Amigos Viajeros. Viajero Crónico.

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Tomás es, como yo, un culo inquieto. Sus viajes le han llevado a experiencias tan intensas como meterse en una jaula para verle el careto a un tiburón blanco en su medio o cruzar Siberia en el Transmongoliano.

Y, también como yo, plasma sus experiencias viajeras en un blog que a mi me parece vivo e interesante: “Viajero Crónico”. Por eso le he invitado a escribir en Alas y Viento, guante que me ha pillado al vuelo.

Agradecido Tomás. Salud y safe travels.


Llevo más de 15 años viajando y de momento, he tenido la suerte de haber conocido más de 60 países, aunque como yo siempre digo, cuanto más viajo, me doy cuenta que es menos lo que conozco.
Recuerdo mi primer viaje como si fuera ayer y es que, aquel viaje en tren con 18 años desde Barcelona hasta Cracóvia, parando en las principales capitales europeas, metió dentro de mi el virus viajero y ya no he podido curarme. Conocer varios países durante tres semanas, buscarme la vida para subirme a un tren o llegar a una ciudad sin saber dónde iba a dormir esa noche fue una experiencia que marcó definitivamente el estilo de mis viajes.
Fue después de visitar varios destinos menos habituales entre mis amigos y conocidos que, ante las dudas que suscitaba en ellos, decidí empezar a escribir y de ahí nació Viajero Crónico, un blog orientado a quienes quieran viajar por libre o a quienes simplemente, quieran conocer algunos rincones del mundo sobre los que hablo.
Otro de los viajes que recuerdo especialmente fue mi primera vez en África, cuando casi sin pensarlo y después de leer un artículo sobre el país en una revista de viajes, decidí comprar unos billetes a Namibia. De eso hace ya una década y supuso una aventura que de nuevo sería un punto de inflexión. Esta vez lo que iba a engancharme era el continente africano, un mundo distinto al que había visto hasta aquel momento. Un paraíso de lo desconocido, la espontaneidad y la belleza de lo sencillo. Aquí no había catedrales, ni grandes parques, ni tampoco restaurantes o bares de moda, pero el continente africano es capaz de dejarte embobado durante un buen rato admirando un paisaje, un animal salvaje o una carretera que crees irrebasable.
Ya más rodado, disfruté como un niño pequeño con el viaje a Uganda, en el que descubrimos unas tierras tan olvidadas y lejanas como las Karamoja, dónde pasamos una aventura que sufrimos y disfrutamos por igual.
Y si ha habido un destino que me ha sorprendido en los últimos años, ese ha sido el de las islas de Guadalupe y Martinica, dos paraísos en mitad del Caribe que nos alucinó descubrir casi para nosotros solos. Aún recuerdo el instante en el que llegué el primer día a la playa de Saint Anne en Guadalupe y me encontré con una de las playas más bonitos que jamás haya visto.
Y son precisamente esos instantes que de vez en cuando asaltan mi memoria, los que mantienen viva la llama de viajar.

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