Etiopía (y 7) Sonrisas y miedos. Cortocircuito. Notas de viaje.

Consejo de viajero. 

Sonrisas y miedos.

En viaje mézclate con los nativos, con prudencia, a su ritmo. Di hola, gracias y adiós. Apréndelo a decir en su idioma. Se educado, caballeroso, amable… No te creas superior, ni siquiera diferente. Por dentro son iguales que tú. Y por fuera muy parecidos.

Y colabora con quien lo necesite… No tengas miedo. Hay que estar atento pero no tener miedo. Los lobos huelen el miedo. Y a los lobos se les ve de lejos. La gente se pasa la vida con miedo. Miedo a perder el trabajo, a perder la pareja, a perder la vida, a perder dinero … Y la vida va pasando.

Y, sobre todo, sonríe. El poder de la sonrisa es impresionante.

PEEERO…. sentido común. En África esto es diferente. En África eres un dólar rodando por la calle. Quien se acerque a ti, o la inmensa mayoría, es porque quiere algo. Y las mujeres, cuidadín. No estoy diciendo que te vayas con el primero que diga que te va a enseñar un sitio donde se ve la mejor puesta de sol del Mundo mundial….

No puedo dejar de visitar el mercado antes de irme de Dinsho

Es el día más importante para el pueblo, una verdadera fiesta semanal. Y lo hago, pero… algo va mal, la mochila pesa el triple que ayer, no me encuentro bien. Voy arrastrado.

Un sobresfuerzo después de comer me ha cortado la digestión. Estaba demasiado cansado y he comido sin hambre. Sin tiempo para hacer una mínima digestión nos hemos puesto en marcha en pendiente muy exigente y ha pasado lo que tenía que pasar. Cortocircuito severo. Todos mis sistemas han dejado de funcionar. No he hecho caso a mi cuerpo. Error.

El viaje a Bale Robe resulta una tortura. Encuentro hotel, consigo, apretando los dientes, llegar a la estación de autobuses y me hago con un ticket para salir mañana a Addis a las 5.30 a. m. No puedo más. Me tiro en la cama, duermo a ratos y subo, como en un mal sueño, a mi último autobús con dirección a la capital.

No hay nada peor que viajar enfermo, y más en un autobús africano por carreteras africanas. Entre unas cosas y otras son casi 12 horas para llegar a mi pensión en Addis, hogar dulce hogar o algo parecido. Otra vez viene la noche. Estoy débil y agotado pero parece que con un día y medio de ayuno voy remontando poco a poco. Me sienta bien una pechuga de pollo a la plancha. Todo va entrando en una destemplada y atropellada normalidad. Tengo un día y medio para acabar de recuperarme, atar los últimos detalles y encarar un nuevo cambio de país. La aventura etíope termina y Kenia espera.

Ha sido un viaje complicado. A veces, cuando salgo de viaje alguien me dice: “Disfruta. ¿Para eso viajas no?” Pues no, no exactamente. Yo viajo para conocer, para saber que hay más allá de mis narices y, eso, a veces me hace disfrutar y a veces sufrir. Se idealiza demasiado el viajar. En realidad se confunde con las vacaciones. En ocasiones un viaje es como un combate a 10 asaltos y con algún golpe bajo. Como todo en la vida, viajar, lo que se dice “viajar”, tiene su cara y su cruz. Y en Etiopía, desde luego, hay mucha, pero que mucha cruz.

Este es un país muy suyo, con su propio sistema horario, su propio alfabeto, etnias y religiones de todo tipo y, además de su lengua oficial, el amárico, otros 80 idiomas y 200 dialectos. Guerras, hambrunas, analfabetismo, sida y otras plagas han sumido a este país y a sus 100 millones de habitantes en un pozo hondo del que es difícil salir.

Sí, Etiopía ha sido un viaje difícil y también revelador. El clima y la miseria me han hándicapado desde el primer al último día y las condiciones de vida de esta gente me han puesto en los morros un África que estalla en cualquier mente decente con metralla peligrosa.

He viajado con ellos pero, desde luego, aunque de forma muy sencilla, he vivido varios escalones por encima en esta escalera infinita que nos separa y, a pesar de ello, he visto demasiadas cosas como para quedar indiferente y olvidar. Ni puedo ni quiero olvidar.

No sé si aconsejar a nadie este viaje, pero sí pido que la gente tenga en cuenta que, en este Mundo que habitamos todos, nosotros ocupamos un lugar de privilegio absoluto. Seamos sencillos y felices con nuestra vida porque la comparación con la suya es insultante y el inconformismo y la avaricia occidental clama al cielo. En Etiopía te queda aquella sensación de que hay algo tremendamente equivocado, que “esto no puede ser verdad”.

Y no es un tema fácil, en absoluto. Yo no voy de posturitas. Hay que buscar alternativas de ayuda, pero es obvio que la solidaridad no es una opción, es una obligación. Creo firmemente que, si continuamos en Occidente con nuestro ritmo consumista, con nuestra actitud ciega y egoísta, estaremos siendo complices de una injusticia indigna y bochornosa. Y también creo que, en ese caso, de alguna forma, un día u otro, en una generación u otra, Dios, el cosmos, el destino, la lógica, o aquello en que cada uno quiera creer, nos lo harà pagar. Caro.

Si hay un terrible error de base en la sociedad es creer que tu casa es el cubículo de 60 o 120 m² donde duermes. Una de las cosas que te enseña viajar es que tu casa es el Mundo y, aunque en el salón haya fiesta, en el comedor hay gente que tiene hambre y el porche está abarrotado de plástico y porquería que ya entra por el pasillo. Y, por cierto, no se si lo has visto pero, además, tu casa, desde la habitación de Canarias hasta la del Amazonas… se te está quemando.

 

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Etiopía (6) Sonrisas y miedos. Último asalto: Dinsho, Bale Mountains

Nuevamente en Addis. Que más contar de Addis…

Ah, sí… a lo peor alguien se equivoca si no aclaro un tema. No es que Addis Abeba y Etiopía vayan mal ¡¿eh?! ¡Ni mucho menos! La economía va estupendamente y la política no te digo.

Los chinos y los americanos, al igual que cadenas como Harriot, Hilton o Meridian, están levantando aquí, supongo que con socios etíopes, enormes rascacielos y hoteles lujosísimos. Y también obtienen suculentas concesiones para hacer carreteras que quedan destrozadas en un santiamén a la que caen cuatro gotas.

Y el Palacio Nacional, fuertemente custodiado, es para verlo. Tiene unos maravillosos jardines donde los mandatarios encuentran la paz y tranquilidad necesaria para pasear elucubrando planes para seguir haciendo feliz al pueblo.

Sí, Etiopía va bien… Para unos pocos. Hay que ganar dinero, hay que pagar a ejecutivos y hay que retribuir a los accionistas. También aquí, igual que en todos lados, el pez grande se come al pequeño en vez de cobijarlo bajo su dorsal. Mientras, las iglesias de todas las confesiones están llenas de devotos y el Mundo sigue rodando.

Yo, lo confieso, me como un Chekena Tibese y bebo una cerveza en mi restaurante favorito de Addis: Family Rose. Sencillo pero bueno. ¿¡Que voy a hacer!? ¿¡Huelga de hambre y sed!? Pero aseguro que mis pensamientos y sentimientos van a mil. No sé. Aquí te planteas muchas cosas. El saber sí ocupa lugar. Y pesa.

Un nuevo viajecito de bus a Shashamane, miniván a Dinsho y tiro porque me toca.

Desde Seshemene aparece un África verde de una sucesión de poblados con una mezcla de casas de adobo, algunas pintadas con colores pastel, chozas, graneros de troncos y mezquitas como de plastelina y papel cartón. Caballos, ovejas y vacas salpican el paisaje aprovechando el festín de hierba y los ríos se manchan de color con mujeres haciendo la colada y la ropa secándose al sol. Es un África rural y fresca.

Pero son sólo pequeños pedazos. En seguida llegas a otra pequeña o mediana ciudad sucia y destartalada con humana inhumanidad.

Subimos por un puerto de montaña y monos, ciervos y jabalíes se mezclan al lado de la carretera con el ganado doméstico. Llegó a Dinsho y cojo una habitación en una pensión de mala muerte. Las condiciones higiénicas son de enfermar. El pueblo es tenebroso. Ceno en un tugurio rodeado de lo que podría ser perfectamente una patrulla de Al Fatha. Aquí hay mucho musulmán radical. Soy el único “faranji” en el pueblo. Cae la noche y no hay ni un gato pardo. Ni blanco, ni negro. Ni ratas siquiera. Se lo habrán comido todo. Parece que este último asalto del viaje a Etiopía también será durillo. Me encierro a cal y canto en la habitación.

Cae un diluvio como para hundir el Titánic. Va a ser difícil hacer un trekking sin arriesgarme a una pulmonía. Decido que haré caminatas de ida y vuelta por el Parque Nacional pero no me quedaré en las montañas haciendo travesía.

Esto es el África “fea”, sin lodges ni safaris, la que únicamente vislumbran mínimamente los occidentales que pasean por aquí en 4×4, la que no enseñan más que de pasada los documentales, la de las chabolas, basura y niños estigmatizados con pobreza sin remedio. En la tele no enseñan esto, solo enseñan miserias extraordinarias en conflictos bélicos o sus “después. Lo que yo veo y vivo es lo habitual, quizás el  “antes”, la vida diaria y normal de cientos de millones de personas, igualitas que nosotros, que nacieron en el lugar equivocado. La triste realidad que hace que, de lugares como este, hombres, mujeres y niños traspasen cordilleras, se  enfrenten a los elementos y se tiren al mar en busca de una esquinita del paraíso occidental. Esa gente a la que nosotros les cerramos la puerta en las narices sin buscar ni alternativa ni solución. 

Pero al lado de todo esto y, a la vez apartado, está el Parque Nacional Bale Mountains. Dos días trekkeando por estas maravillosas montañas. He contratado un guía, Muda. El satélite, por muy bien que marque los senderos, no es aquí suficiente y, en caso de una emergencia, no te va a servir de nada. ¿Como se elije un guía? Uf! Eso es otra historia. Hay que saber calibrar a la gente. Cuestión de pituitaria viajera.

Bosques fantasmas, prados y extrañas flores, considerable altura y desnivel, preciosos nyalas, astados y altivos los machos y delicadas las hembras, huidizos babuinos y warthogs, los jabalíes africanos, barro…

Dinsho está a 3.000 metros sobre el nivel del mar y en los paseos por el Parque nos ponemos hasta los 4.000. Todavía no me he adaptado a la altura, pero estoy en ello. 

Descansos en campamentos de montaña para comer las provisiones de arroz o pasta con verduras, regadas siempre con saludables tazones de té de orégano u otras hierbas que Muda va recogiendo por el camino, praderas de kniphofia, salvia y otras plantas y arbustos, ríos y saltos de agua, ranchos, jinetes, prados infinitos ….

Hoy hay mercado y, por el destartalado puente del río Web, vienen gentes de los pueblos de la montaña con verduras y ganado para vender.

Han sido 2 días de agradables caminatas por las montañas Bale pero, con 2 noches en la pensión de Dinsho, ya tengo más que suficiente y, volviendo de la segunda jornada, ire ya a dormir a Bale Robe. Esto se está acabando. No hay tiempo para más. 

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Etiopía (5) Harar. Las mil y una noches. Los cuentos que acabaron mal.

Toca un vuelo hasta Addis Abeba. Los aeropuertos internos de Etiopía son una de esas atracciones de obstáculos por los que la gente pagaría en Port Aventura pero que, en vivo, sin trampa ni cartón, desespera al más pintado. Traslado, controles, retrasos, cancelaciones, caos y demás vicisitudes exigen cierta habilidad y, sobre todo, mucha calma, ojito y serenidad.

En Addis me aparco un par de días para organizar. Entro en la segunda quincena de mi viaje por este país.

Addis… madres y niños tirados en la calle, hombres en el suelo desmayados, drogados o quizás muertos, uno de ellos sangrando por una enorme brecha en la cabeza, militares vestidos con uniforme de camuflaje cacheado a todo quisqui, muchedumbres deambulando, tráfico caótico, guardias, muros y alambre de espino en hoteles y negocios… Addis.

Paso una mañana de domingo de excursión urbana, de Bole a Meskel Square y de allí a los bazares del barrio de Piazza pasando por donde no debería pasar, viendo lo que no debería ver, fotografiando lo que no debiera fotografiar… Asesinando mi curiosidad. Y por la tarde, organización y descanso dominguero en un hostel casero que me da el ambiente tranquilo y la pausa para digerir tanta vida real sin que me siente mal.

Aunque muchas organizaciones occidentales jueguen con las estadísticas, esto, lo que veo, es lo que vive la mitad de la humanidad. La otra mitad. Aquello, lo nuestro, el sistema confortable y consumista, se me antoja desde aquí un espejismo de poca lógica, mal provecho y con visos de acabar como el rosario de la aurora. El festín es pantagruélico, pero la cuenta va subiendo y no sé quien la va a pagar. Aunque a alguno todavía le queda más gana, que no hambre, y tiene los santísimos huevos de quejarse dando rienda suelta a su crónica infelicidad, de tanto estirar el brazo, la manga se está quedando corta ya. Alguien dijo: “Cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar”. Aquí los rasurados son más que perfectos.

Mañana a las 5 a. m. me voy en bus a Harar, un mito de ciudad. El primer occidental que la piso, en 1855, fue el explorador inglés Richard Burton quien, para conseguirlo, ya que estaba prohibida la entrada a los infieles, se vistió con ropas tradicionales y se mezcló con la multitud. Puedo imaginar lo que debía sentir.

Viajar con y como ellos es caótico, tenso, sucio y desagradable. La información es nula y el ritmo de encéfalograma plano. Las carreteras son de derribo, los olores hirientes, los espacios de claustrofobia severa, las imágenes escabrosas… Nueve horas en bus y media hora en minivan, que es lo mismo que el bus pero comprimido hasta el aplastamiento.

Paso por lugares y veo gente que parecen decorados y extras de películas de catástrofes y zombis. Y todo el mundo comprando, vendiendo, transportando y consumiendo khat como lo más normal del mundo sin secretismo alguno. Una locura.

Y llegas a Harar e incluso llegas entero y sin perder nada. Es un alivio.

Harar fué, en el siglo XVI, un importante enclave comercial entre África, India y Oriente Medio del que hoy queda una ciudad amurallada con más de 350 callejones en 1 km², casas de llamativos colores, mezquitas y bulliciosos mercados al màs puro estilo “Las mil y una noches”… pero todo enterrado en inmundicia y miseria. Parece ser que los cuentos en cuestión acabaron mal. Muy mal. Y es que todo el poderoso imperio de Oriente ha acabado en la más puta miseria sepultado en plástico y mierda y, sus otrora orgullosos y aguerridos soldados, ciegos de khat y sin la menor dignidad ni porvenir.

El mercado de frutas y hortalizas es un desfile de mujeres hararís vestidas con vistosos colores, la ciudad nueva un pandemonio de muchedumbre y bandadas de “blue mosquitos”, los tuc tuc etíopes, y las callejuelas del núcleo antiguo un laberinto de pobreza inasumible.

Me alojo en una de sus casas de colores convertida en guesthouse y como una ensalada tradicional de patata en uno de los puestos del mercado. Poquísimo turismo por no decir ninguno. Esto no es para blancos. Es demasiado hasta para mi. Este extremo de Mundo es como una alucinación, como un mal “viaje” de drogadicto, un cuelgue feo con neuras de miedo y angustia entre colores de ensueño. Tengo, de tanto viajar, el estómago fuerte pero esto… esta dosis excede a lo anormal.

Cae la noche, es casi luna llena. No se escribir los gritos, la muchedumbre oscura, el viejo tirado entre la basura, el niño vestido de fiesta porque no tiene nada más… Hoy ha sido un día muy duro. Plego velas no vaya a embarrancar.

Paso todo el nuevo día deambulando por la ciudad, empapándome de imágenes con bandadas de niños detrás gritando “faranji”, “faranji”, que significa algo así como “forastero” o “extranjero”. Desde luego, lo soy, casi tanto como lo sería en Marte.

Coloreados callejones, mezquitas y tumbas de santones se superponen con ancianos desdentados, drogadictos sin remedio y altivas mujeres de mirada vigilante.

Parece ser que al anochecer, en un descampado de la ciudad, hay la costumbre de dar de comer a las hienas que habitan cuevas alrededor de la ciudad. Por mi, los animales salvajes mejor están en su medio y con sus medios, así que vamos a dejarlo. Mañana me levanto otra vez a las 3 de la mañana y me inserto en otra minivan rumbo a Awash. 

Tras ocho horas interminables de carretera africana que me dejan deslomado y como si me hubieran pateado el culo con ensañamiento, enormes rebaños de dromedarios anuncian que llego a Awash. El mismo colorido en los vestidos de las mujeres, la misma sucia miseria y la misma drogadicción generalizada. Calor, moscas y mosquitos. Me voy a dormir. No puedo con mi cuerpo.

Awash es una posible parada en el camino de vuelta hacia Addis desde el este. Para cambiar de dirección en este país hay que volver siempre a la capital. Cerquita de aquí hay un Parque Nacional donde ver algunos animales salvajes pero hacer trekking en el Parque es difícil. También hay unos cañones naturales y montañas relativamente cerca del pueblo pero me dicen que hay dos etnias enfrentadas y debo ir, otra vez, con guardia armada. Estoy harto de metralletas. Tampoco tengo ganas porque he de cuidar una herida mal curada que me hice en el pie en Tigray. Por tanto, descanso, buena alimentación porque ya me estoy adelgazando demasiado, y a ver si puedo, en un par de días en Addis, organizar un último asalto del viaje a Etiopía: las montañas Bale, ya en el Sur.

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Etiopía (4) De Aksum a Lalibela. Tigray y la Depresiòn de Denakil: la belleza del infierno.

Aksum es el ombligo del cristianismo y el corazón de Saba. Es una ciudad agradable, por lo menos en comparación con lo visto hasta ahora. Llegamos casi a las 4 de la tarde y, con un par de horas, da para ver por fuera el complejo de Santa María de Sión y los monolitos. A mi no me apetecen exploraciones por el interior.

Al día siguiente me doy cuenta que me he dejado los riñones en algún lugar de la carretera. Otra vez al coche y ponemos rumbo a Hawzien. Es domingo y las calles y senderos se llenan de riadas de fieles enfundados en sus chales, de impoluto blanco, camino de los lugares de culto. Estamos en las montañas Gheralta, un paisaje de cañones, peñascos y desfiladeros al màs puro estilo Far West americano. Se trataría de subir hasta la iglesia rupestre de Abuma Yamata situada entre unos peñascos de las Gheralta. Dicen que no es fàcil.

La ascensión empieza con 20 minutos por unas escaleras de piedra hasta que viene “lo bueno”. El guía me dice: “Por ahi” y señala unas escarpadas paredes de piedra arenisca sin asideros a la vista. Le río el chiste… pero no lo es. Subimos a pulso poniendo manos y pies donde podemos hasta llegar a una roca vertical donde dicen que nos descalcemos para no resbalar. Nos ponen una especie de arnés con el que subimos, o nos suben, agarrandonos a todo lo agarrable como si nos fuera la vida. Y es que nos va la vida.

En la punta de un cañón, en una cueva, está Abuma Yamata. Es una pequeña preciosidad de iglesia del siglo VI con pinturas religiosas restauradas en el XVI. El lugar es de una paz ascética impresionante y, tanto por los medios como por el fin, aventurero y bonito porque sí. Las vistas son de nido de águilas. Realmente magníficas.

En el camino a Mekele, la capital de Tigray, vemos otras pequeñas iglesias pero nada comparable. Ya en la ciudad vamos a parar al primer hotel guapo que vemos en mucho tiempo. Necesitaba con urgencia adecentamiento general y colada. Estaba a puntito de tener que darle una segunda vuelta a la ropa sucia. Mis tejanos todavía están empapados del chaparrón en las Semien, y de eso hace ya 3 días. Rematamos la faena con una cena internacional compartiendo con Pablo e Imanol un mixto de dips tradicionales con injera, una pizza y una hamburguesa con patatas fritas. Y cae otra botella de vino.

El nuevo día me pilla retranqueado. Me despierto con agujetas hasta en la raíz de los pelos. Les pregunto a los hermanos vascos, tonto de mi, si a ellos les pasa lo mismo y me contestan que en absoluto. Como, a estas alturas, el viaje ya nos ha hecho amigos como para bromear, les digo:” ¡Coño, claro! Vosotros sois vascos”.

La Depresión de Denakil es, quizás, el lugar más inhóspito del Mundo. Vamos en una caravana de 8 todoterrenos y unas 30 personas más guías y conductores.

Estamos como a 40º, pero aquí se pillan fácil los 50º. En Denakil no hay ni ciudades ni aldeas, pero solo vivir en Berhale, al borde de la Depresión, ya es para sobresaliente “cum laude” en Inhumanidades. El aire es fuego y el lugar agreste hasta límites insospechados.

Salir del coche, y dejar el aire acondicionado, apetece tanto como meterte entre pecho y espalda un tazón de lava con ahogaditos de canto rodado.

A las 16,30 estamos a 44º. Los guías y conductores montan el campamento junto a Hamedela, algo parecido a un asentamiento al lado de una fábrica de potasio. La gente de Denakil, hombres mujeres y niños, visten pareos. También tenemos compañía armada. Esta zona tiene mala reputación. Pocas leyes se respetan aquí si no entroncan directamente con el instinto de supervivencia.

En realidad, el campo base ya está montado y consiste en una especie de cabañas con paredes de palos y techo de esterilla de rafia. Lo que hacen nuestros guías es tirar unos colchones cochambrosos encima de unas camas de troncos, caña y corteza.

Arreglado el chiringuito, subimos otra vez a los coches y rodamos por un desierto de una fina capa de sal encima de 90 metros de más y mas capas de agua caliente y sal. Este lugar es la Nada y aquí nada sobrevive. Llegamos hasta las salinas del lago Daloil. Sal y mas sal. Nada y más nada.

Una cena de campamento bien organizada y a la piltra. Noche bajo las camufladas estrellas en una noche calurosa y nublada. Mañana a las 5 a.m. en pie.

Diana, desayuno y caminamos 1 hora por un lugar indescriptible con una mezcolanza de materiales, colores y olores entre avérnicos y galácticos. Es un paseo por el mismísimo infierno. Llegamos a unas irreales cataratas de magma, sal, cobalto, azufre, potasio… la fealdad es de un extremo que toca la belleza. Es como estar metido en un acrílico de cualquier pintor contemporáneo.

En este punto dejamos al resto de la caravana. Ellos van a ver un volcán a 200 kilómetros de aquí. Son 7 u 8 horas de coche que aconsejo con entusiasmo a todos mis enemigos y personas a desconsiderar pero que, ni a mi ni a mis compañeros, nos apetece en absoluto. Preferimos conformarnos con volver al hotel chulo de Mekele a pasar una tarde de relajo sin más aventura que una ducha caliente de media hora. 

De vuelta hacia allá, siempre azotados por un viento rabioso e inclemente, nos van enseñando nuevos paisajes y rincones de este antiparaiso con actividad volcánica. Un venenoso lago de potasio, pozos hirvientes de vete a saber qué, lotes de bloques de sal preparados para su transporte…

Caminamos, gateamos y saltamos después por un cañón de planeta intergaláctico hostil e inhabitable, entre rocas de sal que, de hecho, antes era el lugar más profundo del Mar Rojo. Parajes de buceo sin agua.

Me da por pensar en qué misterio más insondable es el azar cósmico que hace que unos nazcan en lugares malditos como la Depresión de Denakil y otros en tierras bendecidas como la mía. Para darle vueltas al tema…

Y ya, sin pena, dejamos este lugar muerto y, después del merecido descanso en Mekele, seguimos hacia Lalibela.

Renuncio a describir la carretera, en muchos puntos rota, hundida e inundada. Como ir a caballo entre trote, galope y brinco desbocado, pero llegamos a Lalibela en algo más de 10 horas. Iglesias, un mercado auténticamente africano, un bonito valle y unas montañas maravillosas para caminar pero, sobre todo, es el lugar donde ya me despido de Pablo e Imanol.

Dicen, que los vascos y los catalanes somos cerrados, retraídos, y serios. Muy nuestros, dicen. En realidad ni sentimos ni padecemos, dicen. Pero… ¡Joder!…Los voy a echar de menos.  Hemos viajado juntos 11 días y nos hemos llevado perfectamente. Nos volveremos a ver, seguro. Chicos, un abrazo. Eskerrik asco.

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Etiopía (3) Las montañas Semien. El hogar de los gelada. Kalashnikovs.

El principal objetivo del trekking por las Semien es ver monos gelada, una especie endémica en Etiopía. Y caminar, claro. 

Un 4×4 con guía, chófer y un guarda con kalashnikov nos viene a buscar a la pensión de Gondar. Se ve que las etnias de la montaña no llevan nada bien lo del turismo de trekking para occidentales y hay un cierto peligro. No me hace ninguna ilusión tener a un tío delante con metralleta, en un coche cerrado, y traqueteando por una carretera con unos baches como para enterrar gente dentro. Las armas las carga el diablo, los seguros saltan con los golpes y el chisme en cuestión no es precisamente un último modelo.

Dabark es otra ciudad de chabolas con una muchedumbre deambulando por las calles embarradas.

Para el trekk se nos ha unido más gente y ahora ya somos 11. Empezamos a caminar con un guía y tres guardias armados. Da un no sé qué (“Miedo, chaval, se llama miedo”.). Ya está mi puñetera conciencia metiéndose donde no la llaman.

Nos han llevado como a 3.000 metros de altura y pasamos 3 horas subiendo y bajando entre esos 3.000 y los 3.500.

Hemos tenido el primer encuentro con una manada de geladas. Están comiendo hierba y pasan de nosotros. Durante el trekk los iremos viendo aparecer y desaparecer en la niebla. Son realmente unos animales curiosos que tienen entre sí unas conversaciones casi humanas de sonidos agudos, rápidos y tajantes. Los machos son impresionantes, con aspecto feroz, unos dientes terroríficos y una melena que recuerda a la de los leones. Pedazo de bichos. 

La niebla no deja ver un burro a cuatro pasos y, de pronto, cae el cielo en líquido encima de nuestras cabezas. Lluvia intensa, viento, truenos y relámpagos. El pack completo. Es como si estuviera dentro de un bidón de agua. Me acuerdo del Pulag pero, por lo menos, aquí el desnivel es mínimo y en Filipinas era pura y dura ascensión.

Cuando paramos, para mantener el grupo unido, tiemblo como una hoja. La cosa se complica entre eso y la hiperventilación que me va dando por la altura (“y porque fumas estúpido”). Empiezo a estar hasta el moño de mi Pepito Grillo. 

Sufro. Mi mochila debe pesar solo 5 ò 6 kilos pero lo que llevo puesto, empapado, dobla su peso y me hándicapa considerablemente.

Por fin llegamos al refugio. Es una casa con suelo emporlanado y techo metálico con algún tipo de aislante. Hay 10 camas con mantas alrededor. Hacen un fuego en la casa de los vecinos. Ya me he cambiado con varias capas de ropa (casi) seca y acerco a las llamas las botas y el paravientos. La humareda en el interior de la casa enferma a 2 del grupo. Huele a queroseno.

Cena a las 17.30 de sopa de lentejas, verduras, espaguetis y espinacas. La sopa me devuelve la temperatura corporal mínima pero sigo teniendo frio y me duele la cabeza. Hay una humedad de poza. A las 8.30 me tiro en la cama sin quitarme ni los pantalones de agua.

Sigo alucinando de las condiciones en que la gente vive aquí. El guía y los guardas ponen unas pieles de cabra sobre el suelo mojado, una bolsa de plástico y se estiran con las metralletas a mano. Ellos no tienen ropa seca, ni colchón, ni mantas, ni almohada, ni nada de nada. Gente muy, muy dura.

Nuevo día. No llueve, pero la niebla persiste. Un café, un par de trozos de pan y al tajo. ¿Toilet? Todo el monte, amigo. El peor momento es  el de ponerse otra vez las botas mojadas. 

Llegamos en un par de horas a las abismales cataratas Jin Bahir. Otra vez para atrás y en la carretera nos recogen en un Land Cruiser y no llevan a otro lado. ¿Donde? Ni idea. Aquí 5 del grupo abandonan. 

El resto hoy de comer tenemos un bocadillo de col. Sí, un bocadillo de col. Es lo que hay. Sol y niebla siguen batallando sin un ganador claro. Nos sueltan otra vez en medio de las montañas y hacemos la cima del Monte Enati tras pasar por una serie de diferentes paisajes, desde bosque de árboles fantasmagóricos a un altiplano con aires galácticos. Nos ponemos ya a 4.070 metros. Me falta aire, el corazón se me desboca y la mochila me sobra. Hace frío.

Estos son los momentos en que le encuentro un cierto atractivo a otras aficiones, alejadas del trekking, como el cultivo de hortensias o la cría del colibrí. Especialmente en climas soleados y cálidos. 

De bajada, el guía le pone un ritmo de corre que vienen los indios. Quizás teme lluvia pero hoy (gracias, gracias, gracias) llegamos secos al refugio. Muy parecido al anterior. Otra manada de geladas está comiendo en el prado.

Hace frío, ¿Lo he dicho ya? Es que hace mucho frio. Llevo 3 capas de cintura para abajo y 4 capas arriba. Y la pashmina en plan manta. A las 17 horas vuelve a caer agua a mares. Estamos a cubierto pero la humedad es… me da la impresión que me van a salir champiñones en el cogote. 

Nos traen una sopa de verduras que me salva la vida. No se si comérmela o tirármela por encima. Y remolacha, arroz hervido y patatas con judías. Suficiente. Yo lo único que quiero es meterme bajo sabana y todas las mantas que pueda encontrar.

Discutíamos en el grupo si, como se suele decir, está pobre gente es más feliz que los occidentales. Es cierto que tienen la risa fácil, pero felices… Mi conclusión es que “felicidad” e “infelicidad” son conceptos occidentales. Ellos, o una enorme mayoría de ellos, no saben lo que es la felicidad, quizás es que la felicidad no existe. Aquí se vive o se muere. Es una vida sin adjetivos. Ni es buena ni es mala. Ni es feliz ni es infeliz. Solo es vida. Y, al contrario, aquí no existe la depresión, ni la ansiedad, ni el stress… ¿No existe o no se conoce? ¿Lo que no se conoce existe? No sé, no puedo ir más allá. Quizás con el tiempo y la distancia…

Se acabó. Una horita y media caminando por los alrededores, disfrutando de maravillosas vistas cuando la niebla decide abrir el telón, cogemos el coche y surfeamos por un barrizal de vuelta a Debark. La ciudad está llena de gente armada, con y sin uniforme. En esta zona son muy aficionados a las armas y la afición se convierte en necesidad para la protección del ganado contra cuatreros y bandidos. Haremos noche aquí. 

El… digamos alojamiento, es algo así como un bar restaurante y unas habitaciones tipo barracones con la mesilla de noche llena de preservativos. Consigo un chorro de agua más o menos caliente para darme una ducha. Un gozo.

Tengo ganas de que pase la noche y poder salir de aquí. La sensación es que en cualquier momento puede pasar algo malo. Agradezco mucho no estar solo. Pablo e Imanol continúan viaje conmigo y, la verdad, es un alivio.

Hacia Aksum son seis horas por una magnífica carretera que circunvala las Semien ofreciendo panoramas de la cordillera, los valles y las ahora rebosantes cataratas. Uno de los loops más bonitos y exóticos del Mundo.

Pasamos por un campo de refugiados eritreos de la UNHCR. ¿Qué voy a escribir sobre los campos de refugiados? … Silencio.

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Etiopía (2) Bahir Dar y Gondar. El reino de Saba. Imágenes de miseria y muerte.

Bahir Dar esta situada a orillas del lago Tana, la fuente del Nilo Azul. Aquí empieza la tierra de la mítica reina de Saba que abarcaba buena parte de Etiopía y también de Sudán, Arabia y Yemen. Un poderoso imperio que controlaba todo el comercio entre África y Asia.

Según La Biblia, la reina de Saba llegó a Jerusalen, cargada de especias y joyas, para conocer al Rey Salomón y probar su legendaria sabiduría. El relato, curiosamente, continua en el Kebra Nagast, el libro sagrado de la iglesia ortodoxa etiope. Según este texto, la reina tuvo un romance con el rey del que nació Menelik a quién Salomón regaló el Arca de la Alianza que, supuestamente, fue depositada en la Capilla de las Tablas, cercana a Santa María de Sión en Aksum.

La presión ha bajado con respecto a la ciudad, pero sigue siendo África. Más frondosa, más florida, pero África.

El hotel… Agua caliente, no, wiffi, no, higiene… no mires. Mi habitación está infestada de mosquitos. Armado con una toalla, hago una razzia con bajas importantes por el bando mosquitero pero, a medida que los voy exterminando, aparecen refuerzos igual de aguerridos. Esta noche será difícil.

Salgo a conocer Bahir Dar que, en realidad, no es más que el lago Tana, un parque y un poblado de chozas y barracas al que van rodeando avenidas arboladas. Los edificios nuevos están en un extraño estado entre la construcción y el derribo. El ejército patrulla entre la muchedumbre.

Caigo en una emboscada de compañeros de los mosquitos muertos que habían invadido mi habitación. Un chaparrón tipo tropical los ahuyenta. Corro yo también a buscar refugio bajo el techo de una choza y resulta que se está celebrando una boda. Música de tambores y flautas, bailes y, sobre todo, ese sonido agudo y salvaje que las africanas consiguen haciendo vibrar la garganta, la laringe y la lengua y que es, sin duda, la esencia sonora del África tribal. Auténtico.

El resto de la tarde camino por las entrañas de la ciudad, pateando barro mezclándome con las etnias que conviven en este submundo de miseria africana, entre gritos y risas, como si mañana no importara. Y es que, realmente, poco importa el futuro si no hay futuro y África, me temo, tiene mucho más pasado que futuro. Si la corrupción y la incompetencia política occidental es notable, aquí es para nota.

Conozco bastante bien el norte, el sur y el oeste de África. Ahora toca el este. Hacía años que no pisaba este continente y no veo avance alguno para sus gentes. Parece que este pastel que llamamos progreso o, simplemente, calidad de vida, se lo están zampando entre muy, muy pocos. Para el pueblo, ni las migas.

Para cenar, en el mismo restaurante del hotel, pido que me den cualquier cosa menos de cabra. Dicen que me darán ternera y me dan cabra. Esta vez con chile. Los africanos tienen una desagradable tendencia a pensar que el europeo es estúpido. Eso me jode, aunque alguna base tendrá. Me he comprado una botella de vino tinto etíope. Voy a necesitar toda la ayuda posible para dormir.

Ya sale el sol. En un día veo el lago Tana con sus iglesias y las cataratas del Nilo Azul.

En el lago, un paseo en barco y visita a 2 monasterios ortodoxos de 5 o 6 siglos de antigüedad con bonitas pinturas religiosas. Cocodrilos, pelícanos e hipopótamos campan por el sucio lago como atractivo complementario.

Ir hasta las cataratas tiene más guasa. La carretera, por llamarle de algún modo, es de las de agárrate. Los baches y el barro ponen a prueba la destartalada minivan que nos lleva. A los lados, poblados de barracas construidas con palos de madera, paja y excrementos, y tejadas con hojalata. Ganado de todos los tipos y humanos en un estado de pobreza de otra dimensión. ¡Que miseria por Dios! Un niño y una mujer adulta yacen muertos en el suelo. La gente se santigua. Dicen que se han electrocutado con el cable suelto de un poste eléctrico. Aquí la vida no vale nada.

Una caminata de media hora y llegamos a las cataratas que de azul no tienen más que el nombre. Los sedimentos le dan un color chocolate. Magníficas, eso si. Dicen que a partir de octubre el agua es mucho más clara. Media hora más de camino cruzando un larguísimo puente colgante, un rato en una motora por el río y otra hora por la misma carretera rompelomos y ya estamos de nuevo en Bahir Dar.

Total, una jornada con más pena que gloria. He conocido a 2 hermanos vascos, de Zarauz. Pablo e Imanol. Como no tengo más noticias de la gente de Addis Abeba, me apunto con ellos a un trekk por las montañas Semien. Mañana vamos a Gondar y pasado a las montañas. 

No me quito de la cabeza las imágenes de miseria y muerte.

Salimos a las 10 horas hacia Gondar. Una carretera muy arregladita, con controles militares cada 30 kilómetros, pastores, muchos de ellos menores de 10 años, con su ganado en los inexistentes arcenes… Misérrimas pequeñas ciudades, pueblos y aldeas, magníficas vistas a verdes y frondosos valles y montañas…

En Gondar, el recinto real de Fasilidas y sus descendientes, también emparentados con Salomón, es un conjunto de castillos con un atractivo innegable, mínimamente reconstruidos con la ayuda de la Unesco, que devienen un ejemplo de lo que es África. En un país con una tasa de paro alucinante, el gobierno no es capaz de poner aquí a 100 tios a trabajar una semana y hacer una reforma global que multiplicaría exponencialmente el atractivo turístico del complejo y la ciudad. Es de una ilògica tremenda. Lo mismo los baños del rey, un estanque que debiò ser de un lujo insultante para disfrute de la corte mientras, extramuros, la gente moría de hambre.

Paseamos también por el mercado Kidame Gebeya, míserable hasta límites perturbadores, donde el encuentro con los tristes ojos de un o una adolescente me machaca como un martillo pilón.

Todo lo que estoy viviendo me está sacudiendo. Veo cosas que no quiero explicar. Estas gentes viven como animales. Nuestros perros y gatos viven mejor. Hay unos mínimos de humanidad que deberían ser exigibles por Derecho Natural. Es desesperante y desesperanzador.

Me cuesta dormir por las noches. Me siento impotente y responsable como occidental y los pensamientos tristes se me embozan en algún lugar hondo. Me estoy entristecido mucho. África me está dando fuerte… Y acabo de empezar.

Mientras cenábamos, Pablo, uno de los hermanos vascos, se ha mareado. Sudaba. De pronto, los ojos le han empezado textualmente a dar vueltas y se ha desmayado. Han sido 10 segundos y ha revivido, como si despertara de un sueño profundo. La movida ha sido considerable, claro. Ha “vuelto” como si no le hubiera pasado nada pero, durante esos segundos, no estaba. Algo ha fallado en su cerebro. Y mañana pretende venir a las Semien. Trekking de 2 noches/3 días. No lo veo nada claro.

Esto se está complicando demasiado…

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Etiopía (1) Addis Abeba. Africa. Lucy y los zombis del khat.

Un viaje por África nunca es un viaje “normal”. África es sinónimo de aventura. Aquí vas a encontrar problemas sí o sí. Inseguridad, incomodidad, insectos, caos, miseria, suciedad… Pero vas a vivir intensamente. Cuatro meses en África es mucho tiempo.

Por mi parte, confío en mi naturaleza espabilada y en mi encanto especial, reconocido a nivel mundial como un don otorgado por gracia divina, para salir ileso del asunto. Sí, mi abuela falleció hace mucho tiempo. Me lo tengo que decir todo.

Cada etapa del viaje tiene su entidad, pero las ascenciones a una de las dos, o las dos, montañas màs altas de África, el Monte Kenia y el Kilimanjaro, son  quizás los puntos culminantes de mi estancia en África Oriental y he de ir cogiendo la forma adecuada. Desde luego, no parto de 0. Debo estar a un 60/65% de mi capacidad, acabaré Etiopía a un 70/75%, Kenia al 80/85% y estaré en Tanzania al 90% más menos el 15 de septiembre. O ese es el plan. Habrá que estar muy atento a lesiones y mantener salud y peso.También adaptarse a la altura y al frío y probar equipo. Veremos.

Addis Abeba… En teoría el hotel no está a más de 45 minutos a pie del aeropuerto Bole así que me voy paseando. Han sido casi 24 horas de viaje con esperas interminables y necesito estirar las piernas.

Chabolismo, carreteras empantanadas, basura, rebaños de ovejas y asnos… Noto la altura, tengo dolor de cabeza y la respiración se hace difícil. Addis es la ciudad más alta del continente africano y la tercera del Mundo, 2.300 metros sobre el nivel del mar en su punto más bajo. Llovizna. Hombres con pinta de pandilleros de Harlem, mujeres vestidas con vivos colores, niños por todos lados jugando sin juguetes y adolescentes buscándose la vida.

Voy a la dirección del hotel y allí no hay más que un edificio de apartamentos. Ni rastro del hotel. Empieza la procesión. Pregunto a una especie de guarda del condominio de apartamentos y no sabe. Me dice que vaya a la panadería y en la panadería no saben. Me presentan un señor muy elegante al que están lustrando los zapatos. Habla perfecto español porque estuvo 10 años en Cuba estudiando ingeniería química con un programa de becas para huérfanos de la guerra con Somalia. No sabe. Me lleva en coche a la casa de un conocido que tiene una agencia de viajes y también habla español. Están 3 amigos en una habitación echados en una cama de matrimonio mascando khat (*), una especie de hojas de coca. Están bastante colgados. No saben. Son ya las 7 de la tarde, de noche. Hace más de 28 horas que salí del hotel de Ankara.

Vaya entrada en Africa. Que caos. Me pillo una habitación en el primer hotel decente que encuentro y mañana será otro día. O yo estoy muy destemplado o hace frío. 

Me levanto mareado, la altura es poderosa. Paseo bajo la lluvia en vuelo rasante. La mezcla de música africana y rap es inquietante. Tienen aquí verdadera neurosis por los zapatos y hay limpiabotas por todos lados. La circulación es una locura. El café, la basura y el incienso africano batallan para imponer su aroma.

Es curioso cómo impresiona encontrarse de pronto rodeado de gente negra. Serán prejuicios, pero estar en una ciudad de 3.500.000 de personas del color de la noche oscura es un golpe directo a las meninges.

Paro en un restaurante que ofrece barbacoa de cabra. La llegada a Etiopía no ha sido agradable, el tiempo es lluvioso y los problemillas se acumulan pero nada que no pueda arreglar un maravilloso festín de carne dura y correosa servida en una cazuela de hierro con brasas en el interior, rollitos de injera, una especie de crep ligeramente agria que aquí hace de pan, y una salsa picante que sólo pruebo para ir acostumbrando al estómago a la nueva alimentación. La carne la cortan en directo de unas cabras desolladas que cuelgan de ganchos a la vista de los comensales para hacer más agradable el ambiente.

En cuanto el sol desaparece hay que estar a cubierto. Todas las grandes ciudades africanas, y Addis no es ninguna excepción, son peligrosillas de noche.

Me levanto con el sol, contacto y voy a ver a Chane, el etíope que tiene una agencia de viajes y que me presentaron el primer día. Voy con mi plan de viaje. Quiero oír que me cuenta porque, si no busco ayuda, voy a perder muchísimo tiempo. Todo aquí es tremendamente complicado.

Modifico mi itinerario según sus consejos, empezamos a hablar con su corresponsal del trekking en las montañas Semien, compro un billete de avión a Bahir Dar en la abarrotada oficina de Ethiopian Airlines, dentro del Hotel Hilton, y paso la tarde visitando el destartalado Museo Nacional, alguna iglesia y el “Merkato”. 

El Museo Nacional de Addis Abeba es mundialmente famoso porque es donde està la célebre Lucy, un homínido de más de 3 millones de años aceptada científicamente como la evidencia más antigua conocida del ser humano. Lucy es algo así como la abuela de la humanidad y casi la mitad de sus huesos descansan en paz en los archivos del museo. No es la mujer más guapa de Addis Abeba porque Etiopía, desde luego, de mujeres guapísimas está lleno.

El Merkato merece también menciòn aparte. Es todo un barrio, es el centro neurálgico de negocios en Etiopía y el bazar más grande de África. Es también el mayor nido de ladrones y demás depredadores humanos de esta urbe. Ya en el taxi te hacen cerrar seguro y ventanas y te dicen que no tengas el móvil a la vista. Y tu te preguntas, ¿pues y que hago cuando salga del coche? Da mucha impresión. Para hacer fotos ya tienes que ponerle higadillos. Es muy puta la miseria.

Y todo esto, que se dice en un momento, es como moverse por un pantano con lodo hasta la cintura. Desde los controles paramilitares en la entrada del Hilton, hasta las negociaciones con taxistas, la acumulación de gente, el tráfico, mendigos y vendedores varios,… Realmente, África es otro planeta.

Ganas de salir de la ciudad. Un vuelo interno, y me planto en Bahir Dar.

(*) Nota. El Khat o chat es la cocaína de África, una droga social poco conocida en Occidente, tremendamente adictiva, que produce efectos devastadores a nivel particular al consumidor y también a nivel colectivo porque, por muchas razones, entre ellas la enorme cantidad de agua que necesita su producción y que es un bien aquí tan escaso, está planta es una de las culpables de la miseria africana. Un proverbio Somali dice: Cuando mascas khat estás encima del mundo, pero cuando lo escupes el mundo se te cae encima. Más de 20 millones de personas consumen habitualmente khat en el Cuerno de África. Son los zombis del Khat.

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Senegal (y 3) El pais Bassari.

El pais Bassari está al sureste de Senegal y alli se hacen unas máscaras de iniciación que quisiera conseguir para mi colección.

Lo que decia la guia Trotamundos de ese lugar:”Los pueblos bassari Ebarekh y Etiolo solo son accesibles a partir de los puestos de guardia del parque de Dalaba y Oubadji. Para que lo tengais claro, cojer la pista que lleva de Kedougou a Salemata es insensato e imprudente. Barrancos, posibilidad de perderse o de tener una averia…La hemos recorrido por vosotros y no estamos dispuestos a hacerlo otra vez.

Bueno, eran tiempos dificiles, hoy se pueden hacer trekings organizados fantásticos. Incómodos, duros y con ciertos riesgos, claro. Es el precio de lo extraordinario. Yo, por económia, contraté un guia para que me llevara en moto. Ir en 4X4 era demasiado caro. Error.

Antes de las 6 de la mañana salgo del lodge para empezar mi aventura. Bajo un árbol, había un anciano mirando el horizonte. El resto de la gente empezaba a despertar. No habiamos hecho ni 10 Km cuando se nos cruzan delante de la moto dos burros y el guia y yo nos pegamos un porrazo de muy señor mio. El se lleva la peor parte, un par de heridas feas, aunque no se rompe nada. Yo, rascadas varias, pero todas superficiales. Nos llevan en una camioneta a una especie de hospital de campaña en la selva donde pretenden curarme y ponerme gasas de tercera o cuarta mano con rosados rastros de sangre ajena lavada. Ni pensarlo amigo! Obviamente, sólo me dejo limpiar y desinfectar… y andando. Sólo faltaría. Como llevaba mi propia jeringuilla, lo que si acepto es ponerme la vacuna del tétanos. La dosis se ha de poner en varias fases, asi que, entre una y otra, me dejan en el patio con la aguja puesta y zumbandome montones de moscas alrededor. Yo tenia entendido que esas dosis se ponian en varios dias pero a mi me las ponen en 3 horas. Mejor no pensar.

Tozudo que es uno, a eso del mediodia contrato, ahora si, un Freelander de la época de las colonias, un conductor, un mecánico y nos volvemos a poner en marcha en busca de las puñeteras máscaras bassari.

La ida hasta Ebarekh fue bien, sin mas problemas. Poblados auténticamente misérrimos, formados por menos de 300 personas, de no mas de 4 ó 5 familias, malviviendo sin ninguna atención y colgados a leguas de la civilización. Una última generación de un mundo totalmente extemporaneo. Hablo con el jefe, con el guia como traductor, y no tiene inconveniente en venderme las mascaras en cuestión. Cinco mascarás bassari originales. Joyitas para un coleccionista. Como se estaba haciendo de noche no nos entretuvimos mucho. Me ofrecí para llevar al hospital a una niña que tenía el brazo roto pero no hubo manera. Ellos tienen sus plantitas medicinales y sus cabestrillos de tela y no los sacas de ahi.

A mitad de camino, en una carretera que lindaba a la izquierda con la selva y a la derecha con un barranco a pico, el motor del 4X4 se paró. Punto. PUF. Kaput. El mecánico se pasa una hora quitando, limpiando y volviendo a poner piezas y piezas hasta que consigue encenderlo. El diagnóstico final es que, o funciona el motor, o funcionan las luces. Las 2 cosas a la vez “nanai”. Y ya es de noche. No apeteceiendole a nadie, en absoluto, pasar la noche ahi, el mecánico se pone en el capó del coche y va alumbrando con una linterna el camino mientras el motor nos va bajando poquito a poquito. Qué narices el chaval del capó!!! Yo voy acongojado dentro del coche por si volcamos y nos vamos barranco a bajo y él alli fuera agarrandose como puede a la carrocería, de noche, con una linterna y en una carretera dejada de la mano de dios con socabones como grietas.

A eso de las 12 de la noche, un policía, o un bandido vestido de policía, nos para y pide “papeles”. Naturalmente, resultó que el coche no tenía seguro y el supuesto policia requisó el coche. Estuvieron hablando y discutiendo entre ellos hasta que, supongo, llegaron a un acuerdo para recuperar a la mañana siguiente el coche. Aqui a veces la policia no cobra su sueldo del Gobierno en 3 ó 4 meses y, se dice, que alquilan sus uniformes a ladrones para robar a la gente con trucos como este. Total, que nunca sabes si hablas con un poli de verdad o con un extorsionador. O con los dos.

Con mis máscaras a cuestas hicimos el resto del camino a pié y llegamos al lodge a las 3 de la mañana. Allí seguía el anciano bajo el mismo árbol igual que cuando salí hace casi 20 horas. Supongo que vivía allá y que sólo se movía para seguir la sombra que le cobijaba. A eso, en determinados lugares del mundo, se le llama vivir.

Ha sido un viaje duro. Agradeceré llegar a casa. Sí señor.




Senegal (2) Unas cestas de colores

En Dakar vemos unas cestas de colores de todos los tamaños con la forma de las que utilizan los encantadores de serpientes y me sale la vena negociante. Son muy chulas y en la capital ya son baratas asi que si averiguamos el lugar de origen podemos hacer con Amadou un negociete vendiendolas en mercados de verano. Y a la vez conozco el pais. Dicho y hecho, Amadou comienza sus averiguaciones y a ver si me pago el viaje.
Parece ser que esas cestas las hacen en 5 poblados del norte de Senegal, en la zona de Kebémer, y alla nos vamos en el coche de Amadou por una carretera insufrible y bajo un sol de agárrate los machos. Tras 5 horas de horno me siento al punto, mas bien hecho, y mis riñones parece que quieren servir de relleno. Son aldeas sin hombres de más de 16 años y son las mujeres las que tejen las cestas despues de la jornada en el campo. Tienen manos de minero. Necesito llenar un container, lo que significan muchas, muchas cestas. Un camión abarrotado y algo más. Amadou organiza la compra, fija 3 medidas con un precio para cada categoría y empezamos a ir pueblo por pueblo comprando las que nos ofrecen.

En el último poblado, el más grande, ya tarde, pedimos que las familias lleven toda su mercancia a un descampado donde los niños juegan a futbol. Nosotros estamos en el centro y la gente espera en los límites del campo. Familia a familia, una a una, se van acercando y vamos seleccionando y pagando. Cuando se llenan un par de carros, se llevan por caminos de arena a la carretera principal y se va cargando el camión para llevar todo a Dakar. Toda la logística la ha preparado tambien Amadou porque, aqui, un occidental solo no puede hacer nada. Se lo meriendan siempre. Va pasando la tarde y vemos que la gente se ha ido acercando haciendo un circulo cada vez más pequeño a nuestro alrededor. Se está haciendo de noche y les puede la ansiedad porque temen que nos vayamos sin comprar sus cestas y su actitud se vuelve agresiva. Se rompe el orden y un par de chavales empiezan a llamar nuestra atención a empujones. Y se gritan entre si y a nosotros. Mal. La situación se pone fea asi que nos metemos en el coche y salimos más que pitando de vuelta a Dakar.

El negocio salió mas o menos bien. Se vendio bien todo el container de cestas. Pero la verdad, no aconsejo a nadie meterse en esos berenjenales. En viaje, a veces, sale la tentación de hacer un negociete. Al fin y al cabo, nosotros somos los que tenemos cuatro duros y, en esos paises, cuatro duros son un montón de pelas para hacer cosas. Pero lo dicho, parece mas facil de lo que es. El transporte, las largisimas negociaciones y sesiones de compras, los tramites administrativos, los tratos con funcionarios y policias…. No sé. Cambio de tema.

Consejo de viajero. Nunca he escrito al detalle lo que para mi debe haber, como máximo y como mínimo, en una mochila viajera de verdad. Primero decir que, para que sea comoda de llevar, de organizar y de controlar, tu mochila no debe pesar mas de 7/9 Kilos. Quieres más? Pues más. Tu, tu espalda y tus riñones sois los que la tienen que llevar, a veces kilómetros y kilómetros y durante semanas y meses.

Cada maestrillo tiene su librillo y cada viajero sus manias, pero para un viaje largo, de 2 meses en adelante, los 7/9 Kg de mi mochila me permiten llevar, de abajo arriba, porque cada cosa tiene su lugar para todo el viaje:

1.- Ropa de baño: 1 toalla o pareo y 1 traje de baño.

2.- Ropa térmica: 1 camiseta y 1 calzoncillos largos. 1 pantalón de agua

3.- 1 pashmina (sí, no pongais esa cara, una bufanda de esas grandes que te sirve de bufanda, de capa, de manta y de lo que se te ocurra para abrigarte) y  un polar.

4.- 2/3 calzoncillos y 2/3 pares de calcetines

5.- 2 pantalones. (los más practicos, los tejanos). Un pantalón corto.

6- 2 camisetas técnicas, otra camiseta de algodón y 2 camisas (North Face, por ejemplo, si te llega el presupuesto)

7.- Botiquin básico: Nolotil, Ibuprofeno, Paracetamol, Almax/Tiritas, Cristalmida, vendas/Fungicida, Relec, Azarón, crema muscular.

8.- Neceser básico: Desodorante (los perfumados les encantan a los mosquitos), crema solar (50), pastilla de jabon, peine-cepillo, tapones oidos, toallitas higiénicas, cepillo y pasta de dientes. Todo en formato pequeño (menos de 100 ml).

9.- Complementos: boligrafo, telefono movil/camara, cargador de bateria, gafas de sol, gafas de lectura, linterna de frente. Una mochila o bandolera pequeña. Navaja multiusos y palo de treking son una molestia. Sobre todo en vuelos internos interesa tener una mochila que no tengas que embarcar. Se ahorra mucho tiempo y dinero.

Además de eso, 1 paravents y lo puesto.

Y con eso y un bizcocho puedes viajar a la Luna.

 




Senegal (1) Les gazelles de Dakar

Dakar es una ciudad caótica y desagradable. El tráfico es infernal y las entradas y salidas estan llenas de niños y jovenes vendiendo de todo, incluso a si mismos.

Hay un éxodo constante de juventud desde los míseros poblados del interior de Senegal hacia la capital porque en sus lugares de origen es imposible sobrevivir. Es muy común ver en las zonas deserticas poblados sin hombres ni juventud, sólo mujeres y niños malviviendo del cacahuete, la pimienta y la cebolla. El desierto no es generoso. Y sí, en la capital, jovenes de ambos sexos se venden a turistas, cooperantes y viejos potentados. Vomitivo.

Las mujeres senegalesas son famosas por su belleza. Las llaman “les gazelles de Dakar”, aunque más parecen panteras negras que gacelas. Dicen que las mujeres más guapas de Africa son las somalís y las senegalesas. Los hombres, igualmente, son altos, fuertes y guapos, como el estereotipo de Mandingo. Todo el mundo habla de Cuba y Tailandia como destinos típicos de turismo sexual pero, como siempre, se olvida Africa y, en Africa, el turismo sexual se llama Senegal. Aqui, sobre todo en la costa Este, hay mucha pesca y, al atardecer, despues de las barracudas, se organizan cenas y fiestas amenizadas por grupos de muchachas (y muchachos) guapas, melosas y simpaticas que venden sexo pagado y ruin.

Por favor, por favor, de ninguna manera que os lo vistan, camuflen o disfracen, favorezcais, excuseis o participeis en el turismo sexual de ningun lugar del mundo. Eso, además de excluirte de por vida de la honrosa categoria de viajero, te pone a la altura de los depredadores mas crueles del reino animal, de los que hieren y no matan y de los que esclavizan a seres de su misma especie. Te diran que ellas y ellos lo hacen porque quieren. Te diran que no tienen otra manera de sobrevivir y que les haces un favor. Alguno de ellos/ellas incluso te dirán que se han enamorado de ti. A veces todo eso será media verdad y a veces una mentira completa. Desde el mismo momento que bajas del avión en el aeropuerto de Dakar, no eres mas que un dolar rodando por la pista o una posibilidad de pasaporte para la Tierra Prometida de Occidente. Si te metes en esos berenjenales, estarás potenciando que, en alguna aldea de Senegal, Nepal o India, unos padres tengan que vender a su hija de 12 años a cambio de un frigorífico o un tejado de uralita nuevo. De esa forma, ayudaras a que los dirigentes de esos paises sigan sin hacer nada por el desarrollo de sus pueblos mientras se llenan los bolsillos corruptos en transacciones internacionales de nulos beneficios para sus ciudadanos. Y si nada de eso te convence, piensa que tambien te estarás jugando el físico. No serás ni el primero ni el último que pilla una enfermedad de por vida o le droguen, le roben y le tiren a una cuneta. Mal negocio amigos.

En Dakar tengo un amigo, Amadou. Durant 5 ó 6 meses al año anda por Europa negociando con piezas de coches y mercados callejeros y, en Octubre, se vuelve a casa. Aqui es un negro en un mercado pero alli es el puto amo. Tiene una casa bonita en un barrio elegante, un buen coche, una mujer guapa e inteligente y dos niñas preciosas. Y el bebé pequeño, el gran futuro jefe del clan, el primogénito.

Amadou, en Dakar, no está muy bien visto en algunas esferas porque se niega a tomar mas esposas. Aqui no tener 4 esposas se entiende como egoismo. Sus familiares del interior, pobres como ratas, le ofrecen esposas jovenes, guapas y trabajadoras porque ellos no las pueden mantener, pero el se excusa. El sólo quiere a su mujer. Un gran tipo mi amigo Amadou. Y un tio con suerte porque se la curra.

Que hay que ver en Dakar? Nada. Los mercados quizas. Visitar la isla de Gorée para tomar conciencia de la barbarie del esclavismo y alguna O.N.G local de las que trabajan por aqui con una falta de medios indignante. Los colores, comer un pescado bueno en las playas, la música, el ambiente…Nada, en realidad nada. No hay ninguna razón para quedarse mas de dos dias en Dakar asi que lo mejor es cojerse un abarrotado bus colectivo y ponerse a explorar el pais por unas carreteras horribles y bajo un sol de justicia. Esto es Africa.

Demasiado seco este artículo? Descarnado? Ya. Esto es África.




Mali (y 5) Desespero. El hotel del coronel Gadafi.

De vuelta a Bamako con Dialloba ya recuperado de la malaria.  He vivido aqui tanto y tan duro que tengo necesidad de irme a casa. Estoy saturado. Muy cansado. Es un palo, me sabe mal por Dialloba pero sabemos Dios y yo que necesito volver a casa, a una realidad tranquila, asumible. Esa noche descanso. Bueno, no, no descanso, sólo duermo. Mañana tengo vuelo con SABENA, será meterme en el avión y llegar a casa y alli sí, en casa, en mi cama, descansaré…

…pero NO. En absoluto. La vida me dá otro bandazo y, esta vez, duele.

Llego al aeropuerto al dia siguiente, con tiempo y mi billete…y no puedo entrar. Simplemente, no puedo entrar. Literalmente no puedo entrar al aeropuerto a enseñar mi billete a nadie. Una masa de gente abarrota el aeropuerto. Nadie puede entrar y casi no se puede ni salir. Es una locura.

SABENA, la compañía aerea belga con la que contraté el billete, habia hecho overbooking a lo bestia, a la africana. No es que haya vendido un 10% más de billetes, sino que tenia un avión y ha vendido tres o cuatro aviones completos con tripulacion y todo. Una estafa en toda regla. A los pocos dias la compañía hizo quiebra y fué peor pero, aquel dia, a los que nos quedamos en tierra, todavia nos dieron otro vuelo para tres dias despues y una habitación con pension completa en el hotel de Gadafi.

El hotel de Gadafi es el mas grande de Mali. Un mastodonte de tropecientas habitaciones en medio de Bamako sobresaliendo de todo como un grano en el culo.  Este hotel no tiene nombre para mi. Es el hotel de Gadafi, el tirano de Libia. Ese. Hay gente, seres humanos, animales racionales, gobernantes, que saquean su paupérrimo pais para, con el botín, hacer inversiones babilónicas en paises todavía más míseros y corruptos que el suyo. Y los occidentales, ávidos de aventuras, pagamos la cuenta directamente a los bolsillos del dictador sinverguenza en cuestión. Sea coronel, general, emperador o mariscal, de su pais, del de al lado, de su pueblo o de su puta madre, son todos iguales. Hijos de puta endiosados. El hotel es todo acero y vidrio, quinquicientos pisos, podrimiles habitaciones, pasillos vacios interminables, austeridad funcional, comedor enoooooooorme con menú carcelario… Y alli en medio, como hormiguitas que no llenan la enormidad de una catedral fea, grupitos de viajeros agotados, estafados, nerviosos, enfermos, desanimados, impotentes…Corren las historias perdidas, corren las pastillas contra la malaria, corre el sesespero.

Yo no aguanto alli ni tres horas. Me voy a casa de Dialloba y su familia. Quedaban dos noches y dos dias para mi próximo “quizásvuelo”. Con Dialloba recorrimos Bamako, poco que hacer, nada extraordinario, ninguna postal pero mucha humanidad. Lo que mas me impacta es un bar-terraza-restaurante donde me llevó a comer. Semi occidental, donde van los cooperantes y “ejecutivos” europeos, donde se come espaguetti, platos combinados, pizzas y demás, y lleno de señoritas de “compañia” malianas y senegalesas. Guapas, desde cierto punto de vista, sí. El turimo sexual en Mali y Senegal es muy activo. Ellas sonrien. Ellos se sienten importantes. Todos se pavonean en una especie de danza nupcial del urogallo. Que asco. Me produce asco, que se le va a hacer.

Consejo de viajero. En viaje, el sexo ocasional es temerario. No me voy a poner a dar lecciones a nadie pero, en cuanto a no buscarte problemas, el primer mandamiento del viajero es no tengas sexo ocasional en viaje. Ahi lo dejo, insisto, sin más comentarios sobre el lado moral del tema de aprovecharte de las miserias de otro ser humano.

Duermo en casa de Dialloba, con su familia y otras familias compartiendo un patio interior de bamako por donde corren mezclados niños, perros, gallinas y adultos de todos los matices del negro. Africa. Bueno, mañana sí,… mañana me voy a casa por favor,…descansaré…

…y sí, SABENA cumplió, fué su último suspiro. Ya estoy dentro del avión. Madre de Dios y del Amor Hermoso vaya viaje!

Que mundo mas maravilloso que tenemos!…pero què duro.

 




Mali (4). Un funeral. El Segui.

El Segui se celebra, mas o menos, cada 60 años. Es una celebración dedicada a la fertilidad de la tierra y la vida que dura varios dias y tiene réplicas durante varios años despues. Supuestamente coincide con determinado punto de la órbita de la estrella Sirio. La última empezó en 1.967 asi que la próxima se celebrará hacia el 2.027. Muy pocos occidentales han visto un Segui. A mi el próximo me pillará viejete para esos trotes, pero puedo decir que me hago una idea al haber sido testigo de lo más parecido que hay: el funeral de un Hogón.

Lo del Hogón es muy peliculero. Un hogón es el jefe espiritual de la aldea y es elejido entre los más viejos del lugar. Aqui, vejez y sabiduría es lo mismo. Una vez nombrado como tal, el Hogón debe vivir sólo con una tortuga y una cabra. Una virgen le cuida la casa y le hace la comida y durante 6 meses de iniciación no puede lavarse ni afeitarse. nadie puede tocarle. Es el único que se comunica con Amma, dios digamos, y el es, naturalmente, el que transmite a los demás lo que la divinidad pide y decide. Es juez, es sacerdote, es farmaceútico, es brujo, es médico…lo que quieras. Sirve para un roto y para un descosido.

En un viaje no organizado más que por ti mismo, para bien y para mal, nada suele salir como has pensado. Esa es la “gracia”. Tu te puedes esforzar tanto como quieras, ir con tanto cuidado como puedas y sepas, pero la vida te mueve de aquí para allá como a ella le dá la gana. Y, para mi, a la vida le dió la gana de que viera el funeral de un Hogón.

Yo estaba sentado al lado de la toguna de una aldea colgada en el desfiladero con todo el desierto a mis pies. La toguna es una cabaña de techo de caña donde los ancianos hablan y solucionan sus pleitos y problemas. No tiene mas de 1,20 metros de altura para que nadie pueda estar de pie. Ellos consideran que la mejor manera de entenderse es sentados cara a cara y, con el techo tan bajo, es la mejor manera de que nadie se exalte de golpe. Para entendernos, si ahi te levantas, sin pensar y cabreado, te das un cabezazo con el techo de lo mas doloroso y rídiculo. Es una curiosa manera de mantener a todos tranquilos y serenos, sin actitudes gritonas y amenazantes. Si lo piensas bien no es ninguna tontería. Y a ellos les funciona.

La plaza de la aldea se fué abarrotando. Servidor, el único blanco asistente al acto. El Hogón ya está enterrado, en teoría más que colgado en una de las tumbas que se ven por todo el desfiladero y que parecen absolutamente inaccesibles salvo que seas una araña. La gente espera, esperamos, con un rumor nervioso, el homenaje póstumo que se le debe rendir para acompañar su camino al mas allá. Me dicen que puedo quedarme, que no hay ningún problema, no hay ningún peligro mientras no haga yo ninguna tontería.

Desconozco que es una “tontería” para elllos, asi que me limito a estar quietecito mientras oigo disparos y van subiendo a la carrera hombres con sus viejos fusiles. Tras ellos, otros hombres enmascarados con taparrabos y guarniciones de cuero y conchas, con largas melenas de paja teñidas de vivos colores, hacen un ruido tremendamente amenazante. Es como un asalto a la aldea. me dan ganas de levantar las manos rindiendome sin condiciones. Por último llegan las máscaras Kanaga. Grandes, pesadas, de madera dura, con cara de pájaro unida a una estructura en forma de una especie de doble cruz o de dobles alas con la que los bailarines, inclinandose antinaturalmente dan fuertes golpes en el suelo sosteniendo y guiando la máscara con de un trozo de madera que aguantan con los dientes. A través de estas danzas con las Kanaga adornadas con signos y pinturas y consagradas con ritos ancestrales, los hombres de la tribu cuentan la creación, guian al difunto hasta su destino final y piden abundacia de vida y cosechas. Es un momento precioso.

Despues de la danza, un grupo de viejos con una cabra hacen un corro y bailan. Me miran mal. Mi vecino me dice que oculte la cámara de fotos y asi lo hago. Los hombres dejan de mirarme, le cortan el cuello a la cabra y, sin dejar de bailar, la zarandean encima de sus cabezas mientras les cae la sangre por el pelo, la cara y las túnicas…

Es un porrazo a los sentidos. Impresionante e impactante. Puede ser hasta traumatizante. No sé. Pero, esta vez, amiga vida, gracias por la suerte que me ha tocado. Las aventuras autenticas de verdad cada vez son más difíciles de encontrar.




Mali (3) El Pais Dogón. La Falisse.

Ha vuelto a salir el sol. Las pastillas de Dialloba y las horas de sueño han hecho el milagro: de sentirme a morir a consciente y orientado con las constantes vitales en perfecto estado de revista. Volvemos a la carretera y, dos ruedas destrozadas despues, llegamos a la Falisse, el Desfiladero de Bandiágara, un acantilado de 150 kilometros de largo y de 100 a 300 metros de altura en medio del mar de arena que une Mali y Burkina Fasso. Naturaleza creada a lo bestia. Ya estas en el pais Dogón, hay que bajar La Falisse, y aqui te va a pasar de todo.

Como escoger, de todo lo que he vivido alli, qué escribir del Pais Dogón?

Primero, unas horas de desierto de piedras. Hay de salir temprano porque a mediodia sólo podrás respirar calor. Dialloba tiene malaria y no me puede acompañar. Ya lleva dias malo. Me espera arriba descansando.

Y empiezas a bajar el desfiladero pasando por aldeas tribales en la Edad de Piedra. En las casas, trofeos de caza, monos desollados, puertas de artesania impresionantes. En la gente, hombres con rostros negros y duros, nobles, sonrisas desdentadas, mujeres risueñas, moliendo mijo y tejiendo, y niños, muchos niños jugando a todo sin nada.

A los pies de La Falisse, durante 3 o 4 dias caminas y caminas, cuando te deja el calor, y vas de aldea en aldea y de campamento en campamento, con la vida al acecho impactandote de imágenes: Un termitero, un boabab, caimanes, un pastor de cabras con ganas de hablar…sorpresas, siempre sorpresas. En los campamentos, un plato de comida, una coca cola caliente, un camastro y un agujero con puertas para hacer tus necesidades en la “intimidad”. A veces, una ducha sin ducha pero con un cubo de agua. Aqui el agua va cara. Las mujeres tienen que caminar horas, desfiladero para arriba, sólo por conseguir un cubo grande de agua. Lugares dificiles para gente elegante. Te has ido de la comodidad de tu casa a la otra punta del mundo y del tiempo. No todo el mundo vale para eso. Determinadas sensibilidades aqui son heridas de bala en cada esquina. Conozco algunos a los que le ha dado una depresión de caballo en la primera semana.

Lo dicho, caminar y caminar, cien sensaciones y experiencias diarias, calor, sed, una garrafa de gasolina con agua para hidratarte…De comer, mijo con salsa de tomate o arroz con salsa de tomate, de cenar mijo con salsa de tomate o pasta con salsa de tomate…Mucho polvo, al tercer dia no recuerdo de qué color eran mis pantalones…Moscas tambien, mucha mosca hambrienta e impertinente.

Una noche, despues de cenar, subo a dormir al tejado. Tienen siempre una escalera puesta. Dentro de estas construcciones de barro no se puede dormir de tanto calor y, ademas, …las serpientes no pueden subir al tejado. Estaba yo pensando en eso, mirando Bandiagara con un cielo estrellado de luna llena y, delante de mi, veo una serpiente de antorchas subiendo por el desfiladero. Precioso. Es una fiesta tradicional de los jovenes dogones que van por las aldeas con antorchas y se meten, en las casas de las chicas para “prometerse”. Naturalmente, aqui vive y duerme toda la familia junta, asi que todo esto se hace con permisos paternos en regla y, me temo, previas negociaciones de ambos bandos sobre si la union en cuestion vale tantas o cuantas gallinas, cabras y caballos.

Supongo que es eso. Ver cosas asi, estar alli en directo, en uno de esos momentos, deja imagenes inimaginables por mi mente. O no. No se por qué se hacen viajes de este tipo. Por lo de siempre: porque sí. Porque se alian los astros, los carácteres y las circunstancias. En realidad a mucha gente le gustaria un viaje asi una vez en la vida. Pero hay que quererlo de verdad y saber a qué vienes. Y, sí, lo raro es volver a hacer estos viajes una y otra vez.

Lo que sí es claro es que, para mi, la atraccion por el pais Dogón viene por las máscaras. Soy coleccionista de máscaras y tengo un montón. Interesantísimas. De todo el mundo. Pero es que aqui, en el Pais Dogón, se hace la ceremonia que está considerada como la Madre de Todas las Mascaradas: el SEGUI. Y lo más parecido a un SEGUI es el entierro de un Hogón, jefe espiritual de la aldea, y yo tuve el honor de ver esa ceremonia.

El SEGUI y mi ceremonia Dogón merecen otro capítulo. Faltaría mas!

 




Mali (2) Djenne. La ciudad gemela de Tombouctou

En una civilización a la que cada vez nos parecemos más, la romana, egocéntrica, hedonista y guerrera, no sé que emperador escribió: “Todo lo que ves desaparecerá rapidamente. Y todos los que lo hayan visto tambien desaparecerán…”. Es cierto, pero no hay que ser muy listo para ser tan cenizo. La vida es ver y conocer y yo he viajado a Djenné, la ciudad gemela de la mítica Tombouctou. Y estoy contento de haberlo hecho pero no pienso hacerlo más. Vaya cabronada de viaje. Son ganas!

Djenne está mas bien apartada de los circuitos turísticos. La gente va de Bamako al  Pais Dogón y/o a Tombouctou. Para ir a Djenné, mas polvo, mas calor, un dia mas, pero qué dia! Mas horas de coche por carreteras inexplicables, cruzas el rio en una especie de barcaza, mas bien un “Objeto Navegante No Identificado” para personas, coches y animales varios y ya estas alli. Una ciudad de adobe, fantasmagórica, creada por no se sabe qué ruta comercial que hoy no existe. Tuvo su apogeo en el siglo XV pero hoy es una sombra de lo que fué y sobrevive como enclave de peregrinación religiosa y de un mísero autoabastecimiento con una tendencia rabiosa a la desaparición y archivo en cualquier museo de arqueologia.

Al llegar, pluf…, has entrado en un documental del National Geographic donde se mezclan las tunicas hasta los pies y las camisetas occidentales y donde lo único que hay que hacer es entrar en conversación con la gente y oir sus historias de un pasado mejor, siempre intentando venderte los objetos más variopintos, desde collares de artesanía hasta supuestos papiros antiguos. La ciudad es sucia, muy sucia, sin infraestructuras higiénicas y el cólera alli está de lo más cómodo. Ojito con lo que se come y se bebe.

Dialloba me encuentra un refugio chulo. Tienen pollo frito con patatas. Me encanta pero no me entra la comida. Tengo claros sintomas de agotamiento o algo peor. No sé que me pasa. Me voy a la habitacion y vomito. Deshidratación…o un golpe de calor, o un corte de digestión…espero. Dialloba me va a buscar unas pastillas. Dice que me falta calcio o no se qué. Me las tomo. Hay muchos mosquitos. La pared está salpicada de grietas en el yeso con mosquitos asesinados con desespero y en defensa propia por otros viajeros más fuertes que yo. Yo no tengo fuerzas ni para defenderme. Y si he pillado malaria? Duermo. Por delante queda lo más duro del viaje y se me está haciendo cuesta arriba.

 




Mali (1). Bamako. Dialloba.

A orillas del Rio Niger está la capital de Mali, Bamako ( “el caiman de los pantanos” en idioma de los Bambara). Para mi, una de las ciudades más desagradables del mundo. Quizás es que cada uno explica la fiesta segun le va y, a mi, en Bamako, me han pasado demasiadas cosas.

Su interés turístico es casi nulo. Un museo saqueado constantemente por los que lo deben proteger, vistas a la ciudad desde una colina coronada por un hospital que llaman el “punto G”, un par de bares donde se reunen los cooperantes de O.N.G´s, el puerto… y todo ello a 40º de calor en la espalda. Algo explicaré de todo esto a la vuelta, pero ahora tengo prisas por irme de la capital porque Mali sí es un pais de un interés etnico impresionante, con lugares tan únicos como el Pais Dogón, Djenne o Tombouctú.

Antes de irme quiero pillar un coche con guia/conductor y tengo una direccion. Si por aqui quieres ir en transporte colectivo… me parece bien, pero tienes que tener mucho tiempo y mas paciencia. Y valor. A esos colectivos les lllaman ataudes. Son pequeñas furgonetas para 20 personas donde se suben 40, la mayor parte sin ventanas ni frenos, cuyos motores van siendo reparados en ruta cada vez que se paran. Hasta que mueren reventados en medio de la carretera o del desierto, estes donde estés.

Me cae bien a primera vista el “chofer” con el que hablo, un tal Dialloba, y en seguida llego a un acuerdo. Tuve buen ojo y suerte, porque, tres viajes por Mali y Senegal después, años y años despues y hasta hoy, Dialloba se convirtió en mi hermano negro para siempre. Dialloba fué y es para mi lo que era el Viernes de Robinson Crusoe. Es cojo, porque tuvo un accidente de pequeño que le dejó una pata chula. Allí los niños empiezan a trabajar en obras y trabajos duros desde los 4 años y, claro, tienen accidentes. Un dia le dije que a mi eso me daba pena y el me respondió que, a él, lo que le daba pena era ver en peliculas cómo educamos nosotros a nuestros hijos, sobreprotegidos hasta el ridículo. “Los vuestos no sobrevivirán” me dijo.

Tener aqui un amigo, un hermano como Dialloba es un tesoro. Aqui la vida es dura y las experiencias que hemos vivido él y yo por aqui son casi ficción, literatura de aventura. En situaciones asi es cuando sabes si te puedes fiar de una persona. Y yo, de Dialloba me fio. Conoce su mundo, Mali, como la palma de la mano y es sereno, filosófico, buen animal y buen racional, prudente, generoso, vigilante, educado, respetuoso, convincente.

Me acuerdo mucho de èl porque ahora mismo, mientras escribo, ellos lo están pasando muy mal. Ahora, él y su familia viven alli una guerra asquerosa y castrante. Grupos yihadistas tomaron Tombouctú en el 2.012 y todavia hoy siguen atacando aldeas, pegando tiros, matando y pisando a gente. Matan a la gente por cantar. Por silbar. Por todo. La vida de Dialloba ha sido dura, pero la vida de los niños del norte de Mali hoy en dia, y la de todo ser que vive alli, no es vida.

En Alas y Viento a veces escribo en directo y a veces en diferido. Este viaje es en diferido. La primera vez que fuí a Mali recuerdo que las estadísticas decían que no entraban en Mali ni 5.000 extranjeros al año. Ahora, naturalmente, no va nadie. Ni yo, Ya me he encontrado sin querer en algun conflicto violento y no mola. Naturalmente Dialloba se ha quedado sin trabajo y se busca la vida de transportista, pero de acompañar a extranjeros por el pais, ni hablar.

Fijate si es pobre ese pais que, cuando las cosas estaban tranquilas y por ahi pasaba el Paris-Dakar, las rentas que dejaba esta carrera suponian el 10% de toda la riqueza que entra del extranjero en Mali. Imaginate ahora con la guerra lo dificil que es vivir alli.

Niños soldado, niñas esclavas, bombas. Lo dicho, una mierda esta guerra como todas. Paso de seguir hablando de eso. Que cada uno haga lo que quiera y pueda. Para fuera o para dentro




Egipto (y 4) Las Piramides

Otra vez en la tierra. Estaba pensando que conocer un montón el mundo, pero sólo por arriba, sin haber visto y vivido nada de alli abajo, sería una lástima. Como mínimo.

Pero ya estoy otra vez en el suelo, que ya no es fondo, los cabos vuelven a ser cuerdas y el calor aprieta. Carretera y manta por el desierto, de vuelta a El Cairo y a ver pirámides.

En El Cairo, naturalmente, nos dedicamos a hacer el turista. Callejeo, Iglesias, minaretes, mercados bulliciosos, el Nilo, el Museo Egipcio y ya: las pirámides.

Escribo algo de Tutankamón? Vale, vá. No creo exagerado decir que buena parte del misterio que envuelve las pirámides de Egipto dandole un atractivo turístico irresistible es gracias al tal Tutankamón. Cierto que las pirámides son arquitectónicamente impresionantes, y que la Historia, la literatura y el cine están llenas de realidades y fantasias sobre el Antiguo Egipto pero, con permiso de Cleopatra sus intrigas y ligues romanos, Tutankamón tiene la historia más potente. A la gente nos pone eso de las muertes extrañas, con mano divina o mágica de por medio. Quien no ha oido hablar de la maldicion de Tutankamón?

Howard Carter descubrió, en 1922, la tumba de Tutankamón. El faraón murió a los 19 años y ni él, ni su época fueron especialmente interesantes, pero el hecho de que varios arqueòlogos y personajes relacionados con el descubrimiento fallecieran, poco despues, en circunstancias extrañas, convirtió a Tutankamón en un mito universal. Primero los diarios de la época, y despues la literatura y el cine, propagaron esa maldicion que castigaba a los profanadores de la tumba. En aquella época en que, hasta Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, se declaro creyente de la maldición, ese cuento de miedo y aventuras exóticas corrió como la polvora.

Parece aceptado que, en realidad, de maldición nada, sino que, en el aire viciado de la tumba, habia esporas de hongos microscópicos que infectaron a algunos de los exploradores. Eso, neumonias, bichos y algunos accidentes explican lo entonces inexplicable. En aquella época la esperanza de vida no era la de ahora, ni los viajes ni muchisimo menos tan fáciles como hoy en dia. Ya se dice: Murierón? Pues a saber que comieron…

Con estos precedentes, alquilamos un coche y nos vamos a ver piramides. Qué quieres que te diga? Porque vamos juntos y somos felices pero, a mi, las pirámides por si mismas no me dicen nada. Soy asi. No tengo esa sensibilidad. Qué le voy a hacer? Eso si, entramos en una cámara mortuoria y dá miedillo. Trampilla en el suelo y tunel negro con lamparas tenues. Arriba nos esperába el egipcio que nos la habia abierto. El aspecto de nuestro “amigo” era tipo extra para escena de malo de pelicula de Indiana Jones. Su túnica y su turbante mantenían un perfecto estado de guarrería. No se muy bien porque, pero en aquella hora no habia nadie mas. Total, que bajamos y correquetecagas subimos una vez visto el cubiculo en cuestión. Mira, la adrenalina valió la pena, pero reconozco pensé que, a lo peor, el guarda no era tal sino un bandido sin escrupulos y que, cuando llegaramos a la trampilla, me encontraria con su cara adornada por una fiera y socarrona sonrisa desdentada. Pero nada de eso. El tipo era de lo mas normal. Qé neura! La culpa es de Tutankamón.

Y hasta aqui. Vuelta a casa. Qué mundo tan chulo que tenemos!

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Egipto (3) El Thistlegorm

Si, la perla del viaje.

El Thistlegorm, un carguero ingles de 500 toneladas y 126 metros de eslora, fue hundido el 6 de Octubre de 1941 en plena Segunda Guerra Mundial por un escuadrón de bombarderos alemanes que buscaban al Queen Mary. En principio no iban a por él, pero estaba allí, en el lugar y el momento equivocado, y le tocó. Tocado y hundido.

Iba cargado con rifles, camiones, locomotoras, tanques, motos y material bélico a tope para la campaña de África. PIM, PAM, PUM, 9 marineros muertos y nace una leyenda para buceadores de todo el mundo que abandera y moviliza toda una maquinaria turística de dimensiones gigantescas. Esta inmersión es, por abajo, lo que es por arriba Machu Pichu o las Cataratas Victoria.

Y todavía mas suculenta que la historia de su hundimiento es la de su descubrimiento por Custeau, seguramente el tipo que mas ha hecho por la difusión del mundo submarino en toda la historia. Dicen que fué el quien descubrió el Thistlegorm y, desde luego, el que lo hizo publico en su documental “El Mundo del Silencio”. Sin embargo, no publicó sus coordenadas por lo que el barco continuó “perdido” durante 30 años. Y, dicen también, que en una bodega del Thistlegorm, la tercera, hoy vacía, llevaba el material mas importante para ganar una guerra: oro. Quizás alguien, quizás el mismo gobierno ingles, contrató a Custeau para rescatar el tesoro. Quizás no. Mitos, historias, leyendas…

Lo que sí puedo asegurar, eso sí, es que la inmersión al Thistlegorm es una gozada.

Nervios en el briefing, equipo O.K y para abajo, poco a poco,… Impagable. Impensable. Vas bajando y bajando, 35 metros, hasta que aparece el barco…los tanques…las motos y camionetas militares, y oyes tu respiración suspendido en el agua. Todo lleno de peces soldado (animas?) y todo tipo de vida submarina que salpica de color el naufragio. Y te metes dentro de las bodegas…Madre de Dios y del Amor Hermoso!!! Un arsenal de guerra que mató a los que lo transportaban y que, hoy, es absoluta propiedad del mar que lo ha decorado todo como le ha dado la real gana, a base de tiempo y mas tiempo, y siempre en modo fantasmagórico. Ojos como platos y sonrisa de oreja a oreja. Que sensaciones!

Hoy nos hemos ganado el rancho. Y tenemos muchas cosas de que hablar. Este tipo de vivencias forjan, entre padre e hijo, cadenas de relación y sentimiento adheridas directamente al alma.

Inmersión absolutamente imprescindible.

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Egipto (2) El Mar Rojo.

Sharm el Sheij

Sharm es una ciudad creada para turistas. Sin ninguna historia. Hoteles y comercios uno detras de otro. Sin interés alguno. Aqui se viene “al tajo”, se viene a bucear y sòlo a bucear porque este lugar es nada por arriba y todo por abajo. Donde acaba el desierto, empieza uno de los mares con mas vida del mundo. Cosas del Big Bang, supongo.

Cojemos cada dia un barco a las 8 de la mañana y nos pasamos el dia en el mar hasta la vuelta, a eso de las 5 de la tarde. Dos inmersiones por la mañana y una por la tarde, mas o menos. Mar, mar y màs mar. En medio, un bufet de comida a bordo sencillo pero buenísimo. De una cocina minúscula salen 6 o 7 bandejas de comida egipcia algo occidentalizada para no herir sensibilidades. Hambre, el mar dá hambre. Un placer.

Las inmersiones alli son una pasada, un curso avanzadito de submarinismo de 7 a 40 metros de profundidad en un mundo de sensaciones apabullantes en el Parque Nacional Ras Mohammed. Barcos hundidos, tortugas, peces impensables, abanicos de gorgonias, anémonas, paredes verticales, jardines de coral…Aguas cristalinas, temperatura templadita… Qué se yo! Como meterte en una película de Disney mezclada con la Guerra de las galaxias sin guerras visibles ni, mucho menos, galaxias distantes. Eso está ahi, ahi mismo mismamente.

Y asi 5 dias, pobres de nosotros… Al llegar a puerto, limpieza y orden de equipo y al hotel, a seguir sufriendo… Siento tener que hablar de lo del hotel para no despertar envidias insanas, pero me veo en la obligación de confesar que la vida en el hotel es, tambien, de lo más idílica. Llegando alli, un par de horas en la piscina con una copita de vino. Leer, escribir, no hacer NADA, NADA. Al solete o a la sombra, como va apeteciendo… Despues, arrastrando nuestro cuerpo agotado por tanto no hacer nada más que ser feliz, llegamos a la habitación para ducha reparadora, ponernos los tejanos y camiseta “de bonito” y, bien peinaos, ir a cenar, a veces al comedor general con otro bufet pantagruélico, o al mejicano a ponernos morados de Margaritas y tacos.

Largas sobremesas de padre e hijo. Creo que estamos pasando una frontera: el hijo entra en la edad adulta y el padre pasa ya el medio siglo de historia. Llevamos juntos mas de 20 viajes a la espalda. Hemos conocido a Papa Noel en Laponia, los bomberos de Nueva York, la cordillera del Himalaya (sin rastro del Yeti), los osos panda en China, el desierto en Marruecos, los animales salvajes del Parque Kruguer en Sudafrica y un laaaargo etcetera. A partir de ahora su vida se complicará y cada viaje juntos puede ser el penúltimo…

Pues eso, lo dicho, pura vida. Poco màs y nada menos. Despues de la cena a dormir prontito y al dia siguiente vuelta a empezar. Queda demostrado que yo, de vez en cuando, tambien voy a un hotel guay y a un viaje tranquilo. No duele. No pasa nada. Parece que un “viajero” no puede entrar jamas en un hotel bueno sin autodestruirse o, peor, convertirse en “turista” para siempre jamás. Pues no, amigos, en absoluto, un viajero es un viajero y un turista un turista. Se ve la diferencia a la legua.

El ultimo dia en Sharm…, el último dia nos comimos la guinda: el Thistlegorm.

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Egipto (1) De faraones y barcos hundidos

El Cairo

Con cerca de 18 millones de habitantes, El Cairo está entre las 10 ciudades más grandes del mundo y seguro que es interesante vivirla, pero ya lo veremos a la vuelta. Sinceramente, nuestra prioridad en este viaje no es ver ciudades, monumentos y museos. Somos bastante zotes los dos. Nosotros venimos a empaparnos de historias faraónicas y, sobre todo, a bucear en el mar Rojo. Viaje de padre entradito en años e hijo de 17 años en plan compañeros de aventuras.

Si, otro viaje con Ramon. A vueltas con la cuestión de si es mejor viajar solo o acompañado: para mi clarisimo. Viajar solo es demasiado intenso. Si no hay más remedio se viaja solo, pero mejor acompañado. Tanta intensidad de vida sin compartir con alguien cercano es durillo. Pero, ojo, se trata de ir bien acompañado, con alguien con el que se tiene bases fuertes porque la convivencia es dura y un viaje acompañado es un chute de convivencia. Convivencia plan sobredosis.

Pues eso, que venimos a bucear. Bucear tambien es viajar. Y tanto! Quizás es el colmo del viaje. Viajas por tu mundo pero es otro mundo y, encima (en este caso debajo), no es ni mucho menos tu hábitat. No puedes ir por tus medios tipo TRALARÍ TRALARÁ. Noooooo… Ni respirar por ti mismo puedes sin ayuda de una botella (de oxígeno, no de vino, cafres!), asi que no te digo nada más. Las “excursiones” por ahi no duran horas, duran minutos, de 30 a 45 minutos. Más ya es una pasada, pero esos minutos son eternidades de sorpresas, sensaciones, miedos, descubrimientos, sentimientos, impresiones y alucines, y todo en dimensión desconocida y como pez fuera del agua al revés.

Llegando a El Cairo, empezamos bien: desde el hotel se ven ya pirámides y el ambiente es de lo mas cinematográfico. Pero, a nosotros, ahora lo que nos pide el cuerpo es bucear. Gusanillo cascabelero en el estomago. Mañana nos vamos para SHARM EL SHEIJ.