo que alcanza su cenit con la obligación de presentar una denuncia en la policía colombiana. ¡Madre de Dios y del Amor Hermoso!

Resumiendo, después de pasar por 2 comisarías de la ciudad, al mediodía llego a la Fiscalía Nacional, seccional URI (Unidad de Reacción Inmediata – nada menos-), de donde salgo con una denuncia, casi 6 horas después, a las 17.30. El día ha sido endemoniado y exasperante hasta límites de camisa de fuerza. Las colas y las actitudes tipo “Vaya a la ventanilla B”, “Le falta el documento X” y “Vuelva usted mañana” quedan en chiste con lo que entre aquí, policía, y allá, Banco, he tenido que lidiar. Lo de que estamos en el siglo XXI debía ser una broma. Al salir, me doy a la bebida. 

El último funcionario con el que he tenido el placer de relacionarme, el agente que ha redactado la denuncia, no sabe el peligro que en algunos momentos ha corrido. Si mis pensamientos fueran transparentes es segurísimo que hoy, y el resto de mis días, los pasaría en la más oscura celda de una prisión colombiana de alta seguridad junto a los más peligrosos delincuentes del país.

El problema trae más cola pero… Pasemos hoja (*). 

Sale otra vez el sol. Me obligo a olvidar el tropiezo y me pongo a caminar por Santa Marta. La Catedral, el Parque de los Novios y el Bolívar, el Templo San Francisco, el Museo del Oro… Me cojo un autobús a Taganga, el pueblecito de pescadores vecino, a comer un pescadito, robalo, con patacones, arroz de coco y un vinito quitapenas. Allí me pilla una pelea de gallos improvisada en la playa, terrible, y otro autobús de vuelta al hostel.

Se ha “caído” la wifi. Aquí lo que no funciona es que se ha caído y la culpa es de la brisa porque, los muy cachondos, a este viento demoníaco le llaman “brisa”.

Me ducho, lavo pelambrera, me afeito, aligero mochila y ya. Preparado. No me va a quitar nadie la felicidad y el disfrute de mis sueños. Ni la ineptitud, ni la estupidez, ni tan siquiera el mal viento. ¡Faltaría más! Con un día de retraso, empiezo la travesía hacia la Ciudad Perdida.

Después de bordear la costa durante una hora, nos llevan en 4×4 hasta El Memey, una aldea que aquí conocen como “Machete Pelao”, a 120 metros sobre el nivel del mar. 

He tenido suerte con el grupo. Somos solo 5: 4 chicas, 2 alemanas 1 suiza y 1 holandesa, mas la guía, un traductor y un cocinero. Grupo pequeño y chicas jóvenes y agradables. Se las ve sencillas, fuertes y bien equipadas. No habrá problemas. 

Desde El Mamey ya empezamos a caminar… Al tercer día he de llegar a Teyuna. 

Show more
IMG_20200112_154517
Show more
IMG_20200114_103335
Show more
IMG_20200112_154215
Show more
IMG_20200112_174825
Show more
IMG_20200112_174636
Show more
IMG_20200112_175000
Show more
IMG_20200112_173927
Show more
IMG_20200113_171218
Show more
IMG_20200114_102317
Show more
IMG_20200114_104716
Show more
IMG_20200114_103725
Show more
IMG_20200114_103220
Show more
IMG_20200114_104933
Show more
IMG_20200114_104331
Show more
IMG_20200114_120054
Show more
IMG_20200114_120322
Show more
IMG_20200114_120232
Show more
IMG_20200114_135923
Show more
IMG_20200114_135530
Show more
IMG_20200114_135737
Show more
IMG_20200114_140245

NOTA*. Adoro a los Bancos y similares corporaciones financieras. Son todo diligencia, alma y corazón. Cuando tengo un problema, en sus manos me siento tan seguro como un bebé en el regazo de su madre. Como dicen por aquí: “bendiciones”. 




Colombia (1) Cartagena de Indias y Barranquilla. Camino a la Ciudad Perdida. Piratas y enmascarados…

Desde el asalto del inglés Francis Drake en 1586, sitiar y tomar Cartagena fue la mayor fantasía entre los piratas, corsarios y bucaneros de todas las nacionalidades y épocas. Las defensas de esa ciudad convertían ese objetivo en una aventura difícilmente rentabilizable.

Pero la historia contemporánea de Colombia viene marcada por otro tipo de piratería que, hasta hace muy poco, tenía tomado todo el país: los narcotraficantes. Su época dorada pasò pero, aquí, ser defensor de derechos humanos, líder social, policía, juez o fiscal sigue siendo arriesgado. Curiosamente, mi vecino en el avión tiene tanta pinta de “narco” que parece una parodia.

Pero bueno, yo a lo mio.

Y “lo mio”, mi mayor objetivo en Colombia, es llegar a Teyuna, la Ciudad Perdida de los indios tayronas. Por eso entro en el país via Cartagena, mucho más cerca que Bogotá de Santa Marta, la localidad más cercana al inicio de la travesía que me debe llevar a esa ciudad de leyenda. 

Ya en Cartagena. Estoy zombi. Las 24 horas de viaje me han dado en toda la frente. No he comido y llego al hostel entre horas así que vuelta de reconocimiento, me tomo una cerveza con una arepa, esa especie de bocadillos con pan de trigo típicos de Colombia y ya. No llego a la hora de la cena. Con eso y un bizcocho… Me muero por tirarme a dormir. 

¡Arriba! Preciosos el centro histórico y el barrio de Getsemaní, todo color colonial, el skyline de la playa de Bocagrande, la Catedral, el palacio de La Inquisición, el atardecer desde el Baluarte La Santa Cruz, San Pedro Claver, las actuaciones musicales callejeras, las flores… Salsa y bachata, mojitos, buen pescado con patacones de plátano, un sol que  quema a rabiar…

Todo espectacular pero con un día tengo más que suficiente. El ambiente de Cartagena es turístico, playero y fiestero a tope y a mi no me va. Le reconozco belleza pero no tenemos almas parejas y yo tengo prisa. Lo dice un escrito en una pared y yo me doy por aludido: “Si no has de amar no te demores”. Así que, como el caimán de la canción, me voy para Barranquilla.

En autobús hacia la Terminal voy viendo por la ventana la otra Cartagena, la que no ve nadie, la de la clase pobre, la real, sucia y abandonada. Contrastes. Deambular sin destino fijo y viajar en transporte público es la única manera de conocer la verdad de un país. No hay otra. Aquí la verdad tampoco es bonita. 

Barranquilla. El viento ulula en mi habitación como si estuviera en un refugio de alta montaña.

Barranquilla es un pueblo hecho de muchos pueblos. Africanos, europeos y amerindios han mezclado sus culturas y costumbres evolucionando juntos como ríos coincidentes formando un todo común. Tiene atractivos, pocos y aislados, pero no es más que una ciudad enorme de un millón y medio de habitantes y 150 km² de superficie, un 50% más que Barcelona, puro cemento, con un sol de martirio y tremendamente ventosa. Una ciudad sin sombra ni resguardo. 

La nomenclatura numérica de calles, a la americana, dificulta mucho el movimiento: La 48 #1-60, la carrera 72 con calle 26… Barrios y municipios metropolitanos se adocenan y confunden y encontrar una dirección es una aventura. Hay decenas de compañías de autobuses urbanos, cada una con sus itinerarios, sin paradas fijas y sin más sistema de información que una placa con un destino final. Un laberinto. 

Puedes ir al malecón por ver el Río Magdalena, un hogar para el viento, puedes ir a ver la catedral, fea, quizás puedes hacer un circuito por sus otras iglesias mastodónticas y sin ninguna gracia… Nada extraordinario. En realidad, nada medianamente agradable

Lo mejor de esta ciudad es el río de humanidad que la habita. Vendedores de todo circulan al grito de “, ¡Aguacate, papaya, mandarina!”… “¡Agua, el agua, agüita!”… “Señores, con el enorme respeto que todos ustedes merecen y yo les tengo quisiera ofrecerles…”… Y retahílas de la extra cariñosa y supraformal jerga colombiana. De amigo pasas a primo, hermanazo, papi, mi amor, mi vida… Y todo siempre “a la orden”, su marcial forma de preguntar qué quieres o en que pueden servirte, y “con gusto” si das las gracias. Es curioso. Un lenguaje de “Nuevo Mundo” que aprehender. 

Al mediodía aquí todos los que pueden almuerzan los “corrientes” un plato combinado en que tu escoges el elemento principal, entre los del menú, y ellos te ponen, de acompañamiento, arroz, ensalada, plátano, pasta, judías, patatas fritas… Lo que tengan. Además sopa de entrada y un vaso de zumo con hielo. Todo por 2 euros. 

Y música por todos lados: en los bares, en los comercios, en los coches, en las casas… Cumbia y salsa. “Lloreras”. Pasión, amor y desamor: “Moría de amor y jugaste con mi corazón” … “Te adoraba y me traicionaste…”…”Me has arrancado el alma…” … El cadáver de mi romanticismo se retuerce en la tumba donde ha ido a parar a base de años y tristes finales.

Y Barranquilla es, sobre todo, carnaval. Aquí, a finales de febrero, se celebran los carnavales más multitudinarios de Colombia y, durante una semana, las clases sociales se unen, las preocupaciones desaparecen y todo es fiesta y desfase. Quiero intentar conseguir alguna de las máscaras que usan. 

Comprar una máscara para la colección no es fácil y requiere tiempo. Se trata de encontrar piezas auténticas, de calidad y con personalidad.

Empiezas recopilando datos e informaciones en la Red y, después, visitas y hablas con especialistas, en este caso la gente de la Casa del Carnaval de Barranquilla. Eso te lleva a tener un par de teléfonos y direcciones. Visitas a un artesano, hablas y sacas más datos, vas de taller en taller, observas y preguntas… Y al final, si todo va bien, encuentras lo que buscabas y que no sabías qué era exactamente… ¡Y ya las tengo!

Pero todavía queda lo peor: enviar las  piezas y que lleguen sanas y salvas a casa. Tomas todas las precauciones que puedes, ofrendas una vela enorme a Santa Rita y… Veremos.

Me entero de que hoy, en el barrio de Buenos Aires, hay una especie de desfile inaugural del Carnaval. La Reina y el Rey Momo de este año izarán su bandera después de recorrer las calles junto a otras reinas menores, candidatas a cargos populares, reyes de otros años y comparsas varias. Me cuelo allí en medio y certifico que es una juerga tremebunda. Música, baile, disfraces, máscaras… Bonito y divertido.

Un apunte: lo he visto muy de cerca y la Reina del Carnaval 2.020 es elegante, guapa y con gracia pero, entre nosotros, la exuberancia de la Reina Metropolitana tiene truco más que obvio. Digamos que no es sòlo fruto de la genética y la gimnástica. Y ha quedado estupendo. 

Visto está. Ahora… Santa Marta y, de ahí, a la Ciudad Perdida. .

Show more
IMG_20200107_103122
Show more
IMG_20200106_131331
Show more
IMG_20200106_195532
Show more
IMG_20200107_101625
Show more
IMG_20200107_101814
Show more
IMG_20200107_103102
Show more
IMG_20200107_150311
Show more
IMG_20200107_111900
Show more
image
Show more
IMG_20200107_112234
Show more
IMG_20200107_121114
Show more
IMG_20200107_113429
Show more
IMG_20200107_125007
Show more
IMG_20200107_141156
Show more
IMG_20200107_140255
Show more
IMG_20200107_132252
Show more
IMG_20200107_141333
Show more
IMG_20200107_171710
Show more
IMG_20200107_153842
Show more
IMG_20200107_175155
Show more
IMG_20200107_210925
Show more
IMG_20200111_120040
Show more
IMG_20200111_121449
Show more
IMG_20200110_105136
Show more
IMG_20200110_121103
Show more
IMG_20200111_115551
Show more
IMG_20200111_164519
Show more
IMG_20200111_171140
Show more
IMG_20200111_120911
Show more
IMG_20200108_172300
Show more
image
Show more
IMG_20200120_121340
Show more
IMG_20200111_152904
Show more
IMG_20200111_151912
Show more
IMG_20200111_152342
Show more
IMG_20200111_152319
Show more
IMG_20200111_151641_1
Show more
IMG_20200111_145329
Show more
IMG_20200111_152804

 




Brasil (y 8) Petrópolis (y 2ª parte) Genocidios. El Portal de Hércules.

Se acaba mi viaje por Brasil. Lo he dicho varias veces y lo repito: Me ha sorprendido lo buena gente que son los brasileños. Educados, hospitalarios, solidarios, alegres…

Dije que hablaría de Brasil y España. Agárrate.

Muchos brasileños son descendientes de españoles que vinieron directamente o a través de Argentina en la Guerra Civil. Y antes de eso tenemos el peliculón de la colonización porque, por mucho que se identifique Brasil con Portugal, aquí España también se lució civilizado y cristianizando a los indígenas. En realidad, en el año 1.500, españoles, portugueses y florentinos llegaron a este país casi al mismo tiempo… y fué una merienda de indios. Un genocidio.

La Historia española aquí se puede representar entre dos personajes antagónicos del siglo XVI: Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, ambos piadosos clérigos andaluces…

El primero, se oponía firmemente al esclavismo y proponía una evangelización pacífica y el segundo defendía el concepto de “guerra justa” contra los indios, a los que consideraba inferiores como consecuencia de sus pecados idólatras. Lo de los “pecados”, para ponerlo en contexto, se refería a la costumbre indígena de hacer sacrificios humanos a sus dioses y  al canibalismo.

El “perla” de Sepúlveda, un ser con toda una biografía de taras mentales que perdió sus testículos en un accidente de caballo y que era conocido como Ginés “El amputado”, dicen aquí que consiguió numerosas conversiones con el simple método de dar a los indios una clara disyuntiva: o bautismo y buen trato o amputación de las manos y de vuelta a la selva.

Tampoco hay que escandalizarse. Al fin y al cabo, si profundizamos, esa es la base de cualquier religión: el premio y el castigo. Más de uno daría una mano si le aseguran no enfrentarse al fuego eterno por sus pecados.

Pues eso, con la razón, argumento o excusa de Dios, y financiado por unos reyes con el ojo atento a los recursos naturales de Brasil, entre españoles y portugueses masacraron a más de 3 millones de indios brasileños. ¡Ahí es nada! Y nos hartamos de vociferar lo malo que era Hitler mientras celebramos cada 12 de Octubre el día de la Hispanidad con fastos y desfiles militares con el rey y el Presidente del Gobierno a la cabeza rebosando orgullo y satisfacción. Y el clero… ¡Ah no! Callo. Ya me he metido bastante en camisa de once varas.

En definitiva: no hay ni un palmo de limpio en esta puñetera especie humana y que el que esté libre de pecado tire la primera piedra.

Venga, ya está bien, vamos a por lo del trekking. A las 8 de la mañana me viene a recoger al hostel Luciano, mi guía. Luciano tiene ya 58 años. En el caminar se le notan las rodillas castigadas, pero está fuerte como una mula. 

El primer día haremos 8 km subiendo desde los 1.000 metros a los 2.200. La subida es, ya de entrada, fuerte, muy fuerte, y en apenas 2 horas nos ponemos en los 1.600 metros. Estoy chorreando de sudor. Voy bastante cargado, especialmente por el agua y comida para 2 días

Llegamos a Chapadão, a 2.000 mtrs, a las 2.15. Vamos rápidos. Del valle suben unas nubes sospechosas y Luciano dice que va a llover. La última hora ya me pesan las piernas y el tramo final hasta el Morro do Açu se hace ya gateando sobre unas piedras resbaladizas con mucha guasa. Me duele la espalda. Ayer llovió fuerte en Petrópolis, resbalé en el piso del hostel y me dí en toda la rabadilla.

Hacemos cima a las 15.10 y entramos en el refugio de Açu a las 15.20. La niebla ya no deja ver nada más allá de 50 metros y hace un rato que llueve pero sin intensidad. No me ha llegado a calar. Nada más quitarme los zapatos cae el diluvio. Me he vuelto a salvar por los pelos. Y es que, en realidad, en la montaña hay que hacer por llegar a resguardo antes de las 15 horas. A partir de ahí, el clima se encabrona. 

El tormentón es de los gordos. Lluvia, viento, truenos y relámpagos. Un completo. Suerte que no me ha pillado. Aquí los rayos son un peligro. Las heridas en la piedra dan fé. En 1.980 lo rayos se cargaron, uno a uno, a 7 componentes de un grupo de trekkers. 

El refugio de Açu es una casita pequeña y agradable y con este tiempo resulta una delicia. Sólo le falta un fuego. Ya con la noche cerrada, las luciérnagas desafían la lluvia como pequeñas estrellas fugaces en el bosque. Voy a dormir celestialmente. 

Toque de diana a las 5.45. La previsión es otra vez lluvia a partir de las 2 pm. El Valle do Bonfim espera abajo pero, primero, hay que subir al Portal de Hércules. 

Sube y baja arriesgado. Hay que gatear y escalar por piedra húmeda. Resbalo y caigo otra vez sobre mi espalda. Hay que buscar las fajas secas y/o con relieve. Me mareo. Bajamos a 1.000 para volver a subir a Morro do Marco, a 1.200. Desde ahí se ve el portal. La visual está cerrada y, si no hay vistas al llegar, el esfuerzo es en vano pero  si abre, .. . Abrirá! Nos vamos acercando, siempre caminando por roca resbaladiza. Mucho cuidado. Poco a poco, tenso. No dar un paso sin asegurar el otro. Culo a tierra si es necesario. Otro costalazo. Van dos avisos. La piedra me enseña los dientes. El corazón se me encabrita y me vuelvo a marear.

Leve, leve, hay que hacerse leve, escoger bien donde pisas. Y a veces la hierba, muy alta, ni deja ver donde pisas. Luciano se gira y me dice: “Cuidado, aquí hay mucha serpiente. Le pregunto:” ¿Cascabel?” Me dice: “No. Cobra”.

Llegamos. No abre. Visual nula. La montaña no quiere, la montaña manda. De vuelta al refugio. Han sido 3 horas. ¿Para nada?… Y 3 horas màs para bajar hasta la puerta de Petrópolis.

No hay para más, ni de Petrópolis ni de Brasil. El tiempo pasa volando. Un dia en Rio y al aeropuerto a cenar y dormir. Será otro de esos días sin final. A las 6 de la mañana salgo… Hacia Colombia.

Show more
IMG_20200102_103300
Show more
IMG_20200102_104206
Show more
IMG_20200102_112541
Show more
IMG_20200102_115039
Show more
IMG_20200102_115331
Show more
IMG_20200102_122530
Show more
IMG_20200102_122530
Show more
IMG_20200102_123150
Show more
IMG_20200102_125843
Show more
IMG_20200102_130623
Show more
IMG_20200102_140022
Show more
IMG_20200102_150310
Show more
IMG_20200102_151602
Show more
IMG_20200103_112848
Show more
IMG_20200102_151848
Show more
IMG_20200102_152142
Show more
IMG_20200103_060830
Show more
IMG_20200102_154206
Show more
IMG_20200102_154634
Show more
IMG_20200103_061017
Show more
IMG_20200103_072224
Show more
IMG_20200103_072609
Show more
IMG_20200103_073057
Show more
IMG_20200103_101415
Show more
IMG_20200103_082830
Show more
IMG_20200103_083240
Show more
IMG_20200103_084348
Show more
IMG_20200103_085932
Show more
IMG_20200103_113656
Show more
IMG_20200103_145628
Show more
IMG_20200103_145823
Show more
IMG_20200103_150032




Brasil (7) Petròpolis (1ª parte) . Abrazos gratis. Fin de Año.

Brasil es un país único y complejo. Es, como consecuencia del esclavismo, una nación negra, la más afro de hispanoamérica, pero colonizada y dirigida por blancos. Y tiene ancestrales influencias de una población indígena tremendamente evolucionada en todos los sentidos por sus conocimientos y espiritualidades ecológicas. Los indios brasileños …

A ver si encuentro un ratito y hablo de lo bien que tratamos en su día a los indios brasileños…

Petrópolis es una pequeña ciudad con pasado imperial a 80 kilómetros de Río de Janeiro y al lado del Parque Nacional Serra dos Orgaos.

Fué fundada oficialmente por Pedro II que estableció allí su residencia de verano. Tiene un bonito centro histórico con canales, palacios, iglesias y grandes mansiones. Debió ser una magnífica ciudad que arquitectos y constructores con el gusto en pena y el alma en el culo han hecho por afear, con notable éxito en algún caso, creando una parte moderna sin ningún atractivo. Con lo poco que cuesta hacer las cosas con gracia y cariño. Además, como en todas las ciudades brasileñas las favelas se han ido extendiendo por las montañas creando una extraña sensación de decrepitud.

No, las Navidades no están finiquitadas todavía… Que mal lo tengo para conseguir guía y hacer el trekking Persépolis-Teresópolis. Todos quieren estar con su gente para Fin de Año y no están para incursiones por la montaña. Al año le quedan dos días más. Tampoco la previsión meteorológica hasta el día 1 es ninguna maravilla. Me da igual. Estoy en un hostel tipo caserón de montaña con un buen ambiente y, la verdad, no me falta de nada.

Hay aquí una familia muy curiosa. Son como una decena, de todas las edades. Buena gente, como todos los brasileños. Están como en reunión familiar de unos días y el calor de esa familia, no sé por que, me hace bien. Uno de ellos lleva tatuado en el brazo: “ABRAZOS GRATIS”… y cada vez que me ve me abraza. Es curiosísimo. Mañana se van y me quedo ya sin abrazos. 

Tengo la mente como muy mecanizada. Dejo que me entren las cosas que me hacen bien y no presto atención a las que no. Me resbalan. Como si no existieran. Ahora mismo me preguntaba por qué me siento cansado e, inmediatamente, recuerdo que hoy también he dormido en un autobús. Déjame que cuente… Hoy hace 186 días que estoy de viaje… Me voy a dormir… hoy toca cama.

Creo que voy a parar unos días. Pasear, sentarme en un banco al sol, hacer gestioncillas sin prisa, ordenar pensamientos, mirar escaparates, escribir, leer… y quizás lanzarme al consumismo frenético y comprarme unos tejanos porque los rotos y descosidos de los míos ya no cuelan como moda negligé.

La Catedral de San Pedro, el Obelisco, el Trono de Fátima, el Palacio Río Negro… Camino y camino, mezclándome y observando a la gente, arriba, arriba, y ¡OPS!… creo que me he metido en una favela. Lo es, pero esto no es Río y nadie me hace ni puñetero caso. Ningún peligro en absoluto. Música de rap, chavales con pinta pandillera, casas sostenidas con cuatro palos y poco más. Normalidad absoluta….

O eso pensaba yo. Cuando en el hostel me preguntan dónde he ido y les explico me miran con los ojos abiertos. Me dicen que he estado en 1º de Mayo, una favela infestada de traficantes huidos de Río de Janeiro. Dicen que si llego a ir al atardecer no hubiera tenido ninguna posibilidad de salir entero porque allí te atracan sí o sí y, si no tienes dinero te matan por no tenerlo, si tienes, por quitártelo, y si tienes poco por no haber traído más. Textual.

Una larga cola para entrar al museo del Palacio Imperial vence mi ya poco intensa tentación por visitarlo pero sí me da por admirar la casi moscovita grandiosidad del edificio y pasear por los impresionantes y bien cuidados jardines.

A mi las desigualdades galácticamente exageradas me dan grimilla así que poco interés me despiertan pretéritas y contemporáneas vidas de individuos de supuesta sangre azulada. Aunque, eso sí, este tal Pedro parece que fue un buen elemento, apoyando firmemente la abolición de la esclavitud y siendo bastante querido por su pueblo. Como sus iguales rusos, los parientes de Anastasia, su reinado acabó abruptamente pero tuvo más suerte que aquellos y el golpe militar que le destronó no le costó la vida. Dió con sus huesos en un exilio europeo sin lujo ni ostentación pero murió de viejo.

Trato de hacer lo de la compra de pantalones pero yo en unas galerías comerciales estoy más incómodo que un cerdo en una perfumería. Me aturden. En la calle Teresa, la màs comercial de la ciudad, entro en un par de tiendas de tejanos. No me lo puedo creer: la talla mínima es la 38 y en algunas fases de mi viaje a la 36 yo no llego ni con tirantes. Los brasileños son, en su mayoría, grandotes y con panzas toneleras. Les encanta comer y beber y no precisamente ensaladas y agua. A ver como me lo hago. A la tercera va la vencida. Otro regalo de Navidad. Dejo en una tienda de coser mis viejos pantalones para que sirvan de retales.

Fin de año. Me dejé en casa el confetti y el matasuegras. Además he olvidado comprar uvas que, al fin y al cabo, tampoco pegan con los dos sándwiches que tengo para cenar. No tengo nada rojo que ponerme ni por aquí sé de nada que parezca cava o champagne. Tampoco me han gustado nunca los petardos y, mucho menos, bailar así que no hay tema. De todas formas, como sé que igualmente va a ser difícil dormir hasta medianoche, me quedo a ver los fuegos artificiales de las 12 y me voy a dormir deseándome salud para mi, mi gente y, en lo posible, para todo el mundo. Yo, con eso, tiro millas y soy feliz.

¡Ya he encontrado guía! El día 2 salgo hacia el Portal do Hércules. No llegaré a Teresópolis. Ya se me está haciendo tarde. Serán dos días y una noche.

Show more
IMG_20191229_090631
Show more
IMG_20191230_145612
Show more
EFFECTS
Show more
IMG_20191230_123016
Show more
IMG_20191231_131658
Show more
IMG_20191231_141521
Show more
IMG_20191230_161838
Show more
IMG_20191229_102802
Show more
IMG_20191229_104004
Show more
IMG_20191230_134058
Show more
IMG_20191230_134407
Show more
IMG_20191230_134847
Show more
IMG_20191230_135037
Show more
IMG_20191230_135240-01
Show more
IMG_20191230_135251-01
Show more
IMG_20191230_150043
Show more
IMG_20191231_143651
Show more
IMG_20191229_112112
Show more
IMG_20191230_143907
Show more
IMG_20191230_144305
Show more
IMG_20191231_135002-01
Show more
IMG_20191231_113227
Show more
IMG_20191231_112723
Show more
IMG_20191231_112603
Show more
IMG_20191231_113150




Brasil (6) Serra do Cipò. Malangía. Los viajeros también lloran.

Ya es Navidad.

En cualquier idioma, una de las palabras más bonitas es la que identifica ese sentimiento tan intenso y duro que te embarga cuando, sobre todo en fechas señaladas, estas lejos de tu casa, tu tierra y tus seres queridos.

Este poderoso enemigo del viajero, siempre emboscado en algún lugar de tu corazón, se nombra, en las diferentes lenguas, como “nostalgia”, “morriña”, “saudade”… En la mía, en catalán, también la llamamos con un bellísimo nombre: “malangia”. Yo la siento hoy en el mismísimo tuétano… duele. Si, la Navidad son días en que siento una terrible y “dolça malangia.”

Llego a Serra do Cipò. Es un pueblo bastante desangelado de tiendas y restaurantes uno detrás de otro pero aquí tiro anclas y pasaré la Navidad. Sin coche no me atrevo a adentrarme más en las montañas donde solo hay pueblecitos de 4 casas, pousadas aisladas y no sé qué encontraré abierto en estas fechas.

La casa en la que me alojo no es fea, pero está muy dejada y la habitación no es lo que yo elegiría para pasar la Navidad: Un lavabo/ducha, un frigorífico, un perchero y una cama grande con una manta de La Bella Durmiente de Disney. Monto cuartel General en la cocina comedor, algo más acogedora. Creo que estoy solo con el recepcionista. Tengo un techo y hay restaurantes y montañas alrededor. No necesito más.

En este lugar, a pesar de que estoy en un Parque Nacional, no parece haber mucha afición a trekkear. El Centro de Información Turística está cerrado y en todo el pueblo no hay ni una agencia especializada en senderismo. Aquí no hay turismo extranjero y al brasileño no le gusta caminar. Bicicleta, moto, caballo y quad sí que les gusta, pero caminar poquito.

Parece ser que el Parque Nacional tiene 2 entradas: Retiro y Areias. Me voy a la más cercana, Retiro. 

Tras 2 ó 3 kilómetros hasta la puerta de Parque, el guarda me dice que hoy y mañana no se puede entrar: vacaciones de Navidad. Cambio mi itinerario para ir a unas cascadas fuera del perímetro protegido y, cuando llego, resulta que es privado y cobran entrada. Han montado allí una atracción de propiedad particular convirtiendo una magnífica cachoeira natural en una piscina dominguera.

Sigo el antiguo Camino Real que tampoco es una maravilla. A los lados todo son latifundios vallados. ¡Ay Brasil! Total, he caminado más de 3 horas pero la sensación es decepcionante. Hasta San Esteban no podré entrar en el Parque y ese dia ya no tengo habitación. Mi pensión está llena. Habré de buscarme la vida.

Por el momento me doy una ducha, me lavo el pelo, me afeito y me pongo guapo con mi única camiseta de algodón para buscar un restaurante y celebrar la Noche Buena. De camino, el cielo me regala un bonito atardecer.

Casi todo está cerrado y acabo en un restaurante extraño, grande, como de esos de carretera pero casi vacio. Pido picanha con fritas y una botella de vino. No está mal, nada mal. Hay música brasileña en directo. Un cantante con su guitarra. Música tipo bossa nova. Lo hace bien y hace fiesta.

Día de Navidad. Encuentro y me regalo una habitación chula para dos dias. Mi celebración será una comilona mineira en el pueblo y contactar con mi gente por internet. Nada más ni nada menos.

El pueblo está vacío pero en las casas y en las posadas hay jolgorio de fiesta. Al atardecer vuelvo al restaurante de ayer a tomar una cerveza. Sólo hay una mesa ocupada. Es el mismo cantante con unos amigos en sesión de tristeza navideña para desarraigados. Me vienen recuerdos de ausencias. Mal asunto.

La noche llega y desde la habitación oigo música de radio. Algo de samba, Bob Marley, bossa nova triste … Suena “Missing home”, de Flora Cash. Recuerdo la terraza de mi casa y el mar y las emociones se me acumulan…Los viajeros también lloran. Cierro la luz.

Otra vez en la entrada del Parque, ya abierto, el guarda me propone el sendero por el Vale do Bocaina. Hace un día espléndido para caminar. Casi sin desnivel, llego primero a la cachoeira Gavia. Hay que currarse algún trecho por desprendimientos o riachuelos salidos de caudal pero es fácil. En Gavia me encuentro a media docena de chavales que han llegado a caballo. Son los primeros seres humanos que veo en el camino.

Sigo hasta Tombador la cascada más lejana, Es un pelin más complicado y aquí no llegan los caballos así que tengo toda la cascada para mi. Descanso un rato. Han sido 11 km desde la puerta del Parque y ya hace 2 horas y media que he salido de la pousada.

Desando mis pasos y, por un sendero afluente del principal, intento llegar a otra cachoeira, la Andorinhas, pero el río está muy crecido. El cielo se ha oscurecido y amenaza chaparrón y aquí, cuando llueve, llueve de verdad. A lo peor, me podría quedar aislado en la otra orilla. Desisto. Voy a disfrutar de mi regalo de pousada, habitación guapa, ducha caliente y…”¡Piscina! Llego a mi nueva casa provisional a las 4 de la tarde. Han sido más de 25 km y casi 6 horas. Bonito dia de San Esteban.

Mi felicidad no es total porque se me ha metido en la cocorota la neura de los canelones de “carn d’olla” de mi pueblo. Allí son tradición en este día. Con los ojos cerrados casi siento en la boca el sabor… No podrá ser. 

Hoy toca el Vale dos Mascates. Seis kilómetros para llegar a la puerta. Doce kilómetros más y encaro el Cañón de Bandeirinhas. He tenido que cruzar un río con el agua en las rodillas y el último kilómetro, con botas y calcetines mojados, ha sido durillo. Para cruzar un río has de elegir entre cruzarlo con botas y mojarte o quitártelas y multiplicar el riesgo de resbalar.

Se me hace tarde. Son las 14.30 y he de contar con volver a cruzar el río, secarme y hacer los 18 km de vuelta que son 3 horas y media, en el mejor de los casos, así que me pillará la noche.

Llego al hostal con el último suspiro del día. He caminado como 9 horas y casi 40 kilómetros y tengo los músculos de las piernas agarrotados. Una duchita y hoy para cenar tengo una picada que compre en el súper y un vino blanco chileno. Picada brasileña y vino chileno… Mis amigos argentinos me matarían.

El grueso de las Navidades está superado y mi viaje por Brasil se acaba. Como guinda, voy a intentar hacer otro de los mejores trekkings del país: Persépolis-Teresòpolis.

Show more
IMG_20191223_164843
Show more
IMG_20191223_123506
Show more
IMG_20191223_173945
Show more
IMG_20191225_113855-01
Show more
IMG_20191224_112324
Show more