Catalunya (4) Begur. Sa Riera. Vuelta a casa.

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A 50 Km de Cap de Creus, Alt Empordá, está mi casa, la playa de Sa Riera, Begur, Baix Empordá. Es la continuación natural del viaje a Cap de Creus si vienes de Francia. Viceversa si vienes del Sur. Es la misma costa pero más verde pino.

Begur tiene una historia magnífica, con sus epísodios indianos y sus piratas turcos. Estos, los piratas, malos malísimos, y algunos otros conquistadores, son los culpables de que este pueblo de pescadores tenga 7 torres de defensa, con el castillo de piedra en la punta más alta como último baluarte. Begur tiene 5 calas: Sa Riera, Sa Tuna, Aiguafreda, Aiguablava y Fornells. La más bonita? Para gustos se hicieron los colores.

El pueblo dicen que tiene 4.000 habitantes, 20.000 en verano dicen, pero en el centro histórico no viven en invierno ni 250 personas. Si sopla Tramontana, ni un alma recorre las calles y no ves más de 4 ó 5 personajes en los pocos bares abiertos. Parece Arizona profunda metida en un Belén de Navidad. Un Belén con malas figuras, dicen de nosotros y hasta nosotros decimos. Gente más bien cerrada, autártica, poco dada a la sonrisa. Si te encuentras un amigo en la plaza y le dices “Buenos dias” es capaz de contestarte: “Qué ganas de hablar que tienes hoy chaval”. Los vecinos de Palafrugell nos llaman “L’Africa petita” (“El Africa pequeña”, traduzco). Me gusta el mote. Dificil integrarte en este pueblo si no te has pegado con todos los demás desde que eran niños y niñas de 4 añitos.

Y en Sa Riera no somos ni 25 habitantes. Si te vienes a vivir aqui, no será para hacer amigos. 8 meses al año no hay ni colmado, ni bares, ni restaurantes, ni tiendas… Ya no te digo perfumeria, farmacia, fruteria, estanco o panaderia. De eso no hay nunca. El SUPER es lo mas parecido. 4 meses. El resto del tiempo, para cualquier cosa que necesites tienes que subir a Begur, a dos kilometros para arriba. Aqui todo sube o baja.

Pero el lugar es una pasada. Una hilera de casas de pescadores, una plaza, un par de calles, construcciones de casas más o menos poco agresivas, detrás el bosque de pinos y la montaña y delante el mar que entra en la pequeña bahia con forma de cangrejo. Vivir todo el año aqui es dificil. Mucha soledad, mucha humedad, tramontana.

Y aqui la Tramontana no es la reina. Aqui el rey es el Levante, por lo menos para mi. La Tramontana es seca y dura, dá luz porque lo despeja todo, es de ráfagas rabiosas, femeninas diría. El Levante tiene la misma intensidad pero es más pausado, más lento, más simplón, más grandioso, mas espectacular…se toma su tiempo. Tarda en llegar desde que amenaza pero llega, y el viento se hace temporal, el cielo se pone gris marengo y las olas van viniendo en largo recorrido dejando en la bahia un mar de lava blanca. La Tramontana grita agudo, chilla, el Levante ruge, hondo. Mientras, en las ventanas suena la lluvia como piedras y la cala se inunda a borbotones. Todo huele a mar. Normalmente se va la electricidad y sólo queda el fuego de la chimenea. Un lujazo.

No sé, yo vivo aqui.

Pero…desde luego, me encanta viajar. Este viaje se acabó. A ver cuanto tardo en mover el culo. Salud.

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