Sudáfrica (1) Memorias de Sudáfrica. Kruger National Park. Monsieur Bombón y Bomboncete.

Hace casi 20 años, en el despacho me llamaban “Monsieur Bombón” . El mote venía de los niños africanos de la zona francófona, especialmente Senegal, Burkina Fasso y Malí que, cuando ven un blanco, le piden caramelos al grito de “¡Monsieur, bombòn, Monsieur, bombón! “. Y cuando viajaba con mi hijo Ramón, la broma era llamarnos Monsieur Bombón y Bomboncete. “Las Aventuras de Monsieur Bombón y Bomboncete”, decían.

Supongo que me va a caer una bronca de mi hijo, ya adultísimo ahora, por explicar estas intimidades familiares.

Con Ramón, y antes de que cumpliera la primera decena de años de su vida, hemos ido a Disneyland París a saludar a Mickey Mouse, a buscar al verdadero Papa Noel a Laponia, a la boda bereber de unos amigos en Marruecos, a la Zona 0 de Nueva York a rendir homenaje a los bomberos fallecidos en los atentados, a ver osos panda a China, a visitar el Tívoli y Legoland en Dinamarca…

Y creo que Bomboncete tenía 7 u 8 años cuando viajamos a Sudáfrica. Nuestro objetivo principal era intentar ver un rinoceronte blanco en libertad en el Parque Kruger.

La verdad es que, mirado ahora, a toro pasado, con la perspectiva que da siempre el tiempo, ir con un coche alquilado de lo más normal por el Parque Kruger, con animales salvajes en libertad por todos lados, solo con tu hijo de 8 años, es echarle narices, pero la aventura fue inconmensurable y, para un niño, algo así como vivir desde dentro una película de Tarzán. Aventura de verdad, sin trampa ni cartón.

Ahora, cuando hablamos de nuestros viajes en su niñez, me dice que le da pena no acordarse de la mitad de las cosas que vivimos. Es normal, era muy pequeño, pero seguro que aquellos viajes forjaron al hombre que es ahora lo note él o no y, desde luego, tienen toda la culpa de nuestra relación, ahora ya más de compañeros y amigos que de padre e hijo.

Él no recuerda, por ejemplo, que nos apuntamos a una  salida nocturna en un camión 4×4, con guardias armados, para ver a los animales más complicados de localizar y así fue como, en medio de la carretera, encontramos a una pareja de leones en pleno “ejercicio”. Ramón me pregunto que estaban haciendo y tuve que recurrir al tópico: “Están haciendo un leoncito”. Gracias al cielo, porque me estaba entrando un complejo de voyeur desagradable, aquello duro poco y seguimos nuestro camino. Ramón protestó amargamente porque no nos quedábamos a ver nacer al bebé león.

Tampoco recuerda el momento álgido de aquel viaje. Aquella noche habíamos dormido en un campamento de habitaciones con forma de chozas. El alucinaba de los monos ladrones que merodeaban por el campamento y que, a la que te descuidabas, te quitaban hasta la gorra. Pero sobre todo quedó impresionado, y yo también, cuando, después de desayunar, una bandada de elefantes se lanzó hacia el lodge dando berridos. “Barritando”, para los màs puristas. Ni idea de lo qué debió provocar esa estampida pero, si no llegamos a estar protegidos por vallas, hubieran arrasado con todo. Pero eso fué sòlo el prólogo. 

Era ya el tercer y último día en el Kruger y, mosqueados por la experiencia, nos subimos a nuestro cochecillo y conduje por el Parque rumbo al próximo campamento cuando, por fin, a unos 200 metros, vimos un rinoceronte blanco solitario comiendo hierba tranquilamente. Yo paro el coche para no asustarlo y empiezo a hacer fotos mientras Ramón saca excitado la cabecilla por la ventana.

Y el rinoceronte se cabreó. O se pensó que le vacilaba o le retaba o me ponía chulo, qué sé yo. Empezó a dar golpes y arañar el suelo con una pata como cogiendo carrerilla, mirándonos y moviendo la cabeza de un lado a otro. Como a buen entendedor pocas palabras bastan, yo le doy a la llave para largarnos y el motor no arranca. Como si se hubiera vaciado la batería totalmente. Angustia. El rinoceronte se cabrea más y empieza a venir al trote hacia nosotros. Le grito a Ramón que cierre la ventana al mismo tiempo que recuerdo que el que llevo es un coche de construcción americana y que sólo se enciende si aprietas el embrague. Justo a tiempo. Acelero y veo por el retrovisor al rinoceronte corriendo detrás pero ya cada vez más lejos. Esta última imagen la recuerdo como si fuera ayer. Para no olvidar.

Ramón estaba excitado y divertido. No tenía conciencia del peligro que corrimos pero yo sí. Pasé mucho miedo. El rinoceronte era casi tan grande como nuestro coche y, si nos embiste, por lo menos nos deja en la carretera de cabezas para abajo hasta que vengan a rescatarnos. Y eso si no lo revienta todo.

Ahora la bronca me caerá de la madre de Ramón a la que nunca expliqué la “anécdota”. Si se lo explico entonces hubiera sido capaz de no dejármelo llevar nunca de viaje más lejos de Zaragoza.

Yo no sé como estará ahora regulado el Parque pero, en aquel entonces, en cuanto salías de los campamentos, poca seguridad había. Te decían que no bajaras del coche más que en las zonas habilitadas y nada más. A tu aire.

Aquella noche en la cena y, después, en la habitación, no paramos de hablar sobreexcitados. Todo el viaje había sido una película, habíamos visto a los “5 grandes”, habíamos encontrado, y nos había atacado, “nuestro” rinoceronte blanco, una bandada de elefantes había embestido nuestro lodge, habíamos comido cocodrilo y mono… ¡Qué màs se puede pedir!

Yo no he olvidado nada de aquellos viajes y es que, en realidad, yo disfrutaba siempre mucho más que él. Experimentar y sentir tantas cosas extra ordinarias con tu hijo es un privilegio impagable y ver sus caras de alegría, emoción, miedo, sorpresa y un larguísimo etcétera de sensaciones, es, sin duda, lo mejor que he vivido.

Y, con alguna cana más, y esta vez solo, aquí estoy de nuevo: Sudáfrica.




Madagascar (1) De Antananarivo a Ambalavao. Mestizos. Vivir para siempre.

Tocan 24 horas de viaje de avión, de las cuales 16 son escalas en 3 aeropuertos diferentes. Observo la gente que va y viene, escribo y, con el dinero mozambiqueño que me ha sobrado, ceno una hamburguesa y 2 vasos de vino en el aeropuerto de Maputo. Ya lo he dicho antes y lo repito: me encantan los aeropuertos.

Eso sí, estoy descuajeringado. Me cuesta cargar mi mochila. Las carreteras y la montaña africana me están superando. Se me acaban las pilas, me duelen las piernas, las ingles, las lumbares… Y estoy harto de bichos y picadas. Pero sigo adelante. Siempre adelante.

Ya en la capital de Madagascar, Antananarivo. Bonito nombre y, por fin, después de patear África oriental de arriba a abajo, casi puedo decir… bonita ciudad. Me ha costado recorrer 5 países africanos, 3 meses y medio de viaje y más de 3.000 Km, para encontrar un núcleo urbano con encanto.

No es que no haya miseria y suciedad, al fin y al cabo sigo en África y, de eso, hay a montones en todo el continente. Y aquí es de la más dura, con niños harapientos viviendo en la calle y rebuscando entre los ríos y montañas de porquería. E inseguridad también. En mercados y estaciones hay más carteristas que moscas. Y polvo, y caos y polución a tope.

Quizás, también puede ser cierto, le encuentro la gracia a esta ciudad porque tengo ya las emociones tan requemadas que estoy acostumbrándome a lo que no debiera, a las imágenes de pobreza extrema, a lo caótico, a las desigualdades, a la falta de comodidades, a la basura…  No las asumo ni integro, no me son propias, pero es cierto que forman parte de mi cotidiana realidad.

No sé, pero “Tana” es una metrópoli por la que me resulta agradable pasear. Hay plazas bonitas, algún monumento con cara y ojos, el Palacio Real y todo el encanto del barrio alto, el jardín Ambohijatovo, mercados auténticos y, sobre todo, un atractivo y babélico crisol de razas, desde caribeños con facciones malayas a negros achinados. 

La capital de Madagascar es una ciudad mil leches. El sabor francés de la colonización está presente en todos los rincones, desde en el idioma hasta en los croissants y las baguettes que venden en cada esquina, pero también la influencia asiática de sus primeros pobladores dejó a sus habitantes ojos rasgados, sopas y arroces orientales. Árabes, polinesios, chinos, africanos y portugueses, así como piratas de todos los mares han dado a Tana un aire cosmopolita que no tiene ninguna otra capital africana.

Estoy alojado en una tranquila guesthouse delante mismo de los jardines Ambohijatovo con sus preciosos jacarandás de flores violetas, el árbol protagonista del color de la ciudad y, con el nuevo día, me pego una paliza de 7 horas ladera arriba y ladera abajo. Aquí todo sube y baja.

Mi compañero de viajes, Ramón, viene a pasar 10 días conmigo así que he de organizar con cierto adelanto su visita. He de dejar de lado mi improvisación mediterránea porque tan poco tiempo juntos exige un poco de orden y concierto. Billetes de transporte, alojamientos, actividades… En una jornada, mientras exploro la ciudad, lo tengo todo a tiro.

Y a la mañana siguiente me acabo de hacer una idea de esta pequeña capital con otro trekking urbano de más de 5 horas que me confirma su atractivo. O por lo menos yo se lo encuentro, que para gustos, ya se sabe…

Casi todo lo hago a pie, claro, pero me hacen gracia los taxis. Son baratos y he utilizado un par, al llegar y al irme, para no cargar con la mochila. Son Citroën 4 CV destartalados con más de 50 años en sus culatas. También Renault y Peugeot sacaron tajada del mercado de la colonia allende los mares, obviamente. África es un magnífico mercado de 3ª o 4ª mano. Parece mentira que esos honorables ancianos se mantengan todavía en activo aunque lo más normal es que, a medio trayecto, se les rompa la caja cambios o, simplemente, que llegue la noche y no les funcionen las luces.

En Madagascar todo está tirado de precio si vives sencillo. He comido por menos de 1 euro una sopa vietnamita de fideos y pollo con una coca cola, y un bus para hacer 300 km cuesta 6 euros. Y eso que aquí hay una tremenda carencia de combustible que se traduce en colas en la gasolinera cada vez que llega un camión y que la coca cola, igualita que la nuestra, está por las nubes… 20 céntimos la botella. Es curioso que el mismo producto tenga precios tan diferentes según donde lo compres. Cosas del capitalismo, supongo.

Y me voy hacia el Parque Nacional Andringitra. El viaje de Antananarivo a Finaransoa, lo más cerca del Parque para lo que he podido encontrar transporte, es tranquilo. Tengo un asiento para mi sòlo, en la fila trasera de 4 plazas del microbus, lo cual supone casi un metro cuadrado de espacio vital y eso aquí es un lujo. Duermo plácidamente buena parte de la noche a pesar de que la carretera es diabólica y los botes me castigan los riñones como un martillo pilòn. Es ya la costumbre. Llegado a destino, tengo que buscar transporte para Ambalavao, puerta de entrada al Andringitra. Mi intención allí es subir a la cima del Pic Boby, la segunda montaña más alta de Madagascar y lo más alto que se puede llegar caminando en esta isla.

A las 6 a. m. llego a Finaransoa, tomo un café, me subo a un taxi-brousse, así les llaman aquí a las chapas mozambiqueñas, y me planto en Ambalavao a las 9 de la mañana.

Allí empiezo otra vez una gymkana para encontrar, primero alojamiento, después guía e infraestructura para hacer el Pico Boby y, por último, dar una vuelta de reconocimiento por el pueblo y reponer piezas de equipo, Pim, pam, pum. Hecho, hecho y hecho todo. Mañana salgo de trekking.

Ambalavao es un pueblo interesante. Con una iglesia como de barrio rico, casas con una construcción muy especial, un mercado chulo y, sobre todo, los betsileos, la etnia mayoritaria en esta zona. Lo colorido de sus vestimentas hace pensar más que estás en una playa caribeña o polinesia que rodeado de montañas. 

A las 17 horas hago breafing con mi guía y comentamos pormenores del trekk en el que, desde aquí, Ambalavao, recorreremos el Valle de Tsaranoro, subiremos al Pico Camaleón y, después, pasaremos al P. N. Andringitra donde haremos, si todo va bien, cima del Pic Boby. Cinco días en las montañas. Me muero de ganas.

Ahora que pienso he empezado diciendo que estoy descuajeringado y acabo diciendo que me voy a dar brincos por la montaña. Pues sí, es cierto lo uno y lo otro y reconozco que muy normal no es, pero es que tengo una necesidad de vivir rápido que no me deja parar. No sé donde tengo el botón pausa y no tengo tiempo que perder lamiéndome las heridas. El Mundo es enorme, hay 1.000 cosas que hacer y la vida es un suspiro. Hoy estás y mañana no estás. Es así de sencillo.

Creo que fue Groucho Marx que dijo aquello de “Voy a vivir para siempre o moriré en el intento”. Me gusta.

Show more
IMG_20191023_163520
Show more
IMG_20191101_123208
Show more
IMG_20191101_123344
Show more
IMG_20191023_121235
Show more
IMG_20191023_125711
Show more
IMG_20191024_160154
Show more
IMG_20191024_134949
Show more
IMG_20191023_141658
Show more
IMG_20191101_122920
Show more
IMG_20191101_120849
Show more
IMG_20191024_122111
Show more
IMG_20191023_162717
Show more
IMG_20191023_165843
Show more
IMG_20191024_161432
Show more
IMG_20191023_124201
Show more
IMG_20191101_150338
Show more
IMG_20191024_122910
Show more
IMG_20191024_124633
Show more
IMG_20191024_124856-01
Show more
IMG_20191024_132430-01
Show more
IMG_20191024_144357-01
Show more
IMG_20191024_154121-01
Show more
IMG_20191025_134836
Show more
IMG_20191025_123308
Show more
IMG_20191025_124942
Show more
IMG_20191031_104633
Show more
IMG_20191031_104615
Show more
IMG_20191025_143008
Show more
IMG_20191025_135307
Show more
IMG_20191025_132930
Show more
IMG_20191025_134510
Show more
IMG_20191025_133944
Show more
IMG_20191031_103428
Show more
IMG_20191031_103539
Show more
IMG_20191025_070404
Show more
IMG_20191025_111110
Show more
IMG_20191025_132012
Show more
IMG_20191025_124744
Show more
IMG_20191025_135037




Mozambique (1) Pemba. Cosas sencillas.

Hoy hace 101 días que estoy viviendo África. Viaje difícil, intenso y, ya lo decía hace un par de meses, cuando empezaba a vislumbrar esta parte del continente, muy revelador.

Tan difícil es que, aunque estoy a más de 10.000 km de casa, en África solo he recorrido unos 3.500, algo así como 35 km al día. Es una atmósfera de otro planeta, mucho más densa.

Tan intenso está siendo que siento como si hubiera vivido 10 días por cada 1 de los aquí respirados, con aventuras y encuentros que han requerido darlo todo y más, física y mentalmente, tanto mientras acaecían como cuando intentaba digerirlos y recuperarme para seguir adelante.

Y tan revelador me resulta que está produciendo movimientos sísmicos en mi interior que van, desde la sorpresa, hasta la vergüenza de especie. Tal cual.

Escribiré sobre eso cuando acabe el periplo africano. No es todavía hora de conclusiones. Ahora tengo ganas de cosas sencillas. Hay que seguir volando, con cuidado, poquito a poquito.

Recuerdo una frase de la que aquí, en África, a veces he tenido que echar mano: “El barco está más seguro en el puerto, pero no es para eso que se construyeron los barcos”. A mi me va que ni pintada. 

Ya estoy en Pemba, Mozambique. Nuevo país, nuevas sensaciones.

Desde finales del siglo XIX, con el reparto del pastel africano por las potencias europeas durante la Conferencia de Berlín, Mozambique le “tocó” a Portugal que ya estableció una verdadera ocupación militar durante casi 100 años y, hasta ayer mismo, está tierra ha sido continuadamente pasto de la violencia.

Desde que Vasco de Gama desembarcó, Portugal controlaba el comercio de la zona, especialmente el del oro. Una Guerra de Liberación de casi 10 años hasta 1975 e, inmediatamente, una sangrienta guerra civil, no han dejado levantar cabeza al país, como a muchos de este continente. Sòlo hace 4 años que, por fin, Mozambique fue declarado libre de las minas antipersonas que sembraban todo esta tierra, como herencia de la guerra, con los crueles resultados que se pueden imaginar. Un puto desastre.

Hoy, Mozambique tiene todavía una situación complicadísima con una propagación del SIDA apabullante, problemas con incursiones de grupos islamistas en el norte, con alguna ciudad, como Nanpula, consideradas como de las más peligrosas de África, una corrupción disparada y disparatada y con lacras sociales ancestrales como la hechicería, que todavía utiliza órganos humanos sobre los que hay una verdadera industria salvaje y bandida, para sus pócimas y ceremonias. Un panorama guapo. 

Me apunto con Angelo, el encargado de mi Lodge, a acompañarle de compras. Vamos al puerto a por queso, cargamos carbón en una especie de favela y nos paramos también en el mercado de frutas y verduras. Allí ya me quedo para pasear.

Resulta curiosa esta ciudad. Enormes barrios de chabolas que parecen hechos de polvo y barro, zonas coloniales totalmente abandonadas, la playa como centro de ocio de las familias…

Paseo por el barrio colonial. Aquí salta a los ojos la otra cara de la liberación de África: los edificios, las carreteras, los servicios y las infraestructuras que montaron los portugueses no se han tocado desde hace más de 50 años. Desde que les echaron, vamos. Los europeos se fueron por patas, se acabó el mantenimiento y la ciudad es de una decrepitud absoluta. Los vencedores conquistaron la libertad y no saben qué hacer con ella. Todo tiene su cara y su cruz. Todo es relativo. El tiempo ni da ni quita razones, solo transcurre sin más dando vueltas y vueltas en el reloj y moldeando los matices de la Historia.

Llego a la playa. Es de color verde esmeralda, con aires cubanos o brasileños, y ahí sí, ahí ya no hay dejadez y los caserones y resorts son oasis en el desierto para gozo y disfrute de blancos y negros ricos. No sé si se acabó el colonialismo o sòlo se pintó la cara. 

El paseo bajo el sol recalienta mis mecanismos y me doy un baño en una piscina natural con profundidad de bañera de bebé y agua calentita que da para intentar morenear un poco el cuerpo. Mis marcas de gitano en cara y brazos y mi lactante palidez del resto del cuerpo que no ve el sol, combinadas con mi delgadez biafreña, supongo no cumplen ni el más mínimo canon de estética. Aunque eso está muy detrás en mi lista de prioridades, reconozco que un pelín de bronceada uniformidad puede ser hasta exigible.

Encuentro aquí cosas que hacía muchísimo que no veía, como aceite de oliva o galletas Oreo y, mira, me resulta agradable. También tengo, y ni me había planteado que pudiera tener, agua caliente en la ducha. A medida que voy bajando hacia el sur de África parece que, en lugar de alejarme, me acerco a casa y recupero cotidianidades placenteras. Es un espejismo. 

También la gente es ya diferente. No agobia. Quizás el idioma, suave de por sí y más próximo al mío, tenga algo que ver. Aquí les entiendes, hablan tranquilo y te saludan sonriendo como felices de verte sin hacer que te sientas como un dólar rodando por la acera.

Camino y camino por la inmensa playa hasta que me sorprende encontrar un antiguo y simplísimo faro que algún día sirvió para algo y que me resulta entrañable, a saber por qué. Pienso que un día ese faro fué una obra importante, quizás salvo vidas en el mar… Hoy sòlo ocupa un espacio. Justo encima de él veo, muy pequeñita, la luna en cuarto creciente. Así de lejos veo yo mi tierra. Cae el sol en Pemba y toca retiro.

Nuevo día y me voy, otra vez, a caminar a Ningún Sitio. Es un lugar donde siempre pasan cosas y hay sorpresas sencillas, muy sencillas, maravillosamente sencillas, como a mí me gusta. Más mercados, niños ya jóvenes saliendo de la escuela, la vida en las polvorientas favelas bajo el cielo claro…un niño escarbando entre la basura… África. 

Pemba está visto. Próxima parada, Isla Mozambique, el lugar que dió nombre al país. A ver qué encuentro.

Show more
IMG_20191006_103410
Show more
IMG_20191007_121826
Show more
IMG_20191020_160034
Show more
IMG_20191020_162129
Show more
IMG_20191006_105644
Show more
IMG_20191006_105845
Show more
IMG_20191006_105829
Show more
IMG_20191006_110157
Show more
IMG_20191007_102532
Show more
IMG_20191006_123352
Show more
IMG_20191006_123516
Show more
IMG_20191018_104807
Show more
IMG_20191006_123743
Show more
IMG_20191006_124015
Show more
IMG_20191006_125411
Show more
IMG_20191006_125949-01
Show more
IMG_20191006_133723
Show more
IMG_20191006_162623
Show more
IMG_20191006_163110
Show more
IMG_20191006_170442
Show more
IMG_20191007_110457-01
Show more
IMG_20191007_101922
Show more
IMG_20191007_102744-01
Show more
IMG_20191007_101736-01
Show more
IMG_20191007_103029
Show more
IMG_20191007_103354-02
Show more
IMG_20191007_105737
Show more
IMG_20191007_105016
Show more
IMG_20191007_105830
Show more
IMG_20191007_105127_1
Show more
IMG_20191007_124312




Tanzania (1) Moshi. Las Nieves del Kilimanjaro. Momento de prudencia.

El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5.896 metros de altura, y dicen que es la más alta de África. Su nombre es, en masai, Ngàje Ngài, La casa de Dios. Cerca de la cima se encuentra el esqueleto seco y helado de un leopardo, y nadie ha podido explicarse nunca qué estaba buscando el leopardo por aquellas alturas”.

Ernest Hemingway. Las Nieves del Kilimanjaro.

El Kilimanjaro, ha inspirado relatos y películas como Cinco semanas en globo” (J. Verne), “Las minas del rey Salomón” (H. Rider Haggard) o, la citada, “Las nieves del Kilimanjaro” (E. Hemingway). Quizás es la montaña más mítica del Mundo aunque, en los últimos 25 años, el Everest, más por altura y dificultad que por solera y misticismo, le está plantando dura batalla.

Nada más aterrizar en el Kilimanjaro International Airport y llegar a la ciudad de Moshi tengo el primer contacto visual con el gigante africano. Es enorme, pero estoy confiado en subirlo. Hace mes y medio que estoy pateando el África alta, perfectamente aclimatado, positivo, en buena forma y relativamente sano a pesar de que no doy tiempo a curarme el constipado con el que convivo hace un mes.

Voy a buscar un lugar para entrenar unos días y, a la vez, recuperar las fuerzas que me dejé en el Kenia y, si todo va bien, después intentaré hacer esa cima, un sueño que no me perdonaría si no trato de convertir en realidad ahora que está tan cerca. Todavía tengo muy fresco el recuerdo de lo sufrido en Punta Lenana y dicen que la última jornada del Kili es mucho peor, pero me siento bien y eso, en la montaña, asegura medio éxito.

Ahora toca fijar qué día subo y qué hago mientras tanto. Estoy en Tanzania y Tanzania no es sólo el Kilimanjaro.

Día frenético. Tengo un montón de cosas que hacer. Ayer noche decidí que me voy 3 o 4 días a conocer las montañas Usambara, en Leshoto. Tienen una pinta magnífica. Creo que es un lugar ideal para recuperar peso, intentar quitarme el puñetero catarro que el Monte Kenia ha alimentado con pasión de madre y entrenar ligero sin perder aclimatación para intentar el Kilimanjaro la semana que viene.

Moshi es una ciudad colorista y colorida. Aquí sí van los masai vestidos tradicionalmente, aunque con curiosas modernidades, y las mujeres son, envueltas en chales, pareos, faldas y fulares, una explosión caleidoscópica de color. Tengo que comprar algo de ropa para el Kili. Dicen que en cima puedo esperar 15º bajo cero.

En la calle conozco a Samuel, otro Samuel. Es un porteador, me cae bien y quiere acompañarme a una tienda que dice venden ropa técnica. En África no hay industria textil y toda la ropa de escalada la importan y la alquilan a trekkers. Me lleva a la tienda de Honest, un chaval la mar de majo que, después de negociar 2 horas, pole, pole, akuna matata, me vende una chaqueta con forro, un polar ligero de segunda capa, un gorro y unos guantes de lana. Todo 60 euros. Está casi nuevo.

Honest me presenta a su hermana que tiene una agencia de trekking y safaris varios. Todavía no tengo reserva con nadie para el Kili. Hablamos. Parece buena gente. Precio ajustado. Veremos. Todavía no siento que sea el momento. Me muevo por sensaciones y aún no lo tengo claro. Tengo dos ofertas iguales, una de Stella, que así se llama la hermana de Honest y otra de un grupo de 3, que conmigo serían 4. Son 2 americanos y un alemán. Estella todavía no tiene grupo y quizás iría solo con el equipo de expedición. No me apetece lidiar con posibles problemas de ocasionales “compañeros” de escalada . En la montaña estás mejor solo. El ritmo y las decisiones son únicamente tuyas y del guía y eso, “allà arriba” es un tesoro. Si, veremos, pero creo que me decanto por Stella.

Me llevo a un restaurante a Samuel que parece que no haya comido en un mes. Barbacoa de cordero y plátano. No es dinero, él queda contento y yo me voy enterando de cosas y haciendo inmersión en la humanidad de Moshi conociendo amigos suyos que me va presentando, orgulloso de ir por la ciudad con un blanco. 

Compro ya el billete de bus para mañana hacia Lushoto. Ya se han hecho las 6 de la tarde y va cayendo la noche. Toca volver al lodge. Mañana a las 7 am salgo hacia las montañas Usambara.

El día me ha dejado hecho polvo. Caminar de aquí para allá, tuc tuc y para otro lado, bullicio, regateos… Tengo que cuidarme para no caer en agotamiento porque lo del Monte Kenia ha sido duro y lo del Kilimanjaro promete una paliza de las que hacen pupa. Hay que manejar bien los tiempos. Alguien dijo que hay un momento para el valor y otro para la prudencia. Este es, claramente, momento de prudencia. No estoy yo muy valiente. 

Llego a Lushoto y ya me está esperando David, el propietario del lodge donde pasaré los próximos días. David me lleva a su casa y me preparan una comida tremebunda: Ensalada, fideos, un mejunje tanzano con verduras y pescado y… ¡hasta tortilla de patatas! No me lo acabo todo ni entre la comida y la cena. El Lodge està en medio del bosque, a 2 km del pueblo, y estoy solo con la familia: Judith, la mujer de David, un niño, Imanol, y una bebé, Enriqueta. Son todos un encanto. 

Habitación abuhardillada y confortable, un comedor con chimenea… Hablamos con mi nuevo anfitrión sobre trekks y me pongo en sus manos para conocer estas montañas. Sí, creo que he vuelto a acertar el sitio para lo que quiero y necesito. Todo va bien, todo sigue su curso… 

Show more
IMG_20190912_132259
Show more
IMG_20190912_184335
Show more
IMG_20190914_063719
Show more
IMG_20190927_072507-01
Show more
IMG_20190913_110150-01
Show more
IMG_20190913_110114-01
Show more
IMG_20190918_212916
Show more
IMG_20190913_140209-01
Show more
IMG_20190913_140944
Show more
IMG_20190913_152935
Show more
IMG_20190914_070400
Show more
IMG_20190919_133931-01
Show more
image-01
Show more
IMG_20190919_130146
Show more
IMG_20190914_070718
Show more
IMG_20190918_072334
Show more
EFFECTS
Show more
IMG_20190914_144957
Show more
IMG_20190918_072416
Show more
IMG_20190915_094238
Show more
IMG_20190915_094358
Show more
IMG_20190914_155604
Show more
IMG_20190915_201338




Kenia (1) Nairobi. Desánimo. El lago Naivasha.

Trekkings como el Camino del Inca, Las Torres del Paine, Routeburn o Kilimanjaro están llegando a unos niveles de precio estratosféricos. Ya están pidiendo, como lo más normal, 2.000 $ por el Kili, ruta Machame de 6 días. ¡333 $ diarios! Se monta mucho show y, en realidad, se trata de caminar con tus piernas, por las montañas de todos, comer en plan campestre y dormir en una tienda o en un refugio. Ya me dirás.

Y los de primera fila, como los citados, arrastran a los demás y, por subir a cualquier cima de más de 3.000 metros o hacer una travesía bonita de 3 días, te sacuden 1.000 $. O lo intentan.

Con el senderismo se está produciendo un fenómeno como con la Noveu Cuisine. A unos macarrones con tomate le llaman “Pasta aciutta a la Puturrú de Foie” y te clavan 40 €, y a una caminata guapa le llaman “Trekking Extremo en el Bosque de las Castañas Perdidas” y te dejan la cartera más árida que el desierto de Gobi. Hay remedios. Algún día los explicaré.

Pues ya estoy en Kenia, en la capital, Nairobi.

A estas alturas del partido debo haber perdido, a ojo, unos 5 ò 6 kg y una talla de pantalones. Todavía ando “así, así” del estómago. Más bien “asá, asá”. Mis sistemas se reinician con lentitud y me preocupa haber perdido forma física. Sólo puedo comer arroz hervido y poco más. Me cuesta subir cuatro pisos de escaleras así que el Monte Kenia, no se yo. Y el Kilimanjaro… lo veo muy, muy alto. Supongo que el no encontrarme bien me pone ñoño. 

El vuelo ha sido plácido, sin problemas en la frontera y el hotel en Nairobi es más que correcto. Me pongo manos a la obra para organizar mi estancia en Kenia enviando emails, consultando agencias y leyendo blogs, pero no saco agua clara. El desánimo, supongo. Me voy a dar una vuelta por la ciudad. 

Tráfico tremendo, multitudes agobiantes, autobuses y minibuses de vivos colores o maqueados tipo Mad Max, trenzados y elaboradísimos peinados, polución a tope… Gente en el suelo vendiendo de todo, cargadores de mercancías por todos lados, modernos edificios, movimiento frenético, tiendas de móviles una detrás de otra…Parece como que aquí no cabe una aguja y, desde luego, la aguja soy yo, el blanco.

Hay un  asesino al volante de cada coche y hay que cruzar las calles en grupo, prietas las filas y con arrojo de marine. En cuanto pueda me voy de aquí.

Nairobi es una ciudad relativamente moderna, con movimiento económico, alegría y música, con supermercados abarrotados de género y con ferreterías, tiendas de ropa y zapaterías de cierta calidad. Hay pobreza, sí, como en toda África, y hay inseguridad (la llaman “Nairrobo”), pero nada que ver con Etiopía. Aquí hay ritmo, hay latidos, hay oportunidades para ganarse la vida.

No me da la gana de pagar los más de 10 € que piden a los extranjeros por visitar el Museo Nacional. La cultura no es una atracción turística. Paseo por todo el centro y voy hasta el más bien triste Uhuru Park. Mucho drogadicto tirado. Esto por la noche debe ser de cuchillos largos. Unos pajarracos fantasmagóricos que he visto sobrevolar toda la ciudad tienen aquí sus nidos. Son realmente tenebrosos. Como gárgolas. 

Mis pobres botas empiezan a tener achaques y problemas de salud. La humedad de Etiopía no les ha sentado nada bien y tienen alguna herida difícil de curar a su edad. Al fin y al cabo tienen ya casi 9 meses y eso, para unas botas mías, es ya una honorable ancianidad.

Ya llevo 5 días malo. Mientras ceno un arroz en el hotel, se sienta en mi mesa un señor con americana. Le pregunto quién es y se sorprende de que no le recuerde. Dice que ayer estuvimos hablando abajo en la calle. ¡Vaya! El viejo truco del almendruco. Sus ojos van mirando que tengo encima de la mesa. No hay nada. Le digo con mala leche que se vaya y lo veo dar vueltas por el restaurante buscando otra presa. Me olvido de él, pero lo recuerdo cuando, al salir, hay 3 policías con metralletas en el hall. Alguien ha pringado. Sí, aquí también hay muchas metralletas. Día y noche guardias armados custodian la puerta del hotel y la de muchos negocios. África.

Es el empujoncito que necesitaba. Me largo de la ciudad. Levantó el campamento y me voy a Naivasha, a hora y media de Nairobi en matatu, los buses keniatas que no difieren mucho de las minivan etíopes. Allí voy a montar campo base para explorar el lago y los vecinos Parques Nacionales de Hell’s Gate y Longonot.

En Naivasha voy a parar a un oasis de paz, una guesthouse fantástica. No hay ningún huésped más y me dan por un precio justísimo su mejor habitación, enorme, completísima y con una terraza con vistas al lago como para quedarse a vivir. Todo esté cuidado al último detalle con calor de hogar. Un lugar ideal para una convalecencia activa.

A 1 hora a pie de la casa está el Lago Naivasha. Ahora si, ya veo los cielos que recordaba de África. Son especiales, con un sol fiero, con formaciones de nubes extrañas y con la sabana de contrapunto. El lago, enmarcado por montañas, es un hervidero de aves. Sí, ahora sí estoy en el África que he venido a buscar.

Por la mañana temprano alquilo una barca que me lleva a Crescent Island, una pequeña reserva de animales. Del lago sobresalen acacias muertas dándole un aspecto lúgubre. Pájaros e hipopótamos, montones de hipopótamos, dan la vida que falta a los árboles ahogados.

Caminar por la reserva, escuchando las hienas y sabiendo que está lleno de animales salvajes es una sensación de ilusión infantil. Gacelas, impalas, búfalos, cebras, monos…. Depredadores no veo. Dicen que hay leopardos y, aunque no los he visto, no puedo dejar de vigilar los árboles cuando paso por debajo. Y jirafas…¡Que preciosidad de animales! Quizás son mis preferidas, con ese aire de señorita desconfiada. No puedo entender como alguien puede pegarle un tiro a un animal así para hacerse una foto con el “trofeo”. Hay que ser muy bestia. La estupidez humana tiene profundidades insondables. 

Solo han sido 3 horas de caminar por la reserva pero como si tuviera plomo en las botas. Mi estómago mejora y ya retengo las comidas, pero ahora he cogido gripe. Un litro de agua con limón. Solo me faltaba ahora la fiebre. A perro flaco todo son pulgas. Según mi programa, mañana voy a patear Hell’s Gate. A ver…

Show more
IMG_20190823_172024
Show more
IMG_20190824_165444
Show more
IMG_20190823_180637
Show more
IMG_20190824_164207
Show more
IMG_20190823_174312
Show more
IMG_20190823_174226-01
Show more
IMG_20190824_164228
Show more
IMG_20190823_174803
Show more
IMG_20190824_112004
Show more
IMG_20190824_110034
Show more
IMG_20190824_110747
Show more
IMG_20190824_110833
Show more
IMG_20190824_105712
Show more
IMG_20190824_113201
Show more
IMG_20190825_154833
Show more
IMG_20190826_090732
Show more
IMG_20190826_090547
Show more
IMG_20190825_162643
Show more
IMG_20190825_164959
Show more
IMG_20190825_165437
Show more
IMG_20190825_165442
Show more
IMG_20190825_165719
Show more
IMG_20190825_165746
Show more
IMG_20190825_165927
Show more
IMG_20190825_171220
Show more
IMG_20190826_095332
Show more
IMG_20190826_100443
Show more
IMG_20190826_103123
Show more
IMG_20190826_095907
Show more
IMG_20190826_101846
Show more
IMG_20190826_111104
Show more
IMG_20190826_113913
Show more
IMG_20190826_114842
Show more
IMG_20190826_115202
Show more
IMG_20190826_115340
Show more
IMG_20190826_121156
Show more
IMG_20190826_121438
Show more
IMG_20190826_115905
Show more
IMG_20190826_125657




Etiopía (1) Addis Abeba. Africa. Lucy y los zombis del khat.

Un viaje por África nunca es un viaje “normal”. África es sinónimo de aventura. Aquí vas a encontrar problemas sí o sí. Inseguridad, incomodidad, insectos, caos, miseria, suciedad… Pero vas a vivir intensamente. Cuatro meses en África es mucho tiempo.

Por mi parte, confío en mi naturaleza espabilada y en mi encanto especial, reconocido a nivel mundial como un don otorgado por gracia divina, para salir ileso del asunto. Sí, mi abuela falleció hace mucho tiempo. Me lo tengo que decir todo.

Cada etapa del viaje tiene su entidad, pero las ascenciones a una de las dos, o las dos, montañas màs altas de África, el Monte Kenia y el Kilimanjaro, son  quizás los puntos culminantes de mi estancia en África Oriental y he de ir cogiendo la forma adecuada. Desde luego, no parto de 0. Debo estar a un 60/65% de mi capacidad, acabaré Etiopía a un 70/75%, Kenia al 80/85% y estaré en Tanzania al 90% más menos el 15 de septiembre. O ese es el plan. Habrá que estar muy atento a lesiones y mantener salud y peso.También adaptarse a la altura y al frío y probar equipo. Veremos.

Addis Abeba… En teoría el hotel no está a más de 45 minutos a pie del aeropuerto Bole así que me voy paseando. Han sido casi 24 horas de viaje con esperas interminables y necesito estirar las piernas.

Chabolismo, carreteras empantanadas, basura, rebaños de ovejas y asnos… Noto la altura, tengo dolor de cabeza y la respiración se hace difícil. Addis es la ciudad más alta del continente africano y la tercera del Mundo, 2.300 metros sobre el nivel del mar en su punto más bajo. Llovizna. Hombres con pinta de pandilleros de Harlem, mujeres vestidas con vivos colores, niños por todos lados jugando sin juguetes y adolescentes buscándose la vida.

Voy a la dirección del hotel y allí no hay más que un edificio de apartamentos. Ni rastro del hotel. Empieza la procesión. Pregunto a una especie de guarda del condominio de apartamentos y no sabe. Me dice que vaya a la panadería y en la panadería no saben. Me presentan un señor muy elegante al que están lustrando los zapatos. Habla perfecto español porque estuvo 10 años en Cuba estudiando ingeniería química con un programa de becas para huérfanos de la guerra con Somalia. No sabe. Me lleva en coche a la casa de un conocido que tiene una agencia de viajes y también habla español. Están 3 amigos en una habitación echados en una cama de matrimonio mascando khat (*), una especie de hojas de coca. Están bastante colgados. No saben. Son ya las 7 de la tarde, de noche. Hace más de 28 horas que salí del hotel de Ankara.

Vaya entrada en Africa. Que caos. Me pillo una habitación en el primer hotel decente que encuentro y mañana será otro día. O yo estoy muy destemplado o hace frío. 

Me levanto mareado, la altura es poderosa. Paseo bajo la lluvia en vuelo rasante. La mezcla de música africana y rap es inquietante. Tienen aquí verdadera neurosis por los zapatos y hay limpiabotas por todos lados. La circulación es una locura. El café, la basura y el incienso africano batallan para imponer su aroma.

Es curioso cómo impresiona encontrarse de pronto rodeado de gente negra. Serán prejuicios, pero estar en una ciudad de 3.500.000 de personas del color de la noche oscura es un golpe directo a las meninges.

Paro en un restaurante que ofrece barbacoa de cabra. La llegada a Etiopía no ha sido agradable, el tiempo es lluvioso y los problemillas se acumulan pero nada que no pueda arreglar un maravilloso festín de carne dura y correosa servida en una cazuela de hierro con brasas en el interior, rollitos de injera, una especie de crep ligeramente agria que aquí hace de pan, y una salsa picante que sólo pruebo para ir acostumbrando al estómago a la nueva alimentación. La carne la cortan en directo de unas cabras desolladas que cuelgan de ganchos a la vista de los comensales para hacer más agradable el ambiente.

En cuanto el sol desaparece hay que estar a cubierto. Todas las grandes ciudades africanas, y Addis no es ninguna excepción, son peligrosillas de noche.

Me levanto con el sol, contacto y voy a ver a Chane, el etíope que tiene una agencia de viajes y que me presentaron el primer día. Voy con mi plan de viaje. Quiero oír que me cuenta porque, si no busco ayuda, voy a perder muchísimo tiempo. Todo aquí es tremendamente complicado.

Modifico mi itinerario según sus consejos, empezamos a hablar con su corresponsal del trekking en las montañas Semien, compro un billete de avión a Bahir Dar en la abarrotada oficina de Ethiopian Airlines, dentro del Hotel Hilton, y paso la tarde visitando el destartalado Museo Nacional, alguna iglesia y el “Merkato”. 

El Museo Nacional de Addis Abeba es mundialmente famoso porque es donde està la célebre Lucy, un homínido de más de 3 millones de años aceptada científicamente como la evidencia más antigua conocida del ser humano. Lucy es algo así como la abuela de la humanidad y casi la mitad de sus huesos descansan en paz en los archivos del museo. No es la mujer más guapa de Addis Abeba porque Etiopía, desde luego, de mujeres guapísimas está lleno.

El Merkato merece también menciòn aparte. Es todo un barrio, es el centro neurálgico de negocios en Etiopía y el bazar más grande de África. Es también el mayor nido de ladrones y demás depredadores humanos de esta urbe. Ya en el taxi te hacen cerrar seguro y ventanas y te dicen que no tengas el móvil a la vista. Y tu te preguntas, ¿pues y que hago cuando salga del coche? Da mucha impresión. Para hacer fotos ya tienes que ponerle higadillos. Es muy puta la miseria.

Y todo esto, que se dice en un momento, es como moverse por un pantano con lodo hasta la cintura. Desde los controles paramilitares en la entrada del Hilton, hasta las negociaciones con taxistas, la acumulación de gente, el tráfico, mendigos y vendedores varios,… Realmente, África es otro planeta.

Ganas de salir de la ciudad. Un vuelo interno, y me planto en Bahir Dar.

(*) Nota. El Khat o chat es la cocaína de África, una droga social poco conocida en Occidente, tremendamente adictiva, que produce efectos devastadores a nivel particular al consumidor y también a nivel colectivo porque, por muchas razones, entre ellas la enorme cantidad de agua que necesita su producción y que es un bien aquí tan escaso, está planta es una de las culpables de la miseria africana. Un proverbio Somali dice: Cuando mascas khat estás encima del mundo, pero cuando lo escupes el mundo se te cae encima. Más de 20 millones de personas consumen habitualmente khat en el Cuerno de África. Son los zombis del Khat.

Show more
IMG_20190811_124350
Show more
IMG_20190811_102913
Show more
IMG_20190726_125913
Show more
IMG_20190729_075447
Show more
IMG_20190728_135836
Show more
IMG_20190730_161002
Show more
IMG_20190730_103922
Show more
IMG_20190726_130830
Show more
IMG_20190726_134545
Show more
IMG_20190726_135657
Show more
IMG_20190726_142903
Show more
IMG_20190727_165358
Show more
IMG_20190727_162345
Show more
IMG_20190727_162534
Show more
IMG_20190727_152401
Show more
IMG_20190727_152459
Show more
IMG_20190727_101051-01
Show more
IMG_20190727_153322
Show more
IMG_20190727_153249
Show more
IMG_20190727_153352
Show more
IMG_20190727_162421
Show more
IMG_20190727_165646-01
Show more
IMG_20190727_164949
Show more
IMG_20190727_165423-01
Show more
IMG_20190727_170045_1
Show more
IMG_20190727_170058
Show more
IMG_20190727_170212
Show more
IMG_20190727_170844-01
Show more
IMG_20190814_101050
Show more
IMG_20190814_164452
Show more
IMG_20190814_163009
Show more
IMG_20190814_162845
Show more
IMG_20190814_154544