Recomendaciones del mes. Julio y Agosto 2.020. Andorra y más…

Julio y Agosto, recién salido del confinamiento. Vuelo rasante… 

Equipo.- Me he comprado una camisa North Face. Es muy útil en trekks de montaña y además es chula. Cada vez que iba a Kathmandu (3 veces en mi vida) me compraba una de cada color porque allí valen, o valían, 6 euros. Aquí valen un pastón pero, para algunas cositas, si pillas promociones o rebajas, Andorra todavía es Andorra…

Transporte. Fantástico Direct Bus Andorra. Tres horitas desde Barcelona aunque, eso sí, sin coche luego se complica moverte por el Principado. 

Alojamiento.–  Ni idea. Nada como tener amigos con casa. 

Gastronomía. – En Barcelona siempre apetece un Bar Restaurante del grupo O’Retorno. Patatas de verdad, pimientos del padrón de verdad, merluza de verdad… Quedan tan pocas cosas de verdad… Un truco: el O’Retorno 1,en Urgell/Mallorca siempre está lleno, el O’Retorno 2,en la misma Mallorca a 30 segundos a pie está siempre vacío. Misterios de la Naturaleza. 

En Andorra, El “13’5”, “gente guapa”, buenos vinos y delicatessen para picar/comer. Y para un tremendo chuletón para dos el Restaurante Pessons

En La Fresneda, Teruel, Bar Restaurante La Plaza. Tremendo. 

Buen vino en Teruel. Y el jamón..  No te digo!

Pueblo/Ciudad. – Uy no sé! Todos son chulos en el Maestrazgo. Un mundo medieval. 

Trekk.- El trekk hasta la Hermita de San Cristofol desde Castell de Cabres es preciosa pero  la travesía de Fredes al pantano de Ulldecona… No se. No sabría que escoger. 

Internet.- Nada nuevo. Bueno, si, las webs de videoconferencias, desgraciadamente cada vez más necesarias. 

Varios.- Seguimos con el COVID 19 descubriendo poquito a poquito la “nueva normalidad”. Supongo que, con el Otoño, sabremos más. No se pierdan el próximo capítulo…

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Castellón. El Maestrazgo (2ª parte). Templarios. El tiempo galopa…

La Orden del Temple fue fundada en el siglo XII con el fin de proteger los santos lugares y, como en esas épocas la miseria y las hambrunas eran generalizadas, enseguida reclutó voluntarios cuyas vidas transcurrían entre rezos y batallas. “A Dios rogando y con el mazo dando”. En 1.131, el rey Alfonso I entregó a la Orden un tercio de Aragón a cambio de su protección, y posteriormente Ramón Berenguer IV y otros sucesores, hicieron concesiones sobre bienes, castillos y señoríos como Mirambel, Cantavieja, Ares del Maestre o La Iglesuela del Cid.

Es esta una tierra de historias épicas donde musulmanes y cristianos se fueron repartiendo victorias y derrotas que acababan con decapitaciones al son de Fiesta Mayor. Eran muy bestias. Ahora el ser humano se ha civilizado muchísimo y todo es menos sangriento y más pulido a base de bombas atómicas, bombarderos “inteligentes”, minas antipersonas, guerra química y demás armas de destrucción masiva. Somos una especie maravillosa.

Castellón no es sólo, ni mucho menos, Peñíscola, Benicasim y Benicarló. Eso es para turismo de playa que a mi no me dice mucho. Ya que estoy por aquí, en Teruel, escojo para visitar el tuétano de la zona de El Maestrazgo de Castellón… Morella, un pueblo rodeado de murallas y coronado por un gran castillo del siglo XIII que, en su época, tenía fama de inexpugnable.

Realmente, la primera visión de Morella, amurallada con la enorme corona del castillo a lo alto impresiona. Como el pueblo está más colgado que un jamón de feria, visitarlo es ya de por si un trekking de subidas y bajadas desde el castillo a la judería y/o viceversa. El pueblo es chulo pero, sinceramente, no me da para el entusiasmo. Se vé que, en esta zona, han habido una serie de hallazgos en relación a dinosaurios y la mezcla de oferta turística mediaval, ciencia natural paleontológica y comercio de recuerdos y productos típicos, todo aliñado con un paisaje árido abotargado de baterías de modernos molinos de energía eólica por todos lados, no me liga más que para zamparme un típico ternasco del Maestrazgo en un local con aire acondicionado. No sé. No siento la magia. Turismo familiar.

Me voy hacia el Parque Natural Tinensa de Benifassar. Ahí si que estoy en mi salsa. Pillo 2 noches en un refugio en El Boixar, un pueblo tremendo, con 16 habitantes según el último censo, y allí me dicen que, si me gusta caminar, he que hacer la travesía al pantano de Ulldecona Pues vale. Tremendo “paseo” de más de 6 horas. 

De entrada, desde Fredes hasta el Portell de L’Infern es un sendero perfectamente señalizado y cuidado. Un poco demasiado perfecto para mi gusto salvajote pero las vistas a los barrancos son incalificables. En el aire bandadas de buitres buscan el almuerzo. No seré yo, espero. Me extraña que todo el camino es bajada y más bajada. Esto lo pagaré caro: “Todo lo que sube baja y viceversa”. Sabido es. 

Desde allí otra horita para llegar al pantano. Magnífico…y todavía de bajada. Una paradiña para un bocadillito y agua. El día está nublado pero calor hace. A partir de Ulldecona se toma una pista forestal casi llana y paralela al río Sénia y llego al Salt de Robert un salto de agua espectacular aunque ahora, en verano, no va sobrado de líquido. Nadie a la vista y me pongo bajo la ducha natural de rebote. La sensación es placentera porque la calor y el cansancio de 5 horas de caminata ya hacen su trabajo y tengo el cuerpo en ebullición. 

Nota: no hay nadie pero sí hay algo, hay una colilla. ¡UNA COLILLA, me cago en diez! Yo fumo, pero fumar en la montaña es un peligro y, desde luego, no se me ocurriría nunca tirar una colilla ni en la montaña, ni en la playa, ni en mi casa ni en la casa de nadie. ¡¿Eso es tan difícil de entender?! Pues hay gente que no lo entiende. Animales racionales, dicen… 

A partir de ahí, la montaña me trae la cuenta de las bajadas y es cara, más que cuenta es penitencia: subida picada de 1 hora hasta llegar de vuelta a Fredes. Lo sabia. Llego muerto y con un hambre de perro abandonado. Tendré que esperar todavía un par de horas para la cena en el refugio.

Los barrancos, desfiladeros y rocas cíclopes de esta travesía me han recordado a las Chapadas brasileñas. Muy, muy bonito. Un vinito en el único bar del pueblo, otra ducha de recuperación milagrosa, está ya de cuarto de baño civilizado, y a cenar… Hoy, ummmmmm…:  sopa de calabaza y guiso de pollo. ¿Bueno?… Hambre. 

Nuevo día. El hoy ya es ayer y mañana ya es hoy. El tiempo galopa. Nuevo trekk. Hoy iré, voy, de Castell de Cabras a Coraxa. 

¡Ay, ay, otra vez de bajada! Volveré a pagar seguro. Vistas al Parque Natural, típico paraje de Tinensa de Benifassar, y en 1 horita empieza a subir. 

Un par de kilómetros bravos de sendero de montaña para llegar a la Ermita de San Cristofol y para abajo otra vez hasta Coraxa pero, veinte minutos antes de llegar, el cielo se cabrea y cae la de Dios es Cristo de tormenta con aguacero y piedra. La temperatura ha caído en picado. Voy bien equipado con pantalones técnicos y capa de lluvia pero me resguardo en un hostal del pueblo a esperar que se calmen las cosas… y de ahí vuelta a Castell de Cabras.

Las vistas inconmensurables a toda la Tinensa de Benifasssar y mucho más allá me han hecho feliz pero no acierto el camino y me busco problemas. Todo vallado para vacas, me corto con un cable y en otro me da un calambrón. Electrificada. Toca arrastrarse. Por fin encuentro el sendero. Todavía truena. Espero que no pase a más. Mala cosa los relámpagos en campo a través porque las posibilidades de que uno te dé en los morros se multiplican exponencialmente. 

Y ahora… vacas.  Me encuentro en medio del camino un rebaño de vacas que me miran con mala leche. Si, ríete, las vacas tienen mucha, pero que mucha mala leche, y yo ya tengo alguna mala experiencia. Me tiro arriba para evitarlas, no pudiendo evitar pensar durante un instante si llevo algo rojo. Algunas me vigilan y yo a ellas. Un ridículo duelo de miradas entre que “Buenas tardes, yo pasaba por aquí” (yo) y que “Ojito bicho humano que no se qué puñetas haces por aquí” (las vacas). Hubo paz. 

Un pueblecillo abandonado en medio de la nada, traspasas un bosquecillo y ya estas: Castell de Cabras de vuelta en circular. Magnífico paseo. Seis horas bien buenas. 

Y con eso… se acabó lo que se daba en cuanto a Castellón. Yo sigo.

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Teruel. El Maestrazgo (1ª parte). Amantes. Las Peñas de Masmut.

Y ahora Teruel. 

Deambulando por Tarragona, hace más de un año, ya había entrado en la provincia de Teruel, justo antes de empezar, por Turquía, la segunda parte de mi Vuelta al Mundo. Eso ya pasó. 

Parece que hace siglos pero no hace ni 6 meses que volví de ese viaje desde Turquía a Sudáfrica y desde Argentina a Ecuador. Añoro esa vida. 

Yo vivía muy, muy deprisa y del frenazo que ha supuesto la pandemia casi me salgo de mi mismo. Ahora hay que aprovechar la libertad que nos queda porque nuevos brotes se van generalizando y cada vez se ven más probables nuevas restricciones de movimiento para frenar el COVID. Si me siguen atando las alas al final me van a matar o me voy a volver loco así que, por salud física y mental, en vuelo rasante, pero he de volar. 

Un tirón de coche y, eso… ahora Teruel. 

De Teruel se conocen pocas cosas. Aquel lema reivindicativo de finales del siglo pasado, “Teruel existe”, tuvo su éxito pero no el suficiente porque ésta continúa siendo una región aislada y poco protagonista. Muchos, si les dices qué le sugiere la palabra Teruel solo llegarán a decir: “Los amantes de Teruel.”. Eso no es mucho. Y, encima, añadirán: “tonto ella y tonto él”. Lo que hace una rima cruel…

Sí, los amantes de Verona, Romeo y Julieta, gracias a Shakespeare, se llevan todos los mimos y de los otros queda la frase “Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto el”. ¡No te jode! En realidad, Diego e Isabel fueron, parece ser, una rica heredera y un joven pobre que, por ganar la aprobación del suegro, marchó a buscar fortuna a lo que fue La Reconquista. Pero la historia cuenta toda una serie de infortunios, malentendidos, casualidades y besos infantiles que causan la muerte a ambos y, supongo, de ahí les llega lo de “tontos”. En fin, no son más que historias pero me fastidia que los de Verona sean el colmo del amor y los de Teruel sean el colmo de la tontería. Sí es cierto que el amor produce más estupidez que el peor virus cerebral imaginable. Ríete de los zombis. Pero o todos moros o todos cristianos. 

Lo cierto es que los susodichos amantes, verdad o mentira, tienen un mausoleo en la iglesia de San Pedro de Teruel donde yo, evidentemente, no peregrinaré. Yo me quedo en el Maestrazgo. 

El Maestrazgo es una comarca histórica que se extiende por Castellón y Teruel. El nombre deriva del término Maestre ya que estos territorios se encontraban bajo la jurisdicción del Gran Maestre de las órdenes militares del Temple, San Juan y Montesa. De los templarios hablaré en otro rato. Tienen guasa. 

Paso rápido por los pueblos ya vistos y citados en en mi anterior viaje por la zona: Lledó, La Fresneda, Fuentespalda, Beceite, Calaceite y paro en La Portellada. Hago un senderito ligero hacia “El Salto”, un poco o nada impresionante salto de agua al que descubro, demasiado tarde, que se puede ir en coche y, como consecuencia, es pasto de turisteo. Salgo pitando pero las 2 horitas de paseo me han ido bien a pesar de que el calor pega con saña. 

Hoy toca Monroyo y Peñarroya de Tastavins, pueblos mediavales con cuestas infinitas, y con una visita al Mirador de la Muela en Monroyo y una vuelta al peñasco donde se asienta Peñarroya hasta vislumbrar las Peñas del Masmut, con todo el valle de la Pena a la derecha, tengo paseo más que suficiente. Hoy no tengo el cuerpo jotero para trekkear. Ayer sólo se me ocurrió que hidratarme matando la sed con vino y me he levantado herido de muerte. Aquí hacen un vino buenísimo que entra fácil y traicionero, especialmente si vas picando una tabla de quesos y embutidos de la tierra. Pim, Pam, Pim, Pam, Gu, Glu, Gu, Glu. Estamos entre 35 y 36 grados así que la hidratación necesaria me condujo a la perdición. Hidra viene de agua. Para que luego digan que el latin y el griego no sirven para nada. 

Hoy sí, hoy toca trekking y bonito. Vuelvo a Peñaroya, o Peña Roja. Dicen que el nombre del pueblo viene de aquellas rocas o peñas del Másmut que, con la luz del sol, a ciertas horas se tiñen visiblemente de rojo. 

Voy a hacer el Pico La Tossa, delante de las Peñas. Un sendero de ganado durante un ratito y entro en camino de carros más arreglado hasta la falda de las Peñas. No veo camino para cima pero lo intento. Subo por piedra pequeña de la resbalosa hasta pillar macizo pero me tengo que conformar con un “casi”. Los últimos 100 metros a cima son gateo y escalada a pelo, no muy difícil pero un resbalón y estas muerto. Creo que, si siguiera, después ya encontraría mejor terreno pero voy sin guía y no me vale la pena el riesgo. No se por qué, llámale X  pero no voy a subir. Yo no soy miedoso pero escucho a mi mente. Si no lo veo claro es que es peligroso y, por lo que sea, no estoy preparado para hacerlo. “Además, Nacho, te he dicho que hoy hacemos el Pico La Tossa. Eso está ahí delante. En montaña se te va la olla”. Hay que escucharse.

Sigo por un caminillo que se separa de la pista direccion a Villabona. Pierdo el sendero y campo a través guiado por el GPS llegó a La Tosa, 1.150 metros que saben a más. Desde un mirador se ve todo el sistema de los puertos de Beceite y Sierra de Pena Roja. Un espectáculo de una grandiosidad acongojante. Ya llevo 3 horas de caminata y a medida que vas bajando el calor se vuelve más sólido y tangible. 

Hoy… Litros de agua

Vuelvo a La Fresneda para comer unas costillas de cordero, pobrecito, con alioli del bueno, y ya se ha acabado el día. Y 365 momentitos de esos y ya ha pasado un año. Y 100 de esos resultantes y ya eres polvo. Todos cslvos. Como para pensarse que somos importantes… 

Hace mucho calor. Teruel no es una tierra fácil para el verano. Me meto en el frigorífico. Y parece ser que en Aragón están creciendo los contagios así que dejaré el resto de la región para otro viaje. Mañana me voy a Castellón sin dejar el Maestrazgo.

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Andorra (y 2) El Principado. También esto pasará.

Creo que nunca he estado en un Principado. Éste, el Principado de Andorra, lo gobiernan 2 “coprincipes”: el obispo de Urgell y el Presidente de Francia. Nada que ver pues con los principitos de Walt Disney. Tienen también un Parlamento y un Presidente propio asi que me parece que los príncipes pintan poco. Creo que, hoy en día, todos los príncipes pintan poquito más que nada. El idioma oficial de Andorra es el mío, el catalán y, encima, no tienen ejército así que, de entrada, este país me cae simpatiquísimo.

Por cierto, se me ocurre que si se disolvieran todos los ejércitos del Mundo se ahorraría un montón de dinero ¿no? ¡Ah!… Ya… Es “IMPOSIBLE”. ¡Que palabra más fea, coño!

Yo todavía me siento inseguro y no es por la falta de ejercito. No sé si las medidas que se toman para parar el COVID son económicas o sanitarias, y ni siquiera sé si unas y otras son compatibles y posibles. Todo es extraño e inquietante. No se si el virus está o no está pero, si me da por estornudar, no pienso en que estoy pillando un simple resfriado… me acojono. Y eso que no veo la tele más que, muy ocasionalmente. Las noticias no son buenas. 

Lo grave es que no creo que nuestros dirigentes tengan tampoco clara estas cuestiones ni ninguna otra. La actitud de los políticos es patética. Creo que, en cuanto acaban las campañas electorales, los cargos electos no se ponen a gobernar si no que empiezan una nueva campaña electoral y todas sus decisiones tienen el objetivo de renovar su mandato y consiguiente salario sin problemas. Objetivo: ganarse la vida. No hay más nada. La mayoría de los políticos son principitos, me temo. Todo esto da miedo, pero…

Releo a Esther Tusquets, “Varada tras el último naufragio”: “… convocó a todos los sabios de sus dilatados reinos, y les pidió que buscarán una frase para él y para cualquier hombre, una frase única y que conviniera y se adecuara a cualquiera de las múltiples circunstancias y peripecias de la vida, y los sabios deliberaron mucho, mucho tiempo, y por fin un día salieron de su encierro y fueron a comunicarle la frase al emperador, y la frase era ‘TAMBIÉN ESTO PASARÁ””.

Barcelona era un horno y en Andorra estamos entre los 15º/20º al mediodía a los 7º/10º de madrugada. Se agradece el fresquito. Rensol una de esas urbanizaciones/pueblo/parroquia que componen el principado rodeadas por todos lados de montañas y pistas de sky. Soldeu, En Camp, Tarter, Rensol, Ordino, Pas de la Casa… Pueblos y urbanizaciones con una arquitectura de montaña dominada por la pizarra, bastante integrada en el paisaje, con sus barbaridades urbanísticas, desde luego, pero todo entre una Naturaleza maravillosa. Un conjunto bastante armonioso dentro de lo que cabe al ser humano

Voy a comer a un “grill”. La carta ofrece cachos de 800 gramos de carne de vaca y de buey “a la piedra”. Para mi eso es toda una vaca. Sólo verlos me lleno, pido un vino y una tapa de jamón y me voy a caminar. 

Y en mi primer paseo, muy cerquita de las casas, se me cruzan una pareja de “cabirols” , una especie de huidizos cervatillos. No hay nada que me de más placer de la montaña que ver animales libres. 

Hago el Cami de les Secles, la Circular de Campillo por els Plans hacia la Vall del Riu, hasta que el GPS me dice que estoy en Francia, y todos los alrededores de Rensol, pero el trekk más bonito es el circular de la Collada de Pessons. Tres horas de bosque alpino hasta un precioso circo de montañas salpicado de lagos ahora cristalinos pero helados durante 8 meses al año.

Me siento transportado al Mundo. Eso mismo o parecido o concordante, esas coronas de montañas esbeltas y retadoras con lagos en la falda y manchas blancas en las cimas las he visto en 5 contientes y, sin embargo, las siento siempre únicas y preciosísimas. Además, hago esa trekk de 3 horitas fuertes con Ana, una amiga andorrana, mujer guapa, señora y elegante de por vida, y su perra golden, una delicia de compañera. 

Y me da el viaje para ver a otro amigo: Gabriel, otro de mis hermanos. Muchos años de amistad y experiencias comunes. Otro culo de mal asiento, no sé cuantas carreras, títulos y titulines y, encima, violinista. Ahora resulta que es cónsul en Andorra de no sé qué país del Norte de Europa. Se ve que tiene por allí negocios con el bacalao. A saber de donde le sale la vena pescadera. Con la vida de viajero también pierdes el hilo de la vida de los amigos y, cada vez que los ves, ponerse al día de su vida es una sorpresa apasionante. 

Antes de irme, no puedo dejar de dedicar una mañana al deporte nacional de Andorra: el “shopping”. Soy anticonsumista hasta el tuétano pero pillo buenos precios de una camisa y unos pantalones técnicos que me irán de miedo cuando vuelva a viajar de verdad. Y una botella de mi colonia a mitad de precio. Y un poquito de tabaco también.

Ya ves. También esto pasará. Poquito a poquito. 

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Andorra (1) Calentando motores. De camino.

¡Ya está! Ya hemos “doblado la curva” de la pandemia Covid-19. Y, de paso, la de la polución mundial. Estamos a los niveles aconsejados por la OMS y no lo conseguíamos desde hace décadas.

Estoy contento porque, supongo, ahora todos los gobiernos y toda la sociedad se pondrán a doblegar las otras curvas. Las del calentamiento global, la de la degradación de la Naturaleza por el urbanismo salvaje, la de la pesca industrial, la del abocamiento de plástico, la de extinción de especies animales, la de la deforestación, la de la violencia machista en todos los niveles, la del hambre en África y en todo el Mundo subdesarrollado, la de la malaria y el sarampión, la del incremento de la práctica de la tortura en los regímenes autoritarios, la de las guerras,… ¡Pues no queda faena! Y lo de “doblar la curva”… Ya veremos. El partido acaba de empezar. Mucha tela que cortar veo yo. 

Las vueltas que da la vida. Decía, hace ahora un año: “Nada es verdad y nada es mentira” . Era en un post sobre un viajecito de 1 semana a Barcelona, cuando ni siquiera sabíamos lo que era una “pandemia”, y ahora vuelvo a Barcelona de camino a Andorra y me quedo aquí unos días. Todo sigue igual: “Nada es verdad y nada es mentira”

Parece ser que ya no está el bicho en parte del Mundo, se evaporó el virus, se acabó el obligado confinamiento y, con prudencia, ya podemos viajar. Sinceramente yo no entiendo nada porque no parece lógico que el tal “COVID” se haya ido muy lejos así que, mientras no lo vea claro, me conformaré con pequeños viajecitos para ir calentando motores hasta que la situación se normalice mínimamente. Andorra no es un viaje largo pero es un viaje internacional. Es a lo que me atrevo ahora. La situación sigue muy incierta. Sinceramente, no entiendo que esta pasando. Tres meses de confinamiento y, de golpe, parece que el virus está vencido o se ha ido de vacaciones… Dicen que ya podemos movernos libremente por España y por media Europa pero también advierten que en cualquier momento puede haber un rebrote y volver al confinamiento. Total, me voy a Andorra.

Y de camino en este mi primer viajecito de calentamiento, ya en Barcelona, me entero por la tele que la situación es complicada porque viene una ola de calor, hay que hidratarse, no abusar de alcohol y azúcar, evitar hacer ejercicio en las horas de más calor y avisar al médico si tienes algún síntoma de algo. ¡Y toda eso en verano! ¡Suerte que me han avisado!..   ¡Madre de Dios cuanta tontería! 

Empiezo por pasear por los barrios altos, San Gervasi y Sarria y paso la frontera de la Diagonal para acercarme, de nuevo, a Gracia y hasta la calle Mallorca y la Sagrada Familia y, de un tirón, a San Pau. Una magnífica comida en una braseria Gallega y vuelta a casa. 

Y los días siguientes toda Barcelona, desde el Palacio de Pedralbes al Borne, desde el parque Güell al Paralelo y Poble Sec, desde Sans hasta El Gótico, Ciutat Bella y las Ramblas de abajo arriba y vuelta al ruedo otra vez… Las plazas, los mercados, tapeo en los bares más tradicionales,  parques y jardines… Barcelona, nada nuevo, pero… Un par de notas… 

Mucha gente por la ciudad hablando sola, pero no sabes si se han escapado del frenopatico o se ha metido un pinganillo por el orto. Eso del teléfono móvil es una locura. 

Está claro que somos monos. Está costando más de la cuenta adiestrarnos en eso de llevar mascarillas. He visto de todo. Desde policías con la máscara colgada del cinturón multando coches mal aparcados, hasta una chavala musulmana con toda la parafernalia de velos por todos lados, pañuelo envolviendo completamente el pelo con 30º a la sombra y la mascarilla en la mano. Como la mascarilla no la manda ningún “dios” o profeta…

Mucho comercio cerrado, los bares, se llamen “d’Angelo”, “Don Pedro  o “Tipic Sant Jordi”, son casi todos propiedad de chinos y los colmados pakistanies brotan como setas. La economía europea se tambalea peligrosamente pero soplan vientos de prosperidad desde Oriente. 

Pasamos hoja…y de un tiro me plantó en Andorra.

Otra vez en mi hábitat natural, el autobús. Son 3 horitas de nada y ya estoy en Andorra, un minúsculo país de 80.000 habitantes conocido, en teoría, por su comercio “bueno, bonito y barato”, sus bancos opacos y sus pistas de sky. Y digo en teoría porque desde que en el 2.010 perdió su consideración de paraíso fiscal el atractivo de Andorra recae ya sólo sobre las espaldas de su maravillosa Naturaleza. 

Andorra era un país pobre y, hasta mediados del pasado siglo, no tenían recursos para mantener a más de 6.000 personas. Montaron un paraíso fiscal, pistas de sky y arreando. Hoy, con la pandemia, parece que están preocupados otra vez por su futuro.

La capital, Andorra la Vella es un pequeño centro histórico con muy poca historia y un centro comercial de una calle con con una variopinta multitud. Piedra, el río, techos de pizarra y vidrio. 

Y fuera de la capital, el resto de Andorra es un paraíso verde con puntitos blancos que en invierno encuentra su viceversa completa. Me alojó en Rensol, una urbanización más que un pueblo, cerquita de Canillo y rodeada por todos lados de montañas. Me voy a hinchar a andar… 

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Entre paréntesis. Basura.

Hace unos meses escribí en mi Facebook particular unas líneas sobre toda la basura que estoy viendo y oyendo. Hoy voy a repetirlo aquí y concretar un poco más aunque, desde luego, los personajes que cito, siempre en genérico, son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Si alguien se siente identificado… malo.

Cuánta porquería hay por todos lados. Políticos, empresarios, profesionales, gente a pie de calle… 

OJO, que un día… 

Calladitos estamos más guapos. No vayamos a protestar, que aquel es su amigo, que aquella conoce a su madre, que el otro ha de pedir un favor para su hija, que aquellos son vecinos…

Y si protestamos, cuidadín, siempre con buenas formas que, sobre todo, hay que ser educado….y para mear hay que ponerse guantes. No hay que cagarse en todo lo que se menea porque eso queda muy feo.

Pero OJO, que algún día…

¿Y el pueblo? Al pueblo, mientras tanto, también más muerto que dormido, le dan pan, tele y fútbol, se pierde y calla. Algunos no, algunos ya están dando pasos al frente. Yo también lo doy. A mí no me da la gana de ser educado y calladito aunque me ponga feo. Voy caliente a tope.

“Ellos” son muy diplomáticos, muy educados, muy formales y serenos. Yo no. Ya lo dice el barquero: “Guárdeme Dios de las aguas calmas que, de las bravas, ya me cuidaré yo.”

¿Que un sombrío humanoide de mucho despacho, bonito cargo y nula formación dice que se puede seguir robando coral al mar? Pues vale.

¿Que políticos permiten que arrasen montañas y playas pustulándolas de casas que capitostes capitalinos, rusos, árabes o marcianos, sus delicadas esposas y sus encantadores hijos habitarán 15 días al año? Pues muy bien. Algo sacaremos.

¿Y los políticos y religiosos que mandan a su gente a conflictos civiles violentos? Eso ya es para nota ¿no? Banderas, sangre, fronteras, armas, recursos naturales, dioses…  Que mal les sabe, pero hay que hacerlo porque…

¿Que empresarios con dinero para quemar quieren ganar más cargándose pueblos, valles, mares, montañas o ecosistemas enteros, pagando salarios de supervivencia y creando lujo para hoy y hambre para mañana? Entiendo. Si no lo hace el lo haría otro. No pasa nada, ¡No exageremos hombre!

¿Qué un edil provecha su cargo para comprar, vender y especular? Pues fenomenal! ¿Y el que roba? Bueno, a veces no son robos, son… Al fin y al cabo fué “votado” ¿no? ¿Los políticos son la imagen del pueblo que vota no?

¿Qué un chaval con 2 brazos y 2 piernas, con todo pagado por sus papis, trabaja lo mínimo para meterse en el paro y con el subsidio, se compra unos pantalones guays y el último modelo de móvil con chorricientas megas y tropecientos bites? Pues adelante.

¿Que aquel se monta un entramado de comisiones, el otro trabaja sin la menor profesionalidad, el Banco desahucia a un anciano y todavía quiere cobrarle gastos, los Tribunales sueltan a corruptos y violadores …..? Es lo que hay.

¡Madre de Dios y del Amor Hermoso!

¿Por qué quien tiene más poder o dinero y, por tanto, debería hacer más por los demás y por la tierra, son las bestias más depredadoras de personas y Naturaleza? Y en el fondo de todo, la Gran Pregunta: ¿Para que coño quieren tanto dinero? No puedo con esos, no puedo. ¿Se creen que no van a morir? ¡Y tanto que morirán! Y a su muerte sus hijos, ex y parientes se sacarán los ojos encima de la tumba aún caliente por una porción del fúnebre pastel mientras los cuervos del “Estado del Bienestar” sobrevuelan el cadáver a la espera de su parte de carroña en Impuesto de Sucesiones. ¿Y para que les habrá servido sembrar tanta porquería y tanta maldad?

Cómo me gustaría traerme a alguno que yo me sé aquí, a Manila o Dakar o Bamako. Aquí, a mi vera, con 4 duros en el bolsillo, una mano delante y la otra detrás…. Sin agencia de viajes, sin guía, ni plan, ni itinerario, ni la madre que los parió y cuidó, desgraciadamente, hasta que desarrollaron su vomitiva personalidad trilera, canallesca y tonta. Quizás aprenderían algo. No, eso sí es tontería…

Pero, por lo menos, yo no quiero callarme. Somos responsables de lo que hacemos y de lo que no hacemos, de lo que decimos y de lo que no decimos. A mí no me da la gana de estar calladito. ¿Qué voy a perder? ¿Algún “amigo”? Harto estoy de esos amigos que sólo lo son mientras digas lo que quieren oír.

Hay que reflexionar porque, si todo sigue así, ojo, que algún día…

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Recomendaciones mes de Marzo 2.020. Portugal.

Equipo. – Murió mi teléfono. He comprado el mismo. Va bien y no estoy yo para nuevos aprendizajes.

Transporte.- Me encanta viajar en tren. Lo he dicho mil veces, lo sé. En Portugal funciona perfectamente y no es caro.

Alojamiento.- Lost Inn Lisbon, en Lisboa. Hostel tranquilo y elegante. Excelente desayuno y un buen detalle: cada dia a las 20 horas invitan a sangría. Flojita, refrescante y buena. Un aviso: nunca contratéis extensiones directamente en el alojamiento sin comprobar antes las ofertas en Booking.

Mejor el Urban Garden Porto Central Hostel. Un buen lugar para quedarte bloqueado por una pandemia…

Gastronomía.-  Más que restaurantes, porque en Portugal la oferta es amplísima, platos que aquí no te puedes perder:

Bacalao. De la manera que te lo quieran cocinar, en Portugal es un valor seguro.

Sardinas asadas. Tremendas.

Vinho verde. Con aguja. Hay que probarlo. Muy frio. Con las sardinas es un bingo y sòlo con unas aceitunas, un queso portugués y un poco de pan ya casi has cenado. Por cierto, ojito, en Portugal todo lo que te ponen en la mesa es de pago: quesos, mantequilla, pan, aceitunas…

Más vino. El tinto Douro, la región vinícola de Oporto. Muy, muy, rebueno.

Todo el pescado es delicioso en Portugal. Ibérico. Una parrillada ha de caer sí o sí.

El cordero lechal. No es fácil de encontrar. Buenísimo.

Los pasteles. Portugal es una pastelería de lujo.  Mis preferidos, los pastelitos de nata (que son de crema)

Para acompañar el pastelitos, un Ginja, vino dulce súbdito de alcohol

Pueblo/Ciudad. – He tenido muy poco tiempo para degustar Portugal y en unas circunstancias poco agradables pero tanto Lisboa como Oporto me parecen ciudades encantadoras. Por poco que pueda volveré.

Internet. – ¡Que decir del móvil e Internet! Cuando me quedé sin eso en medio de todo el jaleo se me cayó el Mundo encima. Mi más profunda admiración por los viajeros de antaño que no tenían esa arma.

Varios. –  No sé. Este mes vamos a dejarlo. El puto coronavirus me ha quitado las ganas de escribir. Tenía muchos PLANES y proyectos al llegar, todavía en marzo. Muchos y bonitos. Todo ha quedado colgado en suspenso en un lugar de futuro incierto que desconozco. No sé.

Mención especial. – En Oporto, como he dicho, murió mi teléfono. Perdí todos los contactos y más. En la tienda donde compré el nuevo Miguel Lapa se apiadó de mi, me rescató el Whattsapp y me ayudó a reinstalar todo. Esas cosas, en medio de una pandemia aislado de tu gente y en un país extranjero son cosas que no se olvidan.

Pero sobre todo, Mención Especial para MI GENTE. Tenía muchas ganas de llegar a casa y ver a mi gente. Mucha. Quizás más necesidad que ganas.

De mi casa me estoy haciendo un hartón pero mi gente… Están aquí al lado y están muy lejos… Me entristece.

 

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Portugal (y 3) Un fin de viaje alucinante. La frontera y 1.000 km más.

Desayuno fuerte. Hoy he de pasar la frontera y cruzar España de oeste a este. Hay que llegar a casa. No sé el tiempo que me queda para encontrar transporte. Esto está chungo. Me dicen que tengo un autobús de Macedo a Braganza. Lo COJO. ¡Tu dirás si lo COJO! Allí veremos. Hay que avanzar.

En Braganza hay otras dos posibilidades y tengo que elegir: Miranda do Duero o Quintanilla. Nadie me sabe orientar. Quintanilla es una aldea. Está más cerca y llego antes. Miranda es mayor y, por mayor, me daría supongo más posibilidades. El primer pueblo español está a 4 km de Quintanilla y a 10 de Miranda. No estoy seguro de que haya paso fronterizo en Miranda pero tampoco sé si estará abierto el de Quintanilla. No se. Elijo Quintanilla. Corazón. Intuición.

Todo son “no sé”. En realidad no sé donde voy y sé que tengo prisa aunque no sé cuánta prisa. Mejor no equivocarme pero no sé cómo acertar. Espero no meterme en un punto sin salida porque si no acierto no se si podré volver para atrás, ni si me dará tiempo hoy o me tendré que quedar a dormir otra vez por “no se donde” y no sé si, en ese “no se donde”, habrá algún lugar para dormir. Es un galimatías. Un “no sé” exponencial.

Se me ocurre que si quedo varado en algún lugar espero que haya policía y poder preguntar donde cometo un delito para estar a cubierto en la cárcel. Se me va la olla. 

Llegó a Quintanilla y, a media hora caminando, ya estoy en la frontera. Naturalmente, todos los guardias civiles de la aduana, unos 15, se quedan mirando al loco que viene caminando con una mochila a la espalda. No hay nadie más en la Aduana que ellos y yo. Al llegar a su altura, saludo con un genérico “Buenos días”, les enseño mi DNI y les digo: “Voy para casa”. Tras el lógico interrogatorio, no me ponen ningún problema y me dejan pasar pero me dicen que un transporte hacia cualquier sitio no lo encontraré hasta el primer pueblo, Trabazos, a 7 kilómetros, o hasta Alcañices, a unos 30 kilómetros. Pues ya les digo: “Espero encontrar algo en Trabazos porque más allá no me da ni el tiempo antes del anochecer ni, mucho menos todavía, las piernas”. Son casi las 14 horas. 

Entro en Trabazos. Lo que en otro caso hubiera sido un paseo por el campo de “La, España Vaciada” me ha resultado pesado. Y más por la angustia que por la mochila con todas mis cosas que llevo a la espalda. Curiosamente, veo que este es un tramo de los muchísimos senderos del Camino de Compostela. Ahora no me apetece nada el Camino de Compostela. Son las 16 horas.

En Trabazos encuentro un taxi que me lleva a Zamora y allí… Allí todos los buses están cancelados y sólo tengo una posibilidad: un tren a Madrid y, después, un AVE a Barcelona. Madrid está dicen muy afectado por el virus y da miedo, máximo cuando resulta que llegó a Chamartin y me tengo que trasladar a la Estación de Atocha. Y una vez allí tengo una hora escasa para pillar el AVE. Si no hay retrasos. No sé. Pero no hay otra, ahí voy.

Todo esto pasa por carreteras, ciudades y estaciones absolutamente desiertas con un ambiente de catástrofe. Lo que está pasando ES una catástrofe. Y me ha tocado. No es un buen día para viajar a través de todo el país.

Plácido y solitario viaje en tren de Zamora a Madrid y llegó a Chamartin a las 20.30. A las 21.25 sale el AVE a Barcelona. Ya tengo el billete. No dejó de repetirme que todo va saliendo bien. He comido un bocadillo en el camino a Trabazos, tengo galletas, algo de embutido y media Coca-Cola. He de cambiar de estación de Chamartin a Atocha. ¿Taxi o cercanías? Cercanías. No quiero meterme en un coche con nadie y creo que el tren irá vacío. Llevo la bufanda tapando nariz y boca y los guantes de algodón puestos. Más no puedo hacer. Estoy nervioso.

Y voy pensando en lo que vendrá al llegar, encerrado en mi casa durante…. A saber. Paso de viajar por todo el Mundo durante 9 meses a encerrarme entre mis 4 paredes más mías y de nadie más. De 100 a 0. A ver cómo lo llevo. Por lo menos la soledad no me pillará de nuevo o quizás sí, porque la soledad que viene es una soledad cerrada a cal y canto y afectando a los 5 sentidos a la vez. Juntos y revueltos. Va a ser duro.

En Atocha subo al AVE. Penúltima etapa y ya en Barcelona. Parada y Fonda. Estoy agotado y he de dormir. Son las 12 de la noche. Estos días no he dormido ni mucho ni bien.

Ha sido, está siendo, un fin de viaje alucinante. Tienes que ir tomando decisiones a todo taco escogiendo entre “quizás malo” y “quizás menos malo” . Olvide comprar el libro “QUÉ HACER SI TE PILLA DE VIAJE UNA PANDEMÍA”.

Yo no sabría qué aconsejar a nadie en esta situación. Ni puta idea. Y es una broma lo del libro pero seguro que a algún perla con complejo de líder y guía de colectivos y multitudes se le ocurrirá en unos días hacer un post con sesudos consejos sobre el tema. Yo, no sé. Esta aventurilla no la tenía en mi colección. He pasado el atentado en Mumbai del 2.008, una persecución de la guerrilla maoísta en Nepal, la quiebra en Bamako de la compañía aérea Sabena que me dejó en la capital de Malí colgado sin un duro durante 4 días, 3 huelgas generales en países varios y otra muchas…pero este cromo de viajar con una pandemia mordiéndome los talones me faltaba.

Ya tranquilo en coche de Barcelona a casa, compra de víveres y… Begur, Sa Riera, casa. Del viaje por 4 continentes a saltar España en un día y encerrarme en casa. Mi nido, o mi guarida, me hace sentir un tremendo alivio. Y un tremendo miedo. Es un arresto domiciliario. Esta vez un cambio de vida a lo bestia y sin descompresión. Del Mundo a casa en el más estricto término de las palabras. Pero ya estoy aquí. Se acabó. Alas plegadas. 

Por ahora…

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Portugal (2) Oporto. Macedo de Cabaleiros. Jaque.

Llego a Oporto a las 3 de la tarde, me voy dando un paseo hasta el alojamiento. Las calles están desiertas como consecuencia del Estado de Alerta Nacional dictado para frenar la propagación del coronavirus. Los portugueses van rápido porque aquí no llegan a los 200 casos en todo el país. Al mismo tiempo se ha decretado en España pero allí son ya más de 6.000 casos. Van tarde.

Las gaviotas y las palomas han tomado la ciudad y buscan comida. Ni se mueven cuando paso por su lado. Están confiadas. La calle es suya.

Y llegado al hostel, mi teléfono fallece. Pum. Se acabó. Hasta aquí ha llegado… Sólo me faltaba esto. Incomunicado.

Encuentro una tienda de telefonía abierta. Me dicen que están esperando órdenes para cerrar y que si esto me hubiera pasado mañana en vez de hoy dudan mucho que encontrará un lugar para arreglar el problema. Un empleado se apiada de mi y me ayuda a recuperar datos y aplicaciones. Tema arreglado. Por los pelos. ¡Qué alivio!

Al despertar no quiero ni escuchar noticias. Me voy a pasear. Si Lisboa es bonita, Oporto es ya una preciosidad. Con un aire portuario barriobajero y, a la vez, elegante y monumental, el río Duero la parte en dos y con él desemboca en el Océano Atlántico. En realidad la orilla izquierda desgajada ya es otra ciudad, Vila Nova de Gaia. Aquí, hasta las iglesias, siempre tan uniformadas, tienen una originalidad indudable con unos mosaicos preciosos e imponentes. Bajo por Santa Catarina babeando con los escaparates de las pastelerías, pasó la Iglesia de San Ildefonso, entró alucinado en la estación Sao Bento y llegó a la Catedral… Si señor, una ciudad magnífica. 

Pasó a la otra orilla por el Puente Luis I, subo a la Serra do Pilar y me paseo por Ramos Pinto. Allí, siempre débil para las tentaciones gastronómicas, no me resisto ni un pelo a tomar un vinito blanco y una croqueta de bacalao. Un “bolinho” que le llaman. Sólo es aperitivo porque se pone a llover, hace frío y no tengo más remedio ni quiero que entrar en un restaurante y zamparme una sopita de verduras y una parrillada de pescado fresco a un precio subdesarrollado y rematar la jugada con un pastel de crema. ¡Ah! Y un chupito de ginja, un vino dulce subido de graduación alcohólica. A las penas puñaladas. 

Vuelta al puente, esta vez por debajo, me hago la Avenida do Aliados hasta la Cámara Municipal do Porto y me confino ya en el hostal. Todo esto lo he hecho prácticamente solo porque Oporto está casi vacío. Domingo y coronavirus es una mezcla letal. Pero esto va a peor… Al tiempo. 

Me dicen en el hostal que mañana es el último día que puedo quedarme. Cierran. Y es que todo Oporto está cerrando. Jaque. De acuerdo, mañana me voy a Macedo de Cabaleiros, el próximo destino en mi plan inicial de viaje, acercándome a la frontera. Una nueva aventura para acabar el viaje. En Macedo conseguiré una máscara de los Caretos de Podence y después…

¿Después qué hago? ¿Cuál es mi responsabilidad. Todo el mundo dice que hay que limitar desplazamientos y que hay que quedarse en casa. De acuerdo ¿Y los que no estamos en casa debemos volver o debemos quedarnos donde estamos? Mañana decidiré. Es difícil…

Portugal 200 casos de coronavirus, España 6.000….

Si me voy… ¿Me meto en el cuarto país más infectado del Mundo por coronavirus? ¿Y si estoy infectado y lo llevo a mi pueblo? Me encuentro bien pero….¿Y si estoy incubando el bicho?

Si me quedo… ¿En un país que me temo cerrará en breve todos los posibles alojamientos y donde no tengo derecho a asistencia médica?

Paranoia. Hay momentos en la vida ante los que no hay decision correcta. Hay que tirar de… ¿Corazón? … ¿Instinto? 

No sé qué hacer. Me angustia. Mañana decidiré… Serenidad. A veces, cuando no sabes qué hacer, no hacer nada es una opción clara para ver como evoluciona la situación. Solo hay que situarse bien en el campo de juego y en mi caso eso es acercarme a la frontera.

Bien. Ya en el bus hacia Macedo. Por ahora estoy en la mejor posición y llevo una pequeña ventaja de tiempo para movimientos y decisiones. Ahora, si quiero volver, me dejen o no, tengo kilómetros de frontera y una aduana a tiro. Móvil, comida para 24 horas, batería externa para 5 días, ropa de abrigo… ¡Que más quiero!

De entrada en Macedo me sacudo un cocido portugués para acumular energías por si en los próximos días tengo problemas. Y porque todo esto, no sé por qué, me ha dado un hambre de lobo estepario y el cocido está buenísimo. Encuentro un hotel, consigo la dirección en Podence, a 10 km de Macedo, del más reconocido artesano de los Caretos de Podence, las mascaras de un Carnaval que aquí se celebra cada año y que quiero conseguir para mi colección. Allí me planto en taxi. Ya tengo mis mascaras y me vuelvo a Macedo. Pim, Pam, Pum.

La verdad es que en Podence el ambiente estaba muy enrarecido. Ya vengo viendo que la gente hace unos días que no me mira bien. Cada vez que preguntas algo, donde antes era todo sonrisas y colaboración ya hay ahora como prisas, como miedo… Pero en Podence, una aldea minúscula, casi había… agresividad. Soy un forastero. Un extraño en una situación de alarma generalizada. Aquí ya nadie es bienvenido.

Y en Macedo todo se precipita a velocidad de crucero: me dicen que el hotel cierra mañana, los alquileres de casas a extranjeros están prohibidos, cierran las fronteras y cancelan todas las salidas de autobús a España. Nuevo jaque. Son las 7 de la tarde y ahora, de noche, no puedo hacer nada. He de estudiar posibilidades, mañana me despierto con el sol y… ¡Corre Nacho! Ahora ya sí. Esto tiene mala pinta… 

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Portugal (1) Lisboa. Cascais y Estoril. Sospechoso.

De vuelta a Europa. Quizás debería haber seguido viaje para aprovechar primavera y verano, hacer Centroamérica, E. E. U. U., Canadá y acabar mi Vuelta al Mundo volviendo por Islandia y para abajo. Pero, simplemente, ni cuerpo ni mente me dan para 6 ó 7 meses más de viaje.  Estoy cansado. Tengo ganas de volver a casa. Tengo ganas de abrazar a mi gente, oler mi mar, encender mi fuego, dormir en mi cama… Y no hay prisa. El Mundo puede esperar. Supongo.

Por otro lado es un buen momento para parar. Los aeropuertos y aviones están a menos de media capacidad por el miedo al coronavirus. La cantidad de gente con mascarillas hace pensar en una película americana de epidemia global. Sí, hay miedo a viajar. Habrá que ver como evoluciona todo.

Y Portugal me ha parecido una buena vía para volver. En estos meses he vivido muchos países con influencias portuguesas, desde Mozambique a Brasil, y ahora apetece ver el original. Aquí estoy: Lisboa.

Uy, uy, uy, ¡Uy! Esta ciudad es una maravilla. Se ve de entrada, a primera vista, ya en el autobús del aeropuerto al hostal y aún oscureciendo. Avenidas con carácter, plazas con historia, edificios con sabor, comercios y restaurantes elegantes, terrazas encantadoras… He comido un sándwich en todo el día y, después de una ducha imprescindible, ceno un bacalao a la plancha en el primer lugar que me parece auténtico. Es una especie de bar restaurante de barrio ¡Diana! ¡Vaya ojo! Bacalao a la plancha. Disfruto como un perro con un filete. 

Me despierto prontito… La Catedral, la ruta de los miradores, el Castelo de San Jorge, los barrios de Alfama, Alto, Príncipe Real y Chiado, la Plaza Comercio y el río… 

Me pierdo por la Tapada das Necesidades, un parque que nadie visita lleno de senderos y salgo a la Basílica da Estrela, con otros espectaculares jardines del mismo nombre delante. Allí me paro un rato. Tengo paz y busco más. He de llenar a tope. Y sigo, las vistas desde el Jardín de San Pedro de Alcántara… Los tranvías, los kioskos, el fado, las pastelerías…

Acabo la jornada con un atardecer en el Jardín Alto de Santa Catarina… No sé cuántas horas he caminado pero las piernas me dicen que han sido muchas. Me merezco una cena de campeón y vuelvo a mi restaurante de ayer. Me recomiendan costillas de cordero a la brasa con ajo y patatas fritas. Sufro. 

Mono-tema. Lo del coronavirus tiene su guasa. Resulta que yo estornudo 7 veces después de cada comida. Especialmente después de la cena. Siete o, máximo, 8 estornudos. No es una enfermedad, es más bien una alergia o algo así. Es un movimiento reflejo que se produce cuando, por comer, tienes el interior caliente y choca con frío exterior. En catalán, traducido, decimos: “Todo buen catalán tiene frío después de cenar”. Según me dijo una doctora, en idioma médico se llama “Rinitis paroxística a frigore”. Me encantó el nombre. Me enamoró. Me casé con ella y tuvimos un hijo. No te digo más.

Pues eso ahora es un problema gordo porque, cuando empiezo a estornudar, todo el restaurante se me queda mirando y soy, obviamente, un sospechoso de coronavirus sin ningún tipo de presunción de inocencia. ¡¿Còmo voy yo explicando lo de la renitis por ahí?! Total, que para evitar problemas ceno y me voy cagando leches del restaurante no vaya a ser que acabe linchado un día de estos. 

Y fuera bromas el tema va in crescendo. Mejor no menearse mucho. Cancelo mi viaje al Algarve, me quedaré un día mas para conocer Cascaís y Estoril y me voy directo a Oporto y a una zona del Norte que hacen unas máscaras que me interesan. Y allí las veo venir y a ver cómo se va desarrollando el asunto. Están cerrando escuelas y prohibiendo concentraciones en todo el Mundo y tengo respeto por posibles cierres de fronteras y/o cuarentenas. Quiero llegar a casa y mi pasaporte dice que soy un grupo de riesgo por demasiado viajero.  Una bomba vírica con patas.

Ya en Cascais, apenas a 45 minutos en tren. Me adentro un poco en el centro, con apariencia mixta entre pueblo de vacaciones y ciudad dormitorio, y voy bordeando la costa hasta la Boca do inferno, una gruta natural convertida en atractivo turístico. Bonita pero sin más espectacularidad que el llamativo nombre. El coqueto Parque Marechal Carmona, el faro, la Ciudadela, las playas, todo muy bien puestecito, limpio, elegante y muy al gusto de la gente de bien.

Me paro en el pueblo y busco un restaurante un poco apartado del meollo. No me puedo ir de la zona sin comer unas sardinas y beber un vinho verde y Cascais parece un buen lugar para eso. Resulta que el vinho verde es con aguja. Tipo cava subido de gas. No lo sabía. Bueno, bueno. Me pulo una jarrita de medio litro. Las sardinas… un bien del cielo. 

Llego a Estoril en menos de una hora caminando. Lo mismo mismamente que Cascais o más elegante todavía. Comme il faut. El paseo, las olas, la playa de Tamariz…  El Casino, mal, decepcionante. Feote. Un montòn de mansiones hablan de dinero viejo y, quizás, también de lejos, de alguno de esos países que he pateado en los últimos 9 meses. El colonialismo dió dinero. 

Son ya las 5.30. Toca volver. Un viajecito en tren, aunque sea corto siempre apetece. Y, puestos, después de un nuevo día en Lisboa lleno de noticias cada vez más angustiosas sobre el puñetero coronavirus, dictada ya Alarma Nacional tanto en Portugal como en España, vuelvo a coger el tren y me planto en Oporto. No se qué debo hacer así que tomo posiciones acercándome a la frontera española por norte y este a la espera de acontecimientos. Hay que ir día a día y no precipitarse porque no está el horno para bollos… 

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Recomendaciones del mes. Febrero 2.020. Ecuador

Equipo.- No encuentro sustituto para mi sombrero. Bueno… ya nos encontraremos. 

Transporte.- Buses, buses, buses. Un montòn de compañías de autobuses te llevan por todo el país por precios irrisorios. 

Alojamiento.- Mu rebien el Hostal La Rosario en Quito. Desayunos deliciosos. 

En la ruta Quilotoa, en Chugchilan Hostal El Vaquero, y en Intiliví, Hostal Taita Cristobal. Ambos refugios de montaña todo madera y paz. 

En Baños, Inti Luna, bueno, bonito, barato. 

En Cuenca, el Selina Crespo, un hostel muy apañado, al lado del rio y con una decoración muy al gusto ecuatoriano, con arte por todos lados. La cadena Selina está por todo el pais y se va extendiendo por Suramerica. No está mal. Un poco pijo y carero pero son hostels tranquilos y de calidad.

Gastronomía.- En Quito, al ladito del Hostal La Rosario esta el Restaurante Cactus. Vale la pena. Comida italiana. Gonzalo vivió en Milán y aprovecho el tiempo. Tenía ganas de comer una ensalada mediterránea de verdad. 

Restaurante Pimienta, en Baños, un “borrego” al carbón buenísimo. 

Y también en Baños, Café Casa del Volcan. Probad el “Baneño”, un plato de la zona con estofado, camote con salsa de pepa de zambo, una especie de patata, arroz, huevo frito y plátano frito. Delicioso. De esos platos que no sabes qué dejarte para el final por retener el gusto. 

En Cuenca recomendable el restaurante Cositas. Muy buena la picada. Y curioso el Restaurante Don Colón, al lado del Ayuntamiento. Un clásico. Si hay hambre pedid unas fajitas. 

En Píllaro no hay que perderse ni la Fritada, carne de cerdo frita con maiz, plátano y pastelitos de patata, ni el Aguita de Puerco, un licor de 15º que la familia de Italo Espin hacen macerando moras. La Fritada está en casi todo el país pero la Aguita, por ahora, sòlo en Píllaro.

Pueblo/Ciudad. – Cuenca es una ciudad preciosa. Y a Pílaro le tomé cariño.

Y en la costa, Mompiche e isla Portete son una experiencia. Eso si, mosquitos a rabiar.

Trekk.- Me gusto mucho Pululua, el frondoso valle dentro de una caldera volcánica a 30 km de Quito.

Y preciosa la travesía andina Quilotoa. Aconsejo hacerla en sentido Insiliví-Chugchilán-Quilotoa. 

Internet. – Rome2Rio. Una aplicación muy útil para saber como ir de un lado a otro. Un imprescindible para viajeros.

Varios. –  La diablada de Píllaro. Una fiesta enmascarada del 1 al 6 de Enero. Unos Reyes Magos… diferentes.

Mención especial. – La familia Velasco, Ítalo Espín y Nestor Bonilla, artesanos de máscaras de la Diablada de Píllaro. Unos diablos encantadores. Los ecuatorianos son encantadores.

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Ecuador (y 5) La costa. Mompiche e isla Portete. Nada.

En Ecuador, la costa famosa es “Montañita”, el icono costero del país. Sol, playa, windsurf y juerga. Paso. Yo me voy hacia el sur, hacia Mompiche, en la provincia de Esmeralda, que dicen es lo que era Montañita antes del boom del turismo.

De Quito a Mompiche vienen a ser entre 10 y 12 horas de bus. El paisaje ha cambiado sustancialmente. Ríos caudalosos, bosques exuberantes que se convierten en selva y, al final un pueblecito playero de lo más básico. Esencialmente cabañas y calles embarradas. Tomo posesión de mi habitación y no me da tiempo más que para ver un final de atardecer ya oscuro. Pero el lugar promete.. 

Por la mañana salgo a la playa justo cuando llegan lo pescadores de levantar las redes. Están sacando y limpiando el pescado. La fiesta pajaril está servida. Parece que todo el pueblo está aquí y la atmósfera tiene para mi un no sé qué de en blanco y negro, de pasado perdido. 

Me voy por un sendero hasta el cementerio. Los muertos aquí tienen el mejor mirador del pueblo. Bonita vista pero… esto está muy solitario y aquí hay gente que no quieren que se les moleste así que me voy con viento fresco y reconozco que con un poco de prisa. Andar por camposanto no me gusta. No me gusta nada. Hace bochorno y los mosquitos se divierten conmigo. 

Y me voy hacia Playa Negra. No había visto nunca una playa de arena negra. O no recuerdo. Está prácticamente desierta y paseo con sensación de exclusividad y privilegio acompañado de unos cangrejillos y olor a mar.

Camino y van pasando escenas por los sentidos y las meninges… 

… Me vuelvo al pueblo. Han sido 2 horas y media de paseo y mato el hambre con un arroz de pescado y marisco impensable allí, en casa, por prohibitivo. De lo que hay menos es de arroz…

… Un chaval juega orgulloso con un cochecito que se ha hecho con 4 ruedas de tapones de plástico y una botella de coca cola. Otro juega en la playa con 2 tazas y la arena. Será su ratito de fiesta porque aquí todos los niños ayudan en el negocio o trabajo de sus padres después de la escuela…

… Me quedo mirando como disfruta un perro bañándose en la orilla del mar. Los perros, naturalmente, campan por sus respetos paseando por la calle con las gallinas. No creo que aquí sepan lo que es una correa o un bozal…

… Suena música salsera por todo el pueblo. A todo meter. A nadie le molesta. Todo el mundo sonríe y bromea. Aquí hacen vida en la calle. En las casas hace demasiada calor…

… Me siento bien, relajado porque la gente es amable, suave y servicial. No sólo con los forasteros, que hay muy pocos, sino entre ellos. Los pequeños con sus hermanos mayores, estos con los padres, los padres y los niños con los abuelos, todos con los clientes… Y paso por una casa de comidas y huele a patatas fritas de verdad, a las que comía en mi niñez… 

Sí, un lugar… poco civilizado. No se cuándo nosotros ganamos civilización y perdimos todo eso. 

Un apunte. En Ecuador ya hay los primeros casos de coronavirus. Hasta aquí nos hemos enterado. Todo el mundo habla de lo mismo y las televisiones y radios han cortado las emisiones para desarrollar el temita con conferencias de prensa del gobierno y mesas redondas con ministra y sesudos tertulianos. Es increíble como los medios propagan la alarma y lo que le gusta a la gente el drama. 

Hoy me traslado a la isla de Portete. Un par de días en una isla parece buena forma de acabar un viaje. Está aquí al lado. Me tiro la mochila a la espalda, camino como una horita, cojo una lancha hasta la isla, allí otra caminata por la playa y ya estoy en la cabaña que he reservado para un par de noches. 

Y en la isla la marea está baja. La playa es larguísima pero la dejo para después de comer. Un “encocado”, pescado y camarones con una salsita de tomate y coco, me deja ya arreglado para el resto del día. 

Me pateo toda la playa y de vuelta me meto en una especie de manglar-palmeral. Error, porque voy con traje de baño y chancletas, es decir, con las piernas a la vista, y mis piernas, y no lo digo porque sean mías, son tremendamente atractivas, por lo que enjambres de mosquitos se lanzan a ellas como a la miel y yo, incapaz de contener su entusiasmo, me vuelvo a la playa más corriendo que andando.

Luego entro hacia un pueblecito de la isla. Veinte o treinta cabañas, arena, una plaza y una escuela. No veo iglesia. Nada. Cinco niños en la única calle jugando a saltar la cuerda. Otros tantos en una casa charlando. Un par de hombres arreglando una valla, otro cortando cocos y 3 señoras hablando en un único colmado con 4 cosas en venta. Y los mosquitos que todavía me siguen. 

La cabaña donde me alojo es el perfecto refugio, el único, contra esos fanáticos bichos y ya atardece así que me retiro a disfrutar de la absoluta nada o, lo que viene a ser lo mismo, la absoluta paz que hay en este lugar. Es todo silencio. 

Y nada es lo que hago todo el día y toda la noche siguientes disfrutando de la isla. El tiempo es hoy lluvioso, muy gris, tiempo de monzón, al fin y al cabo estamos saliendo del invierno y entrando en la primavera. Sopla viento del norte y las palmeras se bambolean. Ni rastro del sol. Desayuno tranquilo, paseo, un pescadito frito, escribir, pensamientos… Nada. En viaje también hay momentos de gustoso Nada. 

Un día más de vuelta en Mompiche, otro más de paseos y organización en Quito y se acabó. Se acabó Ecuador, se acabó Sudamérica y se acabó este viaje que empezó hace más de 8 meses. Via Portugal todavía tardaré casi 3 semanas en llegar a casa, pero ya me voy acercando. 

De Ecuador, ¿qué mas decir? Pues creo que ya lo he dicho pero lo vuelvo a repetir: no he visto gente más cariñosa que los ecuatorianos…

¡Hasta lueguito Ecuador! 

… Y seguimos. 

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Ecuador (4) Cuenca. Parque Nacional Cajas. Pompas de jabón.

¡Anda! No he escrito nada todavía sobre la colonización de Ecuador… Bueno, más de lo mismo. Atahualpa, el Inca de aquel entonces, decidió entrevistarse con Pizarro. Este lo hizo prisionero, exigió un rescate en oro y plata a sus súbditos y, cuando lo pagaron, se lo cargó. La palabra es la palabra y el honor es el honor.

A partir de ahí, guerra y más guerra. Y evangelización, claro, porque, como siempre, lo que más interesaba a los colonizadores era conseguir hacer llegar la palabra santa a los indígenas ecuatorianos…

Me parece que ya he dicho que los ecuatorianos son más bien pequeñajos pero parece ser que matones y, desde que consiguieron la independencia hace 200 años, las cosas no han mejorado mucho y han tenido como un centenar de gobiernos, muchos de ellos militares o concordantes, que ya se sabe que son gobiernos sesudos y liberales. Toca a un gobierno cada 2 años. 

Ya en Cuenca. Una serie exponencial plaza-iglesia en extensa sucesión. De todas formas, esta sí es una ciudad elegante, con personalidad y desarrollada con criterio y gusto. Sí. ¡Por fin!

Es domingo otra vez y, para celebrar la fiesta de guardar, esta vez elijo un café tipo americano elegantillo. Fish&chips y un vaso de vino tinto. Y, después de un corto paseo por la bonita zona del río, toda la tarde dominguera de recogimiento espiritual y reposo que yo mismo me prescribo sin necesidad de facultativo alguno. Las tardes de domingo son un clásico del “dolce far niente” . Creo recordar que dicen que hasta Dios descansó y yo, que tengo ya averías como para un parte de guerra, no tengo más remedio ni lo quiero. Me he comprado pan, atún, aguacate, tomate y cebolla para no tener que salir ni a cenar. 

El lunes continúan las vacaciones de carnaval y la ciudad sigue colgada en domingo y se convierte en un refugio para descansar y lamerme las heridas. Esta noche las picadas no me han dejado dormir. 

Cuenca es, ahora, una ciudad “amplia”, vacía. Me siento bien. Llueve suave. Paseo y paseo por la ciudad buscando “perlitas”. Arte urbano, un balcón con flores, un edificio con historias de ayer, enamorados bajo un paraguas… Caza de sensaciones sin màs pretensión. Como y ceno bien y paso horas en el hostel preparando los mil asuntos pendientes que me esperan en casa. Pausa. 

Al anochecer, a lo lejos veo las montañas entre brumas del Parque Nacional Cajas. Aunque sea sólo a dar un paseito y en chanclas habré de ir.

Me cojo el bus hasta la laguna Toreadora. Me adentro en el Parque y luego doy la vuelta a la laguna. Es bonito, muy bonito, un lugar donde se han fundido la tierra y el agua. Lo disfruto, pero no puedo caminar más de 3 horitas. Ya está bien. Las picadas en el tobillo, mi agotamiento y estar a casi 4.000 metros de altitud no me dejan más margen para estos parajes. 

A las 4h estoy de vuelta y paso la tarde en casa de Alejandro y Sol. Alejandro es el barman del hostel y hemos hecho relación en los desayunos. Argentino, no te diré más. Sol es su compañera, también argentina, patagona de Neuquén. Son un par de jóvenes educados y viajados y la tarde me pasa volando hablando de todo y de nada. Ahora han echado anclas 6 meses en Cuenca, pero en seguida volverán a viajar. Son pájaros. Lo he pasado bien. Es una de esas relaciones en viaje, como pompas de jabón y sin tiempo para sacarle todo el provecho que se merecerían.

Y después me voy a un chino. Si, a un restaurante chino. Para quien todavía no lo haya notado, mi valentía raya con la temeridad y decido cenar en un restaurante chino a pesar del coronavirus y de la cara de malos que tienen todos los chinos. Es lo único que he encontrado abierto. Y ceno, mal, pero no me pasa nada grave. 

Amanece y es miércoles. El Carnaval se acabó y Cuenca despierta ya como la ciudad activa y moderna que es. Todos los locales están ya abiertos y las multitudes van de un lado a otro. Todo recupera su normalidad, mis picadas están ya curadas y yo… levanto el campamento. 

Me voy a Píllaro, un pueblecito cerca de Ambato donde en enero se celebra una famosa diablada. Voy a buscar una máscara para mi colección y eso, al tener que hablar con mucha gente, me permite inmersionar en la sociedad ecuatoriana.

Decía Humboldt  que “los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste.“ Bueno, algo de cierto hay…

Pero la característica mas “especial” de los ecuatorianos es otra: no saben decir “no”. Tal cual. Les cuesta, les suena duro. Culturalmente, para un ecuatoriano decir “no” es casi insultante, y que les digan “no” es algo así como irrespetuoso, maleducado. Eso trae problemas como cuando preguntas por una calle o cómo llegar a un destino. Jamás dirán “No lo sé” . “De repente, quizás debería ir usted hacia allá, unas 4 cuadras y preguntar a otro vecinito por si fuera mejor dar un rodeito hacia otro lugarcito”.

Sí, los diminutivos son lo suyo, es para ellos delicadeza y cariño: “Hola amiguito ¿Como le fué? ¿Estas buenito? Listo, estimado, hasta lueguito”. 

Pero no les toques lo que no suena ¿eh? Son brutotes. Leo en una pared: “Zona vigilada. Ladron cojido será linchado”. Clarito como el aguita.

Como también lo gastronómico es inmersión, ceno un Sancocho de pollo, un caldo que sienta de miedo, y estofado de carne con plátano frito, ensalada y arroz. Bueno, bueno.

Y, naturalmente nuevas adquisiciones para la colección que espero lleguen a casa sanas y salvas. Con las gestiones por las máscaras he hecho nuevos amigos en Píllaro, quizás más pompas de jabón, quizás no. Las aficiones comunes unen. Para despedirme, al atardecer vamos con Ítalo y Nestor, ambos estudiosos y artesanos de las máscaras pillareñas, al Monumento a la Resistencia Indígena, un mirador con magníficas vistas del Tungurahua, el Chimborazo, los Ilinizas y todo ese inconmensurable paisaje que Humboldt llamaba La Avenida de los Volcanes. Allí nos tomamos una botella de Aguita de Puerco, un macerado de moras que obtienen con una técnica entre la destilación y la fermentaciòn. Me explican el proceso con detalle pero no sabría repetirlo…Ya nos habíamos pulido la botella y no llevo bien el alcohol.

Paso hoja. Voy a conocer algo que me falta de este país: la costa.

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Ecuador (3) Baños de Agua Santa. Erupciones. A contracorriente.

A finales de 1.999, por orden del Presidente de la nación, el ejercito evacuó a todos los habitantes de Baños de Agua Santa porque, decían, el volcán Tungurahua iba a entrar en erupción. En realidad ese volcán siempre está en contenida pero activa erupción. 

Cierto es que el Tungurahua, en Octubre, estaba en una de sus fases más virulentas arrojando, no sólo cenizas, sino también lodo y todo tipo de material piroclástico, pero los baneños están acostumbrados al comportamiento irascible de su activisimo vecino que, en realidad, es el mayor “culpable” del éxito turístico de la ciudad y, por tanto, del medio de vida de más del 90% de la población. 

El olvido en el que el gobierno tenía a los evacuados, que debieron buscarse la vida y refugiarse dispersos, con familiares y amigos, en todos los rincones del país, y la noticia de que algunos militares aprovechaban la evacuación para desvalijar impunemente sus casas y negocios, colmó la paciencia de la gente y el 5 de Enero del año 2.000, recién estrenado el siglo XXI, volvieron a la fuerza a su ciudad sin que los militares lo pudieran evitar. Y el volcán, como siempre, no pasó a mayores.

Quizás un día, como en la fábula del lobo, la gente hará caso omiso de avisos bienintencionados y fundamentados y ocurrirá una verdadera desgracia.

Una patrulla del ejército da el alto a mi autobús y nos hace bajar a todos. ¡Ya estamos! Una fila de hombres y una de mujeres y entre varios soldados, en uniforme de combate y metralleta en ristre, nos cachean, registran mochilas y comprueban documentos. El soldado que revisa concienzudamente mi pasaporte, un niño, le dice a otro un par de años mayor: “Sí, está vigente”. Pues qué bien. Me mira la mochila y me pregunta: “¿Que lleva, comida?” Le contesto: “Pues y ropa, y un poco de todo. Con eso viajo”. “Ah”, me dice. 

Y arriba a continuar viaje. Una escena un poco ridícula. 

Baños es un pueblo rodeado de montañas, un pelín más arreglado que los que he ido viendo pero tampoco ninguna maravilla. Aquí los pueblos y ciudades no guardan el menor orden estético y no tienen ninguna gracia. Mañana me voy a hacer senderos. 

Un sendero natural complicado, por barro y desnivel, me lleva primero a la estatua de la Virgen de Ventanas y, después, a la “Casa del Árbol”. Y vuelta al hostal por otro camino completando un círculo a través de toda la montaña. Bonitas vistas de la ciudad, montañas y volcanes y 4 horas y pico de ejercicio a tope. Mi hernia está encantada de la vida. 

Me han asaetado los mosquitos. Especialmente los tobillos. No entiendo como se han podido meter hasta ahí. Los mosquitos son quizás la peor pesadilla de los viajeros y considero su existencia uno de los argumentos más difíciles de rebatir a favor de los ateos. Cuesta pensar en un ser divino tan retorcido como para crear esos bichos tremendamente molestos, transmisores de enfermedades y difíciles de matar. ¿Cual podría ser la razón para crear “eso”? ¿Demostrar al ser humano lo poca cosa qué es? Bueno, supongo que la respuesta es que los caminos de Dios son insondables y sus razones incognoscibles para los simples mortales. 

En el alojamiento hacen un “tratamiento” típico de la zona volcánica que llaman “baño de cajón”. Te sientan en una especie de compartimiento de madera tipo sarcófago-sauna, de donde te sobresale solo la cabeza, a sudar durante unos 10 minutos, te sacan y te dan una ducha de agua helada. Y así 4 veces consecutivas. Después te dejan en un jacuzzi calentado a fuego de leña hasta que te pones como una uva pasa, todo asomo de stress se te ha ido por los poros y la circulación de tu sangre es un largo río tranquilo. Si sobrevives, claro. 

Le pregunto al encargado del hostal cuánto pagan por dejarte hacer eso y me dice que nanai, que cobran 5$. Me curiosea. Hoy no, pero voy a pensármelo. Nunca me hago cosas de esas que dicen que son tan saludables. 

Amanezco con los tobillos hinchados y alguna de las picadas se han infectado y convertido en ampollas. Parece que yo también estoy en erupción. El escozor es tremendo y no es asumible ni el roce de unos calcetines. Realmente dañinos estos mosquitos ecuatorianos. Imposible caminar con botas. Parada obligada. No hay otra. Supongo que no serán más que un par de días. 

Baños es demasiado turístico para mi. Montañas, cascadas y ríos han sido transformados en circos para practicar todo tipo de actividades lúdicas regladas en plan tours supuestamente aventureros. Pueden ser cualquier cosa menos naturales: puenting, canyoning, tirolinas, “experiencias” en la selva, bajadas de río con neumáticos y otros artilugios… Y quads, y karts y hasta trenecitos de esos que te pasean por la ciudad. No sé. A mi es que todo eso no me va nada. Ya estamos en las vacaciones de carnaval y familias enteras invaden los lugares como éste. Aparcan al abuelo en un banco, unos distraen al niño y otros se van a esas “aventuras”. A mi las cosas cuanto más sencillitas mejor y cuanta menos gente más contento.

Entre esto y mis criminalmente lesionados tobillos no tiene sentido quedarme aqui asi que, si los de la ciudad se van al campo y la playa, yo me voy a la ciudad. A contracorriente se vive muy bien y dicen que Cuenca es preciosa… 

… En cuanto al Baño de cajón… Mira que curioso, me di una ducha de agua calentita, que al fin y al cabo es la misma agua, y se me quitó totalmente la curiosidad. Ademas, por el mismo precio, a cambio hoy me he zampado un “Baneño”, un plato de la zona con estofado, camote con salsa de pepa de zambo, una especie de patata con salsa de frutos secos, arroz, huevo y platano fritos y un juguito de frutas. Delicioso. Llámame cobarde… 

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Ecuador (2) La ruta Quilotoa. De Latacunga a Sigchos. La paz vive por aqui.

Me estoy encontrando muy poco extranjero y es curioso que el que encuentro, en buena parte, habla español. Cada vez se habla más español en el Mundo y me temo que es mas por la Shakira, el “Despacito” y lo barato que es la América “española” que por Cervantes y la misma España. Allí todo está muy caro pero, aquí, un buen viajero se tira 1 año viajando por 4 duros y encima aprende un idioma.

Latacunga estaba ubicada en un frondoso valle rodeado de majestuosas montañas y tiene un centro histórico grandioso, con plazas y edificios monumentales además de, naturalmente, las consabidas iglesias coloniales. Hoy en día el conjunto es de lo más feo y el desarrollo urbano ha sido un desastre.

Un mural en una pared recuerda mejores tiempos bajo un soberbio lema: “Latacunga, patrimonio de siglos”. Una mirada desde arriba de la ciudad evidencia que ese patrimonio se ha dilapidado en menos de un centenar de años. Apenas algunas gotas verdes salpican el triste gris cemento mezclado con el negro del cableado que decoloran el horizonte. 

¿Que ha pasado en el siglo XX que se han hecho tan mal las cosas? 

Ya hace 200 años que Humboldt dijo: “Creo que el ser humano está violando a la Naturaleza”. El fué el primero que predijo el cambio climático y hoy los hay que todavía lo niegan y la mayoría actúan como si les importara un pimiento.Y el proceso parece imparable. Es descorazonador.

En Latacunga muchas tiendas de chorradas, restaurantes de comida carnívora por todos lados e indígenas de chal y sombrerito con pluma de pavo real sobreviviendo en la calle convertida en mercado sin gracia, orden ni concierto. “Mi señor…” , “Caballero…”, “Caramelitos, caramelo, chiclecitos!”, “Habitas, maní!” “¡Chocolate!”, “Papas, papitas con pollo, 1 dolarito!”, “¡Cañas, cañitas, chochitos!”…

… Yo me voy de aquí. 

Zumbahua. Mejora el tema… un poco. Ya en el autobús, subiendo a las montañas por un bonito loop, vas viendo que la Naturaleza se va adueñando de la situaciòn pero el pueblo, Zumbahua, es más de lo mismo. Feo. Dejo mochila y, para aprovechar el domingo, me subo a una camioneta y me voy a ver la laguna Quilotoa, a 12 km.

La laguna en si es una maravilla, pero turistificada a tope. Se puede visitar desde Quito en una excursión de un día y está lleno de turista americano pijo con anorak de Kalvin Klein de paso hacia Galápagos. Los traen aquí en coche, bajan a pie y les suben a caballo o burro. Con 40 años. Y uno se pregunta ¿para que creerán que les han puesto piernas? 

Para bajar, 45 minutos por un sendero arenoso y resbaladizo de pendiente considerable. Me busco un lugar solitario para disfrutar del verde lago en paz. He tragado mas polvo que una hormigonera. La caballería es lo que tiene. La subida, una horita y media que se hace dura. 

Total, visto está pero no le doy ninguna nota. Naturaleza domesticada. Excursión dominguera. Habrá que alejarse màs de los circuitos trillados. Claro que, para paz, cimas de alta montaña y de eso aquí hay un montòn. Pero no. Estoy en desaceleración. He llegado a ese punto de no retorno en que no recupero.

Hoy dormiré en Zumbahua y mañana temprano me voy a Chugchilán. 

En Chugchilán, no hay ya más que indígenas. Encuentro un hostal de montaña solitario que ni pintado, todo madera con unas vistas magníficas al cañón del Toachi y las montañas que lo escoltan. Un viento huracanado da una sensación de lugar recóndito. Soy el único cliente. Buscaba paz y creo que vive por aquí. 

Subo hacia las montañas para hacer una travesía circular que me aconsejan en el alojamiento. Las vistas desde lo alto se magnifican y la especie de mural divino que tengo ante los ojos sobrecoge. 

Me desvío por una canal que no existe en el GPS y me asomo al “Bosque nublado” pero no bajo porque, realmente, el nombre es hipertextual y el lodazal del camino está lleno de mosquitos y con pinta de haber otras bestias más larguiruchas. No juego. 

Vuelvo a tomar el camino y llego a una aldea, Chinalo Alto, un lugar sin ningún sentido, un conjunto de… habitáculos, una iglesia, una escuela y una torre eléctrica. Ni un alma a la vista. Hay un par de fábricas de queso por aquí y supongo que eso es lo que justifica la colonia en cuestión. Hay muchos lugares como este en el Mundo, aislados, atemporales, más de pesadilla que de sueño. 

Han sido 5 horas de camino. De vuelta a mi hostal solitario. Hace fresco y me relamo pensando lo bien que dormiré esta noche entre mantitas…

Hoy toca travesía hasta Isinliví, unos 12 kilómetros, mitad subida, mitad bajada, 12 kg de peso en la mochila. La caminata es guapa, paisajes preciosos y sin una dificultad exagerada. Quizás el ultimo tramo, 1 km de bajada y otro de subida son un pelín cabroncetes pero la majestuosidad de la Naturaleza te distrae de cualquier dificultad.

Son 5 horas, nada bestia pero al llegar, duchándome, me doy cuenta que tengo otra hernia. Y digo otra porque ya son un clásico en mi. Creo que ya me han operado 2 ò 3 veces de hernias recidivas. Entre pitos y flautas ya he pasado mas de 10 veces por quirófano. Ni sabría contarlas porque hasta se me superponen cicatrices. Siempre de lio en lio. Esto me va a retrasar los planes.

Isinliví son 2 hostales y diez casas entre montañas. El hostal, otra gozada de tranquilidad y la cena, incluida en el precio, deliciosa. O quizás es el hambre que tengo. Ducha fría, eso si. Pero el pueblito es de fábula, no para vivir, ¡Dios me libre!, pero para una noche es magnífico. Ni los perros se atreven a ladrar. De noche, un cielo impoluto hace alarde de todas sus estrellas. Una pasada. 

Para mi se acabó la ruta Quilotoa, en realidad ya lo he visto todo y más. Solo queda llegar a Sigchos y casi todo el camino es carretera así que mañana me pillo un bus o camioneta y me lo tomo con calma. Con un poco de suerte llego pronto a Latacunga de vuelta y me puedo ir mañana mismo hacia Baños, mi próximo destino. El nombre completo es Baños de Agua Santa. Eso es lo que necesito yo. 

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Ecuador (1) Quito. Latitud 0º 0′ 0″. La Mitad del Mundo.

Quito, Ecuador.

Uno podría imaginarse que si viajas a Ecuador es para conocer el legendario archipiélago Galápagos. No será mi caso. Ir a Galápagos es caro, voy pasado de presupuesto y, sobre todo, dicen, allí todo está extraordinariamente reglado y las reglas no me van mucho. 

Prácticamente todo Galápagos es Parque Nacional y parece que ir solo a conocer las islas es misión imposible. Y si hay otra cosa que me de más alergia que las reglas, son los tours organizados. Me suena a Parque temático así que, por ahora… Paso de Darwin. Quizás en otra ocasión. 

En Ecuador quiero seguir los pasos de otro extraordinario viajero y naturalista: Alexander von Humboldt. Fué él quien, en su obra Cosmos, escribió: “La región montañosa cercana al Ecuador… es la zona más pequeña de la superficie de nuestro planeta en la que se observa mayor diversidad de la naturaleza”. Vamos a verlo. La Naturaleza sí es lo mio.

Desde luego no haré un viaje tan duro como el de Humboldt. Él pasó aquí 8 meses, subió al volcán Pichincha, intentó, sin llegar a cima, el volcán Chimborazo y estudió la flora y fauna de Ecuador en las zonas de Riobamba, Cañar, Cuenca, Baños, Loja, Tambo… Y todo eso recién nacido el siglo XIX, que entonces si era difícil viajar..

El mio espero que sea un viaje relajado y tranquilo. Estoy agotado y no doy para esfuerzos fuera de lo normalito. O lo normalito para mi, que muy normal no es. 

Y hablando de anormalidades tengo una cierta preocupación por el coronavirus que está en plena efervescencia. En los aeropuertos se ve mucha gente con máscaras para evitar contagios y es obvio que el ambiente viajero, hoy por hoy, es peligroso. Desconozco por donde han estado los viajeros con los que me voy encontrando en el camino. Es hora de prudencia e incluso evitaré en lo posible los dormitorios colectivos de los hóstels. 

Y en el hostal que he escogido en Quito tengo ducha caliente. ¡Tremendo! El placer de una ducha caliente es una barbaridad. Yo creo que la gente, a fuerza de hacer cotidianos los placeres como éste acaban quitándoles todo valor. Solo tiene valor lo escaso y algo que tienes cada día pierde capacidad de dar felicidad.

El caso del agua y la energía es más sangrante porque son bienes escasos que Occidente, en su soberbia y voracidad insaciable e insatisfecha, gasta como si fueran inagotables. Y mientras sobra agua y luz falta felicidad y la depresión, la peste del siglo XXI, se propaga sin freno. Quizás, un día, en un Mundo de gente triste y vacía, caerá la ultima gota de agua. Y hará un ruido estruendoso.

Pues eso, que cada uno haga de su capa un sayo. 

El centro histórico de Quito es bonito, muy bonito. Un apelotonamiento de iglesias y edificios coloniales, plazas y calles llenas de historia y color. El resto, una sucesión de barrios de distinta clase y posición que suben por las colinas vistiendo para siempre el bosque de ciudad. Subo a ver la Virgen del Panecillo, tropecientas escaleras que se premian con las mejores vistas de la ciudad. Una ciudad agotadora, todo arriba y abajo, pero recorrerla es gustoso. Las iglesias tampoco son lo mío pero San Francisco, las catedrales y la Iglesia de la Compañía de Jesús son… impresionantes hasta la exageración. Hay tantísima pasta alrededor de las religiones… No digo más. 

Ecuador me parece que será un buen lugar para engordar porque su gastronomía es variada y deliciosa. Menús de mediodía pantagruélicos, parrilladas de carne, pescado, mariscos, el ceviche, las empanadas… Imposible pasar hambre. 

La gente es de raza muy india, amables, achaparraditos, presumidos pero feuchos, con todo respeto, y más dados a la seriedad y el drama, como los angustiosos titulares de los periódicos demuestran, que al baile y la música que también haberlos hailos… Son primeras impresiones. Total, acabo de llegar. Ya iremos viendo. 

Es vigilia de San Valentín y, aunque yo soy mucho mas de Sant Jordi, me compro un pastelito de chocolate, una media botellita de vino y pasamos, Nacho y yo, una agradable y feliz velada de organización de nuestro próximo destino. Cualquier excusa es buena para quererse a uno mismo. Es importante. 

Hoy me voy a ver La Mitad del Mundo, la ubicación exacta de la línea del Ecuador, y a Pululahua, una caldera volcánica habitada. Creo que no hay ninguna otra en el Mundo. Para vivir dentro de un volcán hay que tener… humor. 

Dos horas de autobuses y media hora a pie me llevan al cráter del Pululahua. Desde el mirador, la niebla da la impresión que bajas al infierno pero es un espejismo porque el cráter es todo lo contrario. Es un valle frondoso salpicado de casitas, ganado y cultivos con una paz de paraíso bucólico. Aquí viven 54 familias pero el silencio es apabullante. Camino por todo el cráter con una sensación extraña, como de caminar por donde no se debe. Aunque no es mi primera vez, saber que éste es un volcán activo no es tranquilizador. 

Subo ya hacia el mirador de donde salí. Es una subida fuerte, desde los 1.800 metros hasta los 2.800. El sendero, que de bajada era resbaladizo, de subida se vuelve esforzado y se me hacen las 3 de la tarde sin darme cuenta. 

Sigo caminando ya por carretera de vuelta a la ciudad y me planto justo en la línea del Ecuador. ¡Ya estoy en la latitud 0º 0′ 0″! ¿Y que hay allí? Pues nada, un monumento faraónico de dudoso gusto y una serie de “atractivos turísticos” con pretensiones más o menos científicas y culturales. Se puede uno ahorrar los 5$ de entrada al parquecillo si no hay curiosidad por el asunto pero, pasar por ahí, yo creo que en una Vuelta al Mundo hay que pasar. Hecho pues. 

Ya he caminado mis 5 buenas horas asi que me vuelvo para el hostal. Mañana, tempranito, capítulo nuevo. Rumbo a Latacunga. Es la zona de la ruta Quilotoa. 

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Recomendaciones del mes. Enero 2.020. Colombia.

EQUIPO. – Capa. He incorporado al equipo una pieza nueva: una capa impermeable. Sirve casi para lo mismo que el paravientos, pero tiene varias ventajas sobre él y lo complementa:

1.- Da menos calor

2.- Se puede utilizar sobre el paravientos reforzando impermeabilidad

3.- Cubre también la mochila y buena parte de los pantalones

4.- Es más fácil de secar y la lluvia no cala. Nunca, caiga lo que caiga.

5.- Prácticamente no ocupa lugar ni tiene peso.

Salvo para alta montaña y frío es de lo más práctico.

TRANSPORTE. – Hay un montón de empresas de autobús de calidad para circular por el país. Brasilia, Copetran, Bolivarianos…

Los conductores de los autobuses urbanos son unos kamikazes. Una locura.

Ojito con las compañías aéreas colombianas. Piratillas de la letra pequeña. El check in, siempre “on line”, y ojo con las medidas del equipaje en cabina.

San Germán, para ir a Providencia, en cambio, sin problemas adicionales.

ALOJAMIENTO. –  En Barranquilla, Hotel Colonial Inn, estética colonial kitsch con buena relación calidad-precio, restaurante muy correcto y un personal joven y espabilado.

Casa Juanita. Bonito y con personal muy amable. Tienen también hostel en Zapatoca lo cual es útil para hacer los Caminos de Lengerke. .

En El Cocuy Posada Nevado El Cocuy, un compendio de hospitalidad colombiana.

En Salento La Floresta Boutique Hostel es chulo. Buen precio, buenos servicios y desayuno abundante.

En Bogotá: Chapinero Hills Hostel. Agradable.

GASTRONOMÍA. – En Colombia se come mucho. Los platos de menú, los “corrientes”, son, por 2 euros, sopa y bebida de zumos varios incluidos, un seguro de alimentación. Grasa y calorías a buen precio.

En Barichara Restaurante el Compa. Muy bueno el “cabro”, cordero, la carne más típica de la zona. La “pepitoria” son asaduras del cabro. Yo, de vísceras, a poder ser me abstengo. En esta zona hay que probar los quesos de cabra y de hoja.

En Salento Cocina&Horno. Tremenda la trucha al ajillo. Imprescindible.

Bogotá es la ciudad de las parrillas. Una muy buena: Asadoz. No me gusta mucho la carne roja pero cuando es buena… es buena

En Providencia, El Divino Niño, South West Beach. Especialidad en pescado y marisco. Perderse, por ejemplo, un combinado de pagre frito y langosta a la plancha, por 10€, està penado con reclusión mayor y suspenso en saber vivir. El pescado ha de ser pagre. Ningún otro. Un placer.

PUEBLO/CIUDAD. – Barichara. Uno de los pueblos más bonitos del Mundo. Su cielo es muy especial.

Y la isla de Providencia. Una perla. Sol y playa.

TREKK. – El trekk a la Ciudad Perdida en Santa Marta es físicamente exigente, bonito paisajísticamente, bien organizado por varias empresas y cultural y etnologicamente interesante. Lo tiene todo. Imprescindible para los amantes del trekking. Recomendabilísima la empresa Guías Baquianos.

INTERNET. – ¿Sabéis que hay una delegación de la UNESCO en Barcelona?

Pues si: info@amicsunescobarcelona.cat

MENCIÓN ESPECIAL. – Un montòn, especialmente mis compañeras del trekk a Teyuna, Monika, Jet, Cony y Tania (Los Ángeles de Nacho), y los guías que nos llevaron, Ruth y Eberth. ¡Un abrazo!

Y también para D. Francisco Padilla y Dª. Adelaida Agámez, dos de los más antiguos y reputados maestros artesanos de máscaras del Carnaval de Barranquilla.