Mali (y 5) Desespero. El hotel del coronel Gadafi.

De vuelta a Bamako con Dialloba ya recuperado de la malaria.  He vivido aqui en Malí tanto y tan duro que tengo necesidad de irme a casa. Estoy saturado. Muy cansado. Es un palo, me sabe mal por Dialloba pero sabemos Dios y yo que necesito volver a casa, a una realidad tranquila, asumible. Esa noche descanso. Bueno, no, no descanso, sólo duermo. Mañana tengo vuelo con SABENA, será meterme en el avión y llegar a casa y alli sí, en casa, en mi cama, descansaré…

…pero NO. En absoluto. La vida me dá otro bandazo y, esta vez, duele.

Llego al aeropuerto al dia siguiente, con tiempo y mi billete en la mano y…y no puedo entrar. Simplemente, no puedo entrar. Literalmente no puedo entrar al aeropuerto a enseñar mi billete a nadie. Una masa de gente abarrota el aeropuerto. Nadie más puede entrar y casi no se puede ni salir. Es una locura.

SABENA, la compañía aerea belga con la que contraté el billete, habia hecho overbooking a lo bestia, a la africana. No es que haya vendido un 10% más de billetes, sino que tenia un avión y ha vendido tres o cuatro aviones completos con tripulacion y todo. Una estafa en toda regla. A los pocos días, la compañía hizo quiebra y fué peor pero, aquel dia, a los que nos quedamos en tierra, todavia nos dieron otro vuelo para tres dias despues y una habitación con pension completa en el hotel de Gadafi.

El hotel de Gadafi es el mas grande de Mali. Un mastodonte de tropecientas habitaciones en medio de Bamako sobresaliendo de todo como un grano en el culo de la ciudad.  Este hotel no tiene nombre para mi. Es el hotel de Gadafi, el tirano de Libia. Ese. Hay gente, seres humanos, animales racionales, gobernantes, que saquean su paupérrimo pais para, con el botín, hacer inversiones babilónicas en paises todavía más míseros y corruptos que el suyo. Y los occidentales, ávidos de aventuras, pagamos la cuenta directamente a los bolsillos del dictador sinverguenza en cuestión. Sea coronel, general, emperador o mariscal, de su pais, del de al lado, de su pueblo o de su madre, son todos iguales. Hijos de puta endiosados. El hotel es todo acero y vidrio, quinquicientos pisos, podrimiles habitaciones, pasillos vacios interminables, austeridad funcional, comedor enoooooooorme con menú carcelario… Y alli en medio, como hormiguitas que no llenan la enormidad de una catedral fea, grupitos de viajeros agotados, estafados, nerviosos, enfermos, desanimados, impotentes…Corren las historias perdidas, corren las pastillas contra la malaria, corre el desespero.

Yo no aguanto alli ni tres horas. Me voy a casa de Dialloba y su familia. Quedaban dos noches y dos dias para mi próximo “quizásvuelo”. Con Dialloba recorremos Bamako, poco que hacer, nada extraordinario, ninguna postal pero mucha humanidad. Lo que mas me impacta es un bar-terraza-restaurante donde me llevó a comer. Un local semi occidental, donde van los cooperantes y “ejecutivos” europeos, donde se come espaguetti, platos combinados, pizzas y demás, y lleno de señoritas de “compañia” malianas y senegalesas. Guapas, desde cierto punto de vista, sí. El turimo sexual en Mali y Senegal es muy activo. Ellas sonrien. Ellos se sienten importantes. Todos se pavonean en una especie de danza nupcial del urogallo. Asco. Me produce asco, que se le va a hacer.

Consejo de viajero. En viaje, el sexo ocasional es temerario. No me voy a poner a dar lecciones a nadie pero, en cuanto a no buscarte problemas, el primer mandamiento del viajero es no tengas sexo ocasional en viaje. Ahi lo dejo, insisto, sin más comentarios sobre el lado moral del tema de aprovecharte de las miserias de otro ser humano.

Duermo en casa de Dialloba, con su familia y otras familias compartiendo un patio interior de Bamako por donde corren mezclados niños, perros, gallinas y adultos de todos los matices del negro. Africa. Bueno, mañana sí,… mañana me voy a casa, por favor,…descansaré…

…y sí, SABENA cumplió, fué su último suspiro. Ya estoy dentro del avión. Madre de Dios y del Amor Hermoso ¡vaya viaje!

Que mundo mas maravilloso que tenemos!…pero què duro.

 




Mali (4). Un funeral. El Segui.

El Segui se celebra, más o menos, cada 60 años. Es una celebración dedicada a la fertilidad de la tierra y la vida que dura varios dias y tiene réplicas durante varios años despues. Supuestamente coincide con determinado punto de la órbita de la estrella Sirio. La última empezó en 1.967 asi que la próxima se celebrará hacia el 2.027. Muy pocos occidentales han visto un Segui. A mi el próximo me pillará viejete para esos trotes, pero puedo decir que me hago una idea al haber sido testigo de lo más parecido que hay: el funeral de un Hogón.

Lo del Hogón es muy peliculero. Un hogón es el jefe espiritual de la aldea y es elejido entre los más viejos del lugar. Aqui, vejez y sabiduría es lo mismo. Una vez nombrado como tal, el Hogón debe vivir sólo con una tortuga y una cabra. Una virgen le cuida la casa y le hace la comida y durante 6 meses de iniciación no puede lavarse ni afeitarse. nadie puede tocarle. Es el único que se comunica con Amma, dios digamos, y el hogón es, naturalmente, el que transmite a los demás lo que la divinidad pide y decide. Es juez, es sacerdote, es farmaceútico, es brujo, es médico…lo que quieras. Sirve para un roto y para un descosido.

En un viaje no organizado más que por ti mismo, para bien y para mal, nada suele salir como has pensado. Esa es la “gracia”. Tu te puedes esforzar tanto como quieras, ir con tanto cuidado como puedas y sepas, pero la vida te mueve de aquí para allá como a ella le dá la gana. Y, para mi, a la vida le dió la gana de que viera el funeral de un Hogón.

Yo estaba sentado al lado de la toguna de una aldea colgada en el desfiladero con todo el desierto a mis pies. La toguna es una cabaña de techo de caña donde los ancianos hablan y solucionan sus pleitos y problemas. No tiene mas de 1,20 metros de altura para que nadie pueda estar de pie. Ellos consideran que la mejor manera de entenderse es sentados cara a cara y, con el techo tan bajo, es la mejor manera de que nadie se exalte de golpe. Para entendernos, si ahi te levantas, sin pensar y cabreado, te das un cabezazo con el techo de lo mas doloroso y rídiculo. Es una curiosa manera de mantener a todos tranquilos y serenos, sin actitudes gritonas y amenazantes. Si lo piensas bien no es ninguna tontería. Y a ellos les funciona.

La plaza de la aldea se fué abarrotando. Servidor, el único blanco asistente al acto. El Hogón ya está enterrado, en teoría más que colgado en una de las tumbas que se ven por todo el desfiladero y que parecen absolutamente inaccesibles salvo que seas una araña. La gente espera, esperamos, con un rumor nervioso, el homenaje póstumo que se le debe rendir para acompañar su camino al mas allá. Me dicen que puedo quedarme, que no hay ningún problema, no hay ningún peligro mientras no haga yo ninguna tontería.

Desconozco que es una “tontería” para elllos, asi que me limito a estar quietecito mientras oigo disparos y van subiendo a la carrera hombres con sus viejos fusiles. Tras ellos, otros hombres enmascarados con taparrabos y guarniciones de cuero y conchas, con largas melenas de paja teñidas de vivos colores, hacen un ruido tremendamente amenazante. Es como un asalto a la aldea. me dan ganas de levantar las manos rindiendome sin condiciones. Por último llegan las máscaras Kanaga. Grandes, pesadas, de madera dura, con cara de pájaro unida a una estructura en forma de una especie de doble cruz o de dobles alas con la que los bailarines, inclinandose antinaturalmente dan fuertes golpes en el suelo sosteniendo y guiando la máscara con un trozo de madera que aguantan con los dientes. A través de estas danzas, con las Kanaga adornadas con signos y pinturas y consagradas con ritos ancestrales, los hombres de la tribu cuentan la creación, guian al difunto hasta su destino final y piden abundacia de vida y cosechas. Es un momento precioso.

Despues de la danza, un grupo de viejos con una cabra hacen un corro y bailan. Me miran mal. Mi vecino me dice que oculte la cámara de fotos y asi lo hago. Los hombres dejan de mirarme, le cortan el cuello a la cabra y, sin dejar de bailar, la zarandean encima de sus cabezas mientras les cae la sangre por el pelo, la cara y las túnicas…

Es un porrazo a los sentidos. Impresionante e impactante. Puede ser hasta traumatizante. No sé. Pero, esta vez, amiga vida, gracias por la suerte que me ha tocado. Las aventuras autenticas de verdad cada vez son más difíciles de encontrar.




Mali (3) El Pais Dogón. La Falisse.

Ha vuelto a salir el sol. Las pastillas de Dialloba y las horas de sueño han hecho el milagro: de sentirme a morir paso a consciente y orientado con las constantes vitales en perfecto estado de revista. Volvemos a la carretera y, dos ruedas destrozadas despues, llegamos a la Falisse, el Desfiladero de Bandiágara, un acantilado de 150 kilometros de largo y de 100 a 300 metros de altura en medio del mar de arena que une Mali y Burkina Fasso. Naturaleza creada a lo bestia. Ya estas en el pais Dogón, hay que bajar La Falisse, y aqui te va a pasar de todo.

Como escoger, de todo lo que he vivido allí. ¿Qué escribir del Pais Dogón?

Primero, unas horas de desierto de piedras. Hay de salir temprano porque a mediodia sólo podrás respirar calor. Dialloba tiene malaria y no me puede acompañar. Ya lleva dias malo. Me espera arriba descansando.

Y empiezas a bajar el desfiladero pasando por aldeas tribales en la Edad de Piedra. En las casas, trofeos de caza, monos desollados, puertas de artesania impresionantes. En la gente, hombres con rostros negros y duros, nobles, sonrisas desdentadas, mujeres risueñas, moliendo mijo y tejiendo, y niños, muchos niños jugando a todo sin nada.

A los pies de La Falisse, durante 3 o 4 dias caminas y caminas, cuando te deja el calor, y vas de aldea en aldea y de campamento en campamento, con la vida al acecho e impactandote de imágenes: Un termitero, un boabab, caimanes, un pastor de cabras con ganas de hablar…sorpresas, siempre sorpresas. En los campamentos, un plato de comida, una coca cola caliente, un camastro y un agujero con puertas para hacer tus necesidades en la “intimidad”. A veces, una ducha sin ducha pero con un cubo de agua. Aqui el agua va cara. Las mujeres tienen que caminar horas, desfiladero para arriba, sólo por conseguir un cubo grande de agua. Lugares dificiles para la gente elegante. Te has ido de la comodidad de tu casa a la otra punta del mundo y del tiempo. No todos valen para eso. Determinadas sensibilidades aqui son heridas de bala en cada esquina. Conozco algunos a los que le ha dado una depresión de caballo en la primera semana y no han podido dejar de llorar hasta cojer el avión de vuelta.

Lo dicho, caminar y caminar, cien sensaciones y experiencias diarias, calor, sed, una garrafa de gasolina con agua para hidratarte…De comer, mijo con salsa de tomate o arroz con salsa de tomate. De cenar mijo con salsa de tomate o pasta con salsa de tomate…Mucho polvo. Al tercer dia no recuerdo de qué color eran mis pantalones…Moscas tambien, mucha mosca hambrienta e impertinente.

Una noche, despues de cenar, subo a dormir al tejado. Tienen siempre una escalera puesta. Dentro de estas construcciones de barro no se puede dormir de tanto calor y, ademas, …las víboras no pueden subir al tejado. Estaba yo pensando en eso, mirando Bandiagara con un cielo estrellado de luna llena y, delante de mi, veo una serpiente de antorchas subiendo por el desfiladero. Precioso. Es una fiesta tradicional de los jovenes dogones que van por las aldeas con antorchas y se meten en las casas de las chicas para “prometerse”. Naturalmente, aqui vive y duerme toda la familia junta, asi que todo esto se hace con permisos paternos en regla y, me temo, previas negociaciones de ambos bandos sobre si la union en cuestion vale tantas o cuantas gallinas, cabras y caballos.

Supongo que es eso. Para, eso se viaja. Para ver cosas así. Estar alli en directo, en uno de esos momentos, deja imagenes inimaginables por mi mente. O no. No se por qué se hacen viajes de este tipo. Por lo de siempre: porque sí. Porque se alian los astros, los carácteres y las circunstancias. En realidad, a mucha gente le gustaria un viaje asi una vez en la vida. Pero hay que quererlo de verdad y saber a qué vienes. Y, sí, lo raro es volver a hacer estos viajes una y otra vez.

Lo que sí es claro es que, para mi, la atraccion por el pais Dogón viene por las máscaras. Soy coleccionista de máscaras y tengo un montón. Interesantísimas. De todo el mundo. Pero es que aqui, en el Pais Dogón, se hace la ceremonia que está considerada como la Madre de Todas las Mascaradas: el SEGUI. Y lo más parecido a un SEGUI es el entierro de un Hogón, jefe espiritual de la aldea, y yo tuve el honor de ver esa ceremonia.

El SEGUI y mi ceremonia Dogón merecen otro capítulo. Faltaría mas!

 




Mali (2) Djenne. La ciudad gemela de Tombouctou

En una civilización a la que cada vez nos parecemos más, la romana, egocéntrica, hedonista y guerrera, no sé que emperador escribió: “Todo lo que ves desaparecerá rapidamente. Y todos los que lo hayan visto tambien desaparecerán…”. Es cierto, pero no hay que ser muy listo para ser tan cenizo. La vida es ver y conocer y yo he viajado a Djenné, la ciudad gemela de la mítica Tombouctou. Y estoy contento de haberlo hecho pero no pienso hacerlo más. Vaya cabronada de viaje. ¡Ami porque me gusta meterme en líos pero… Son ganas!

Djenne está mas bien apartada de los circuitos turísticos. La gente va de Bamako al  Pais Dogón y/o a Tombouctou. Para ir a Djenné, mas polvo, mas calor, un dia mas, ¡pero qué dia! Mas horas de coche por carreteras inexplicables, cruzas el rio en una especie de barcaza, mas bien un “Objeto Navegante No Identificado” para personas, coches y animales varios y ya estas alli. Una ciudad de adobe, fantasmagórica, creada por no se sabe qué ruta comercial que hoy no existe. Tuvo su apogeo en el siglo XV, pero hoy es una sombra de lo que fué y sobrevive como enclave de peregrinación religiosa y de un mísero autoabastecimiento con una tendencia rabiosa a la desaparición, cierre y archivo en cualquier museo de arqueologia.

Al llegar, pluf…, has entrado en un documental del National Geographic donde se mezclan las tunicas hasta los pies y las camisetas occidentales y donde lo único que hay que hacer es entrar en conversación con la gente y oir sus historias de un pasado mejor, siempre intentando venderte los objetos más variopintos, desde collares de artesanía hasta supuestos papiros antiguos. La ciudad es sucia, muy sucia, sin infraestructuras higiénicas, y el cólera alli está de lo más cómodo. Ojito con lo que se come y se bebe.

Dialloba me encuentra un refugio chulo. Tienen pollo frito con patatas. Me encanta pero no me entra la comida. Tengo claros sintomas de agotamiento o algo peor. ¿Malaría? No sé que me pasa. Me voy a la habitacion y vomito. Deshidratación…o un golpe de calor, o un corte de digestión…espero. Dialloba me va a buscar unas pastillas. Dice que me falta calcio o no se qué. Me las tomo. Hay muchos mosquitos. La pared está salpicada de grietas en el yeso con mosquitos asesinados con desespero y en defensa propia por otros viajeros más fuertes que yo. Yo no tengo fuerzas ni para defenderme. Otra vez la sospecha agorera:¿Y si he pillado malaria? Duermo. Por delante queda lo más duro del viaje y se me está haciendo cuesta arriba. Muy cuesta arriba.




Mali (1). Bamako. Dialloba.

A orillas del Rio Niger está la capital de Mali, Bamako ( “el caiman de los pantanos” en idioma de los Bámbara). Para mi, una de las ciudades más desagradables del mundo. Quizás es que cada uno explica la fiesta segun le va y, a mi, en Bamako, me han pasado demasiadas cosas.

Su interés turístico es casi nulo. Un museo saqueado constantemente por los que lo deben proteger, vistas a la ciudad desde una colina coronada por un hospital que llaman el “punto G”, un par de bares donde se reunen los cooperantes de O.N.G´s, el puerto… y todo ello a 40º de calor en la espalda. Algo explicaré de todo esto a la vuelta, pero ahora tengo prisas por irme de la capital porque Mali es un pais de un interés etnico impresionante, con lugares tan únicos como el Pais Dogón, Djenne o Tombouctú.

Antes de irme quiero pillar un coche con guia/conductor y tengo una direccion. Si por aqui quieres ir en transporte colectivo… me parece bien, pero tienes que tener mucho tiempo y más paciencia. Y valor. A esos colectivos les lllaman ataudes. Son pequeñas furgonetas para 20 personas donde se suben 40, la mayor parte sin ventanas ni frenos, cuyos motores van siendo reparados en ruta cada vez que se paran hasta que mueren reventados en medio de la carretera o del desierto. Estés donde estés.

Me cae bien a primera vista el “chofer” con el que hablo, un tal Dialloba, y en seguida llego a un acuerdo. Tuve buen ojo y suerte, porque, tres viajes por Mali y Senegal después, años y años después y hasta hoy, Dialloba se convirtió en mi hermano negro para siempre. Dialloba fué y es para mi lo que era el Viernes de Robinson Crusoe. Es cojo, porque tuvo un accidente de pequeño que le dejó una pata chula. Allí los niños empiezan a trabajar en obras y trabajos duros desde los 4 años y, claro, tienen accidentes. Un dia le dije que a mi eso me daba pena y el me respondió que, a él, lo que le daba pena era ver en peliculas cómo educamos nosotros a nuestros hijos, sobreprotegidos hasta el ridículo. “Los vuestos no sobrevivirán” me dijo.

Tener aqui un amigo, un hermano como Dialloba es un tesoro. Aqui la vida es dura y las experiencias que hemos vivido él y yo por aqui son casi ficción, literatura de aventura. En situaciones asi es cuando sabes si te puedes fiar de una persona. Y yo, de Dialloba me fio. Conoce su mundo, Mali, como la palma de la mano y es sereno, filosófico, buen animal y buen racional, prudente, generoso, vigilante, educado, respetuoso, convincente.

Me acuerdo mucho de èl porque ahora mismo, mientras escribo, ellos lo están pasando muy mal. Ahora, él y su familia viven alli una guerra asquerosa y castrante. Grupos yihadistas tomaron Tombouctú en el 2.012 y todavia hoy siguen atacando aldeas, pegando tiros, matando y pisando a gente. Matan a la gente por cantar. Por silbar, por sonreir. Por todo. La vida de Dialloba ha sido dura, pero la vida de los niños del norte de Mali hoy en dia, y la de todo ser que vive alli, no es vida.

En Alas y Viento a veces escribo en directo y a veces en diferido. Este viaje es en diferido. La primera vez que fuí a Mali recuerdo que las estadísticas decían que no entraban en Mali ni 5.000 extranjeros al año. Ahora, naturalmente, no va nadie. Ni yo, Ya me he encontrado sin querer en algun conflicto violento y no mola. Naturalmente Dialloba se ha quedado sin trabajo y se busca la vida de transportista, pero de acompañar a extranjeros por el pais, ni hablar.

Fijate si es pobre ese pais que, cuando las cosas estaban tranquilas y por ahi pasaba el Paris-Dakar, las rentas que dejaba esta carrera suponian el 10% de toda la riqueza que entra del extranjero en Mali. Imaginate ahora con la guerra lo dificil que es vivir alli.

Niños soldado, niñas esclavas, bombas. Lo dicho, una mierda esta guerra como todas. Paso de seguir hablando de eso. Que cada uno haga lo que quiera y pueda. Para fuera o para dentro. Pero ¡ojo!, eso existe. Hoy. Aquí.