Catalunya (6) Barcelona. Contrastes. La Ley Campoamor.

¿Que decir de Barcelona? La ciudad más visitada del Mundo. El lugar donde nací.

Hoy estoy aquí. Es Semana Santa y he huido del Empordà ante la avalancha de visitantes. Aquello está demasiado abarrotado para mí y, en cambio, no queda nadie en la ciudad. Es una experiencia casi fantasmagórica, el caos se convierte en paz y silencio. El león duerme apaciblemente pero…todo es verdad, todo es mentira.

Hay una eterna relación de amor-odio entre la gente del Empordà y la de Barcelona. La tranquila vida empordanesa se ve truncada traumáticamente cuando, en fin de semana y vacaciones, casi medio millón de barceloneses nos eligen como destino, más turístico que viajero, dejando, por un lado, pingües beneficios económicos y, por otro, montañas de aturdimiento, basura, tráfico, atiborramiento de servicios, malentendidos y frustraciones. A ellos les pasa lo mismo cuando millones de visitantes de todo el Mundo invaden su espacio vital. Es la eterna dicotomía del turismo. Todo es verdad, todo es mentira.

Ahora, los barceloneses han abandonado su ciudad… y la han tomado los turistas.

Tres días de trekking urbano, horas y horas, kilómetros y kilómetros por los barrios de El Borne, Gracia, Raval, Gótico, Paralelo… barrios populares, bohemios y canallas. También por San Gervasio, la Diagonal y hasta el Nou Camp. Barrios más finos, más ricos. La mires por donde la mires Barcelona es una maravilla. Las Ramblas, la Sagrada Familia, La Pedrera y las otras joyas modernistas, Montjuich, Tibidabo, la Catedral…Plazas monumentales y placitas encantadoras, edificios y barrios con sabor a historia, grandes avenidas soleadas y pequeños callejones oscuros, parques y jardines…

La oferta comercial es impresionante: restaurantes, spas, cine, teatro, bares de todo tipo, exposiciones, atracciones familiares, conciertos…

Por casualidades de la vida me hacen un tratamiento de aromaterapia. Una hora y media siendo suavemente masajeado y embadurnado con aceites naturales y olorosos. Me ponen tambien algo asi como una mascarilla de barro en la cara, luz de velas y musica chillout. Señorita agradable. La propaganda dice que eso transformará mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Es gustoso. Muy gustoso incluso. Pero me miro al espejo y no me veo el cambio. Miro para dentro de mi mismo mismamente y creo que todo está mas o menos como estaba. Pero confirmo: un lujo de vez en cuando no duele.

Paso por la calle Boters, donde mi abuelo materno tenia una papeleria-libreria en la que pasé muchas tardes de domingo en mi niñez. Quien sabe si de ahi me viene la neura de viajar, leer y escribir. Supongo que algo tendrá que ver. Huelo en mi imaginacion el aroma de papel impreso y barquillos de entonces y me entra una dulce nostalgia.

Veo una “actuación” de manteros africanos. Llevan unas sabanas, con unos hilos atados a cada extremo, bolsos de marca falsa o camisetas del Barça a la venta. Suena una sirena de policía, estiran de los hilos y el tenderete es un saco. A correr…

Me resulta muy…inquietante ver la cantidad de “viejos” solitarios que hay por aquí. En Barcelona hay un ejército de ancianos solos que pasan desapercibidos en la vorágine del día a día urbano pero que, en vacaciones, pierden su invisibilidad y aparecen descarnadamente en toda la inmensidad de su dura realidad. Señoras repintadas, maquilladas, bien maqueadas….señores elegantes y reperfumados, todo con un triste anacronismo. Sólos. También hay algunas parejas de viejecitos, muy sonrientes, cogidos siempre de la mano como si temieran perderse o estuvieran apurando sus últimos años de amor despues de medio siglo juntos. En la comida, estoy delante de uno de los solitarios. Me veo en él. Cuando se va, levantó la mano y saludo. Me devuelve el saludo con una sonrisa inmensa en la cara. Le hacía falta un saludo. Seguro. Donde estarán sus hijos, su mujer, sus hermanos, sus primos y amigos?  Ya se sabe que los viejos son un poco pesaditos. Y los hijos están también muy ocupados con sus cosas y sus propios hijos. Todo el mundo tiene mucho que hacer. Todo es verdad…

Llego a los búnkers de Carmelo para ver Barcelona a vista de pájaro, me pateo el barrio de Gracia y, previo paso y estancia, naturalmente, en la Libreria Altair, la mejor libreria de viajes del Mundo mundial, otra vez bajo hasta la Rambla. Y a deambular por esas calles donde se huelen relatos mediavales y novelas negras.

Por cierto, .entre Pau Caris y Plaza San Jaume, pasando una callecilla que va a parar a la calle Ferran, està la plaza de Sant Just y alli te encuentras con la basilica dels Sans Martirs donde hay una Virgen de Montserrat. Es La Moreneta, patrona de Catalunya, y aseguran que es la original. Y encima dicen que, en realidad esa figura no es de una virgen, si no que es una diosa egipcia. Cuentan que al Monasterio de Montserrat llevaron la virgen en la Guerra Civil pero que ahora alli solo tienen una réplica. No se si creerles porque son un pelín raros. También tienen otra representación de otra virgen, ésta notablemente embarazada, junto a tumbas visigodas y masónicas. Un lio. No sé. Todo es verdad…

Me llego al Maremagnum. Unas chicas, disfrazadas de conejitas, arman mucho jaleo. Es una despedida de soltera, seguro. Van todas vestidas de colegialas, faldita escocesa y camiseta blanca, con un chupete con obvia forma fálica colgado al cuello. Bueno, algunas lo llevan en la boca directamente y pitan con él como policías cabreados. Si, el chupete pita. La que supongo es la novia, lleva una corona, unos testículos de goma como medalla y una banda que dice: “Esta noche soy peligrosa”. Cierto que no es muy bien parecida, mas bien muy fea, diría yo, pero auticalificarse de “peligrosa” me parece exagerado. Ríen y gritan todas con una histeria insana.

Muchos turistas. Montañas de turistas. En los alrededores del Parque Guell, o bajando por Paseo de Gracia y, sobre todo, desde la plaza Universidad hasta el puerto, los turistas pasean en riadas. Dan miedo. Estoy mareado. Casi me atropella una bicicleta. Culpa mia. Ambulancias, policía, bomberos…suenan las sirenas alrededor. Coño! Me estoy agobiando. Definitivamente, la ciudad no es lo mio, por mas Barcelona que sea.

Veo un partido del Barca en un restaurante chino. Resulta extraño. Chinos y paquistaníes van comiendo comercio y bares poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Dicen que los chinos se lo están quedando todo y que no les interesa ningún tipo de adaptación a Catalunya. Pero son un nicho de mercado enorme para comprar y vender. Dicen que todo es dinero negro. Dicen que dinero es dinero. Dicen que los chinos son muy cerrados. Dicen que los catalanes son muy suyos. Todo es verdad, todo es mentira.

En el fondo, en estos tiempos más que nunca, rige la Ley Campoamor: “Y es que en el Mundo traidor, nada hay verdad y mentira, todo es según el color del cristal con el que se mira.”

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