Argentina y Chile (12) Mendoza. El Aconcagua.

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Vamos allá. Seguimos entrando y saliendo de la Ruta 40. Habia olvidado los viajes autobuseros de gran kilometraje. De San Martin de los Andes a Mendoza hay 1.200 Km. Dos autobuses, el primero de San Martin a Neuquen, 6,30 horas, de las 13 h a las 19.30. Nuestros cuerpos vapuleados por el Lanin no están para fiestas pero es lo que hay.

Otra vez larguisimas y rectísimas carreteras tipo desierto tejano, Mafalda 2, un par de horas de sueño, escribir un poco… El segundo, de Neuquen a Mendoza, mucho mejor. Bus Andesmar de lujazo tipo clase bussines de avión. Se hace corto el viaje desde las 21 horas hasta las 7 horas del dia siguiente. Cenita guay con vino y todo, pelicula buena, sillón enorme totalmente reclinable, otro poquito de escribir y leer y ya en Mendoza. Aqui, un par de dias de paseos, gestiones varias, buena comida, mejor vino, en fin, convalecencia a ver si el cuerpo recupera y podemos atacar el Aconcagua.

De la ciudad, poco que decir. Bueno, es que a mi no me dicen mucho las ciudades. Gente guapa, rica y elegante mezclada con mucha mendicidad y mucho músico callejero, montañas de terrazas, parrillas, vinacotecas y agencias de deportes de montaña. Mucha gente joven y mucho calor. Magnifico vino a muy buen precio, como en toda Argentina. Sólo que aqui es el origen. Malbec, Torrontés, Cavernet, Souvignon… Todo bueno

Me toca hacer solo el Cerro Aconcagua. Llegaré al campamento de Plaza Francia, me presentaré al cerro y me bajo. Serán dos dias. El primero iré desde la entrada del Parque a 2.800 mts hasta el campamento de Confluencia, a 3.200 mts. El segundo dia subiré a Plaza Francia, a 4.200 mts y para abajo de un tirón. Quizás ni llegue a Plaza Francia porque dicen que es un campo base pelado sin nada que ver y, un poco antes, está el mirador donde sí te encaras con la pared sur del Aconcagua que es de lo que se trata.

Primer dia. Hasta la entrada del Parque en Horcones son 4 horas de bus por una carretera de paisaje marciano. Bueno, entre pelicula de ciencia ficción y peli de vaqueros. Con un sol de justicia, por los cerros rojos que te rodean pueden salir, en cualquier momento, malvados indios comanches ávidos de cabelleras, u ovnis pilotados por aliens con retorcidas intenciones invasoras. Los rios aqui son de color marronoso, Nada que ver con los verdes y azules del sur. El bus me deja a las 14.30 horas en la entrada del Paque Provincial Aconcagua. No hay nadie mas que yo. Se ha levantado viento y hace frio. Empiezo. Trekking fácil, paisaje árido. Paro sólo 15 minutos para comer medio bocata y hartarme a lingotazos de Gatorade porque voy justito de energia. Ya pesan los kilómetros acumulados en las patas.

Llego a Confluencia en 2,30 horas (8 Km). Campo base típico: “Pueblecito” de carpas de todos los tamaños. Fumo un cigarrillo. Mala idea porque inmediatamente me dá dolor de cabeza y me mareo. Paso revisión médica obligatoria para los que quieren seguir subiendo. Todo más o menos bien. Cena de campaña con un trozo de carne con puré de patatas que se carga de un plumazo todo el prestigio parrillero de Argentina y, eso sí, puesta de sol magnífica. Debo hidratar, descansar y recuperar o no llegaré. Voy muy justito. En la carpa dormitorio, enorme y con camastros tipo “mili”, estamos solos un americano fuertote y yo. Parece mentira pero entre este campamento y el de arriba, estos montañeros se pasan de 15 a 20 dias para poder hacer la cima del Aconcagua. Han de ir aclimatando y esperar buen tiempo. !Que palo! Yo eso no podría hacerlo ni harto de vino por mucha camaraderia y guitarras que se monten en la noche. Este es un lugar desolado y frio, mucha barba, mucha mugre, ninguna comodidad y sin nada que hacer más que explicar batallitas, jugar a cartas y cosas asi. A las 9.30 me voy a dormir.

Segundo dia. Diana a las 7 horas y salgo a las 7.45. Como siempre, el segundo dia es el duro. La noche ha sido fria y humeda y no he dormido más de 5 o 6 medias horas. La primera hora y media de trekking es penosa. Viento de 60/70 Km/hora, frio y polvo. Mucha piedra. Tropiezo, me caigo y pongo las manos…en un cactus. Me cago en la lírica de la montaña. Uno a uno me saco los pinchos. Pienso un par de veces en dimitir porque estoy realmente cansado. Ne pregunto qué hace un chavalin como yo en un sitio como este. La segunda parte es más tranquila y sale el sol, lo cual les va de miedo a mis manos congeladas. Todo muy sufrido…y el viento es una tortura.

Llego al mirador a las 10.30 (8 Km). Nadie mas que el Aconcagua, Acon Cahuac de los Incas, y yo. Pedazo de bicho de 7.000 mts. Es enorme, el mas alto de America. Hacer cima aqui sí es una hazaña. Yo, lo dicho, ni loco. Me bajo, 2 horas hasta Confluencia, viento en popa a toda vela, 20 min de descanso, comer algo y otra 1.30 horas (8 Km mas), tragando polvo de las mulas de abastecimiento que me pasan por el lado, hasta la entrada del Parque. Servidor queda hasta los mismísimos narices (nótese que el género no concuerda) de Alta Montaña y trekking bestia, y estoy REALMENTE HECHO POLVO. Y nunca mejor dicho porque, de los zapatos al pelo, soy de color marrón blanquecino. Como los rios de estas quebradas, color colacao todo yo.

Bus de vuelta a la terminal de Mendoza, mochila a la espalda y dirección al hostal. Aqui hay mucha costumbre de que los camareros de los restaurantes salgan a la calle, te hablen, te enseñen la carta y, en fin, intenten convencerte de entrar a cenar en su local. Por lo menos así era hace 48 horas. Por alguna extraña razón, hoy, a mi me miran al pasar pero nadie me dice nada. Llego al hostal, como quien dice lamiendome las heridas, y no hay agua para ducharme pero la señora me mira de arriba abajo y me dice que hay una ducha “para emergencias”. Mira por donde, me he convertido en una “emergencia” de lavado. Lista de bajas: labios resecos llenos de “pansas”, manos como un vivero de cactus llenas de pinchos, muslos y rodillas contracturados llenos de dolores, pies en maceración llenos de ampollas. El resto bien, gracias.

Entramos ya en los últimos 10 dias de viaje. Se me hace extraño. Mañana, sin tiempo para más, nos vamos hacia el Norte, hacia la Argentina indígena, hacia el calor severo, hacia la frontera de Bolivia y el fin de la ruta 40.

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