Australia (14) Cap Tribulation. El rain forest. Naufragios.

Toda está zona de Australia está llena de animales peligrosos. A los cocodrilos y los tiburones hay de añadir serpientes venenosas, medusas que te provocan ataques al corazón, rayas mortales y un largo etcétera de bichos muy poco saludables. Pero el más “curioso” es el Cassowari,  algo así como un avestruz con casco y cara de mala leche. Me encantaría ver un Cassowari en libertad. Dicen que, si te encuentras con uno, lo peor que puedes hacer es correr, que lo mejor es ignorarlo… A ver.

Llego a Cap Tribulation, en el Daintree National Park, a las 2 de la tarde. Antes he parado para caminar hasta las Mossman Gorge y para dar una vuelta en barca por el río Daintree  y ver cocodrilos tomando el sol en las riberas. Estos no son muy grandes.

Me alojó en un campamento básico pero con todas las comodidades: barracones para dormir, lavabos y duchas, cocina, un bar enorme y una piscina medianita. Las playas de los alrededores son una maravilla. Arena blanca, palmeras, la selva detrás y el mar tranquilo. Desiertas, claro, es el mar más peligroso del Mundo. Una playa donde no te puedes bañar es un contrasentido difícil de asumir, pero aquí es lo que hay. Si te das un baño al atardecer en estas aguas, tu única posibilidad de sobrevivir es que cocodrilos y tiburones se líen entre ellos a bofetadas por quien se queda con la pata y quién con la pechuga y, mientras tanto, se olviden de ti. Y eso es poco probable

Dos horas de paseo, un poco de gimnasia de mantenimiento y a la piscina. Bochorno. Esta anocheciendo y, desde el agua, veo 20 ó 30 murciélagos sobrevolando las copas de las palmeras.

Estoy acribillado por los mosquitos. Aquí hay unos, o unas, pequeñines que son de lo más voraces y te pican por todos lados pero, especialmente, en la espalda, donde no me llegó.. No se puede estar al aire libre sin que te trinchen a picadas que parecen mordiscos así que, después de cenar, me voy directo a la habitación. Tengo todo el barracón para mí sólo. Mañana temprano me voy a las montañas. Tienen una pinta tenebrosa.

Me voy de trekking al Mountain Sorrow. Es el Mt. Sorrow Ridge Trail. No hay sendero, solo un caminito desbrozado a tramos en continua carrera contra la gran campeona del Mundo de la regeneración: la selva. Mucho cuidado en no perderte. Lleno de telarañas. Me pincho con una rama e, inmediatamente, me sale un sarpullido por toda la mano. El desnivel, el calor y la humedad hacen un equipo temible. Por el rabillo del ojo veo que tengo una araña grande colgando del sombrero. Me lo quito y lo sacudo para que se suelte. Un par de veces más cuelgan telarañas con sus dueñas por manos y brazos. Tengo la cara llena de telarañas. Mejor no apoyarte, ni agarrarte, ni poner las manos en ningún sitio. Mejor subir a pulmón. Hay que caminar poco a poco consciente de las decisiones y tomando puntos de referencia. Los últimos metros son verticales y, a tramos, unas cuerdas aseguradas en los árboles facilitan la ascensión, aunque sin mucho criterio, la verdad.

La vista desde arriba te conciencia de lo que has llegado a subir. Tres horas y cuarto. Bebo medio litro de agua, descanso 15 minutos y me bajo. Espero llegar en menos de 2 horas. Estoy chorrreando de sudor y mareado.

La bajada es de cuidadín, cuidadín. Muy esguinzosa. Palanca de retención y frenada a fondo. El suelo es hojarasca, piedras y raíces de los árboles. Todo musgoso, resbaladizo e inestable. Los mosquitos zumban a mi alrededor. Ahora entiendo las cuerdas. Eran más para bajar que para subir.

La selva es dura. Y no es amiga. Te pincha, te da golpes, te pica, te corta, te zancadillea y te hostiga constantemente. He perdido las señales. Estoy cerca pero estoy perdido. Mal asunto. Vuelvo sobre mis pasos y, a la tercera, encuentro el camino. Llego a la carretera. Dos horas y cuarto y todavía me quedan 15 minutos hasta el hostel. No tengo hambre. Prefiero primero un baño en la piscina. Necesito refrescarme.

Trekking exigente y muy aventurero, sí señor. He perdido un par de kilos seguro. Mis pantalones y yo tenemos rasguños leves, pero la camiseta se ha llevado la peor parte con algún desgarro de pronostico reservado. No llega a Europa. Son ya muchos viajes juntos. Por lo menos 3. La lavaré, la doblaré y la dejaré en el hostel de Cairns. Quien sabe…

Del Cassowari ni rastro. Lo más parecido que he visto ha sido un pavo. Y no es lo mismo mismamente. En absoluto.

El último día en Cap Tribulation lo dedico a explorar sin ton ni son. Me encuentro en pozas naturales, ríos, bosques pantanosos y sobre todo playas, playas desiertas que dan una sensación de naufragio.

Naufragios. Me decía un viajero que, detrás de la mayoría de los grandes viajes siempre hay una mujer ( o un hombre). Quizás. No sé. Es cierto que he encontrado mucha gente que viajaba porque había acabado una relación. Los naufragios de la vida ayudan a tomar grandes decisiones, desde luego. A algunos, esos temporales los llevan a desiertas, deprimentes y desoladas islas interiores y, a otros, a grandes travesías igual de solitarias pero más abiertas y enriquecedoras. No sé.

Llegando al hostel, en una zona pantanosa, Dubuji, oigo un chapoteo, me giro y, a cinco metros de mí veo un cassowari. Por fin! Me paro y le hago cinco fotos, hasta que me mira directo. No parece en absoluto amenazante pero ha llegado el momento de seguir. Sin prisa por fuera, ahuecó el ala. Que chulada! He visto un cassowari! Duermo feliz como un niño.

Toca ya esperar al autobús.Una última caminata por Myall Beach. Es marea alta y el mar se junta con la selva. No hay distancia de seguridad. Pasear aquí, en la más absoluta soledad, con la selva cerrada en un lado, el mar amenazador al otro, al fondo las montañas rodeadas de nubes tormentosas, todo en un silencio vació roto por el rumor de las olas rompiendo en la orilla y por extraños graznidos que suenan desde la selva …. La sensación es que, si esto es la primera escena de una peli americana, si no eres el “prota”, de la izquierda, de la derecha, de arriba o de abajo saldrá “algo” y adiós muy buenas en un santiamén. En el agua a un metro de mi, una raya enorme da un coletazo y me da un susto de muerte

Me vuelvo a Crains. Me queda poco en Oceanía. Tic, tac, tic, tac…

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