Camboya (3) Mondulkiri. Varado en tierra.

Llego bien entrada la noche a Sen Monoron, en la provincia de Mondulkiri, y me meto en el primer hostel que encuentro para dormir. El lugar resulta demasiado cutre incluso para mí que ya no tengo demasiados escrúpulos y, nada mas  levantarme, me voy a buscar una alternativa. Encuentro un lodge muy cuidado, a poco mas de un kilometro del pueblo, donde me cojo, aquí sí, una chozilla individual con el lavabo cerquita. Estarè bien.

Me lavo a fondo, cabellera incluida que, por unas razones u otras y ninguna válida, hacia días que no conocía jabón.

Antes de ir a caminar un poco me paro a comer en el pueblo. Me dan a escojer entre un guiso de pollo con chile rojo o fritada, pero me aconsejan la fritada porque dicen que hoy es muy completa. Me la enseñan para convencerme y, efectivamente, es muy variada: además de saltamontes y gusanos incluye un pinchito de tarantulas negras. Escojo pollo. 

La excursión me lleva a una colina desde la que se ve una panorámica de la inmensa extensión de bosque que llaman el Sea Forest. Un paseo tranquilo porque no estoy para muchos trotes. Al día siguiente me voy a ver unas cataratas cercanas. Sí, bonitas, muy bonitas… pero voy arrastrado. No me encuentro bien.

Tengo el estómago como abarrotado y estoy muy, muy cansado. No sé si tengo agotamiento y eso me revoluciona el estómago, o tengo el estómago hecho polvo y eso me hace sentirme agotado. La fiebre que pasé por la gripe también tendrà algo que ver.

Al final resulta ser una descomposición estomacal. Diarrea. Quedo varado en tierra. En viaje largo, con lo que has de ir comiendo por ahi y la tralla que le das al cuerpo, si no pillas nada es un milagro de la mismísima Virgen del Amor Hermoso.

Esta vez no tengo mas remedio que escuchar a mi cuerpo que ha dicho basta. Como yo, para eso de escuchar a mi cuerpo, reconozco que soy un poco duro de oído, el susodicho físico se ha hecho oír a capones o, en este caso, a retorcijones.

Débil como estoy,  ahora apetece estar en mi chocilla. Por la noche, cuando llueve, el sonido y la sensación es de un acogedor increíble aunque, eso sí, hace fresco y mucha humedad. El lodge también tiene restaurante con música tranquila. Mejor no moverse y recuperar fuerzas. Si hay un buen lugar para ponerse enfermo es éste.

Dos días tirado en la cama y ayuno total. Me voy a quedar en los huesos. He adelgazado casi 10 kg desde que empecé este viaje y estoy de foto de campo de concentración. Todo me va grande. Mi ropa parece robada. Con este peso no llegarè muy lejos. Estoy desanimado, o triste, o tengo miedo, o un poco de todo. Y me siento muy solo. Estoy tan lejos de casa…

Tengo una necesaria conversación conmigo mismo:

  • Qué Nacho? Quejándote un poquito?
  • Jolín tío, solo he dicho que estoy un poco triste.
  • Bueeenoooooo! Llamo a la mamà para que te haga un caldito?
  • No te pongas borde que no hay para tanto.
  • Nooooo! Si quieres te presto un rato mi varonil hombro para que lloriquees un rato y sigas cargándome de energía negativa guapo.
  • Vale, vale. Tiramos.
  • Pues eso. Tira!

Al tercer día ya puedo empezar a comer un poco de sopa de verduras y pollo con arroz hervido, pero la cosa se complica todavía más. Està lloviendo mucho, estamos al lado de un río y ayer noche hubo una crecida y se inundò parte del lodge. No me tocò, sòlo recibieron duro la cocina y las cabañas más cercanas a la ribera, pero sigue lloviendo y todo está encharcado. Tengo la mochila preparada por si en medio de la noche hay que salir disparado. Y me duelen los riñones. Por qué me dolerán los riñones? La lluvia suena con fuerza en la cabaña.

En total, 6 dias de parada forzosa. A falta de acciòn, me he dedicado a repasar y organizar, hasta donde puedo, temas pendientes de casa. También hace falta porque, aunque yo estoy en algo así como un universo paralelo, allí, la vida continua. Me doy un buen paseo por las redes para contactar con mi gente y enterarme de noticias y, naturalmente, trasteo con el blog. No estoy nada aventurero pero, poco a poco, me voy recuperando.

Aprovecho para hacer alguna compra de reposición que necesitaba. Por cierto, què difícil encontrar por aquí desodorante! Y ha sido misión imposible encontrar Almax o algo así para la acidez de estómago que arrastro. En el Tercer Mundo, para la acidez de estómago y todo lo que no mata, no toman màs que “Saguantan Forte”. También rambleo por el mercado, que es uno de los más sucios y antihigiénicos que he visto jamás, y con lo que han llegado a ver estos ojitos eso tiene mérito.

Me sugieren otra actividad. Resulta que, en Sen Monorom, una empresa vestida de sociedad conservacionista ha encontrado un buen negocio. Dicen que se dedican a cuidar elefantes heridos o cansados y ofrecen pasar un día con ellos en su habitat, pasear, jugar, acariciarlos, ver cómo se bañan en la catarata y visitar el centro. También puedes dormir en el lodge que tienen allí montado para hacer al dia siguiente una extensión de un trekking por la jungla. Me huele a turístico.

El hecho es que, en la propaganda, te dicen los nombres de los elefantes en cuestión, por lo que es lógico sospechar que siempre son los mismos. Son las estrellas del espectáculo. No deja de ser un show zoológico interactivo que los occidentales consumen con ilusión. Nada malo hay en ello. A los turistas les encanta decir que han paseado y se han bañado con elefantes, que han pasado un día con los animales en libertad compartiendo su día a dia, y el dinero que les cobran facilita la vida de los locales que se dedican a esto,  así que todos contentos.

Yo veo una atracción turística más con animales domesticados. De libertad, poca más que en un acuario donde puedes bañarte con delfines pero, al fin y al cabo, es una fórmula de turismo sostenible. Nada que objetar. Por lo menos no obligan a los elefantes, como en otros sitios, a pasear gente en sus lomos, a 40° al sol. A mi, no me atrae la idea y voy a dejar los trekkings para el Parque Nacional Virachey, mi próximo destino.

Me ha vuelto el color a la cara.  Antes de marchar visito una hacienda cafetera a 1 hora de camino desde mi lodge. Es una enorme extensión de terreno en donde cultivan desde pimienta hasta bananas y, muy especialmente, café. Me sienta bien pasear. Ya tengo hambre y empiezo a comer solido. Y tambien empiezo a dar vueltas por el lodge como un animal enjaulado. Buena señal. Es hora de cambiar de aires.

Mondulkiri no habrá sido una etapa memorable, pero de todo ha de haber en un viaje. Cómo en la vida.

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